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lunes, 4 de agosto de 2025

PERSPECTIVISMO RACIOVITAL Y MASONERÍA

 


 

Por  Mac Lonagor

(Dentro de nuestra gustada sección de invitados especiales, esta amplia reflexión sobre perspectivismo, filosofía y masonería)

Con este título complicado vamos a presentar una respuesta filosófica ante el caos de la posverdad y los vendedores de falsas panaceas, especie, de religiones improvisadas y mercadotecnia engañosa del alma. Para lograr esto presentaré la conexión del sistema masónico con una elegante filosofía, que expondré adelante.

Comencemos con una advertencia, sobre una interpretación vulgar cuando comienza por torpedear las barreras racionales y el estado de alerta de las personas. Un paso típico es convertir la duda, en una duda enfermiza o de escepticismo paranoico. Muchas de las más absurdas ofertas comienzan con planteamientos para meter duda contra la evidencia, para luego enredarse por sendas que no llevan hacia ninguna parte. El rótulo de teorías conspiranoicas señala ese proceso del escepticismo enfermizo y hunde las capacidades racionales, lo cual suele ser bastante más común de lo deseable.

Desde la duda enfermiza hasta la duda filosófica

La duda enfermiza define más un estado de ánimo que un argumento, por lo que resulta incapaz de construir conocimiento. La duda enfermiza es lo contrario de la duda filosófica que enseña la masonería, retomando lo mejor de la filosofía. La duda enfermiza comienza en una duda, prolifera su incertidumbre y termina en el desconocimiento, por lo que, se agarra de seudo-verdades y falsas convicciones. Vivir en la duda enfermiza es como caer en el pantano de arenas movedizas, donde cada movimiento es atascarse, enlodarse y hundirse sin posible escapatoria.

La duda filosófica, aunque se mueva con esa misma motivación es por completo diferente de la enfermiza, porque abate la falsa apariencia, se deshace de los prejuicios, se ocupa de preguntar e investigar de manera sistemática. Y la gran diferencia es que la duda filosófica lleva hasta los resultados, conduce a las puertas de la verdad y el saber científico. La base más usual está en el llamado método de Descartes, que revolucionó a su época y abrió las puertas para el avance científico y humanista. Un resultado de ese periodo racionalista es que se comenzó a tener un consenso sobre la verdad racional en muchos campos del pensamiento y la existencia.

Que la verdad perdió su ropaje

Los opinadores y hasta autores afamados señalan —con voz de dramaqueen— que la Verdad ha muerto en este periodo posmoderno. Afirman que llegó la posverdad para sustituirla. Antes de una respuesta, recordaré la antigua leyenda de la diosa Verdad y la diosa Mentira.

La diosa Mentira envidiaba a la Verdad por ser popular y aclamada. Las personas cultas y poderosas deseaban acceder a ella, compitiendo por sus favores. La diosa Verdad, por sus conocimientos, había confeccionado los ropajes más hermosos y elegantes para sí misma. Un día esta Verdad decidió bañarse en el lago, así que se despojó de sus vestidos. La diosa Mentira, ni tarda ni perezosa, se apoderó de los esplendorosos vestidos. De inmediato las personas en la ciudad comenzaron a admirar a la Mentira y la siguieron buscando su compañía de dama tan elegante. Cuando la Verdad salió desnuda del lago, comenzó a buscar su ropa y como no la encontró se enfadó muchísimo. En su agitada búsqueda, la Verdad levantó su látigo y entró a la ciudad. Al ver que los ciudadanos estaban admirando a la Mentira, la Verdad enfureció más y empezó a restallar el látigo. Los ciudadanos protestaron ante una diosa tan intratable y hasta temible, así que formaron valla para defender a la Mentira y que no la despojara. La Verdad en el colmo de la molestia, encontró un pozo para esconderse y cuando se acercaba los curiosos restallaba el látigo de su desprecio. Desde entonces la Verdad únicamente está al alcance de los perseverantes.

Relativismo erróneo

La actualidad regresa a ese tiempo legendarios, cuando tantos se contentan con las falsas apariencias y no se ocupan por descubrir la Verdad. El pretexto típico de estos días es que “la verdad es relativa” y otra afirmación común es que “cada quien posee su verdad”. Esto último se afirma como si no se requiriera de investigar y contrastar lo pensado frente al nivel de la ciencia.

Si “poseer verdad” fuera una especie de don innato, entonces hubiera sido innecesario crear las ciencias, pues desde siempre cada quien con su partecita de verdad habría resuelto todos sus problemas. La historia ha sido completamente distinta: la humanidad comenzó a ciegas y lentamente se ha encontrado la Verdad de cómo hacer fuego o cómo elaborar herramientas eficientes.

En lo que aquí señalo hay también un “relativismo enfermizo” o radical, que afirma extremosamente que es imposible llegar a un punto de qué es Verdad que la mayoría o todos lo puedan entender. Que uno más uno suma dos jamás ha sido cuestión de preferencias, ni de falta de respeto por la opinión del prójimo. La fórmula matemática funciona y se investiga constantemente, los especialistas hacen congresos y comparan sus resultados.

Relativismo correcto

Sin embargo, hay otro sentido de la frase “verdad es relativa” que es correcto. Veamos más en detalle esto. Claro, el primer paso exige que la Verdad sí sea Verdad y no un error o divagación. La Verdad es la correspondencia acertada entre un concepto y una realidad objetiva, junto la correspondencia lógica entre conceptos, bajo sistemas de pensamientos exactos y comprobables. De hecho, desde el Grado de Aprendiz, la masonería señala la existencia de la Verdad y plantea una definición conforme a lo anterior.

Luego la Verdad posee algunas cualidades y referencias, como “es objetiva”, que significa corresponde bien a su objeto y se puede comprobar. Y otras como “es relativa” que significa que está en relación, y que su estatuto depende de en qué relación está. La afirmación verdadera de que el agua hierve a los 100º centígrados, depende de la presión atmosférica y únicamente se verifica a nivel del mar.  Las afirmaciones de ciencia natural señalan posiciones de relación, que son relativas. Entre las típicas relaciones relativas está la velocidad, que relaciona el movimiento de un objeto, su entorno (la dirección) y el observador. Esto último es clave, cuando la ciencia se ocupa de lo más pequeño surgen principios que hacen más clara la incidencia del observador como la incertidumbre de Heisenberg y la función de la Onda-Partícula (experimento del físico Richard Feynman).

Los referentes de la verdad forman una perspectiva (punto de vista o paradigma)

La perspectiva se define como el sistema de referencias donde está el observador, desde donde enfoca lo que es capaz de ver, qué no puede mirar y en qué ángulos puede enfocarse. Para los masones el más claro ejemplo del cambio de perspectiva está en la iniciación, donde se accede a una perspectiva de un espíritu dispuesto a asimilar la luz de la razón y un sentido ético espiritual. Descubrir que el caos no te detiene y es una vía por la cual se llega a la luz y la armonía iniciáticas, resulta admirable y genera un cambio del punto de vista.

Dentro de una perspectiva de conjunto está la propia del individuo, lo cual es importante reconocer, sin embargo, eso no significa que falte la referencia definida.

El planeta Tierra tiene la misma órbita, pero los pueblos muy antiguos la imaginaban inexistente, como si este planeta fuera el centro del universo. Después con observaciones más precisas descubrieron que la Tierra giraba alrededor del Sol. Al sistema de pensamiento astronómico anterior se le llamaba Tolemaico (por un famoso astrónomo “alejandrino”) y al nuevo se le llamó Copernicano, por el sacerdote polaco que estableció este sistema.  

La aspiración usual es alcanzar un punto de vista privilegiado o varios desde los cuales sacar el mejor provecho a nuestras vidas. Veamos cómo opera esto en la masonería y otras cuestiones.

El punto de vista privilegiado de la masonería…

Comienza en el día mismo de la iniciación, por eso debemos conservar su recuerdo.

Después de forma, paso a paso, el punto de vista del aprendiz. Luego sucede lo mismo con el compañero y con el maestro. Voy a la cuestión que cada grado masónico forma un “punto de vista”, que está formado desde el aprendizaje del lenguaje simbólico, la interpretación filosófica y radical de la ética, y muchos conocimientos iniciáticos contenidos en cada grado.

En nuestro caso, sabemos que el punto de vista del Maestro Masón es mejor que el de Aprendiz y Compañero, pero eso no descalifica la riqueza y las Verdades contenidas desde el comienzo. Resulta excelente el compararlo con el ascenso de montañas. Primero se ha subido a una colina que tiene una hermosa vista hacia una explanada con campos de cultivo y un bosque verde. Después se ha trepado hasta un monte desde el cual se aprecia la colina con los campos y bosques de su alrededor, pero se mira más lejos, se descubren otras colinas y otros montes, incluso los precipicios que rodean un río. Al final, se escala una Montaña que alcanza a tener nieve y desde ahí se miran montes y colinas, dibujando un conjunto armonioso.  

Esta metáfora de colinas, montes y montañas sirve además para señalar que no basta llegar al inicio de la orografía para subir. En la masonería se recibe el siguiente grado antes de estudiarlo. El recibir grado es entrar a la zona de base, el estudiar genera la auténtica pertenencia y el “punto de vista del grado”.

Ahora bien, el “punto de vista” además de alimentarse de Verdades representa una experiencia vital, implica ciertas tendencias emocionales, simbólicas y culturales que no están delimitadas por la Verdad en sentido estricto y científico.

Alcanzada una cumbre en el grado de Maestro

La vida misma es constante movimiento y el punto de vista privilegiado del sublime grado de Maestro, no es el final del viaje y, por tanto, de los avances de perspectiva. Manejar con destreza el lenguaje simbólico, dominando a los vicios y practicando las virtudes, unidos al conocimiento básico de las “ciencias” que nos dan Verdad: con esos pilares se apuntala la elevada perspectiva de cada uno de los 3 grados simbólicos.

El título de este trazado se refiere al “Perspectivismo”, que significa comprender que se piensa desde perspectivas, entendidas como sistemas de pensamiento que corresponden a una persona, basándose en sus circunstancias y sus aprendizajes. Esto significa que los planteado por el filósofo español José Ortega y Gasset está en perfecta consonancia con las enseñanzas masónicas, siendo el mismo un iniciado.[1]

El perspectivismo señala que no todo punto de vista es equivalente, aunque no hay nada que reprochar por la infinita diversidad de posiciones personales. Una vez agrupado, hay que buscar alcanzar “puntos de vista” mejores. Eso mismo entrega la masonería a toda persona, bajo un método iniciático y un proceso de estudio.

Esta diferenciación implica que muchos puntos de vista son de pésima calidad y presentan enormes problemas. A eso le llamamos, por ejemplo, la ignorancia o el error. En particular, la ignorancia está marcada por la falta de acceso a la Verdad, por falta de estudios y no contar con las herramientas mentales para alcanzar conocimiento.   

Versiones falaces del “punto de vista” 1: marxismo

En lúcidas exposiciones de método el filósofo Lukács y el sociólogo Goldman, explicaron que la teoría marxista plantea que posee un punto de vista privilegiado, pues personifica al proletariado revolucionario, al cual consideran la única clase capaz de alcanzar la verdad. La exposición inicial está en Historia y consciencia de clase, pero del propio Marx, se puede consultar su inaugural La ideología alemana, y una larga serie de escritos de él y de Engels. Esta noción marxista justifica un cierre mental ilógico y un privilegio ilusorio que se trasladó al partido leninista (la ideología del militante) y al Estado posrevolucionario, que estableció la “ideología oficial” a manera de una pseudo-verdad, que está marcada en la ideología del estalinismo, maoísmo, etc.

La existencia del punto de vista (estructuración de paradigmas integrados mediante experiencias y estudios) resultó manipulada, para formar los “cuadros del Estado”, bajo la ideología del Estado, que pretende ser vocero de la “clase revolucionaria”.

Ahora bien, el “punto de vista” en sentido colectivo, se vuelve fácilmente un concepto general, poque quien piensa es el individuo y no el grupo mismo. La clase social en sentido marxista es una afirmación productiva, que no garantiza ninguna homogeneidad intelectual y valorativa, por tanto, la presencia de un punto de vista proletario o burgués es más una aproximación y una búsqueda de la relación entre el individuo y la producción, que no alcanza a definir a perfección qué piensa y valora tal persona. La crítica de Sartre a la síntesis apresurada de la metodología en La crítica de la razón dialéctica es válida.

Versiones falaces del “punto de vista” 2: racismo

Debido a su planteo burdo, el racismo facilita ver el error de la simplificación de la tesis del punto de vista. Simplemente el racismo, fantasea que existe un punto de vista privilegiado que sí posee ciencia y razón que se acapara por la raza superior, mientras que las razas inferiores están estructuralmente limitadas para obtener la ciencia y razón, porque son menos inteligentes. La afirmación tan burda de que la capacidad de la mente está encerrada en el color de la piel y los rasgos físicos, choca con la experiencia, y además demostró ser la justificación para crímenes atroces.

Versiones falaces del “punto de vista” 3: nacionalismo y lo xenófobo

Al revisar la historia de la humanidad siempre encontramos algún nivel de “punto de vista colectivo”, ya sea tribal o nacional, porque el punto de vista se moldea por la convivencia entre los grupos humanos. Con facilidad, esa identidad colectiva, se vuelve el refugio y el arma arrojadiza para la defensa de una tribu o nación, que entra en conflicto con los demás.

Respecto del punto de vista nacional, debemos tener cuidado con esa misma síntesis apresurada, ya que sí existe todo un complejo sistema de comunicación y de experiencias comunes, lazos materiales y conexiones genéticas, que están presentes en las naciones. Por lo mismo, periódicamente se ponen de moda los estudios para comprender las culturas nacionales y sus realidades, que son siempre aproximaciones a la perspectiva nacional. Hay algunos estudios maravillosos para encontrar el punto de vista nacional, como El laberinto de la soledad de Octavio Paz, o Vecinos distantes de Alan Riding, para México, pero no son tan frecuentes. De nuevo, suele encontrarse limitaciones y muchas síntesis apresuradas en esa temática y proliferan las fantasías, como las destiladas por José Vasconcelos en La raza cósmica.

Versiones falaces del “punto de vista” 4: imperialismo y globalismo

Así, como la nación forma parte de los puntos de vista usuales, desde que el mundo alcanzó su nivel viajero y se traspasan fronteras, comenzaron a surgir los puntos de vista de extensión. Resulta sencillo mirar en retrospectiva, los errores y horrores del viejo imperialismo, que imaginaba que los pueblos fáciles de conquistas o de oprimir estaban condenados. Para la colonización del siglo XVI de los ibéricos, el pretexto básico era la religión, porque la iglesia los legitimaba para salvar las almas de quienes eran dominados. En los siguientes siglos se fue cayendo el barniz religioso y era más fuerte la superioridad del occidental y el orgullo de las potencias europeas, como pretextos suficientes para oprimir a los africanos y asiáticos, principales destinos de conquista. Un poco más sutil, pero no menos eficaz, resultaba el indefinido destino manifiesto de la doctrina Monroe, que reservaba América para los americanos.

La expansión de los tratados de comercio y otros fenómenos de trasnacionalización, hay generado una contraposición, para revelar que hay élites que sienten una vocación global, pues poseen los recursos y las facilidades para negocia entre las diversas naciones.

Aunque la formación de un punto de vista más o menos universal puede ser un ideal positivo, presente desde el más viejo humanismo, el privilegio y el movimiento trasnacional fácilmente crea la ilusión de una perspectiva definitiva y privilegiada. El problema de fondo es que el exceso de poder de grandes corporaciones trasnacionales, la enorme repercusión de las acciones de los organismos internacionales y los efectos mundiales de un mundo interconectado genera fragilidad ante las acciones de los “grandes actores” desde la lejanía. Las actividades de enormes organizaciones como Microsoft, Google, Ali Baba, FMI, OMS, OPEP, etc. tienen efectos en todo el planeta. Las perspectivas surgidas alrededor de este tipo de organizaciones planetarias presentan la imagen de enormes potencias, disputando el protagonismo a los otros niveles de perspectiva.  

Asimismo, resulta fantasioso atribuir alguna metafísica de punto de vista privilegiado pero perverso, a los funcionarios de organismo internacionales o a los directivos de trasnacionales. Tal tipo de crítica repite el mismo prejuicio inyectado por las versiones burdas del marxismo contra los ricos burgueses o las del racismo en contra de los judíos (encarnación del financiero).

Versiones falaces del “punto de vista” 5: posmodernismo

Hay una variación de radicalidad epistemológica donde los excesos sobre el punto de vista, se transforman en “exclusividades”, que terminan generando problemas. En lugar de disfrutar la variedad de plataformas que surgen desde las perspectivas diferentes, se desliza un exclusivismo de choques cerrados. Sobre esto mismo, en lugar de buscar la verdad se inventan posverdades, basadas en la emoción, la arbitrariedad, los victimismos y la cerrazón tribal.  

Reconocer la variedad de los puntos de vista y las oportunidades que surgen con las muchas perspectivas, está presente en diferentes periodos históricos. Sin embargo, en el caos de la incomunicación este potencial se pierde, para ser sustituido por nuevas intolerancias, como las modas como “cultura de la cancelación”, para aplicar linchamientos mediáticos simplones, según sean los gustos pasajeros de cada grupo que se molesta.  

El lado vital: ético y emocional de los puntos de vista

Además, de los componentes racionales, un punto de vista personal está constituido por elementos de valores y de emociones. En los estudios básicos sobre las virtudes, el conocimiento de la caridad, permitiría comprender y experimentar el amor de una manera más plena; la interpretación de la templanza debe facilitar el “carpe diem” sin excesos ni mediocridades.

Basado en lo anterior, afirmaré que la masonería es emotiva y entretenida o falla en su realización. Un agruparse aburrido y formalista no permitiría una educación masónica que se sostenga en el tiempo, porque el aburrimiento también opaca a la inteligencia y aniquila la participación.

En fin, los aspectos de valores éticos y emociones positivas son claves para una buena práctica masónica, de tal manera que vuelvo al título de la plática: “raciovitalismo”. El filósofo Ortega y Gasset proponía adquirir una buena perspectiva, que fuera simultáneamente racional y vital. La masonería por su propia estructura reúne esos dos componentes: razón y emoción valiosa.

 

¿Qué hacer ante el error?

Ante el error propio está la ruta de la duda filosófica y el método racional de las ciencias que nos permite resolver nuestros errores, mejorando nuestro conocimiento propio. Lo primero es encontrar que bajo la duda exista la curiosidad que es el hambre de saber. El buen masón es un librepensador que tiene hambre de conocimiento y la satisface de la mejor manera.

Hacia el exterior, resulta difícil esclarecer contra el error, porque a la gente le molesta ser desengañada de sus errores de una manera directa, por lo que se recomienda la prudencia.

Hablando de la posverdad, noten como la gente reproduce memes y chistes, cómo se apasiona compartiendo temas de partidarismo político, cómo copia frases dulces y alentadoras, etc. La cuestión es dar un paso adelante del torrente, para que tras el divertido meme y la polémica política ayudemos al despertar de las conciencias. La tarea es convertir el hambre de chismes en algo más nutritivo que es el hambre de conocimientos.

Los vendedores de falsas panaceas vs autoayuda

Las amplias masas gustan de las soluciones fáciles y por eso resultan tan populares los promotores de falsos remedios que sirven para todo y para nada. Son las falsas panaceas de tipo coaching o esoterismo desviado. Cualquier youtubero que se carismático le vende a su público soluciones fáciles para su existencia y se puede posicionar, incluso ganar mucho dinero, si aplica un marketing astuto o estratagemas alevosas.

Dentro de ese panorama hay algunos promotores de alternativas de existencia que no hacen daño y sí facilitan herramientas para que las personas enfrenten la vida de una mejor manera. Un caso notorio por positivo es la tradición de los scouts que han contribuido a favorecer a la juventud, bajo una clave tomada de la propia masonería inglesa de hace un siglo. También hay formas de autoayuda que son positivas y tienen su sustento, como puede ser la filosofía aplicada o versiones de la PNL. Estas últimas formas engloban en el concepto de lo filantrópico, pues sí sirven para ayudar al prójimo.

Entre esos dos extremos se mueve el espacio mundano. ¿Qué hacer? Cada quien en su conciencia es capaz de contribuir a desenmascarar las tendencias tóxicas. Cada quien sabrá encontrar las formas positivas de filantropía o autoayuda que mejoren su entorno.

A manera de conclusión

Entre tantas cualidades propias de la masonería, aquí surge el vínculo directo entre los grados simbólicos y una de las filosofías más elegantes y sugestivas del inicio del siglo XX. A José Ortega y Gasset se le conoce ampliamente como filósofo de las generaciones, del comportamiento de las masas, las raíces de España y por esta compleja teoría que vale llamarla “perspectivismo raciovitalista”.

La propia tradición de la masonería autodefinida como filosofía moral (ética en el más amplio concepto) desde un comienzo, resulta que no se limita a una sola corriente filosófica, y de manera virtuosamente ecléctica, incluye muchas tendencias de pensamiento. En particular, aquí muestro cómo se conecta con esta corriente del “perspectivismo raciovitalista”.

 

 

 NOTAS:



[1] Algunos afirman que José Ortega y Gasset fue afiliado de la logia "Stella Matutina" en San Sebastián, España. Pero hay dudas al respecto.

miércoles, 15 de julio de 2015

RESUMEN DE EL TEMA DE NUESTRO TIEMPO DE ORTEGA Y GASSET





Por Carlos Valdés Martín

El filósofo español José Ortega y Gasset mantiene gran frescura y hasta actualidad sin que le afecte el transcurso de las décadas. El escrito El tema de nuestro tiempo se aproxima para cumplir un siglo y nada en él resulta añejo ni excesivo o fuera de actualidad[1]. Su claridad convence y lo directo de su propuesta continúa interesando.
Dejando los elogios de lado, ¿dónde está la sustancia que aporta su pensamiento? Ese pequeño ensayo ataca unos cuantos aspectos centrales para dibujar el gran “tema”: la presencia de las generaciones y el motivo por el cual las generaciones definen un criterio social valedero; la manera en que el futuro es anticipado por el pensamiento, mientras otros fenómenos se mantienen rezagados, en especial la política se retarda; la urgencia por revalorar la vida, colocándola en el centro del sistema de valores; la actualización de la epistemología mediante la doctrina del punto de vista, y la irrupción de una corriente vitalista en la civilización europea que habría de contagiar al racionalismo, para marcar una “razón vital”. Esos son los temas principales que además están cruzados por otros secundarios para su exposición pero importantes en sí mismos, como la definición de la verdad y el sentido del relativismo epistemológico a partir de Einstein. El trasfondo general de ese ensayo es el cuestionamiento y la invitación para alcanzar al propio presente y hasta anticiparlo, bajo un matiz distinto respecto del revolucionario y conservador del siglo XIX, que prevalecían al inicio del siglo XX. 
En este ensayo predominan tres líneas de discusión principales: 1) ¿Cómo se determina el “tiempo histórico” en las sociedades? Esto implica cómo se diagnostica la situación presente mediante la teoría social de las generaciones, el medidor de la anticipación (que es el pensamiento) y la perspectiva adquirida. 2) ¿Cuál es la posición filosófica correcta para el presente? Donde se discute mucho el utopismo revolucionario, vástago del racionalismo, y se refuta el falso relativismo que es mero escepticismo (“pensamiento débil” se diría después), para proponer una solución con el perspectivismo[2]. 3) ¿Cuáles son las actitudes (mentales, éticas, políticas…) para encarar este presente? Con su propuesta filosófica de la razón vital para salirnos del atolladero.
Ahora consideremos los capítulos en que está dividida la obra.

I. La idea de las generaciones

Este le parece al autor “el concepto más importante de la historia”, donde se establece el “compromiso dinámico entre masa e individuo”[3].  Pone mucho énfasis en la historia (coordenada en el calendario) y también en el nivel social (la convivencia del grupo humano es imposible de rebasar, somos gregarios). Además, su grupo es masa, incluso en sentido fuerte de Marx, y en el negativo que popularizó él mismo[4]; pero jamás desaparece al individuo, que colocado al extremo de la madeja y hacia el cual dirige sus consideraciones. En todo trance, Ortega es un pensador señalando la circunstancia, es decir, que los individuos están rodeados por entero de su mundo, que los condiciona y, sobre el cual se enfrentan. La generación define la simultaneidad del grupo humano, do la sincronía marca una convivencia, pero también el punto crucial está ante los progenitores, los cuales se presentan a modo de la herencia completa, ante la cual se definen dos actitudes posibles: aceptación o rechazo.
Las generaciones que aceptan a la pasada definen “épocas cumulativas” (acumuladoras o conservadoras) y otras son “épocas eliminatorias o polémicas”[5] (más comúnmente llamadas revolucionarias, rebeldes o progresistas). Conforme la reacción es aceptar lo recibido, el mando y el ejemplo quedará en los viejos, por lo que serán, épocas de senectud, mientas que el rechazo implica ruptura y creencia de la nueva generación en sí misma, por lo que serán “épocas de juventud”. Ante esto, insiste Ortega que existe una actitud definitiva que presentan los grupos humanos en un periodo aproximado de cada 15 años, correspondiendo también con cercanía al ciclo biológico.  Lo común específico de cada generación lo define en una “peculiar sensibilidad” o “repertorio orgánico de íntimas propensiones”[6]. 

II. La previsión del futuro

En especial, Ortega argumenta que el complemento normal de la tarea histórica es la descripción del futuro, no en sus detalles (pues no pretende la adivinación) sino en su estructura: “la historia es sólo una labor científica en la medida en que sea posible la profecía.”[7] Considera que esta operación suele ocurrir sin que se ponga énfasis, pasándose por alto tal efecto predictivo. La cuestión para Ortega es que en el sutil pensamiento surge primero lo futuro y luego desciende por el cuerpo social, hasta que alcanza finalmente a la plaza pública. Cuando la tendencia política se materializa, mucho antes fue predicha por el intelecto; pues “En el puro pensamiento es, por consiguiente, donde imprime su primera huella sutilísima el tiempo emergente. Son los leves rizos que deja en la quieta piel del estanque el soplo primerizo.”[8] En particular en la ciencia es donde miramos el futuro, y ese es “un instrumento de precisión semejante a los aparatos sísmicos.”[9] En cambio, la política  emerge anacrónica, cual “resonancia de la sensibilidad fenecida”, mientras que la ciencia expone el porvenir[10].

III. Relativismo y racionalismo

Para Ortega el “relativismo” usual (muy distinto y opuesto a la teoría de la relatividad física) es un pensamiento paradójico que termina en un escepticismo impotente. Ese relativismo emana del hecho de que hay afinidad entre sistemas científicos y las épocas donde surgen, pero aferrados a esa evidencia, terminan en el rincón de que “La verdad, pues, no existe: no hay más que verdades relativas a la condición de cada sujeto. Tal es la doctrina relativista.”[11] Pero eso también implica la ironía, que tal visión termina en un escepticismo[12], que se refuta a sí mismo.
Contrario al relativismo, Ortega defiende la existencia y unidad de la verdad, “La verdad, al reflejar adecuadamente lo que las cosas son, se obliga a ser una e invariable.”[13] Este concepto no da pie a ningún relativismo, para abrir sitio a un noción apegada a la dureza de lo verdadero y aceptando la capacidad de conocer de modo certero. Esta unidad de la verdad suele identificarse con el positivismo en la ciencia (optimista y aferrado a conclusiones únicas), el materialismo en la filosofía (un monismo de tipo positivista) y el monoteísmo (la unidad del Dios personal se suele identificar con una creencia única que se cree la “verdad”). Aunque esa unidad de la verdad no es exclusiva de esa triada, existen otras vertientes por ejemplo el idealismo de Kant y Hegel aspiraba una verdad unificada, adosada a filosofías críticas y sistemáticas. Esta posición parecería colocar este ensayo junto al racionalismo, pero pronto muestra sus críticas.
Por racionalismo nos explica el proceder de Descartes, quien postuló una facultad general de razonar, por tanto un sujeto general aplicable a cualquier situación, pero que se centra solamente en el lado cuantitativo del conocimiento, dejando de lado la cualidad como residuo irracional[14]. Si bien Ortega halaga el avance y audacia del racionalismo, le indica limitaciones en especial de ser ahistórico y pretender colocarle sus esquemas a la vida. La física y la filosofía de Descartes, las estima como manifestación primera donde “se obtiene la sensibilidad específicamente [15] El racionalismo permite reconstruir la realidad con razonamientos, lo cual lleva al extremo de “El futuro ideal construido por el intelecto puro debe suplantar al pasado y al presente. Este es el temperamento que lleva a las revoluciones. El racionalismo aplicado a la política es revolucionarismo, y, viceversa, no es revolucionaria una época si no es racionalista.”[16] Asimismo, estima que ese proceder es erróneo, pues el principio no es capaz de producir la realidad entera, sino quimeras y regímenes absolutos[17], los cuales le parecen opuestos a la vida.

IV. Cultura y vida

El otro punto de apoyo de Ortega es su exposición sobre el “vitalismo”, interpretando de un modo elocuente lo que contiene la vida, imposible de encerrar en fórmulas o abstracciones excesivas[18]. Estima que un primer rasgo implica alistarse y disponerse a tomar partido en la lucha, y lo dice en latín “Vivere militare est[19]. Y este militar es en campo de la verdad y en aquello que la existencia le dicte, pero tal dictado ha de transitar por el pensamiento. Asimismo, ha de manifestarse la voluntad, donde “todo querer es constitutivamente un querer hacer lo mejor que en cada situación puede hacerse, una aceptación de la norma objetiva del bien.”[20] Con lo cual Ortega sintetiza una larga concepción filosófica sobre la ética, el por qué se busca el bien[21]. También señala marcadamente que este despliegue implica una voluntad que es enérgica. Agrega el criterio, de que existe una dimensión de trascendencia: “La vida, decía Simmel, consiste precisamente en ser más que vida; en ella, lo inmanente es un trascender más allá de sí misma.”[22]  Esto implica una vida de espíritu, que está ligada a sus bases orgánicas, relacionada con su función biológica a la cual supera sin cesar.

V. El doble imperativo

Las dos vertientes —simultáneas y potentes— para el fenómeno humano son la biológica y la espiritual, suprema dualidad y contradicción que se debe mantener en tal tesitura, pues son “dos polos de atracción antagónica”[23]. Lo tradicional de Occidente ha sido descartar lo biológico en favor de lo espiritual, según las vertientes de la religiosidad predominante, pero la nueva sensibilidad pretende no despreciar su simultaneidad, para “no olvidar nunca y en ningún orden que las funciones espirituales o de cultura son también, y a la vez que eso, funciones biológicas”[24]. Eso implica un esfuerzo tremendo para sostener el equilibrio: “la vida debe ser culta, pero la cultura debe ser vital (…) La vida inculta es barbarie, la cultura desvitalizada es bizantinismo.”[25] Ortega elabora un pequeño cuadro de los imperativos de cada polo opuesto para resumir:

IMPERATIVO

CULTURAL
VITAL
PENSAMIENTO
Verdad
Sinceridad
VOLUNTAD
Bondad
Impetuosidad
SENTIMIENTO[26]
Belleza
Deleite

Conforme la cultura se objetiva, se contrapone a la persona, y aparece como ley, regla y gobierno. Cuando se aleja la cultura de los individuos se seca y hace hierática; por su lado, la vida se expresa siempre como espontaneidad.

VI. Las dos ironías o Sócrates y Don Juan

En este apartado, se estima cómo Sócrates descubre la razón montada en sí, desarrollándose en potencia separada, que comprende lo existente sin ponerse limitaciones, por tanto coloca el terreno para la filosofía y el racionalismo. “El tema del tiempo de Sócrates consistía, pues, en el intento de desalojar la vida espontánea para suplantarla con la pura razón”[27] Tarada siglos este movimiento del espíritu en coronar los planteamientos racionalistas, hasta el cartesianismo, criticismo y los sistemas cerrados. Pero fue un error intentar suplantar a la vida con la razón, pues ésta es una isla, rodeada del mar de la vitalidad.
En la actualidad, “El tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo.”[28] Esta proposición la reconoce tributaria de Nietzsche, con el regreso a Dionisos y alejamiento de Apolo.
El personaje Don Juan le parece revolviéndose contra la moral y mostrando la tendencia actual, pero está limitado a otra ironía. La salida para Ortega es que “la razón pura tiene que ceder su imperio a la razón vital.”[29]

VII. Las valoraciones de la vida

Propone Ortega consagrar la a vida, para colocarla en el pináculo del sistema de valores, levantándola de su posición secundaria. Porque en el pasado la vida sí ha sido valorada, aunque quedando en un papel subordinado, donde ya es hora de preferirla[30].
Aquí Ortega va a precisar más en qué consiste esa vida que plantea colocar de principio valorativo. Retomando al budismo, plantea que “La vida es sed, es ansia, afán, deseo. No es lograr, porque lo logrado se convierte automáticamente en punto de arranque para otro nuevo deseo.”[31] Por eso el budismo busca una cesación del deseo que termina la vida; a su vez, el cristianismo puso en el centro de su cuestionamiento al hambre de placeres, para buscar a Dios.  Entonces por vitalidad se ha de entender el deseo que permanece inquieto.
Una segunda determinación, consiste en diferenciar la vida frente a los ideales culturales, pues la cultura ha sido definida (desde el Renacimiento) en términos de ciencia, moral, arte y justicia, que para Ortega “El culturalismo es un cristianismo sin Dios”[32] Por tanto, reivindica el carácter paticular-individual (diferenciado) de la vida y su fugacidad, como rasgos esenciales[33].
Una tercera característica, es que esa realización en la cultura (o justicia o ciencia o utopía) implica un perfeccionamiento siempre postergado. Anota Ortega que eso implica un deslizamiento, pues “la ciencia plenaria o la verdadera justicia sólo se consiguen en el proceso infinito de la historia infinita. De aquí que el culturalismo siempre es progresismo.”[34] Ese movimiento temporal (aquí colocado cual zanahoria delante del burro que jamás la alcanza) deviene en un siguiente sesgo donde acumulan varios “ismos”, bajo los cuales “es la vida por sí misma indiferente, y sólo se hace valiosa como instrumento y substrato de ese cultural.”[35]
La cuarta característica, implica la integridad de las fuerzas vitales por lo cual no se debe privilegiar a una sola y someter a las demás, debe mantenerse junto: “ciencia y respiración, moral y sexualidad, justicia y buen régimen endócrino”[36]. La conclusión de esto, es la propuesta de Ortega que implica invertir la fórmula dominante “en lugar de decir decimos .”[37]

VIII. Valores vitales

En este punto Ortega estudia con más detalle sobre cómo se ha valorado la vida y cómo lograr una alternativa. Inicia analizando cómo se ha subestimado la vida al considerársela en la valoración tradicional cual “sólo un camino o instrumento”. Ese enfoque posee un motivo, pues vivir es ocuparse de lo que no es vida, es salir hacia lo otro, y el deseo expresa con detalle ese enfoque, “es una constante movilización de nuestro ser hacia más allá de él: sagitario infatigable”[38] Asimismo, para Ortega la vida no es naturaleza egoísta, sino ese salir de sí, pues “La vida es el hecho cósmico del altruismo, y existe sólo como perpetua emigración del Yo vital hacia lo Otro.”[39] Propone mirar los valores trascendentes como el efluvio de la generosidad de la vida.
Mientras el cristianismo proyectó su ideal humano en el beato contemplativo; la antigüedad estuvo más próxima a la vitalidad de la desnudez zoológica, con sus héroes paganos más vigorosos. El cristianismo se confundió al creer que la espontaneidad del cuerpo era vicio o pecado. Insiste en que la vida vale por sí mismo, y estima que Goethe lo descubrió con claridad, pues “la vida existe simplemente para ser vivida.”[40] En ese contexto, Nietzsche resulta ser el supremo vidente que propone la tarea de cambiar los valores.
La tarea del presente consiste en esa revaloración. “Vencer esta inveterada hipocresía ante la vida es, acaso, la alta misión de nuestro tiempo.”[41]

IX. Nuevos síntomas

Los valores inmanentes a la vida descubiertos y proclamados por Goethe y Nietzsche se aparean con la nueva sensibilidad de la época, que se convierte en común a su generación presente. Ortega observa síntomas de crisis en entorno, que lo llama , entonces para recuperar la orientación se necesitan definir las metas. La vida es “tan esencialmente esto, acción y movimiento”[42] que siempre requiere de direcciones hacia dónde moverse.
Analiza Ortega que el arte no está en el centro de la existencia y, además, no es capaz de sostenerla entera. Observa que el esfuerzo para alcanzar finalidades define al trabajo, y que éste en el siglo XIX ha sido divinizado, mientras se homogeneiza y cuantifica[43].  El nuevo síntoma está en el deporte, cual “impulso libérrimo y generoso de la potencia vital”[44], es el esfuerzo antieconómico que entrega deportivamente sus excesos en muchas áreas. También, define que la libertad es cosa excelente y fórmula para la política moderna.
En conclusión, los valores de la cultura no fenecen, pero deben reacomodarse en un rango distinto, ante la revalorización de la vida.

X. La doctrina del punto de vista

El planteamiento de Ortega consiste en lograr la síntesis entre culturalismo y vitalismo, para él: “Contraponer la cultura a la vida” o lo contrario “practica una completa tergiversación”[45] Esa síntesis será el resultado más importante de unir los logros de la cultura con los nuevos valores vitales, en el contexto de la nueva sensibilidad.
En este último capítulo plantea la teoría del punto de vista, la cual afirma la peculiaridad de sujeto que percibe y conoce, la cual depende de un contexto. Debe notarse que no es una interpretación de las llamas “relativistas”, sino basada en la unidad de la verdad, pero la pluralidad de las percepciones y las opiniones. Esto se sustenta en que “El sujeto, ni es un medio transparente, un idéntico e invariable, ni su recepción de la realidad produce en ésta deformaciones”[46]. La perspectiva no es un falseamiento, sino “uno de los componentes de la realidad”[47].
“Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo —persona, pueblo, época— es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí cómo ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere una dimensión vital.”[48] En esta cita conviene destacar que el pueblo o nación también configura un punto de vista, por tanto es irrepetible frente a las otras colectividades.
Las infinitas perspectivas existentes son verídicas y auténticas; la única “perspectiva falsa es esa que pretende ser la única”, pues “lo falso es la utopía, la verdad no localizada, vista desde [49] Sin punto de vista privilegiado absolutamente “La razón pura tiene que ser sustituida por la razón vital[50]. Con eso busca que la filosofía deje de ser general, para quedar localizada y no ser utópica.
La tarea filosófica sería la más democrática, pues “La verdad integral sólo se obtiene articulando (…) Yuxtaponiendo las visiones parciales de todos se lograría tejer la verdad omnímoda y absoluta”[51] Se lograría la cualidad omnímoda atribuida a Dios, en ese sentido Ortega juega con esta inversión, diciendo que “Dios ve las cosas a través de los hombres”. Entonces ese es el quehacer presente, efluvio sublime al abrir bien los ojos para mirar el contorno y “aceptar la faena que nos propone el destino: el tema de nuestro tiempo.”[52]

NOTAS:

[1] La catastrófica Guerra Mundial, la descolonización, la Guerra Fría, el movimiento del 68, la caída de la Cortina de Hierra desde 1989, la integración de Europa, etc., no le marcan caducidad. La actualidad de la revolución en los 20’s luego su olvido, ni el debate del paso de modernidad a posmodernidad, ajan su reflexión fundamental. Cf. BERMAN, Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire.
[2] Para José Ferrater Mora, este ensayo se coloca al final del segundo periodo del pensamiento orteguista, donde lo coloca dentro del “perspectivismo”. Los tres periodos serían: objetivismo (1902 a 1914), perspectivismo (1914 a 1923) y racio-vitalismo (1924 a 1955). Donde El tema de nuestro tiempo, es una bisagra conceptual que abarca juntos perspectivismo y racio-vitalismo. Cfr. FERRATER MORA, José, Ortega y Gasset, p. 20. 
[3] ORTEGA Y GASSET, José, El tema de nuestro tiempo, Ed. Revista de Occidente, 13ª ed., p. 7. En adelante abreviado TT.
[4] La rebelión de las masas. Cabe anotar, que la “generación” aquí funciona sobreponiéndose a la “clase social” como categoría superior del ser social. Para el marxismo, la dependencia de la producción y la mutua definición recíproca es crucial para comprender a las clases antagónicas y su lucha. Cf. MARX y ENGELS, La ideología alemana.
[5] TT, p. 10; así para Ortega, el predominio de reacción o revolución no es económico sino de reacción generacional, más próximo a una dialéctica entre mundo recibido y reacción de cambio. Dicho dilema debe reaparecer cada periodo generacional, con independencia de si ha triunfado una reacción o revolución en una sociedad. Cabe anotar que la importancia del cambio generacional poco a poco fue adquiriendo más importancia en los estudios sociales, desde la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, para alcanzar un hito en el 1968 global.
[6] TT, p. 13. Existe un problema al definirse en lo común de la sensibilidad, pues su comprobación, con facilidad cae en las sutilezas y la desaparición de pruebas. Asimismo, habría que agregar el aserto de Toffler de la aceleración creciente del cambio tecnológico y su impacto en la sociedad, por tanto en la sensibilidad, con el shock del futuro.
[7] TT, p. 16 Además, “la profecía ha sido lo normal, con que casi toda etapa fue pronosticada por la anterior con pasmosa precisión”, p. 18. Algunas versiones de teóricas de la historia devienen teoría social completa, entonces ponen énfasis en su carácter predictivo, por ejemplo, el positivismo de Comte y el “materialismo histórico y dialéctico” de Marx. En ambos casos, la ciencia social propone un esquema de futuro, al cual abonarse y compartir. THOMPSON, Kenneth, Augusto Comte.
[8] TT, p. 21. Habría que esperar a la prospectiva y a la futurología para recibir propuestas para mirar al futuro real, más allá de cualquier profetismo, bajo un enfoque sistemático y que sí sea relevante. Cf. TOFFLER, Alvin, La tercera ola.
[9] TT, p. 21.
[10] En cierto sentido, la sociedad entera presenta los rasgos de un anacronismo, por ejemplo, los “usos” son una petrificación de lo pretérito, lo cual señala también a la misma “sociedad”. FERRATER MORA, José, Ortega y Gasset, p. 117.  Asimismo, para Ortega la política debe de permanecer retardada ante el conjunto como lo muestra su posición contra la “acción directa” y otros inmediatismos políticos. Cf. ORTEGA Y GASSET, José, España invertebrada, Ed. El Arquero, 15ª. ed., 1967, p. 86-89.
[11] TT, p. 24. Digamos que quizá el más popular exponente posmoderno de tal doctrina es Foucault, quien la plantea de un modo recurrente y erudito, aunque haya cambiado mucho la fundamentación para esa doctrina a lo largo de su obra, comenzando con una visión posestructuralista, cuando intenta demostrar que la episteme es creada por una época, que impone las posibilidades del discurso a los pensadores (Las palabras y las cosas). Luego varía mucho, pero no abandona su relativismo (por ejemplo, Microfísica del poder).
[12] TT, p. 24 “es una teoría suicida” y “todo escéptico es sólo un principiante”.
[13] TT, p. 23.
[14] Esta crítica es importante en la filosofía, al mostrarse las limitaciones del racionalismo, con su preferencia por el lado del cálculo matemático; así, lo planteó Lukács y retomó las críticas de Hegel a Kant, para postular la superioridad de la dialéctica, sobre los enfoques previos racionalistas y críticos, lo cual se mantuvo en mero postulado. Cf. Historia y consciencia de clase.
[15] TT, p. 29. Si bien, Ortega no es explícito, su insistencia en la ecuación que liga racionalismo con sensibilidad moderna, cabría la hipótesis de que anuncia una época posmoderna, que él prefiere considerarla “nuestro tiempo”, uno que está surgiendo sin epítetos.
[16] TT, p. 30. En ese sentido Ortega coloca al marxismo y bolchevismo como variaciones de un racionalismo rígido aplicado a la sociedad. A su manera, Marcuse reconoce ese corolario, en Razón y revolución.
[17] Escrito en 1923 es evidente que tiene en la mira al bolchevismo de Lenin y al fascismo de Mussolini.
[18] Ortega explora la línea discontinua entre el paganismo grecolatino, el Renacimiento y el romanticismo formando el cauce que alimenta la irrupción de la nueva sensibilidad. Él asimila las tesis de otros vitalismos, especialmente sus antecedentes recientes de Dilthey y Nietzsche.
[19] Cita a Séneca, TT, p. 33. Entre las muchas afinidades de Ortega con Sartre conviene destacar la implicación del estar “siempre dentro de la circunstancia” y el existencialista énfasis en “el compromiso”, el cual es imposible de evitar, por más que es la tentación. Cf. SARTRE, Jean Paul, El ser y la nada.
[20] TT, p. 36-37.
[21] De varias maneras los filósofos han buscado un concepto supremo para coronar sus sistemas de ética, los cuales lleguen a su punto soberano, sea un bien sumo o un máximo de felicidad encontrado en cada decisión, por ejemplo, Bentham y su máxima utilitaria.  
[22] TT, p. 39. Esta declaración va de la mano con el método básico de Hegel, una dialéctica que es superación, bajo el ritmo de tesis-antítesis-síntesis sin detenerse en su espiral perpetua.  Pero, más radicalmente, implica la paradoja que el trascender de la vida es en el sentido de más vida, “porque lo que llamamos ‘lo trascendente’ es la vida misma, la propia vida inenajenable”, FERRATER MORA, Ortega y Gasset, p. 112.
[23] TT, p. 43. Es pertinente anotar, que finalmente, Ortega no es partidario de definir una naturaleza humana fija, ya que moviéndose entre contradicciones, “Ortega se hallaba más próximo a una ‘metafísica del devenir’ que a cualquier otro tipo de filosofía.” FERRATER MORA, José, Ortega y Gasset, p. 98.
[24] TT, p. 43. Resulta curioso comprobar que ese énfasis en la característica vital lo comparte el pensamiento psicoanalítico y filosófico de Eric Fromm, en especial su El miedo a la libertad y El corazón del hombre.
[25] TT, p. 44.
[26] El cuadro de la p. 46, de la edición 13ª de Revista de Occidente es diferente pero con seguridad incluye una errata al intercambiar las líneas, estableciendo una correspondencia errónea de Sentimiento-Verdad-Sinceridad, y Pensamiento-Belleza-Deleite.
[27] TT, p. 55. Aunque ese programa radicalizado, pertenece a Platón, con su República, y todavía cabría dudar sobre esa perfección racional… por lo que se habla de racionalismo hasta René Descartes y su Discurso del método.
[28] TT, p. 58.
[29] TT, p. 59. Claro que tal imperativo de la razón al extremo, suena más a “ideología alemana” que a la sensibilidad de otras latitudes.
[30] “Esa extraña actividad de nuestro espíritu que llamamos preferir nos revela que los valores constituyen una rigurosa jerarquía de rangos fijos e inmutables.” TT, p. 64. Ese término embona perfecto con el tema del cuento Bartleby, donde esa llave maestra juega su papel magistralmente, bajo la frase de “preferiría no…”
[31] TT, p. 65-66.
[32] TT, p. 71. Especie de paso desde la enajenación religiosa a la cultural.
[33] “Ortega ha insistido en el hecho de que la realidad y la vida son a la vez valiosas y efímeras —o, mejor dicho, valiosas por cuanto efímeras.” FERRATER MORA, José, Op. cit., p. 64.
[34] TT, p. 72.
[35] TT, p. 72. Para algunos el problema es la trascendencia, como en Negri y Hard, en Imperio. Para otros, el escollo es la costra de la enajenación, por ejemplo, Sartre, en La crítica de la razón dialéctica. Cabe también la hipótesis freudomarxista de una represión que opaca la vida directa e intensa, por ejemplo, en Reich, con sus ensayos Materialismo dialéctico y psicoanálisis.
[36] TT, p. 73. Pese a la horizontalidad entre esos términos, adelante se verá que la tarea práctica que se propone Ortega es enderezar las visiones y, en especial, revalorar todos los valores para revitalizarlos.
[37] TT, p. 73.
[38] TT, p. 75.
[39] TT, p. 76.
[40] TT, p. 79. Goethe: “la vida existe simplemente para ser vivida.”
[41] TT, p. 82. Asimismo, cabe hacer notar el enorme peso del futuro para la filosofía de Ortega, “condición paradójica: la de que las decisiones sean tomadas, por así decirlo ‘desde el futuro’ en virtud del ‘predominio’ del futuro sobre el presente que Ortega ha llamado a veces ‘futurición’” FERRATER MORA, José, Op. cit., p. 109.
[42] TT, p. 83. Siendo un activista del pensar, Ortega propone desplazar la moral para rescatar a su propia generación, antes del desastre que se avecinó, en la Guerra Civil.
[43] TT, p. 88. El trabajo convertido en praxis, para una filosofía rival, ofrece la clave de la comprensión total, por ello le dedica varias líneas Ortega, colocándolo en un sitial modesto.
[44] TT, p. 88. Pocos autores daban relevancia al deporte y le auguraban un papel relevante en el concierto social, mientras Ortega se interesó sobremanera en los espectáculos y deportes, como síntomas de la nueva sensibilidad.
[45] TT, p. 91. Cabría anotar que Ortega rechaza las interpretaciones del vitalismo que proponían alguna impotencia esencial de la razón para comprender, como lo planteaban algunos bergsonianos y nietzscheanos. FERRATER MORA, José, Op. cit., p. 78.
[46] TT, p. 93.
[47] TT, p. 95. Existe perspectiva en el individuo, pero también en los grupos, incluso en los más amplios. Afirmaciones cruciales para perfeccionar la comprensión de las naciones, que dieron pie a la invención de filosofías con perspectiva nacional, como la “filosofía de lo mexicano” con Samuel Ramos y su El perfil del hombre y la cultura en México.
[48] TT, p. 96.
[49] TT, p. 97. En estas proposiciones también se debe profundizar otro lema típico de Ortega, “Yo soy, yo y mi circunstancia”. El tema no debe simplificarse, sino comprender en mutuo determinarse, entre el yo y su entorno, para descubrir su fondo filosófico. Cit. FERRATER MORA, José, Ortega y Gasset, p. 51.
[50] Para la versión marxista de Lukács queda claro que el punto de vista proletario y revolucionario, pretende ser el privilegiado poseedor de la verdad, mientras los demás están condenados a la falsedad de la ideología. Historia y conciencia de clase.
[51] TT, p. 100. La integración de saberes, configura la estructura del pensamientos moderno, desde la ilustración con su Enciclopedia.
[52] TT, p. 101.