
Por Carlos Valdés Martín
La formación cultural de
México es complicada y ha integrado tendencias dispares, siendo estos temas el
motivo de severas críticas y risas destornilladas.
Apuntó Roger Bartra, siguiendo el ejemplo de Octavio Paz,
que la tradicional identidad del mexicano engarzó con fenómenos de corrupción en
la vida pública.
En especial, se ha mencionado al estilo del cantinfleo como una expresión de la
vida tramposa de la élite, que se trasminó a todo el cuerpo social, haciendo
tradición entre las capas populares. La mordida es parte del folklore nacional,
tan entrañable como el tequila, y ha sido representada en casi cualquier
expresión moderna de la cultura del siglo XX y del XXI. Los relatos picarescos
se solazaron inventando que el término "mordida" proviene de la
dentadura postiza de un virrey de extraña reputación, que pedía respaldo para
recuperar su mordida.
Sin embargo, acotemos que esta integración de la mordida a la identidad
nacional es un asunto relativo y condicionado. El término es jocoso, pero
indica también reprobación, rechazo a una práctica que se considera inmoral,
pero parte de la gente "intocable".
Mordida
El término es pintoresco y
agresivo, apuntando hacia una relación orgánica y casi caníbal del poderoso
frente a quien carece de poder. Novo señaló la posible leyenda de origen, la
cual no está comprobada: "La 'mordida' viene de los dientes
postizos del virrey Mendoza, que reputación de extraño tenía por su afán de
morder en las bolsas ajenas, dejando siempre su marca en el erario
público". Resulta significativo el contenido emocional y casi grotesco que
proporciona esta definición sobre la percepción del Estado, al cual se le
atribuyen fantasía variadas y carnavalescas. Basta señalar el término mordida
para suponer una amplia condena sobre los actos corruptos del Estado, y
agregarle una indicación de gesto primitivo, que recuerda las atribuciones psíquicas
y fenomenológicas de Deleuze.
Cantinfleo
Eludir la respuesta correcta, manteniendo un
diálogo, que más bien representa un monólogo, donde no se atina a responder la
pregunta ni se entabla un contrapunto verbal, sino que se alarga el comentario.
El comentario alargado del cantinfleo posee gracia y un nivel de elocuencia
conforme mantiene un contacto verbal que escapa a la ruta discreta, señalando
una dirección con discreción y manteniendo una reserva de fuerza discursiva. El
crítico Monsiváis destacó al cantinfleo como una expresión sublime de la
retórica mexicana y, en particular, el discurso nacionalista predominante al
final del siglo XX. Desde las
interpretaciones anteriores sobre teoría de la nacionalidad, ya se habían
observado peculiaridades del “lenguaje nacional”,
que, por sus giros y cortesías confusas, señalaban en ese sentido; centrado en
la figura tradicional del “pelado” como alburero y tramposo, está apuntando
hacia un cantinfleo antes de Cantinflas. El actor y su equipo de productores,
incluyendo a un director de cine ruso, Arcady Boytler, pusieron en la escena
pública ese rasgo. A partir de las películas Águila o Sol (1938) y ¡Así es mi tierra! (1937), se popularizó esa
modalidad y Mario Moreno “Cantinflas” adquirió el protagonismo del personaje
cómico que representaba al mexicano, al exagerar ese rasgo.
Siguiendo los precedentes y buscando una mayor
perspectiva Bartra Bartra
define: "El cantinfleo es la dialéctica mexicana por excelencia: un
discurso que dice mucho sin decir nada, que envuelve la verdad en capas de
ambigüedad humorística. Inspirado en Cantinflas, este estilo lingüístico no
solo entretiene, sino que legitima la corrupción al hacerla parecer inevitable
y hasta poética".
Teorías divergentes
Para Samuel Ramos, primero en tiempo, el cantinfleo
está motivado por un agudo sentimiento de inferioridad desprendido desde la
situación colonial, que detona una visión del mundo y un ánimo peculiar entre
los pueblos del altiplano mexicano, combinación de amabilidad barroca,
resentimiento arraigado y huida emocional. La teoría de Ramos está sustentada
directamente en una teoría psicológica, que terminó desusada, la de Adler sobre
la dualidad emocional sobre inferioridad/superioridad convertida en psicología
nacional.
La otra explicación del cantinfleo en el lenguaje y
alma del mexicano es la de Paz quien señala hacia una peculiar dialéctica de la
enajenación del alma, derivada de las mismas premisas históricas y una
diferente visión psicológica y antropológica. La soledad existencial está
centrada en el vaciamiento de una población que sufre un temor permanente a ser
nadie, y se enmascara en formalidades que alejan de la autenticidad. En la
visión de Octavio Paz, el cantinfleo es una expresión de talento para
enmascarar las profundidades de la psique nacional, que abarca de distinta
manera a todas las clases, desde un ostracismo silencioso en el indígena, hasta
una mascarada estruendosa en las élites.
Discurso oficial
Curiosamente, la oleada y moda de globalización desde
el sexenio de Salinas de Gortari, no alcanzó a destruir ese estilo del
cantinfleo, sino que lo domesticó, tal como se muestra en el éxito de
Chespirito y su Chavo del ocho, que popularizó una fórmula sobre ese
mismo estilo, el cual fascinó también a Sudamérica. Las oscilaciones del
discurso parecieran regresar a la misma orilla, cuando el estilo de López Obrador
desde el Palacio Nacional, rescata el humorismo nacional. La retórica popular no
muere, al contrario, se oficializa de un modo que el presidente de México, la adapta
a sus designios, que ha demostrado ser factor de comunicación efectiva con sus
seguidores. Estos estilos
renovados de comunicación de masas, señalan que el proceso de comunicación
mantiene fuerte continuidad histórica, y que el sistema de poder está obligado
a seguir recurriendo a los códigos prestablecidos.
Señalamos que las bases para que la población sea
receptiva con estos modelos de retórica son
En los países de tradición española se mantiene
esta forma discursiva, que derivó desde la cortesía del periodo barroco,
ejemplificada en la poesía del Siglo de Oro.
Eludir la respuesta correcta bajo la apariencia de diálogo, define un monólogo
disfrazado, donde no se pretende responder en directo la pregunta ni se entabla
un contrapunto verbal, sino que se alarga el comentario. ¿Qué sucede cuando el
alargamiento es la voz desde el Poder? El puro acaparar ya es una declaración
política y efecto de jerarquía, pues “se mantiene la última palabra”. El
comentario alargado cuando posee gracia produce su propio encantamiento, que se
agrega a la seducción del Poder. La fuerza discursiva acontece en la
legitimidad de origen del protagonista del discurso, sin requerir de elementos
de potencia como una retórica deslumbrante, falacias convincentes ni una lógica
espectacular. La posición del protagonista sobre el escenario resulta
suficiente argumento y, desde otros modelos, bastaría el silencio para imponer
discurso de Poder. Aquí acontece una coincidencia, en el nuevo discurso
oficial.
Visualización múltiple
La irrupción de las redes y los teléfonos con cámara
trastocan los espacios de intimidad del Poder, para que se conviertan en los
balcones atisbados por los ciudadanos. El privilegio de la prensa política de
contar las entretelas del palacio queda invadido por el empleo masivo de
testimonios ciudadanos, pues basta una mínima cámara para convertir en
escándalo cualquier gesto de corrupción. El ocultamiento se convierte en un nuevo
dolor de cabeza para las élites políticas y una fuente de regocijo para los
ciudadanos que se sienten empoderados con las continuas irrupciones.
Los testimonios de mordidas y corruptelas se
multiplican exponencialmente de una manera nunca antes vista. De esa manera, la
leyenda novohispana de una mordida se ha convertido en testimonios
multiplicados sobre funcionarios, que se repiten sin pausa, y continúan las
evidencias, como dijera el clásico latino: ad nauseam.
Inercias y transformaciones
La teoría de lo nacional está conformada por fuertes
inercias y marcada con el rumbo de las transformaciones. ¿Cómo se vuelve
compatible una voluntad transformadora con la recurrencia de pautas añejas y
hasta obsesivas? Los elementos que, pese a las previsiones o su falta de notoriedad
(por ser desestimadas en la academia histórica) se mantiene en el tiempo están
en el corazón de las ocupaciones de Braudel. Lo que para otros sería las
estructuras, para Braudel comienza por la observación largoplacista. De la
mordida señalamos la integración virreinal temprana y del cantinfleo, apuntamos
hacia una variación barroca, propia de la península ibérica. Son muchos siglos
de presencia. Habría que comprobar la extensión e intensidad sobre ambos
fenómenos, así como su capacidad de importación, porque México no es copia de
las costumbres españolas, sino una síntesis novedosa. Los teóricos serios como
Bartra asumimos que sí hay continuidad largoplacista y
los literatos, menos interesados en las honduras, como Novo y Monsiváis coinciden
en ese largo aliento. Ante el derrumbe del “viejo régimen” priista, esas dimensiones
han pervivido y hasta ampliado su presencia, aunque los cambios tecnológicos
suponen un reto mayúsculo. En particular, la multiplicación de las imágenes y
testimonios que supone la extensión de la comunicación representa un reto
mayúsculo y abre posibilidades para la modificación de las tendencias en la
estética popular y las relaciones entre ciudadanía y gobernantes.
NOTAS:
Una referencia antigua está en es "El
Libro de las Palabras" de Salvador Novo.
En Escenas de pudor y liviandad (1988)
"El cantinfleo, esa destreza para hablar mucho y no decir nada, es el arma
secreta de los presentadores de televisión y los políticos que, con una sonrisa
y un gesto, convierten la vacuidad en espectáculo."