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jueves, 28 de agosto de 2025

CANTINFLEO Y MORDIDA: IDENTIDAD NACIONAL ENTRE RISAS Y CORRUPCIÓN

 

Por Carlos Valdés Martín

 

 

 

La formación cultural de México es complicada y ha integrado tendencias dispares, siendo estos temas el motivo de severas críticas y risas destornilladas[1]. Apuntó Roger Bartra, siguiendo el ejemplo de Octavio Paz[2], que la tradicional identidad del mexicano engarzó con fenómenos de corrupción en la vida pública[3]. En especial, se ha mencionado al estilo del cantinfleo como una expresión de la vida tramposa de la élite, que se trasminó a todo el cuerpo social, haciendo tradición entre las capas populares. La mordida es parte del folklore nacional, tan entrañable como el tequila, y ha sido representada en casi cualquier expresión moderna de la cultura del siglo XX y del XXI. Los relatos picarescos se solazaron inventando que el término "mordida" proviene de la dentadura postiza de un virrey de extraña reputación, que pedía respaldo para recuperar su mordida[4]. Sin embargo, acotemos que esta integración de la mordida a la identidad nacional es un asunto relativo y condicionado. El término es jocoso, pero indica también reprobación, rechazo a una práctica que se considera inmoral, pero parte de la gente "intocable".

 

Mordida

El término es pintoresco y agresivo, apuntando hacia una relación orgánica y casi caníbal del poderoso frente a quien carece de poder. Novo señaló la posible leyenda de origen, la cual no está comprobada: "La 'mordida' viene de los dientes postizos del virrey Mendoza, que reputación de extraño tenía por su afán de morder en las bolsas ajenas, dejando siempre su marca en el erario público". Resulta significativo el contenido emocional y casi grotesco que proporciona esta definición sobre la percepción del Estado, al cual se le atribuyen fantasía variadas y carnavalescas. Basta señalar el término mordida para suponer una amplia condena sobre los actos corruptos del Estado, y agregarle una indicación de gesto primitivo, que recuerda las atribuciones psíquicas y fenomenológicas de Deleuze[5].

 

Cantinfleo

Eludir la respuesta correcta, manteniendo un diálogo, que más bien representa un monólogo, donde no se atina a responder la pregunta ni se entabla un contrapunto verbal, sino que se alarga el comentario. El comentario alargado del cantinfleo posee gracia y un nivel de elocuencia conforme mantiene un contacto verbal que escapa a la ruta discreta, señalando una dirección con discreción y manteniendo una reserva de fuerza discursiva. El crítico Monsiváis destacó al cantinfleo como una expresión sublime de la retórica mexicana y, en particular, el discurso nacionalista predominante al final del siglo XX[6]. Desde las interpretaciones anteriores sobre teoría de la nacionalidad, ya se habían observado peculiaridades del “lenguaje nacional”[7], que, por sus giros y cortesías confusas, señalaban en ese sentido; centrado en la figura tradicional del “pelado” como alburero y tramposo, está apuntando hacia un cantinfleo antes de Cantinflas. El actor y su equipo de productores, incluyendo a un director de cine ruso, Arcady Boytler, pusieron en la escena pública ese rasgo. A partir de las películas Águila o Sol (1938) y ¡Así es mi tierra! (1937), se popularizó esa modalidad y Mario Moreno “Cantinflas” adquirió el protagonismo del personaje cómico que representaba al mexicano, al exagerar ese rasgo.

Siguiendo los precedentes y buscando una mayor perspectiva Bartra Bartra define: "El cantinfleo es la dialéctica mexicana por excelencia: un discurso que dice mucho sin decir nada, que envuelve la verdad en capas de ambigüedad humorística. Inspirado en Cantinflas, este estilo lingüístico no solo entretiene, sino que legitima la corrupción al hacerla parecer inevitable y hasta poética"[8].

 

Teorías divergentes

Para Samuel Ramos, primero en tiempo, el cantinfleo está motivado por un agudo sentimiento de inferioridad desprendido desde la situación colonial, que detona una visión del mundo y un ánimo peculiar entre los pueblos del altiplano mexicano, combinación de amabilidad barroca, resentimiento arraigado y huida emocional.  La teoría de Ramos está sustentada directamente en una teoría psicológica, que terminó desusada, la de Adler sobre la dualidad emocional sobre inferioridad/superioridad convertida en psicología nacional.

La otra explicación del cantinfleo en el lenguaje y alma del mexicano es la de Paz quien señala hacia una peculiar dialéctica de la enajenación del alma, derivada de las mismas premisas históricas y una diferente visión psicológica y antropológica. La soledad existencial está centrada en el vaciamiento de una población que sufre un temor permanente a ser nadie, y se enmascara en formalidades que alejan de la autenticidad. En la visión de Octavio Paz, el cantinfleo es una expresión de talento para enmascarar las profundidades de la psique nacional, que abarca de distinta manera a todas las clases, desde un ostracismo silencioso en el indígena, hasta una mascarada estruendosa en las élites.

 

Discurso oficial

Curiosamente, la oleada y moda de globalización desde el sexenio de Salinas de Gortari, no alcanzó a destruir ese estilo del cantinfleo, sino que lo domesticó, tal como se muestra en el éxito de Chespirito y su Chavo del ocho, que popularizó una fórmula sobre ese mismo estilo, el cual fascinó también a Sudamérica. Las oscilaciones del discurso parecieran regresar a la misma orilla, cuando el estilo de López Obrador desde el Palacio Nacional, rescata el humorismo nacional. La retórica popular no muere, al contrario, se oficializa de un modo que el presidente de México, la adapta a sus designios, que ha demostrado ser factor de comunicación efectiva con sus seguidores.[9] Estos estilos renovados de comunicación de masas, señalan que el proceso de comunicación mantiene fuerte continuidad histórica, y que el sistema de poder está obligado a seguir recurriendo a los códigos prestablecidos.

Señalamos que las bases para que la población sea receptiva con estos modelos de retórica son

 

En los países de tradición española se mantiene esta forma discursiva, que derivó desde la cortesía del periodo barroco, ejemplificada en la poesía del Siglo de Oro[10]. Eludir la respuesta correcta bajo la apariencia de diálogo, define un monólogo disfrazado, donde no se pretende responder en directo la pregunta ni se entabla un contrapunto verbal, sino que se alarga el comentario. ¿Qué sucede cuando el alargamiento es la voz desde el Poder? El puro acaparar ya es una declaración política y efecto de jerarquía, pues “se mantiene la última palabra”. El comentario alargado cuando posee gracia produce su propio encantamiento, que se agrega a la seducción del Poder. La fuerza discursiva acontece en la legitimidad de origen del protagonista del discurso, sin requerir de elementos de potencia como una retórica deslumbrante, falacias convincentes ni una lógica espectacular. La posición del protagonista sobre el escenario resulta suficiente argumento y, desde otros modelos, bastaría el silencio para imponer discurso de Poder. Aquí acontece una coincidencia, en el nuevo discurso oficial.

 

Visualización múltiple

La irrupción de las redes y los teléfonos con cámara trastocan los espacios de intimidad del Poder, para que se conviertan en los balcones atisbados por los ciudadanos. El privilegio de la prensa política de contar las entretelas del palacio queda invadido por el empleo masivo de testimonios ciudadanos, pues basta una mínima cámara para convertir en escándalo cualquier gesto de corrupción. El ocultamiento se convierte en un nuevo dolor de cabeza para las élites políticas y una fuente de regocijo para los ciudadanos que se sienten empoderados con las continuas irrupciones.

Los testimonios de mordidas y corruptelas se multiplican exponencialmente de una manera nunca antes vista. De esa manera, la leyenda novohispana de una mordida se ha convertido en testimonios multiplicados sobre funcionarios, que se repiten sin pausa, y continúan las evidencias, como dijera el clásico latino: ad nauseam.

 

Inercias y transformaciones

La teoría de lo nacional está conformada por fuertes inercias y marcada con el rumbo de las transformaciones. ¿Cómo se vuelve compatible una voluntad transformadora con la recurrencia de pautas añejas y hasta obsesivas? Los elementos que, pese a las previsiones o su falta de notoriedad (por ser desestimadas en la academia histórica) se mantiene en el tiempo están en el corazón de las ocupaciones de Braudel. Lo que para otros sería las estructuras, para Braudel comienza por la observación largoplacista. De la mordida señalamos la integración virreinal temprana y del cantinfleo, apuntamos hacia una variación barroca, propia de la península ibérica. Son muchos siglos de presencia. Habría que comprobar la extensión e intensidad sobre ambos fenómenos, así como su capacidad de importación, porque México no es copia de las costumbres españolas, sino una síntesis novedosa. Los teóricos serios como Bartra asumimos que sí hay continuidad largoplacista[11] y los literatos, menos interesados en las honduras, como Novo y Monsiváis coinciden en ese largo aliento. Ante el derrumbe del “viejo régimen” priista, esas dimensiones han pervivido y hasta ampliado su presencia, aunque los cambios tecnológicos suponen un reto mayúsculo. En particular, la multiplicación de las imágenes y testimonios que supone la extensión de la comunicación representa un reto mayúsculo y abre posibilidades para la modificación de las tendencias en la estética popular y las relaciones entre ciudadanía y gobernantes.

 

 NOTAS:



[1] La base de este escrito fue redactada hacia 1998, en el contexto de materiales que resultaron en Las aguas reflejantes el espejo de la nación, del año 2012.

[2] Octavio Paz, El laberinto de la soledad.

[3] Roger Bartra, La jaula de la melancolía.

[4] Una referencia antigua está en es "El Libro de las Palabras" de Salvador Novo.

[5] Deleuze y Guattari respecto del Estado, en sus dispositivos, en Mil mesetas. 

[6] En Escenas de pudor y liviandad (1988) "El cantinfleo, esa destreza para hablar mucho y no decir nada, es el arma secreta de los presentadores de televisión y los políticos que, con una sonrisa y un gesto, convierten la vacuidad en espectáculo."

[7] Samuel Ramos, El perfil del hombre y la cultura en México.

[8] Roger Bartra, en el capítulo "La cultura del cantinfleo", en La jaula de la melancolía, p. 178.

[9] Por ejemplo: "Miren, nosotros, este… vamos a seguir con la transformación, porque es un compromiso, ¿no?, que hicimos, y lo vamos a cumplir, porque yo no miento, no robo, no traiciono, y me canso ganso, porque ya no es como antes, que se decía una cosa y se hacía otra, no, no, no, aquí es palabra, palabra de hombre, palabra de presidente, y se acabó la corrupción, porque se acabó, y punto." Esta cita es de la conferencia matutina presidencial ("mañanera") del minuto 45 de la transmisión del 19 de febrero de 2019.

[10] Sus grandes cumbres son Calderón de la Barca en el teatro (La vida es sueño) y en la poesía de Góngora y Argote (Soledades, Polifemo y Galatea)

[11] Escuela histórica francesa, desarrollada por Braudel, véase El Mediterráneo.


sábado, 3 de septiembre de 2016

TRAS EL SIMBOLISMO EN HUITZILOPOCHTLI… UNA ESTRATEGIA DE INTEGRACIÓN NACIONAL ANCESTRAL






Por Carlos Valdés Martín


Los mitos no son pueriles, algunos poseen un diseño estratégico que nos revela la actuación de un pueblo y almacenan el secreto de sus éxitos. Los aztecas triunfantes fueron motivados por las leyendas de Huitzilopochtli, el dios del Sol[1] que fue el hilo conductor de sus narraciones desde Aztlán hasta la fundación de Tenochtitlán y presidió su principal Templo. En lo que sigue más que explicar sutilezas de creencias remotas, mostraremos un diseño que demuestra el comportamiento integrador de un pueblo, lo que en términos modernos se ha llamado “proyecto de nación”. Comprenderemos el relato de este dios solar nos descubre ese diseño interior del éxito azteca; además entenderemos que una dimensión mítica es imprescindible para la formación nacional.   

Geometrías: El compás sirve para representarse el círculo de la Luna o el Sol, el cual en su dispositivo usual contiene una punta para fijarlo y un elemento de dibujo. En otros periodos bastó amarrar una cuerda a una estaca para cumplir la misma función dibujante de círculos. Los pueblos antiguos eran grandes geómetras,[2] aunque no siempre quedaba claro que la Tierra formase una esfera, pero sí diáfana la redondez de la Luna y el Sol, los hermanos celestes. Asimismo, las complejas relaciones de esos dos hermanos divinos han sido interpretadas de varias maneras; casi siempre masculino el Sol y femenina la Luna.
Se afirma que el círculo es una figura perfecta por dos cualidades: que su línea no presente principio ni fin, por haber cumplido a cabalidad lo que representa la serpiente Ouroborus de atrapar su cola para no acabar jamás. Los antiguos que representaban al Sol y la Luna con reverencia utilizaban con destreza el compás o un dispositivo más modesto. 

Ombligo lunar: Progresivamente avanza la aceptación de que México significa “en el ombligo de la Luna”.[3] Esto se debe a que se relaciona nuestra lengua náhuatl donde se unen los términos ombligo y Luna. Sin embargo, ¿a cuál Luna se refieren? ¿Por qué el ombligo? Si nos quedamos únicamente en las raíces de las palabras pareciera que la elección es bastante arbitraria.
La explicación geográfica corresponde al Gran Lago de Texcoco, que en su forma semejaba al “conejo de la Luna”, con Tenochtitlán en su ombligo imaginario. Esta vista geográfica resulta bastante extraña al considerar que la más exacta “visión de Anáhuac” se efectuaba desde las montañas aledañas y no era común obtenerla, de tal modo que debió inventarse alguna cartografía prehispánica. Pero esa “cartografía azteca” aún nos resulta desconocida y entonces se revela una hipótesis audaz, pues desconocemos sus preceptos y técnicas, no hay referencias precisas. Sin embargo, la explicación de la congruencia remite hacia el mito fundacional de Huitzilopochtli derrotando a la Luna y sus 400 hermanos para defender a la madre tierra, Coatlicue, que debe interpretarse en la clave de la formación nacional. 

Línea y escalón: La geometría dice que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta; la ciencia física asevera que la velocidad límite en nuestro universo pertenece a la luz. Ahora bien, la línea recta no es tan común en la naturaleza, pues los cuerpos biológicos tenemos sutiles curvaturas y la orografía es sinuosa. Una línea recta trazada a la velocidad límite la presenciamos a diario, pero ya no comprendemos su maravilla, pues un simple rayo de luz posee cualidades únicas que solemos olvidar. En el pasado la línea recta ha requerido de ingenios para trazarse; en especial, los arquitectos y albañiles emplearon la plomada, donde se aprovecha la fuerza de gravedad para dibujar la vertical. El poema se permite la alegoría de un rayo-serpiente de luz para indicar esa recta lanzada en cualquier dirección, por el primer rayo del amanecer.[4]
Por lo común, las ancestrales pirámides imitaron a los cerros como centros ceremoniales. ¿Qué sitio más sacro imaginaban los antiguos sino la punta del monte donde nacía su dios-niño-guerrero? La sensibilidad de las antiguas religiones la empujaba a elevarse y descubrir su espíritu en los parajes más cimeros y cada escalón de las antiguas pirámides marcaba la conjunción de vertical con horizontal. Sobre ellos, paso a paso, los sacerdotes de las religiones de los pueblos originales se aproximaban a reverenciar a sus dioses, como sucedía en el Templo Mayor, adoratorio de Huitzilopochtli y dejando a los pies a la diosa lunar vencida y desmembrada.  

Nacimiento prodigioso: El nacimiento humano, en su sentido biológico, es el más desvalido de los partos. Por regla las especies nacen adaptadas para su lucha contra el medio ambiente, así las pequeñas tortugas surgen del huevo impetuosas para lanzarse hacia el bravo mar y comenzar su existencia autosuficiente. En el extremo está nuestra especie: inmadura y dependiente durante años. Los bebés expuestos a los peligros dependen por completo de su progenitora y requieren de ese medioambiente social que protege y completa la madurez.
El niño que nace adulto es un prodigio que jamás acontece en el plano material, sino un dibujo trazado en el cielo de los mitos: es una negación cruda de nuestra condición biológica. Planteando un extremo opuesto del niño-dios que nace armado, su utilidad está en los significados, para comprender algo, una situación y procesarla en una creencia.
Huitzilopochtli fue el dios que trajeron los aztecas durante su mítica peregrinación por los semi desiertos del Norte. El Sol, a diferencia del humano, tiene el privilegio de nacer completo y renovado cada amanecer. Desde el primer instante de su destello matutino no requiere de ayudas ni está limitado en su esplendor.[5]
Primero es amenazado siendo un inocente y nonato; por eso su respuesta es una venganza ante el crimen cometido sobre la inocencia; pero no en el sentido de vendetta humana sino de acto objetivo, como desplazamientos de la naturaleza.[6] La leyenda del niño-guerrero que nace desafiante del seno de la madre tierra, desde el punto de vista astronómico es sumamente comprensible. Huitzilopochtli dicen que nació armado y que con su dardo de fuego mató a su hermana belicosa, persiguiendo a sus malos hermanos.

El gesto horrible de la Luna: La hermana Luna fue representada en un aspecto terrible, con motivo de una enorme afrenta. El hijo dios protege a la madre contra un matricidio potencial, pues Coyolxauhqui pretendió herir a la tierra; su derrota simplemente restableció el orden cósmico.[7]
Las leyendas más relevantes son poli-sémicas: con muchos significados. Siendo una leyenda central no solamente nos habla de la lección elemental de astronomía, sino del nacimiento del último pueblo que arribó al Valle de México. Hasta donde sabemos es cierto que los Aztecas fueron los últimos parientes en arribar al paradisíaco Valle de México y, además, su alianza con el dios Sol poseía otro significado.
Visto desde el punto formador de naciones, la Luna acaudillaba a 400 hermanos-estrellas que son representación de la multitud del pueblo que surca la noche. Esa unión entre la lideresa con su pueblo queda cuestionada cuando pretenden atacar un fundamento mayor, a la madre-tierra representativa del conjunto final, en ese ámbito, a la patria. Esa tentativa es un pecado superlativo; en términos de esa época rebasa cualquier transgresión e inmoralidad concebible, bajo el reproche del matricidio.[8] En esta perspectiva se integra un mito nacional, donde se agrega un elemento de violencia justiciera, práctica e instantánea, representada por el rayo de luz del hermano Sol.

El castigo para la Luna: En este ciclo, la hermana no muere del todo, queda a los pies de la montaña. Su derrota es relativa, permanece como un círculo al pie de Cuautepec. Recordemos que en los siglos del esplendor de los aztecas, cada noche de luna, ésta se reflejaba en los lagos que besaban los pies de las islas y montañas del Valle de México. El desmembramiento de la diosa Luna no debe verse como un castigo excesivo sino como la representación de las caras del satélite que se muestra en fases, o sea, partido. Para la mente mítica, la separación del cuerpo de un dios no es un final, recordemos a Osiris reintegrado para presidir la ultratumba.
De modo práctico, el hermano Sol permanecía como residente permanente en el recinto superior del Templo Mayor y, cada amanecer recibía el primer rayo de luz en esa región. Simultáneamente, la hermana Luna derrotada quedaba a los pies de la pirámide en un gesto de sometimiento perpetuo y ligada a los rituales de guerra y ciclos periódicos.[9]

Efecto en la visión de la Nación: Ahora hay la aceptación de que México significa “en el ombligo de la Luna”. La observación resultaría bastante extraña si no recordamos la centralidad que tuvo la leyenda de Huitzilopochtli en la cultura azteca y qué sencillo es relacionarla con la formación de una nación.[10]
El Ombligo es el sitio de la génesis del cuerpo y la huella de que nacimos de madre, así es recordatorio del origen, asimismo motivo para observar esa debilidad original. El compás que se apoya en una punta, quizá deja una sutil huella que recuerda el centro originario.
El término nación se refiere al origen, a los que han venido desde el mismo manantial. El ombligo nos recuerda exactamente lo mismo.

Reordenamiento luminoso: La luz es una representación usual de la inteligencia o razón, siendo el Sol y la Luna dos modalidades de tal concepto. La débil luminosidad lunar se ha asociado con la intuición y lo inconsciente; la fuerte luz solar expresa la claridad de la razón y el dominio del logos. La leyenda de Huitzilopochtli no evoca a una rebelión fracasada, porque levantar la mano contra la tierra misma, que para la formación nacional llamamos la Patria, resulta un sinsentido que rebasa la definición de rebeldía. Volver a encausar a las fuerzas de la rebelión equivocada en otro esfuerzo requiere de un elemento clave: la luz de la razón que permite reordenar a las 400 estrellas que son el pueblo. Más que un sinsentido, bajo la apariencia de una rebelión e intento matricida, lo principal es un cambio de sentido: desde el movimiento periférico hacia el interior de los hermanos y la Luna aproximándose hacia la Tierra pasiva; viene el cambio instantáneo desde la Tierra mediante el Sol que se expande usando un rayo-serpiente, que evoca la luz solar expansiva.

Dos movimientos y dos ritmos: Cualquier comunidad la describimos entre dos movimientos opuestos —uno dirigido al interior y otro al exterior— que no siempre armonizan. En el drama del nacimiento del dios Sol hay dos movimientos contrapuestos: el ataque paulatino y multitudinario contra la madre Coatlicue, que va hacia el interior; el contra-ataque desde el dios-niño, en sentido expansivo, perseguir a los hermanos-estrellas.
Hay dos ritmos lentos (la gestación en la madre y el lento avance de las estrellas) que remiten al tiempo oculto, una discurrir orgánico y bajo un manto (uno de piel, otro la noche). Hay dos velocidades en el relato: el pausado acoso contra la madre y el lento embarazo, el acelerado ataque del Sol. Mientras es obvio que el Sol nace completo, la nación no resulta obvio que surge entera; el primer rayo hace obvia la unidad del Astro Rey. La primera manifestación no vuelve evidente a la nación; a menos que sea una evidencia recordada, entonces sí, la separación es diáfana y rápida, cuando se acepta que la nación nació con una declaración, una insurrección o cualquier acontecimiento notable.

El rayo implacable: La velocidad del rayo de Huitzilopochtli rebasa la noción de movimiento y nos invita a percibir un Absoluto que representado por la velocidad límite (de rayo) conduce hacia un más allá del tiempo: ruptura del Cronos que traerá otro resultado. Los griegos adoraron al Rayo de tormentas bajo la figura de Zeus (de donde viene etimológicamente nuestra palabra Dios) cuya hazaña fue destronar a Saturno-Cronos (el Rey del tiempo que devora a sus Hijos); nuestros ancestros adoraron al Rayo de Luz bajo este dios-niño solar que ataca su familia (Luna y estrellas) para defender a su familia (Madre tierra y los despojos de estrellas). Esa ambigüedad radical del amor-odio es la justificación de una guerra relámpago (jamás estuvo mejor aplicado ese término militar) y pretexto para la instauración de un nuevo poder, el reino Solar.

La estrategia formando una Nación y lo que sí sucedió: Todo el relato encaja perfectamente en una estrategia para formar la nación azteca, uniendo belicosamente a sus hermanos nahuas tras “guerras floridas” hasta su asimilación en una nueva unidad: la nación alrededor de Tenochtitlán. Según algunas interpretaciones, el nuevo dios que los aztecas cargaban a cuestas (literalmente en costal de huesos sagrados) era a Huitzilopochtli. Una pequeña cantidad de aztecas llegó a la región del Lago de Texcoco y se asentó en el pequeño islote, porque eran pocos. En el trayecto, desde 1325 hasta su esplendor de la triple alianza, no fue el crecimiento poblacional la clave de su triunfo, sino una fusión de pueblos vecinos acaudillados por una nueva “luz” azteca que deslumbró la región: eso es formar nación, fusionar bajo una “retotalización” superior, para mantener una reproducción en nivel superior.  
Lo más deslumbrante del mito de Huitzilopochtli es que simboliza la trayectoria histórica de la joven nación azteca. Una explicación del mito como evento del Sol naciente es muy sencilla y casi textual, donde el amanecer corresponde casi uno a uno con los personajes. Dada la interpretación astronómica cabe preguntarse ¿por qué argumentar la sedición de los hermanos y explicar la guerra con un vencedor? Ese texto de la guerra no aparece en la astronomía desnuda (nadie ha visto al sol hacer una guerra), ese discurso es una parte muy humana que se sobrepone al relato divino: los astros se hacen antropomorfos.
El movimiento histórico real de los aztecas fue hacia el exterior y muy veloz. Ese modelo de la pequeña tribu que integra a sus parientes lo encontramos en otros ejemplos de éxito comprobados: la tribu romana y la tribu mongola. El movimiento hacia el exterior implica nacionalizar espacios y, sobre todo, gente exterior; que en ese contexto únicamente puede ser de parientes. La persecución de las estrellas rebeldes representa la metáfora de la asimilación de los vecinos-malos-hermanos.

En la fundación la posición del Centro es…: Para el movimiento interior-exterior del proceso nacional (de cualesquiera pueblos, no únicamente el azteca) la frontera es un punto relativo; el punto absoluto es su centro. Por eso seguimos tan orgullosos por el sitio de la Fundación, aunque tan preocupados si efectivamente había una serpiente en el primer símbolo del Centro, respecto de lo cual el Códice Mendoza ilustra con maestría esa posición relativa al rodear de tiempo (signos de calendario) y agua, además de establecer una cruz (tipo X) formada con agua para coincidir con al sitio del águila.[11]  Dada la fundación, la periferia es abordada desde el centro en el proceso expansivo. Una nota concluyente es que Centro es un término geográfico para denotar al Poder, con su estructura integradora y dominante, que terminó llamándose capital, proveniente del término “cabeza”.
Lo que hoy está de moda en la fantasía de una Muralla planteada por el candidato Republicano Donald Trump, implica la detención del movimiento expansivo. ¿Qué pensar de un imperio que detiene su movimiento expansivo pues se siente acosado? El único gran ejemplo fue la China imperial, que dio señal de su decadencia, aunque fuera esplendorosa e indomable. Quien sueña con murallas es porque percibe un temblor de reversa, dirección hacia una reversión de su pasado expansivo. Por su lado, la rústica muralla de la fundación de Roma sí pretendía rodear un centro y se levantó en su comienzo, también legendario aunque modesto. El problema es que tras una larga expansión, el erigir el muro denota que ha terminado la expansión. Los aztecas no llegaron a tal previsión de un muro, aunque sí hubo guarniciones en su frontera nómada con los chichimecas. El agua del Lago de Texcoco servía de fortín natural para Tenochtitlán, no se requerían de muchas otras disposiciones, bastando vigilar bien las grandes calzadas; entonces no se imaginaban la construcción de bergantines con cañones; de ese modo, la ventaja estratégica del gran lago se convirtió en debilidad.

Amanecer el Acontecimiento que re-significa: El amanecer cambio todo, esa irradiación transforma por entero el ambiente y la situación de los seres humanos, definiendo los nuevos significados y estableciendo las jerarquías. Esa situación natural de la salida del sol es el mejor paradigma de cómo un acontecimiento (positivo, potente, arrasador) cambio el universo entero. De modo negativo, la guerra es otro acontecimiento que arrastra a los pueblos enteros hacia una dirección y trastorna el entorno completo; por eso generar un gran acontecimiento es un atributo del Poder.[12] En sentido positivo, Ortega y Gasset lo interpretó como la capacidad de ciertos reinos para empujar hacia grandes “empresas”, en el sentido de un involucramiento colectivo en las grandes expediciones y colonizaciones del periodo expansionista del reino español.[13] Con el Poder lo que importa es el Acontecimiento colectivo para movilizar las fuerzas enteras.

El hilo de las tres leyendas fundamentales: Aunque las leyendas remitan a un tiempo singular y único (el nihil tempo) como instante de la fundación y a un espacio singular (el Centro absoluto), ellas mismas son organizaciones plurales que aceptan plácidamente la cohabitación de sus leyendas complementarias. En este caso, la narración del Sol naciendo armado se complementa con la salida de Aztlán y la Fundación de Tenochtitlán. La parte indígena que narra la formación de la nación mexicana se complementa con estos tres episodios y, para redondear, basta adosarles la leyenda de Quetzalcóatl que sirve como bisagra para explicar el tema de la Visión de los Vencidos sobre la Conquista.[14] El hilo de las tres primeras leyendas es el mismo Huitzilopochtli, por lo que ha resultado clave comprender a este personaje-dios-dinamo.
De modo astronómico el tema de la salida de Aztlán ocurre antes del amanecer, remite a la oscuridad de las cavernas y la indefinición (desértica). El relato del nacimiento del dios define el amanecer mismo de ese pueblo. La fundación de Tenochtitlán apunta a la representación del mediodía, por eso se empleó una fecha de solsticio de verano para ubicarlo y su emblema fue el águila, el animal que más se acercaba a la altura solar. En los tres casos, el mismo personaje, dios solar, es el hilo rojo de estas tres narraciones.

Una estrategia de unión: Concluimos que entre los significados que vitales en las leyendas de Huitzilopochtli, el relato de su nacimiento pinta completo el procedimiento. Durante los servicios y conflictos con sus vecinos-hermanos (la gran familia de origen náhuatl) los aztecas supieron integrarlos mediante una nueva luz, que combinaba su capacidad política y de liderazgo, junto con su empuje bélico. Su facultad de integración se muestra en la estabilización de la llamada Triple Alianza, que unió a las otras ciudades importantes de la región para levantar su poderío. Su ventaja guerrera fue patente durante dos siglos de ascenso. En fin, sus vestigios en piedra siguen maravillando en el presente; aquí reinterpretamos el mito para asociarlo con la inteligencia para elaborar una ruta que los impulsó hasta la cima. Estos grandes mitos aztecas, filtrados por los siglos, todavía traslucen la clara huella de una inteligencia colectiva que los llevó a la cumbre.


 NOTAS:


[1] Sin embargo, habría que aclarar que este no es el único dios solar entre los aztecas. Existen diversas representaciones, cuando se refieren a otras facetas, como la leyenda del Quinto Sol o las representaciones de Tonatiuh. En la modalidad, de Huitzilopochtli el sol se presenta especialmente dinámico y activo, metamorfoseando en un colibrí para algunas apariciones.
[2] Trazar figuras es la facultad de los geómetras, quienes dominan en su mente el espacio y lo recrean en la imaginación material.
[3] Una antigua alternativa le daba al dios solar ese atributo, deriva de Mexictli, nombre dado al dios Huitzilopochtli, "el colibrí del sur" o izquierdo que condujo a los mexicas hacia la región lacustre de centro de México. Mexictli se compone de las raíces metl (maguey), xictli (ombligo) y el locativo co, su traducción sería "en el ombligo del maguey".
[4] Se le nombra Xiuhcóatl, siendo un atributo principal del dios, este es un rayo-serpiente-quemante, a modo de una alegoría bélica pero tomada del “dardo solar”. La misma arma se ha atribuido a otros dioses solares en distintas culturas: las flechas de Apolo.
[5] Para comprender la morfología de los mitos, anotemos el paralelismo con el relato de Apolo, quien debió defender a su madre Leto a los pocos días de nacido; por lo que, con la ayuda de arco y flechas divinas, mató a la serpiente primordial Pitón y luego enfrentó a un Gigante. La diferencia está en que su hermana melliza Artemisa le ayuda; así, no hay una batalla fratricida.
[6] El potencial del pecado en los hijos es superior al bíblico, pues están atentando directa y descaradamente contra la madre y el neonato inocente. Esa sublevación para-edípica merece un castigo según esta leyenda.
[7] Aquí no consideramos los atributos de la Luna, pero su nombre significa “adornada de cascabeles”, lo cual evoca la Belleza; en ese sentido, nos transporta a la atracción entre las polaridades femenina y masculina. Aquí la unión entre los polos de Fuerza y Belleza se convierte en un Candor trágico, por la conversión en violencia guerrera; por tanto es silogismo falaz, pues su resultado lleva al callejón sin salida de la muerte.
[8] El arquetipo justiciero de la defensa del Inocente, aquí queda desplazado desde el infante hacia la madre, a la cual suponemos inocente por partida doble; pues se embaraza milagrosamente y el enojo de los hijos es injustificado. En el mismo, acto quedará vengada la inocencia con la sangre de quienes pretenden mancillarla.
[9] Cabe preguntarse si otro sentido polisémico de esta leyenda sería un recordatorio del derrocamiento de antiguo matriarcado, para reubicar la posición social de la mujer en una posición hogareña, fuera de toda participación en el Poder. Véase alguna especulación en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Engels.
[10] “Y cuando Huitzilopochtli les hubo dado muerte, cuando hubo dado salida a su ira, les quito sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl,  se los puso, se los apropió, los incorporó a su destino, hizo de ellos sus propias insignias.”  Códice Florentino, Lib. III. Cap. I Traducción directa del náhuatl hecha por el Dr. Miguel León-Portilla)
[11] La famosísima imagen del Códice Mendoza no trae la serpiente, en cambio otorga gran fuerza a la piedra-glifo que está bajo el nopal, quizá en representación del Corazón de Copil, que es otro gran tema, pues Copil sería un hijo de Huitzilopochtli y de otra hermana Luna que lo odia y se rebela para matarlo, pero fracasa y es matado por el padre.
[12] El término acontecimiento lo maneja Deleuze de un modo semejante a como Sartre emplea la retotalizaciones, los eventos colectivos que arrastran al conjunto completo. En la Lógica del Sentido.
[13] José Ortega y Gasset en España invertebrada.
[14] En la narración de la Conquista también resalta el traspaso de las cualidades de las divinidades aztecas hacia los invasores, mediante el mismo gesto de muerte. En especial, durante una festividad para Huitzilopochtli y Tezcatlipoca resalta la matanza del Templo Mayor dirigida por el capitán Alvarado, a quien los indígenas habían identificado con la otra figura solar, Tonatiuh.