Por Carlos Valdés Martín
Irlanda es un país cargado
de simbolismo, que con sus misterios ha atraído a
propios y extraños. Su nombre proviene del celta “iverio” significa próspero y de “land”
que es tierra; así que el término completo es “tierra de prosperidad”. Después de las glaciaciones la isla se volvió accesible para la colonización y desde tiempos
neolíticos hay registro de asentamientos.
Por su lejanía de la tierra continental se
convirtió en el refugio de diversas migraciones. La hermosa orfebrería irlandesa fue un arte temprano, que motivó suposiciones sobre viajes desde la lejana Grecia clásica. Los celtas
emigraron y dominaron esas tierras, aunque para efectos de crónica se
consideran sus habitantes originarios, que dejaron huellas de su lenguaje.
Arquetipo del refugio: el final de un escape
Para nuestra mente el
escapar resulta una situación fácil de comprender y (simultáneamente) tan difícil
de transitar, que nos dibuja un arquetipo.
Sabemos que el llamado “instinto de conservación” es uno de los pilares de la
psique; la cual adopta la posición de huida ante lo que considera dañino. Así, un escape es alejamiento o hasta la huida de una fuente del mal o
peligro; después ese movimiento con miedo o simple precaución, debe alcanzar un
término. La palabra refugio señala el espacio afortunado donde se termina la escapatoria, entonces ese espacio significa el regreso de la
tranquilidad y hasta el derecho a habitar (el asilo sagrado). Irlanda fue
refugio natural para los perseguidos, por ubicarse en un territorio alejado de los centros del
poder material y espiritual de Europa continental.
La Esmeralda de los Mares
Con un clima menos
hostil que el Norte de la Isla Británica, Irlanda se identifica con el verdor
de los prados y la abundancia natural. Por ese medioambiente irlandés templado, esa región se ha simbolizado mediante el color verde. La
conversión de la región al cristianismo no fue precedida de guerras como
sucedió en América, por lo que la religión arraigó de un modo más orgánico y
profundo.
La “Esmeralda de
los Mares” es un título misterioso que evoca a la sabiduría
hermética, por el recuerdo de la “Tabla Esmeralda”. Esa joya verde es apreciada por el esoterismo, pues se afirma que las primeras
enseñanzas de Hermes se grabaron en una mítica plancha de ese material.
Otra vertiente señala a Irlanda como una zona de intensa evangelización y fuerte influencia
monacal, la cual fue dificultada por las invasiones de los fieros vikingos. Gran parte del legado
católico a través de la figura de San Patricio y los conventos sigue siendo notorio, marcando a esa región como una mixtura entre lo sacro de los
antiguos celtas precristianos y la piedad de las generaciones sucesoras.
El sentido nacional de Irlanda
Antecedido por un periodo milenario de dispersión entre tribus, clanes y gobiernos
regionales, de manera lenta pero orgánica fue surgiendo un sentido de unidad nacional de Irlanda. Ya hacia el siglo XVII el despertar de un esbozo de nacionalismo
irlandés creció por su oposición frente a sus dominadores frecuentes,
los gobernantes de la principal isla británica. Además ese proceso se mezcló
con un conflicto religioso creciente, pues la mayoría de Irlanda se mantuvo
católica mientras Inglaterra se desplazaba hacia creencias cristianas
contrarias al papado. Esa oposición entre la próspera y expansionista
Inglaterra marcó la identidad y condición vital de Irlanda, impulsada por una serie
de traumas colectivos como la hambruna y emigración masiva a América.
Un caso antiguo de proto-nacionalismo y orgullo: Juan
Escoto Erígena
En el contexto de
Europa y como reacción contra las invasiones extranjeras, luego el nacionalismo de Irlanda terminó
siendo muy intenso. El deseo por conservar una identidad de la Esmeralda
de los Mares y engrandecerla ha sido notorio desde tiempos antiguos. La
combinación entre orgullo nacional y sabiduría se cumple en la figura del
escolástico Juan Escoto Erígena. Sus apellidos son dos apelativos a Irlanda,
uno referente a “Scott” y el otro a “Erin”, que fue el título pre-cristiano de
la región. Resulta una misteriosa combinación si desechamos la puerilidad de
las repeticiones, según mostraremos el sentido de uno estos términos.
La filosofía de este monje cabe calificarla como una herejía panteísta poco observada, que se paseó bajo la mirada miope de los censores. En vida, el sabio Escoto alcanzó renombre por su erudición y fue agasajado en el
corazón del continente europeo, para heredar su huella en los siglos
posteriores.
El divorcio
Durante siglos las
relaciones entre las partes del llamado “Reino Unido” fueron conflictivas, aunque
con periodos de unificaciones estrechas. La inflexión hacia la fusión política culminó hacia
1800 con la “Union Act” y desde ahí
la tendencia separatista recrudeció. El nivel de encono y oposición de los
irlandeses hacia los extranjeros fue creciendo, generando una dualidad comprensible en la distancia, aunque desconcertante para otros participantes. Cuando Inglaterra
estaba enfrascada en el esfuerzo de la Primera Guerra Mundial y había
movilizado a la opinión pública de sus dominios y colonias para reforzar sus ejércitos, en Irlanda surgió
una insurrección separatista en 1916, llamada la Insurrección de Pascua. Para el pueblo inglés resultaba una traición incomprensible que los nacionalistas irlandeses se sublevaran en su contra durante una Gran Guerra, lo
cual marcaba esas perspectivas tan encontradas.
Complemento entre Irlanda, Escocia e Inglaterra
No siempre la
oposición fue tan hostil, ni Irlanda fue considerada un polo débil de la
relación frente a la región inglesa. A lo largo de los siglos las ventajas comparativas y el liderazgo fue
cambiando de mano. Evitando entrar en detalles, en el periodo más lejano los
reinos tuvieron gobiernos separados, pero también durante un periodo
legendario, hubo una unidad política de Irlanda y Escocia
cuando ambos fueron llamados Scotts. Lo
cual revela una línea profunda, pues la principal rama
masónica se llama escocesa, pero no en un sentido de región nacional de
Escocia, sino retomando ese término místico de Scott. Entonces Rito “Escocés” no significa el perteneciente al reino
de los higlands, sino una relación
con el trasfondo de los antiguos Scotts, antecedentes de las actuales Escocia e
Irlanda. El término de Scott, en ese nivel legendario, queda relacionado con una leyenda post-salomónica de la piedra fundacional del trono del Rey David, para detallar en otra
ocasión.
Las oposiciones en
los sistemas complejos (como son las naciones y Estados) implican otro tipo de
relaciones como complementariedades y cambios de las correlaciones de fuerzas,
direcciones de flujo que no están en completa divergencia, etc. Hacia el siglo
XVIII, cuando surge la masonería moderna en Londres, la preeminencia de la región llamada Inglaterra era un presupuesto; sin embargo, las nuevas ideologías no
permitían un sometimiento evidente de una región hacia otra por lo que
rápidamente se formaron logias independientes, que sin encajar bajo un signo
nacionalista, sí marcaban su celo autonómico. Dentro del filosofismo masónico,
existe una enorme valoración por Irlanda y la inteligencia de su pueblo,
señalada bajo el rótulo “maestro irlandés”, un sabio que retoma las antiguas
tradiciones y aplica su pericia para remediar las miserias del pueblo.
NOTAS: