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miércoles, 10 de julio de 2024

PROGRESO ¿QUÉ ES? Y POR QUÉ NO ES LO “PROGRE”

 



Por Carlos Valdés Martín

 

Previo

Antes de una concepción del Progreso el tiempo fue concebido como inalterable, decadente o frágil, jamás para una mejora constante. A veces, se creía en una decadencia del tiempo (en una caída de las Edades comenzando con la de Oro, Plata y llegando a la de Bronce) y otras veces en un tiempo inmutable (el presente se repite, incluso como Eterno Retorno[1]). En casos, más felices se esperaba una llegada del Mesías, para la salvación definitiva, y en los infaustos se temía un Apocalipsis desastroso[2]. La idea de Progreso se abrió espacio junto con un optimismo, con la noción de que habría una opción de mejorar en el tiempo. Cuando surgió a la luz, fue el Progreso una visión bastante marginal, que creció hasta convertirse en un eje temático.

La noción más cotidiana del tiempo fue cambiando y el Progreso dejó de notarse como una idea fuerte, para confundirse con una posición política peculiar. La confusión es entre los “progres”[3] fueran abanderados del Progreso, que este último es una idea más general y filosófica.

Apertura de la ventana del Progreso

Hasta la definición más simple de Progreso marca una revolución en la concepción del ser humano y sus posibilidades. La simple definición de diccionario nos indica el movimiento hacia adelante[4], y estamos tan acostumbrados a tal devenir hacia un futuro con más de esto o aquello, que nos parece natural. Durante más de tres siglos han crecido la población, la economía y el conocimiento sin parar; incluso la alarma ecologista exige poner frenos a tanto crecimiento. Las ciudades amuralladas y de pequeñas plazas son un atractivo turístico por la nostalgia que provocan, mientras las megalópolis con rascacielos dominan las economías y finanzas del planeta. Los antiguos podían imaginar una sociedad perfecta, pero no un cambio cotidiano que fuera hacia más y que trajera novedades en un vértigo sin freno. Así, Platón en su República describió una sociedad gobernada por reyes filósofos y estratificada de manera armoniosa, con una pedagogía emanada de lo más selecto entre la Hélade. La República platónica no pretendió materializarse ni se proclamó como partidarismo sectario, porque la antigüedad no seguía sino reinos extensos y “tierras prometidas”. El republicanismo antiguo, ejemplificado en Roma, no pretendía una sucesión de tiempos, sino mantener una tradición equilibrada, según sus dioses locales y con un designio encerrado para siempre en los “libros sibilinos”.

En cuanto hay un futuro hacia el cual moverse de manera colectiva cambia el panorama, ya no estamos en la Antigüedad ni el Medioevo, sino en un periodo distinto. Basta abrir la ventana del progreso, estableciendo una dirección hacia la cual avanzar para que cambie por completo el panorama.

El cambio del Progreso implica un cambio completo de paradigma

La noción de progreso fue deslizándose de manera espontánea en la conciencia colectiva, empujada por la evidencia de las transformaciones. El modelo de lo estable y fijo se mantuvo por la evidencia de los milenios, por más que en retrospectiva los arqueólogos vean una “Revolución agrícola” o un salto con el empleo de metales, todos esos cambios son mirados al compactar el pasado. En la antigüedad la vida cotidiana no saltaba de manera espectacular, las modificaciones provenían del comercio y la extranjería, cuando las invasiones se hacían con otras armas. Aunque había momentos privilegiados de avances del pensamiento como la Atenas clásica y de concentración de poderes como la Roma esclavista, tales empujes no daban pie a percibir ese desplazamiento continuo hacia futuros distintos. La genialidad de Heráclito permaneció como un filosofar abstracto, demostrado en metáforas naturales: nadie se baña dos veces en el mismo río. La aplicación tecnológica se mantenía en los márgenes de la conciencia, y hasta el tecnólogo resultaba un personaje digno de desconfianza, según la leyenda del astuto Dédalo, fabricando dispositivos desastrosos como un laberinto para el Minotauro y las alas enceradas que no resistieron a Ícaro, su hijo.  

Que el futuro sea esencialmente mejor vía el Progreso conlleva una idea tan fuerte, que se mantiene en los márgenes, luego se esteriliza (como figura flaca y lineal) y luego se mistifica al volverla una escandalosa Revolución (única, que anule al propio Progreso).

El significado del Progreso cualitativo

Mientras nos coloquemos en un concepto lineal el Progreso pareciera escaso en argumentos y secretos, en cuanto pensamos en un movimiento cualitativo, a manera de una escala de transformaciones el concepto resulta mucho más interesante. Para entender una Sociedad de manera correcta y científica debemos considerar a la idea de Progreso como el eje de sucesión y la ventana de posibilidades, para diferenciarnos de los conceptos inmovilistas. Lo más evidente señala que fue hasta cierto nivel cualitativo de los avances científico-tecnológicos del periodo capitalista, que el cambio social fue evidente y que la ventana de transformaciones rumbo al futuro era más que obvia, que se modificó la perspectiva, para sustituir visiones que aparecieron desde las épocas de los Faraones y pueblos agrícolas con visiones “organicistas”.[5]

El movimiento actual de la humanidad no se satisface ni describe con repeticiones, sino con cambios de calidad y dinámicas transformadoras. El espíritu es tan libre, que el sencillo esfuerzo por conservar lo adquirido[6], ya implica una posición ante la existencia y una definición frente el futuro. Entonces, el Progreso implica una dinámica y la capacidad para comprender que lo permanente en las Sociedades es el cambio, y que ese cambiar no es un movimiento al garete y sin brújula, sino que la dirección es uno de los temas más apasionantes.

Alusión a Comte y su progresismo sociológico (la “ley de los tres estados”)

Debemos anotar que, en el periodo medioeval, la conciencia predominante en Europa (y de ellos la heredó la América colonial) careció de un horizonte claro de progreso, pues con los ojos puestos en el cielo, las sociedades se evadían de cualquier responsabilidad respecto de su mundo material. En base a una estructura religiosa, veían con desconfianza el proceso de cambio, condenándolo como herejía y descaro. Los sacerdotes y los gobernantes se enorgullecían de conservar el legado de siglos anteriores, ya fuera siguiendo los textos de la sagrada Biblia o las costumbres heredadas.

A partir de una nueva oleada de pensadores y aventureros prácticos, el Renacimiento empezó a inquietarse con las posibilidades, porque una definición de lo “posible”, debe contener la semilla de novedad y entonces vislumbra la idea de Progreso. Un pensador importante para redefinir la noción de Progreso fue Augusto Comte, reconocido pensador del siglo XIX. Este autor, uno de los fundadores de la ciencia denominada sociología, planteó con claridad una perspectiva de cambio social. Comte propuso una denominada ley de los tres “estados” (o periodos) del Progreso social, donde definió que la humanidad avanzaba en tres etapas: Teológica, Metafísica y Positiva. Sin detenernos en los detalles, este autor francés observaba que la humanidad avanzaba con ímpetu hacia el periodo Positivo, donde se unía la mentalidad científica, con dominio de la naturaleza, producción industrial y un sistema democrático-legal. 

De hecho, las ideas de Comte tuvieron una amplia recepción. Por ejemplo, su lema favorito de “Orden y Progreso” fue colocado sobre la bandera de Brasil; además en México se aceptaron esas ideas entre el grupo de Porfirio Díaz denominado “los científicos”, sin embargo, luego el sistema de Comte cayó en desuso, al ser cuestionada su teoría por otra radical: el marxismo.

La sustitución ideológica del Progreso por la Revolución

Las visiones del Progreso de Comte implicaban una reforma social constante, mejorando las instituciones y llevando el bienestar a la población, y esa perspectiva reflejó lo sucedido en las grandes metrópolis desde la Revolución Industrial. Sin embargo, los males de los grupos oprimidos del final del siglo XIX y principio del XX popularizaron una visión más radical, mediante la cual se proponía saltar etapas y ofrecer una Revolución como remedio contra todos los males del capitalismo, sustituyendo al reformismo positivista.

Con Marx, cambió la perspectiva del Progreso por un único salto espectacular, que remediara el todo de todo, ofreciendo un paraíso en la tierra. Con la promesa de una Revolución radical, el marxismo planteaba sustituir la paulatina escalera del Progreso, por un enorme salto hasta el cielo. El balance de la política marxista indica que las revoluciones sociales son posibles, pero que los grandes saltos en la historia (conducidos de forma equívoca) también se convierten en saltos al vacío, que luego de grandes sufrimientos retrogradan a las naciones hasta un punto anterior del proceso, y, por tanto, se revelan como falsos atajos.

El liberalismo ha seguido el signo del Progreso

El liberalismo se ha identificado más con una forma política, donde existan libertades para todos y el Estado sea regulado por un sistema de derechos equitativos. El liberalismo a veces a asumido el tema del Progreso, como lo mostró Comte, pero también lo deja a las fuerzas del mercado y a un efecto benéfico de la Educación. El ejemplo de México es evidente, cuando los liberales del siglo XIX mexicano tenían el rumbo perfectamente claro, y si ellos eran una minoría perseguida por la mayoría conservadora durante la Intervención Francesa, encontraron la convicción íntima al descubrir que “el triunfo de la Reacción es moralmente imposible”[7] Y no sólo es una imposibilidad moral, también el triunfo de la Reacción es una imposibilidad material, porque el flujo del Progreso está fundamentado en la estructura material de nuestra sociedad y en la inquebrantable nobleza del espíritu humano.

Sin embargo, la evidencia del Progreso resulta tan masiva, que sucede como los peces en el agua, que se deja de observar. Únicamente se miran los efectos particulares de las grandes aceleraciones tecnológicas, mediante la computadora, el internet, el celular, etc.

La diferencia entre el progreso y el simple crecimiento

El Progreso significa que hay una ventana abierta y que el cambio es real, significa que “todo lo sólido se desvanece en el aire”[8]. Sin embargo, ese desvanecimiento (un nihilismo) es una caricatura para radicalizar (o ridiculizar) el movimiento difícil de captar y mantener en nuestra mente.

Ahora bien, el Progreso para poseer su honda catadura filosófica debe incluir calidad intensa y con sentido humano. La noción neoliberal, ha confundido esta idea tan importante y como falsa ideología sustituye el incremento de bienestar y de civilización, por una tasa económica de crecimiento. El aumento del PIB y otros indicadores no implican un Progreso de modo directo, pues la riqueza material únicamente otorga una plataforma para la existencia. ¿Qué marcó más el tiempo: la irrupción de los Beatles o el incremento de las reservas del Banco de Inglaterra? El grupo musical más impactante del siglo XX creció de la mano con el auge de la posguerra y el éxito de la recuperación inglesa, pero no se reduce a su éxito económico. La paz mundial y el auge de las décadas de predomino de los ganadores de la posguerra daba un espacio de posibilidades para una beatlemanía alrededor del mundo, que alcanzaba hasta “back to USSR”, las meditaciones en India y los hongos en la sierra Mixteca.  

Las visiones reduccionistas: estatismo y neoliberalismo

El reducir el Progreso a su dimensión económica limitada, va de la mano con el extremo neoliberal, que convierte las ventajas del mercado en una especie de religión de la eficiencia. El Progreso es multidimensional como el ser humano y sus gradaciones clave son cualitativas. A la fecha, el mercado capitalista ha demostrado ser la única vía para un desarrollo productivo impresionante sin someter a la población a costosos experimentos del Estado autoritario, tal como lo demuestra la experiencia de China, que sometida políticamente al Partido Comunista, se convierte en una potencia hasta que abraza las leyes del mercado. La filosofía ética se desmarca de esa caricatura del liberalismo asentada en el neoliberalismo, para levantar las grandes ideas directrices del pensamiento. Ni Estado totalitario ni capitalismo salvaje muestran una vía de solución; el Progreso sigue como una ventana abierta, mientras se permita el movimiento, como ley de la vida colectiva.  

La confusión del Progreso con lo progre

Bajo un contexto cambiante, lo que fueron “vanguardias revolucionarias” frustraron o disfrazaron sus miradas, entonces rescataron la noción de Progreso, como un avance cualquiera. Mientras el conservadurismo político se minimizaba en el planeta y no se recordaba bien qué era eso del anti-progreso, refugiado en el fanatismo religioso. Después vinieron los movimientos que sustituyeron la idea de un “proletariado sujeto de la revolución”, por la movilización conjunta de los nuevos grupos oprimidos, en especial, con un feminismo masivo y luego las preferencias sexuales. La aglutinación de toda clase de disidencias en una tendencia se convirtió en lo “progre”, ya sin relación definida con el Progreso, sino como agrupación de conveniencias de coyuntura[9]. El “progre” cuando abre espacio para el radicalismo islámico, entonces otorga parapeto y cobijo a tendencias neofascistas, transitoriamente es el enemigo del Progreso que arrastramos en el siglo XXI. La militancia islámica incluye un componente neofascista y de retroceso extremo que antagoniza con la mayoría del componente progre. Aunque no todos, sí la mayoría de los progres son hábilmente chantajeados por el martirio de civiles palestinos y quedan como marionetas de sus peores enemigos. Con el componente islámico adentro del movimiento, los progres sirven a una causa contraria al progreso, ya que el radicalismo islámico es retrogradación fanática y violenta para cerrar las ventanas del tiempo, en nombre de una religión con versión fanática, fundamentalistas, opresora y hasta genocida.

Angustia ante el futuro abierto y conformación predictiva

Predicciones tontas fueron aceptadas desde los más remotos tiempos. Los antiguos no tenían una visión de Progreso abierto, pero sí gran miedo ante los azares del porvenir, por lo que la religión griega se centraba en el oráculo de Delfos y el gusto por las adivinaciones se volvía fanatismo del vulgo, mediante consulta de las estrellas (el horóscopo desde Babilonia) y las más curiosas adivinaciones: entrañas de animales, líneas de la mano, vuelos de aves, etc. Esa ansiedad por ganarle al futuro se ha tecnologizado y secularizado, pero no deja sus lados más banales, intentando predecir todo y creyendo cualquier cuestión vestida de tecnología, para reducir la incertidumbre futura. Y lo peculiar es que ahora sí hay un aparato tecnológico con habilidades para manipular al consumidor y al ciudadano prometiéndole futuros felices al alcance de su celular.

Los intentos por cancelar el futuro y sus incertidumbres son inútiles, pero lo intentamos a diario, mirando cotizaciones de futuros y predicciones estadísticas de las elecciones. Aceptar que el futuro cambia es la base del Progreso, el sustituir el futuro por predicciones amañadas es un analgésico contra el cambio. La prospectiva científica sí existe, pero nos gustan más las profecías de Nostradamus.

Reivindicar el concepto de Progreso

Dada la mezcla actual del islamismo radical entrometido en la tendencia progre, para la generación actual no resulta clara la idea de Progreso. Lo progre no significa que posea la llave del Progreso, ni que esté acelerando la vía hacia el futuro. Con lo expuesto, queda claro que el Progreso es un concepto clave, que es mucho más que lo que se relaciona con la innovación tecnológica, el cambio de las costumbres, los gustos y las modas. El auténtico Progreso define el sentido de nuestras vidas colectivas, es el flujo del gran río donde navegan nuestras existencias en dirección hacia el futuro y el sentido del movimiento no sustituye al presente como la vida misma[10].

 

 NOTAS:



[1] Hay una amplia referencia en Mircea Eliade, Tratado de historia de las religiones.

[2] Las religiones antiguas no se adaptaban con la idea de Progreso, pues esa misma concepción trae algunas respuestas que son novedades para la interpretación teológica, por ejemplo, “El progreso es la única respuesta que puede oponer la razón frente a las objeciones relativas a la existencia del mal”. Eliphas Levi, La clave de los grandes misterios.

[3] Anotemos que todo “ismo” implica una parcialización del concepto, para posicionarse frente a los demás ismos. La expresión cómica está en Ramón Gómez de la Serna y su libro de los “ismos”.

[4] Según definición de la RAE: (Del lat. progressus). 1. m. Acción de ir hacia adelante. 2. m. Avance, adelanto, perfeccionamiento.

[5] A partir de la modernidad, digamos siglo XVIII en las ciencias naturales y sociales comenzó a proliferar la noción de que se estaban haciendo “historias” en el sentido correcto de agregar el eje del tiempo, para observar el cambio por progresiones o evoluciones, saltos o continuidades… superando la noción del Génesis absoluto marcada típicamente por las religiones, o sus extrañas nociones de Edades regresivas de la humanidad. Véase Mircea Eliade Tratado de historia de las religiones y Foucault Las palabras y las cosas.

[6] El Conservadurismo y la Reacción son una malformación de este esfuerzo del conservar lo adquirido, finalmente son equivocación y fracaso ante la estructura del tiempo, Cf. SARTRE, Jean Paul, El Ser y la Nada.

[7] JUÁREZ, Benito, Discursos.

[8] Marshall Berman, la frase que da título a su libro más famoso, la tomó de Marx.

[9] En la naturaleza de la política, está formar agrupaciones y luego mayorías, por tanto, es usual integrar elementos dispares en frentes y asociaciones. La tendencia progre es un intento deliberado para unificar a la izquierda tradicional montada en el marxismo, con el feminismo, los anti-racismos, la ruptura generacional, el lgttb+, los migrantes, etc.

[10] La idolatría falaz de la Revolución comenzada con Marx, implica la sustitución fanática del presente por un futuro hermoseado por vanas esperanzas. Si el capitán del barco mata a los tripulantes y a los pasajeros con el pretexto de que en el puerto encontrará mejores tripulantes y pasajeros se ha vuelto loco. En el extremo de Stalin y Pol Pot, la idea de Revolución muestra su falacia llevada al límite.

martes, 2 de julio de 2024

TERMOELÉCTRICA A MANSALVA


 

 

Por Carlos Valdés Martín

 

Entre penumbras y humedad de cavernas, los espíritus chocarreros de antepasados gruñen para invitar a la nueva generación hasta su purgatorio panteonero. El atracón de muertos frescos de la “Covideada” había terminado. El huesudo y altivo Moctezuma II reclamaba a Tezcatlipoca, que apremiaba un nuevo barullo en el inframundo bajo la gran ciudad.

—Aún no termina el ciclo de aire. La muerte por fuego está reservada para las provincias tributarias, para los señoríos chichimecas, ahora gobernados por narcos.

La calavera con penacho de Moctezuma apretó y rechinó los dientes. Ese penacho subterráneo conserva mejor sus colores que los quetzales vivos. Al rechinar los dientes salió su lamentación:

—Los ciclos cósmicos no interesan, lo que me retuerce es la soledad y la falta de bullicio. Los muertos viejos se vuelven aburridos y dejan de moverse. Los viejos muertos se vuelven hojas secas o han encontrado su camino de regreso al aire. Y aquí este rey antiguo, que siempre les sirve de su pincheeee (alarga la última vocal, para enfatizar) , porque no quiero volver a la superficie, por el desmadre que se organiza cada vez que “regresa el rey”. Me purgan las genuflexiones de los súbitos, desde que una pedrada me reveló que eran falsas sus alabanzas.

A las puertas del inframundo azteca, el poderoso Tezcatlipoca siempre idea la mejor solución. Agita su espejo humeante que descifra las pasiones más oscuras de los vivos. Sus mejores siervos siempre han sido los gobernantes, dispuestos a enloquecer con sus egolatrías y vanidades. Con rencor ancestral tatuado en su rostro, Tezcatlipoca late de envidia ante los inventos. Eso viene sucediendo desde que su hermano luminoso, Quetzalcóatl compartió regalos para los humanos: textiles y huipiles con el último grito de la moda mesoamericana; aromáticos copales que fueron la fruición de Teotihuacán; artísticas vasijas para disfrutar el chocolate recién descubierto… Tantas novedades de Mesoamérica antes de la tormenta de los caballeros barbados y su nuevo Dios con cortejo de santos y vírgenes. Y Tezca (como le llaman ahora) no se debía quedar atrás, estaba listo para darles los regalos de la civilización a sus pueblos, pero debía mantenerse oculto bajo el manto de los nuevos dioses públicos. Que el cigarro sea el regalo más emblemático a Tezca no lo acongoja. En su corazón divino está el ansia por otros portentos.

La exacta confluencia del humo provoca las carcajadas silenciosas de Tezca. Y mirar una termoeléctrica desprendiendo millones de toneladas métricas de humos tóxicos es para él una fiesta indescriptible.

Para los humanos del altiplano es una fea restricción por contaminación, en cambio, para Tezca ese es un día de fiesta. Así, que el dios Tezcatlipoca (por última vez lo digo completo) encarna en un guapo doncel con piel de bronce. El portador de su espíritu es el júnior de un poderoso gobernante, que maneja su Ferrari, dejando al chofer como acompañante. Le gusta manejar y sentir que es un corredor implacable, pero los baches frecuentes lo disgustan. Toma el segundo piso del periférico para dirigirse hacia la termoeléctrica de Tula.[1] Le frustra al joven Barry que haya cámaras de control de velocidad en el segundo piso. Ya en la carretera se desbocará un poco más, aunque tenga que tomar una ruta más larga. Se dirige hacia su chofer-guarura colocado en el asiento del copiloto:

—Carga el vapeador con cannabis “medicinal” y no me rezongues, que ya sé que papá tiene prohibido que yo maneje y mezcle, pero en la caseta de Tepozotlán te dejo el volante. Nada más daré dos jaladas para relajarme.

Cuando Tezca se encarna temporalmente no se pierde la personalidad del receptor. De hecho, con Tezca sucede como si llegaran dos visitantes a un mismo departamento y tuvieran una larga amistad, cuando ambos presumen lo bien que les ha ido ese año.

—Te voy a contar de la Karen que decías no aflojaba, pues sola se alocó. Fueron los celos, en cuanto le llegó la noticia de que andaba saliendo con una modelo de Monte-negro.

Barry se ríe ostentosamente para que el copiloto entienda que fue un juego de palabra sobre el Monte de Venus negro.

—Hay güey, ni tan negro. Como sea, la imposible curvilínea Karen, en “fa” se descolgó a altas horas de la madrugada y se soltó como fiera. Lo único malo es que ya se me había bajado la calentura. Acepté por curiosidad, con eso de que presumía de virgen de las vírgenes. Nada, nada era tan cierto con ella.

Detiene el automóvil en una gasolinería después de la caseta y se cambian de sitio. Se detienen frente a una cafetería, donde Barry compra dos frapuchinos con triple crema batida y toque de leche de almendras.

Voltea la mirada hacia el Valle de México:

—¡Qué guau está la nata de mierda contaminante! —que a Tezca le fascina el humo, mientras más tóxico más matizado—. Lo bonito —ahora habla la mente de Barry— que es tener colección de vehículos, así circulas más sabroso, mientras los jodidos se quedan en casa o andan en Metrobús.

En el estacionamiento, Barry alterna entre el vapeador y el café capuchino. Está de muy buen humor y en su cabeza transcurren diálogos entre fiestas de discoteca, viajes lejanos, pirámides adornadas, negocios por asignación directa y guerras floridas.

El chofer no sabe el motivo para visitar un sitio tan poco turístico como la termoeléctrica. Imagina que es por negocios. El comportamiento de Barry no es el usual. Por un resorte de urgencia aborda a una joven morena que despacha gasolina bajo el quemante sol del mediodía.

—Te interrumpo un momento para afirmarte que eres la misma princesa Donahí, debes dirigirte a Oaxaca, allá te volverás gobernante. Dedícate a la política. Le das de referencia al Gobernador, este que es el teléfono de mi tío y te dejo el mío.

Ella piensa que es un chico muy guapo y millonario excéntrico que le pedirá una noche gratis. No cree en nada de lo que él dice.

—Es más te doy dinero para el viaje. Se me olvida que en esta tierra con dinero baila el perro. Con lo que te voy a mandar te alcanza para irte allá unos 6 meses, mientras organizas tu vida, princesa Donahí.

Por la cabeza de ella pasan noticias de trata de blancas, secuestros y desapariciones, mientras él comparte una cuenta bancarizada, donde le depositará dinero con abundancia. Luego ella piensa en los milagros de la Rosa de Guadalupe.

Él se despide muy amistoso:

—Soy Barry para los amigos y —suelta un guiño de coquetería— para las chicas guapas. Estamos en contacto.

Tezca no concuerda con Barry cuando coquetea con Donahí, pues ella no ha reencarnado en un cuerpo bello.

El trayecto a la termoeléctrica cruza en las proximidades de la refinería de Tula. La refinería a Tezca le resulta agradable, da órdenes para pasear por la cercanía, antes de alcanzar el destino final. Que tienen tiempo sobrado. Mira los silos y tanques enormes; los laberintos de tuberías expuestas al inclemente sol del mediodía; disfruta el tramado de escaleras y quemadores expuestos; las grandes chimeneas y los vidrios reflejantes; grandes extensiones de láminas corrugadas y expuestas al óxido de las lluvias. Barry recuerda un relato urbano de Héctor de Mauleón que le hace más simpática la tosca estética de la refinería. A la distancia, Tezca disfruta el aroma a tóxicos azufrados que se desprenden hacia el ambiente, pero sabe que desprende una fumarola mediana cuando se compara con las turbinas gigantescas de la termoeléctrica. El escape rugiente del Ferrari es una diminuta insignificancia comparada con las bocas humeantes de la refinería, oleadas tóxicas de vapores, precedidas de borborigmos metálicos. Y, bajo la relatividad de las emisiones, a su vez la refinería palidece ante las imponentes chimeneas múltiples de la termoeléctrica, que lanzan millones de partículas suspendidas, que se mantienen viajando para esparcirse sobre el Valle de México, el territorio de la civilización náhuatl que lo adoraba entre hogueras y ofrendas de copal mezcladas con yerbas aromáticas. Es la nostalgia de dios viejo, es Tezca convertido en un adorador de los humos que llevan a las almas hacia su región del inframundo.

El chofer pide una escolta a la Guardia Nacional y de inmediato le mandan un jeep con soldados en las proximidades de la refinería para acompañarlos.

En la garita de entrada a la termoeléctrica no conocen a Barry.

—Es que siempre llego en camioneta blindada con polarizados. Y no me gusta que los macuarros me reconozcan en el camino. ¡Estás muy güey, pero muy güey!

Barry le marca a la secretaria privada de su tío para franquear el paso. Margarita, es eficiente y tiene el directorio con los celulares de todos los accesos a las plantas eléctricas. En un minuto ha sacado las autorizaciones.

En cuanto traspasa las rejas le ordena al chofer:

—Les invitas a los sardos unos refrescos o hasta cervezas si hay en la tiendita sindical. No se nos vayan a deshidratar.

El gerente Salomón (extraño nombre de pila) no está de buen humor para trabajar. Su semana fue infame y el no circula lo obligó a utilizar el transporte público. El taxi Didi lo había boletinado por subirse borracho y manchar las vestiduras de un servicio, y ese es el único autorizado para taxear alrededor de la termoeléctrica, según amenazas de los mañosos.

Se reúnen en privado en la oficina austera del gerente.

Barry ostenta su heráldica familiar que surca desde las altas esfera del Ejecutivo hacia atrás para llegar a los marineros de carabelas en las Islas Canarias y los caballeros de Santiago en Asturias. El gerente adora la historia y objeta mentalmente sobre “carabelas” que son más portuguesas y piensa que lo correcto son “galeones” más españoles, mientras asienta con la cabeza.

—Lo que voy a decirte es muy confidencial, así que saca tu celular aquí arriba de tu escritorio, como lo hago yo. Que nada esté grabando.

Ante el titubeo de Salomón, Barry golpea con su celular en la mesa. Ante el sobresalto del interlocutor, Barry suelta una risotada. Que Salomón responde torciendo la boca mientras saca lentamente su celular de la funda y se imagina un duelo de vaqueros al sol, dejando las armas a la distancia antes de comenzar el duelo.

—El combustóleo se va a consumir hasta arriba, más arriba y más allá —mientras levanta la mano sobre su cabeza—. Alguien salió con la memez ecológica de que más gas y menos combustóleo. Eso se acabó. Así, que a ver cómo le hacen, pero van a garantizar la mezcla más alta en combustóleo posible. Los camiones lo sacar de aquí junto de la refinería.  Si la mezcla llega al 100% hasta te sacar una rifa de departamento nuevo en Polanco; que si me sales con la tarugada de que no se puede hacer nada te vas a sacar la “rifa del tigre”. Grrrr —simula una garra de gato con la mano y vuelve a ronronear— grrrr. El tigre que come, pero antes te desgarra.

Salomón no puede creer lo que escucha. Intenta reprimir el asombro y el asco que el provoca el júnior Barry, con su aire prepotente y dando órdenes, soltando amenazas y ofreciendo corruptas recompensas. El primer pretexto que se le ocurre es verdadero:

—Es que yo no me mando solo, hay un Director de administración aquí.

—Eso no es problema pensé que ibas a salir con el pretexto de un ingeniero pelagatos que objeta tecnicismos, de que el diésel de enchapopotado contamina mucho. Esos imbéciles para el control de calidad ambiental.

El gerente Salomón no resiste e interrumpe:

—El imbécil de Control de Calidad aquí soy yo y no voy a permitir excederse en los estándares de combustóleo.

Barry anda envalentonado, alegre y relajado. Además, su Tezca interior disfruta ser amenazante. Tezca mira el semblante con el labio tembloroso, recuerda el anillo de casado en la mano de Salomón y suelta triunfante:

—Es mejor que te quedes sereno moreno. Lo que te voy a soltar es muy serio —respira Barry hondo para poner más grave su voz—. Que no te quiero perjudicar, que eso lanzar a tus hijos a sufrir por las adversidades no va con mi ánimo. Si por una desgracia tienes que meter a tus niños a una escuela pública donde los halconcitos los obliguen a consumir droga, eso no te lo perdonarás. Sé que eres un buen padre.

—Es que… —Salomón pensaba responderle que ese joven, al amenazarlo con sus hijos, resultaba ser un canalla.

—Ni me interrumpas, que con una llamada —levanta el dedo índice para enfatizar que fue una sola llamada— a un pelmazo de Cadereyta lo integraron un expediente por robo y desfalco ante el Ministerio Público. Le acumularon más años que a Lozoya, y ya hasta me estoy arrepintiendo. Como que le cargamos la mano. Diez años de cárcel al funcionario petrolero por oponerse a unos embarques de combustóleo. ¿No te parece demasiado?... Pero no me respondas. Quizá no me crees, mira en Google.

Barry saca una pluma marca Montblanc y en un papel escribe un nombre, mientras con la otra mano pone un dedo en su boca en señal de silencio.

Con movimientos rápidos por el nerviosismo, Salomón revisa el nombre y en la búsqueda de computadora le resulta el caso de un gerente de compras acusado de múltiples desvíos que está en prisión. Esa noticia tiene unos meses. Al ingeniero se le retuerce el estómago con un dolor desconocido.

Barry continúa:

—No debes responder algo terminante, pero el lunes te llega un oficio en ese lenguaje ambiguo de los burócratas que habla de optimizar la operación de los combustibles de la termoeléctrica y en tres días van a comenzar a llegar aquí las pipas de combustible. 

La mirada del interlocutor se ha clavado hacia el sueño y su mano izquierda delata un ligero temblor:

—Es que…

Barry vuelve a la carga, con alegría de haber derrotado al adversario:

—Lo que platicamos aquí es muy confidencial. Acuérdate del tigre y aguántate hasta el lunes. Si llega el oficio que te digo, ya sabes lo que sucedió. Como sea ya me tengo que retirar.

Barry recupera su celular, mientras el gerente Salomón se derrumba en el asiento, cargando el peso insoportable de las amenazas.

El visitante se despide con un ademán rápido. En el pasillo, la cabeza de Barry se sorprende con Tezca sobre el caso de Cadereyta. Piensa: “Eso no tenía ni idea. ¿Quién lo hizo y por qué? Los jefes se pasan de ojetes.”

Al salir de la termoeléctrica a Barry lo invade una somnolencia tremenda. Se acomoda en el asiento del auto. La voz de Tezca dentro de su cabeza le pide que comparta unas inhalaciones profundas.

—Soy un fanático del humo y los espejos, por eso mi hermano Quetzalcóatl me puso el apodo, que no ha cambiado desde hace siglos.

—Con todo respeto, señor divino Tezcatlipoca, es como diversión de niños. Reconozco que soy casi un chavorruco, que me quedé en la adolescencia tardía y hago mis tarugadas, de una que otra droga vaciladora. Esto del cannabis es lo más inofensivo que consumo y andar tras las faldillas de morritas de buenas curvas, correr los carros y andar de fiesta. Eso está cool en humanos, pero qué eso de buscar más humo en la tierra. Como que una divinidad se espera que ande más en sus propias nubes y no que comparta nubes tóxicas con estos humildes seres terrenales. Digo, eso del combustóleo es uno de los negocios familiares y sí lo he hecho, pero casi sin darme cuenta. Hasta ahora caigo en cuenta que la termoeléctrica es el principal contaminante de la gran ciudad.

—Antes de que te sigas divagando, aquí mismo te diré como está esta jugada. La muerte no la inventé; eso ya nos viene desde un orden superior. Los humanos van a morir y sí me toca regentear su tránsito al otro mundo. Cuido de cómo vienen y algunos que van regresando, como esa Donahí. De que se mueren, pues siempre se mueren, pero sí importa qué tan rápido se van al inframundo. Por motivos que no entenderías, ahora conviene morir por el influjo del aire. ¿Qué mejor que el aire ahumado de humaredas?

Barry sigue con curiosidad insatisfecha, así que Tezca opta por explicar el sacrificio violento, que —según sus argumentos— forma parte del destino del fuego:

—Predomina el Aire, pero hay un espacio para el fuego. En los siglos aztecas era la guerra florida y el pedernal, representantes del fuego de Huitzilopochtli las expresiones del fuego, que entra rápido en la carne y abre la puerta del inframundo. Ahora son las armas. Desde que llegaron los señores de Castilla, habita el fuego entre los mortales. El desequilibrio estaba en una ausencia de muertes por aire, que no se llenaba desde las epidemias que llegaron con los mismos de Castilla. Con el Covid y esta contaminación se restablece el equilibrio entre los tipos de muertes.

Con las explicaciones Barry termina por quedarse dormido. Al terminar la frontera interestatal, el soldado al mando del contingente de apoyo, señala con las manos que van a abandonar la custodia. El chofer-guarura saca la mano para despedirse. En cuanto los soldados de la Guardia Nacional se despiden, un grupo de narcos espera tras la curva. A manera de emboscada, dos camionetas se incorporan a la carretera y dos cierran el paso hacia el frente. El chofer se da cuenta de inmediato que vienen por ellos. Extiende la mano para intentar despertar al joven:

—Vienen por nosotros, pida ayuda. Rápido.

Barry cree que sigue soñando y se mueve con lentitud. Pregunta sin entender la respuesta. Hay resaca en la resequedad de sus labios.

Cuando las dos camionetas enfrente cierran completamente el paso:

—Voy a frenar, no veo escapatoria.

Desde el inframundo, Tezca anticipa una balacera. Barry lo alcanzará y volverá a preguntar qué sentido tiene el modo en que una persona muere, por ejemplo, él por las balas de sicarios criminales.  A su jefe se le antojó el vehículo que manejan, sin importar quién sea su dueño.

—Intenta por el terraplén, veo un espacio junto al talud.

—No alcanzaremos a esquivarlos.

Uno de los forajidos lanza balazos de advertencia, pero no al aire, sino contra el vehículo en movimiento. Sin un respaldo armado caería acribillado a mansalva. Cuando los sicarios comenzaron a disparar, Barry no entendió cómo era que la visita de Tezca anunciaba el final por la vía del fuego, cuando su explicación suponía asfixiado de cualquier contaminante o gaseado en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias.

NOTAS:

[1] Planta termoeléctrica Francisco Pérez Ríos, contiene cinco unidades generadoras que en total pueden producir hasta 1,606 MW. La planta aporta aproximadamente 3% del total energético del país y es el origen del 50% de la contaminación ambiental de la región. Información pública.