Por Carlos Valdés Martín
En la antigua abadía, entre piedras oscurecidas por
los siglos, perduró un relieve notorio, y lo trazó el cincel de un cantero
anónimo, quien colocó unas siglas y marcó unos puntos después de cada letra. La
costumbre de los canteros para dejar huella discreta en sus tareas quedó desde época
de los faraones y de los túneles que alimentaron la Jerusalén de Salomón. El
artífice nunca desea despedirse de su obra, cuando la mira hermosa o esforzada,
y entonces deja su marca.
Extraer una roca inmensa de la cantera, con
instrumentos rudimentarios. ¿Para qué? Arrastrar una mole de granito con
esfuerzos sobrehumanos. ¿Para qué? Tallar roca dura hasta desaparecer la grieta
y la aspereza, convirtiendo la materia más burda en un paño de tersura ¿Para
qué? Los esfuerzos se repiten y bajo tanto esfuerzo sin queja ni lamento hay un
motivo sobresaliente.
Sin un motivo auténtico, cualquier esfuerzo abruma,
cualquier trabajo agobia y el final no se gratifica. Los masones antiguos
resultaban además bastante sofisticados, como grupo cerrado elaboraban sus
lenguajes y las siglas eran una manera de cohesionarse. En esa abadía se conservan
las siglas UAGI, que por el predominio del latín para las tareas piadosas se
interpreta como Universi Architectonis
Gloriam Ingentis.
Asimismo, para el gremio antiguo el individuo permanecía
integrado al grupo, por lo que una firma era traza colectiva y patente de que
existía la colectividad.
Los siglos han pasado y en la masonería de habla
hispana se usa la expresión ALGDGADU para sus manifiestos y tenidas Blancas, la
cual se lee en público como A la gloria del Gran Arquitecto de Universo.
La expresión señala devoción, con un sentido de espiritualidad que la
posmodernidad ignora y que vale recuperar en su exacta dimensión. Además, para
los estudiosos las divisas masónicas poseen una especial importancia pues no
implican un gesto personalista, sino un rasgo del colectivo, “Pues en la
Masonería la divisa tiene carácter colectivo; no es personal e intransferible.
Es el elemento de identificación de un grupo”
Entre los amigos agrada que en público la
institución masónica manifieste esa elegancia y sentido devoto, que expresa
altas miras y la búsqueda del perfeccionamiento. Las divisas y lemas en la
masonería poseen un sentido preciso para el público, por lo cual vale dar una
explicación. Adelante se aclarará qué es “gloriar” y “a la Gloria”, de tal
manera que en presentación pública sea diáfano el sentido de las palabras. Por
lo mismo, quedará claro el sentido tolerante y universal de la expresión “el
Gran Arquitecto del Universo”, para evitar confusiones y mistificaciones.
Todos dedican…
Las obras merecen una “dedicatoria”, que brinda homenaje al patrocinador, a quien inspira o da recursos. Por pereza o acto automático los visitantes acostumbran
saltarse las dedicatorias, sin embargo en las breves palabras de una
dedicatoria se descubren cuestiones interesantes. En las obras públicas se
acostumbra homenaje al gobernante, y esto no es porque coloque ninguna piedra,
sino porque “encarga” la edificación.
En la obra de arte el criterio varía más y su autor elige entre dedicarla a su
mecenas, a su inspiración o a un pariente querido. Arriba apuntamos que para la
masonería rotular una divisa en un edificio o un documento es meditado hondamente.
Homenaje de
constructores
La albañilería antigua condicionada a patronazgos,
aplicaba dedicatorias formales y ocultaba otras dedicatorias sinceras dentro de
las piedras de cada edificación.
Para el creador de grandes edificaciones, la obra misma representaba un
homenaje, tal como se comprende en las iglesias y catedrales cuando el arte da
el sentido de dedicación. Resulta imposible desconocer la devoción que animaba
a los antiguos constructores que dedicaban décadas de esfuerzos para levantar
cada catedral y por “décadas de esfuerzos”, en ese periodo de la humanidad, se
entiende que con frecuencia era la vida entera de los individuos. Por ejemplo,
la catedral de Notre Dame tardó 180 años en ser construida, aclarando que
muchas veces las obras se detenían por falta de recursos o diversas
circunstancias adversas, para retomarse años después. Si la vida entera se
dedicaba a levantar una catedral la devoción de los masones se mostraba de múltiples
maneras.
La
advocación en sí
La palabra advocación
representa la tutela o reverencia con una figura de divinidad en sí, por lo
cual los pueblos y gremios cuentan con su santo patrono, y el lenguaje de
muchas regiones está saturado de palabras para reverenciar, pues así dictaba la
costumbre. Lo que aquí referimos no es advocación automática sino una
declaración intencionada. Mientras ciertos formulismos del lenguaje son un
gesto en el cual no se piensa pues acontece en el flujo insensible de la vida,
algunas frases y palabras surgen llenas de sentido. Las primeras palabras
muestran un momento decisivo, el del nacimiento de una idea o una obra, así están
más cargadas que otras. Por eso, la advocación suele aparecer al principio o en
algún otro instante clave, como es el final o en un episodio específico, que
proporciona un giro de acontecimientos.
Antecedente:
Constituciones de Anderson
Al surgir la masonería moderna adoptó la costumbre de
elevar sus pensamientos, palabras y obras al altísimo. Esta tendencia derivó
del ambiente piadoso al señalar su credo general hacia la Divinidad Suprema y
su gratitud en términos amplios. Pensar en un Ser Supremo implica una parte de
esta ecuación, así el texto de las Constituciones
señala “Adán, nuestro primer padre, creado a imagen de Dios, el Gran Arquitecto
del Universo, debió tener escritas en su corazón las ciencias liberales,
particularmente la geometría”.
Un exégeta señala que con este enfoque queda aclarado que las obras masónicas se
dedican a la divinidad.
Un breve
capítulo
Bajo el título "A su ‘Gloria’", Lavagnini explica el
sentido de ese gesto, dando una expresión clara y sencilla sobre qué significa
una dedicación de esta naturaleza. Señala “La Masonería hace
constantemente sus trabajos a la Gloria del G.·.A.·. Así también lo hace
cada masón, en su actividad cotidiana, sin cuidarse de la comprensión,
aprobación o reconocimiento de los hombres y de la compensación de sus
esfuerzos, buscando primeramente realizar la Gloria o expresión del
Principio Divino en él.” ¿Quién es ese personaje que mira
hacia los cielos? Es la metamorfosis del Romeo en el drama, cuando descubre su
pura pasión tras una sola mirada sobre Julieta; los románticos le llamaban
“transportación”, ese arrebato que saca de sus casillas ordinarias para
alcanzar las nubes de la aspiración.
Holy to the
Lord
Gran parte de las tradiciones de los constructores
se reinterpretaron desde el idioma inglés, con una estructura más sencilla y versátil
cuando lo comparamos con las lenguas romances, derivadas del latín. La frase
más típica sobre la dedicación divina de las obras fue “Holy to the Lord”, una frase clave que es traducida de diferentes
maneras, que aquí nos da la clave para la continuidad entre los rótulos típicos
de construcciones cristianas o piadosas, con los términos usuales de la
masonería. El origen bíblico con facilidad se remonta a los Mandamientos del
Moisés, cuando se encargó que el séptimo día fuera separado de los demás. La
orden revelada fue dedicar un séptimo día de la semana “holy to the Lord”, el día
del Señor Dios, interpretado secularmente como día de descanso. En el Antiguo Testamento es el día de la
devoción, cuando el pensamiento, palabra y obra queda consagrado por tanto
implica retirarse del mundo y entrar en una dedicación sagrada. En este caso,
estamos analizando el término “a la Gloria”, que equivale a consagración, por
tanto el término “holy”, sí aplica, pues lo “santo” ya ha quedado glorificado e
implica una gloria.
La
etimología de Gloria
De las definiciones del diccionario RAE para la
palabra Gloria aplica la primera “1. f. Reputación, fama y honor
extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una
persona”,
considerándola lo suficiente adecuada para este caso. El dirigir los trabajos A
La Gloria Del… implica la máxima intención para que las tareas
sean lo más elevadas. Ubicados al principio de una obra desconocemos el
resultado (anclados a un presente que anticipa un resultado) y entonces se
afirma un propósito máximo; esto es subjetivo, pues marca la intención.
Bajo la anterior definición la “gloria” es un sustantivo, pero cuando una actividad
eleva los trabajos ALGDGADU, entonces emerge la forma activa y en modalidad de
verbos, que su correspondiente son “gloriar”
y “glorificar”, siendo este segundo
el verbo más utilizado actualmente.
En fin, el sustantivo Gloria se convierte en verbo “Gloriar” y “Glorificar”,
cuando resulta en acción. Y del verbo “gloriar” sus dos significados
principales de diccionario describen bien a lo que se hace en masonería: “1.
tr. Hacer glorioso algo o a alguien que no lo era. 2. tr. Reconocer y ensalzar
a quien es glorioso tributándole alabanzas.” Entonces el propósito es convertir
algo en glorioso y específicamente se dedica al GADU.
El
“objeto” gramatical es el Gran Arquitecto
La parte principal de la dedicatoria está contenida
en el “Gran Arquitecto”. Si bien “grande” es un adjetivo, la manera en que se
coloca implica una definición inseparable, pues dejar en solitario “Arquitecto”
implicaría al plano humano, que no es el terreno de la frase. El método de
Aristóteles para clasificar con su “género próximo y diferencia específica” surge
aquí: la afinidad de Dios con la actividad arquitectónica, al calificarlo de
Arquitecto, y su diferencia específica con el término “Gran”.
La palabra “Gran” es un apócope, es decir,
una contracción de la voz completa “Grande”, que es un adjetivo de tamaño y jerarquía
para destacar al Principal. En este caso, se utiliza “Gran” como una caja de
resonancia infinita para señalar hacia el Principal entre todos los
principales, desbordando cualquier tamaño e imaginando un infinito. El concepto
de inmediato nos transporta hacia el único “Gran Arquitecto” y sabemos que contempla
la Divinidad suprema, bajo alguno de los conceptos monoteístas.
El remate de la frase es “del Universo”, lo cual nos
guía hacia las extensiones de los espacios siderales. Ahora bien, el concepto
mismo de Gran Arquitecto como Dios indica un plano superior y éste se complementa
con la extensión máxima, señalando la amplitud material del Cosmos. ¿Qué es ese
Universo de la frase? Es todo lo existente, hasta sus confines más lejanos
descubiertos y hasta por revelar, incluye el mundo y también el trasmundo por
implicar su aspecto místico.
Significado
máximo o supremo de “Gloriar” al GADU
Aunque aquí vamos a dar un paso atrás, resulta
necesario porque ALGDGADU es una frase
completa y el sustantivo “Gloria” siempre aparece en este contexto porque su
fuerza adquiere mayor precisión. Respetando las creencias individuales, aquí
destaca la condición suprema de la intención: glorificar (la máxima alabanza o
contribución) al Ser Supremo del Universo (la materia en toda su extensión).
Esto implica una triple maximización: de la intención en acción (la
subjetividad de actuar lo Máximo), dedicada al Ser Divino (lo Máximo en devoción,
en tanto Origen y Destino) y ligado a la extensión Máxima, que es el Universo
(su materialidad evidente). Resulta un planteamiento de máximos potenciales:
la Intención superior (el Gloriar), el Ser Personal Supremo (tu Dios) y el Ser
Material Máximo (el Universo). En otros términos, se unifican tres polos en su
tensión suprema: Acción particular (por su intención de contribuir o reconocer
de modo glorioso), el Ser Personal y la Materia Extensa. Habrá quien recordando
nuestra limitación y en el espacio tiempo nos señale que resulta imposible
alcanzar tales alturas, pero aquí contra-argumento, que la intención más alta abre
la ruta para el logro, sin que exista pretensión pues el resultado no está
garantizado.
La historia de la masonería, conforme se conoce, muestra esa tensión interna
para buscar los máximos de espiritualidad, conocimiento y realización. En ese
sentido, la masonería aspira a ser un arte y por eso se le llama también “Arte
Real”.
Conclusión
sobre ALGDGADU
La frase sintetizada de A la Gloria del Gran
Arquitecto del Universo, mediante la sigla ALGDGADU, es mucho más que una
demostración piadosa del gremio constructor, que fue difundida por la masonería
creyente. Analizado con detenimiento es mucho más que una fórmula, expresando
un logro de la intención y ubicación del “método” entre los librepensadores,
conforme formula una precisa disposición. Que la masonería a lo largo de la
historia haya resultado semillero de líderes está implicado en esa frase, que tensa
la intención hacia lo más positivo, apuntando hacia el máximo objetivo con la
mayor extensión posible. Si agregamos que la masonería promueve la tolerancia, al
aceptar a los individuos de todas las religiones y favorecerlos respetando sus diferencias,
entonces comprenderemos la variedad de personalidades que han transitado por
las organizaciones masónicas. Lo anterior no implica que los masones sean
mejores que los demás, sino que se
impulsan en un sentido positivo, la semilla está en la intención y queda a cada quien la
ardua tarea de convertirlos en hechos. Que la cuerda de la lira esté tensa no
significa que se interprete la música sublime, pero sin esa cuerda con la tensión precisa no saldrá sonido
melodioso, deleite del espíritu.
NOTAS: