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domingo, 23 de febrero de 2025

CABALLO MUERTO O LA TEORÍA DE LA NECEDAD

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

“Estaba muerto, pero nadie se lo había contado” dice el refrán de los abuelos. La empresa estatal fracasada es el Caballo Muerto más grande que pueda soportar cualquier país… El hecho de que existan otros caballos vivos no anula que este caballo (la empresa estatal) sea un enorme monumento al desperdicio inútil. Además la tendencia a cuidar a un caballo moribundo, nacida de la bondad y la caridad no hace que el caballo muerto reviva y sea eficiente.

El Caballo Muerto apesta después de fallecer, pero hay quienes se aprovechan con ese enorme cadáver: funcionarios, sindicatos, publicistas, etc.  Los beneficiarios proponen o imponen una serie de medidas para "salvar" y hacer crecer al Caballo Muerto:

Inyectar un presupuesto millonario de emergencia que implique un rescate, donde todo el país aporte su “granito de arena” hasta formar una avalancha de ayuda inmediata.

Premiar con unas vacaciones pagadas a los mejores destinos turísticos para el Caballo Muerto, acompañado por sus más fieles representantes.

Decretar una Ley que prohíba a los caballos morir y establecer multas para quien levante tumbas para esos animales.

Lanzar una campaña contra los periodistas que hablen mal de los Caballos Muertos…

Cuando el fracaso de los intentos por revivir al Caballo Muerto y volverlo un gran éxito alcanzan el límite imaginable, entonces llegan los voceros a gritar: “Son traidores a la Patria los que no quieren revivir al Caballo Muerto. Esos antipatriotas son los que no quieren revivir al Caballo Muerto, que con su resurrección solucionaría todos los graves problemas del país”.

Sin duda, doña Estulticia estará orgullosa de los adalides que siguen exigiendo mayores presupuestos para el Caballo Muerto.

 

 

sábado, 30 de noviembre de 2024

ALIMENTO MÁS CARO DEL PLANETA

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

¿Cuándo comenzó la costumbre de convertir la alimentación en ostentación de poder y riqueza? Según las narraciones legendarias los emperadores disolvían la más costosa perla en vinagre para integrarlas en su alimentación. Ante de ese espectacular final, los atrevidos buzos sin equipo se sumergían diariamente buscando ostras, que se apilaban en la costa. Las conchas tiradas formaban montes de desperdicios y las esquivas perlas se juntaban en manos de hábiles joyeros. Entre la producción anual de perlas se seleccionaban las más perfectas y exclusivas. Finalmente, el emperador elegía la perla más radiante y costosa para disolverla ante sus regocijados ojos. Se disolvía en un vinagre finísimo, mezclado con una fórmula alquímica secreta, base de prodigios y remedios por igual. Ante sus propios ojos, en la copa del más fino cristal se disuelve la perla selecta, destilando su esencia en un néctar con aroma de almendras finas. Una perla perfecta ha desparecido: resultado inmersiones de leyenda, como cuando un buzo fue atrapado por un pulpo gigante. El emperador sonríe desde la altura de su trono, sabiendo que ninguno más que él, tendrá esa perla, que estarán integrada en un licor finísimo.  Este mito del licor más caro y exclusivo del reino, también Plinio lo atribuyó, a la astuta Cleopatra mientras ella enamoraba a Marco Antonio[1].

Dice un diario electrónico que “La semana pasada (año 2024), Justin Sun, fundador de la plataforma de criptomonedas TRON[2], hizo la oferta ganadora en la subasta de Sotheby’s en Nueva York (…) Sun compró un certificado de autenticidad que le da la autoridad para pegar un plátano a una pared con cinta adhesiva y llamarla “Comedian”[3]. Acto seguido, rodeado por sus fieles empleados el joven multimillonario, se animó a disfrutar de su obra de arte y en un acto publicitado, procedió a comer directamente un plátano valuado en una cifra estratosférica.

El acto se consumó en una conferencia de prensa realizada en el más lujoso hotel de Hong Kong, el The Peninsula Hong Kong, ubicado en el distrito comercial de la ciudad. Las declaraciones son irrelevantes, el acto mismo es un signo de los tiempos. El empresario toma el papel de un pequeño emperador, Justin Sun, está satisfecho por montarse en el torbellino de la fama mediática, para integrarse en el selecto grupo de quienes poseen los medios de llamar la atención del mundo. Nombres tan famosos y venerados por sus fans, como Donald Tump y Elon Musk forman el selecto grupo de quienes dominan los negocios y el arte del show en redes, donde Justin Sun, insiste en pagar por el derecho de figurar.

El gasto multimillonario de Justin Sun comiéndose el alimento más caro de la historia, resulta que no es el mayor que hizo este personaje. Unos años ante Sun hizo un gasto mucho mayor que no redituó en fama, por circunstancias de su realización. ¿Quieres saber cuál fue ese gasto desorbitante y que no resultó como hubiera querido Sun? Deja un comentario si quieres que lo compartamos.

 NOTAS:



[1] Plinio el Viejo, narra como hecho fantástico que en un minuto la perla se disolviera en vinagre ante los ojos de la reina Cleopatra —retadora y seductora— y el asombrado Marco Antonio. La ciencia dice que el puro vinagre no posee tal velocidad para desaparecer una perla.

[2] Parece que fue ayer cuando estaba aprendiendo sobre criptomonedas y me topé justo con esta variación de TRON, que hace honor a una divertida película de Sci-Fi, anotando que las transferencias con ese medio resultan costosas. Me dije, que ya sé a dónde terminan las comisiones de esa cripto-plataforma.

[3] Diario Milenio, edición electrónica del 30/11/2024.

domingo, 12 de junio de 2022

GALLEROS CLANDESTINOS EN SANBONOZ

 



 

Por Carlos Valdés Martín

 

El gallo embravecido voló por encima de los espectadores. Una pareja junto al improvisado vallado brincó hacia atrás derribando una botella de wiski a medio servicio. Desde la puerta un guardaespaldas apuntó una pistola hacia el gallo por si el animal salía de control, aunque el guardia nocturno (este sí empleado oficial del Sanbonoz) no notó ese gesto. El guardia miró su reloj de pulsera (un anticuado, herencia de su abuelo) que daba su tic tac con cuerda mecánica. El asistente del gallero con un certero manotazo empujó al avechucho brincador hacia adentro del palenque. El pájaro rival ya estaba herido y sangraba de un ala; era un ejemplar anaranjado y negro. La suerte de la pelea ya estaba echada así, que el árbitro levantó su sombrero texano para indicar la finalización. El dueño del espectáculo, apodado Bladerunner, llamó a una hostess para reclamar la escasa asistencia. La interpelada es Gina, ella murmuró que en unos minutos esperaba más invitados, otros que sí son apostadores, que la mayoría de los presentes no pasan de ser curiosos. El gallero contrincante, Leviatán, se lamenta de haber ya perdido dos aves valiosas en rondas sin utilidad, como de pura exhibición. La Gina toma un micrófono y su voz melosa empieza a dar explicaciones de la hermosa tradición de las peleas en palenques, agrega que su patrocinador, tequila Agave Azul, le regalará una ronda, siempre y cuando haya apostadores para el próximo gallo negro. Un chico de lentes oscuro se levanta animado a coquetear con Gina y su primer argumento es un fajo de billetes para apostar. Gina sonríe y llama a una mesera, para que atienda mejor ese grupo de jóvenes.

El gallero recuerda que su hermano carnal está escondido dentro de un tinaco de agua, acomodado con un ingenio para que una tarima de plástico lo mantenga seco y que el agua no suba hasta donde él está oculto. Extraña manera de esconderse del Bladerunner, quien es un mafioso de temer, al que nadie se atreve a llevarle la contraria. El gallero trabaja para el Bladerunner, por más que quisiera dejarlo y escapar junto con su hermano, pero no ha llegado su oportunidad. El entrenador prepara al nuevo animal de pelea, sin embargo, es un gallito dañado, está dopado para bajar su rendimiento; ese debe perder.

En las oficinas corporativas se recibe una información inquietante donde se indica que dos Sanbonoz son utilizados en las noches para peleas clandestinas de gallos. ¿Cómo su cadena comercial es ocupada por una banda del crimen organizado? El menor de los millonarios Ztyn tiembla de coraje, una sensación extraña en él, una persona ecuánime, que desconoce la adversidad. Que en su empresa el crimen organizado sea capaz de entrometerse y organizar un espectáculo bizarro altera al joven Ztyn. Manotea por nervios cuando marca a la Gobernadora, quien de inmediato enlaza con el Secretario de Seguridad; éste, a su vez, en el acto convoca a sus mandos y golpetea nudillos en su escritorio, exigiendo resultados urgentes.

—Peleas de gallos clandestinas en Sanbonoz y nadie lo había notado ¿en toda la corporación policiaca? A ver, que Mijangos rastree en toda la corporación, a ver quién se estaba callando esto. Y si no tengo resultados hoy, hoy, hoy… Le cuesta encierro y su jubilación.

A su vez, Mijangos manotea y gesticula. Después de tres horas de gritos y amenazas, encuentra una pista. Un capitán policíaco intenta explicar que —contra las apariencias— él no protege al mafioso sino que lo asecha, pues la traza sobre Bladerunner implica una pista sobre un feminicidio. A las 2 de la madrugada los policías implicados están presentes en la oficina de Mijangos.

Mientras tanto, el gallo del contrincante brincó sin control y la cuchilla alcanzó a rozar el brazo de una mesera del Sanbonoz. El Bladerunner gritó:

—¡Llévensela, que si chilla arruina la noche!

La mesera, seguía espantada por la sangre que escurría su brazo. Un guarro condujo a la mesera hasta el área de urgencias en una clínica. El conductor obligado le había amarrado una cinta de tenis en el antebrazo y la sangre escurría menos. Él estaba molesto por imaginar que limpiar la sangre no resulta sencillo en una vestidura.

—Tienes que decir que fue con un vaso, un accidente de trabajo, que si dices otra cosa te metes en problemas.

El guarro no se quedó a acompañarla. En la puerta ya estaba un pariente de la mesera con los documentos para el hospital público.

Había pasado menos de media hora cuando el Bladerunner recibió una llamada de otro contacto en la policía:

—¿Cómo que te espere?

Ante las explicaciones poco precisas de su contacto, el Bladerunner sospecha y ordena retirarse con sus escoltas, dejando a los operadores seguir con la pelea de gallos. Queda el gallero, la animadora, el corredor de apuestas, un camello, cinco asistentes, las meseras, garroteros, cocineros, de limpiezas, una cajera, el gerente y un guarro. En unos minutos el Sanbonoz queda rodeado por patrullas y decenas de policías. Ninguno escapa.

Han pasado demasiadas horas sin comer ni avisos, así que el hermano del gallero sale de su escondite dentro del tinaco. El teléfono no responde, después las indagatorias con una amistad le señalan que vea los noticieros. En un telediario la autoridad capitalina anunció que desmanteló a la banda que organizaba peleas clandestinas en Sanbonoz.