Música


Vistas de página en total

martes, 18 de diciembre de 2012

GRANO DE ARENA Y EL ARENAL




Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

Aquel que se liga a una alegría
Hace esfumar el fluir de la vida;
Aquél quien besa la joya cuando esta cruza su camino
Vive en el amanecer de la eternidad.
William Blake

Por Carlos Valdés Martín

De modo simultáneo, un grano de arena representa el poder y la debilidad de lo pequeño. El grano se pierde, pues se hunde en la multitud de partículas que forman un simple puñado. Esa mínima partícula —el grano— se extravía al caer sin orden ni concierto en una multitud de entidades iguales, pero sin plan ni objetivo.
Considerada en su singularidad una partícula adquiere de nuevo su jerarquía como en este poema de Blake, cuando se descubre que en lo mínimo yace un reflejo del universo entero. En los viejos relojes de arena, el flujo de granos de arena reflejaba el tiempo y para el poeta ese único grano atesora una chispa de eternidad. ¿Quién puede atrapar el tiempo, deteniéndolo en su fugacidad? Lo hacen el poeta, el creador, el inspirado, el líder, el profeta… Ellas o ellos lo  hacen con un gesto supremo para atrapar lo inmenso en pocas palabras, en breves pensamientos, en ideas condensadas, en principios humanos terrenales o espirituales indudables…En fin, unos pocos atrapan el grano de arena y le dan el hondo sentido para vencer la caducidad de la existencia.
**
El Arenal es un municipio pequeño, situado a unos pocos minutos de la capital del Estado de Hidalgo. No se piense que es un desierto, al contrario, lo rodea un agradable ambiente de bosques y rocas de montaña. El nombre se debe a la abundancia de arenas, tan necesarias para la industria constructora, como decían los antiguos edificando a “cal y arena”.
Existe una especie de ley aritmética según la cual un municipio mientras más pequeño, más cálida es su gente. Este sitio no es la excepción, su calidez confirma la regla. Liderados por una dama en el municipio, este rincón de México está enamorado de sus tradiciones.
**
Decía al filósofo Descartes que la primera entre las emociones es la capacidad de maravillarse[1], y así lo señala el culto de este sitio. Quien se maravilla vuelve a su infancia y adquiere la emoción primera, descubriendo lo extraordinario bajo el manto de lo cotidiano.
El distintivo del sitio son las fiestas del Señor de las Maravillas, una devoción que atrae gente de diversos rumbos del país y hasta del extranjero. Como en los antiguos tiempos, el peregrinar restablece la conexión entre las almas necesitadas de sentido y las efemérides del retorno. De esa manera, los peregrinos visitan el sitio y definen de manera espontánea la presencia de un pueblo mágico. Como suele suceder con el retraso entre la realidad vital y la consagración oficial, la Secretaría de Turismo se tarda en descubrir que esto es precisamente un “pueblo mágico”, pero así lo determina la multitud de peregrinos.
**
Las naciones sin la fortaleza y orgullo de sus regiones se convertirían en contenedores vacíos. Los sitios de apariencia más sencilla encierran el secreto de nuestras raíces, tan resistentes a la globalización y el imperialismo espontáneo[2]. En este caso, la confluencia entre las culturas náhuatl, otomí y española han marcado el rosto preciso de este pequeño municipio que sonríe ante la noche estrellada y la montaña rocosa.
**
¿Hay algo más extraordinario que localizar el universo entero en un grano de arena? ¿Algo superior que atrapar la eternidad en un instante?
Si sienten el alma dispuesta a maravillarse con lo mínimo, con la brevedad del instante y la magnificencia del detalle, deténganse a respirar el aire cristalino de este rincón de México que se llama El Arenal.

NOTAS:


[1] DESCARTES, René, Las pasiones del alma.
[2] VALDÉS MARTÍN, Carlos, Las aguas reflejantes, el espejo de la nación.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

HACIA UN INGRESO UNIVERSAL: LA DONACIÓN MULTIMILLONARIA



Por Carlos Valdés Martín


Equivalencia de una actividad y el call-center global
En la Biblia el trabajo se distingue como actividad desagradable, que requiere el sudor de la frente; una dificultad intrínseca detectada en el esfuerzo físico se relaciona directamente con el premio del trabajo. En el capitalismo, el trabajo se liga más hacia la retribución económica, como labor remunerada, profesión lucrativa y condición de asalariado. Este premio al trabajo diferencia la actividad del “cuida-perros” que pasea a una pequeña jauría al parque, para sustituir a los amos de perros. La actividad misma no se distingue del cuidado que el amoroso dueño prodiga a su perro en persona. Cargar bultos de cemento para una construcción no se suele encontrar entre las actividades de consumo, y se supone siempre como una situación laboral. Con la evolución de los medios técnicos, las actividades insalubres y físicamente ruinosas se están reduciendo en favor de actividades más ligeras, aunque aburridas y, quizá, hasta embrutecedoras como el hablar se convierte en un monólogo dentro de un “call-center”. Así, como el capitalismo industrial reunía masas de manos (actos musculares donde predomina la extensión final de la mano) para mover tuercas en gestos mecánicos, el capitalismo post-industrial reúne una masa de bocas y mentes (actos mentales donde predomina la extensión de la boca y los dedos) para hablar mecánicamente en promociones masivas. Cuando con el siguiente paso de la tecnología, esta acumulación mecánica de gestos humanos también entrará en decadencia, y ¿qué quedará? En el próximo paso de la sociedad surge al ritmo de nuevas tecnología, las actividades se descentralizan y los actos se diversifican, se mantiene la necesidad de un equilibrio entre lo que se hace (la entrega de un tiempo y una actividad de “trabajo”) y lo que se recibe. En la sociedad industrial, el obrero asalariado debía ser vigoroso y disciplinado, con fuerza para soportar un esfuerzo repetitivo en ocho horas (al menos). En la sociedad post-industrial el cognitario debe ser ágil de mente, rápido de boca y fino de dedos, para procesar una actividad conectado al ciber-sistema durante ocho horas, cuando menos. El obrero entró en decadencia como figura social, y descendió del protagonismo político del movimiento socialista, a formar una base de sindicalismo, que ocasionalmente logra magníficas prestaciones, pero ya no protagonista central[1]. El cognitario, difuso y masivo, es el protagonista disperso de la democracia moderna, que bajo su gorra de ciudadano crítico y participativo, presiona de modo constante hacia una sociedad mejor. Sin embargo, todavía el cognitario carece de una estrategia propia y de horizonte de cambios deseables que sea preciso; como grupo difuso presiona con eficacia hacia la sociedad de libertades y diversidad versión 2.0, o quizá más allá. En este periodo del capitalismo postindustrial, la fragilidad de las empresas (con boom y cracks económicos de los sectores de punta) la estabilidad en el empleo parece más una utopía. Con la expansión de los sistemas tecnológicos, el campo de lo social se mueve y difunde de manera constante. El manejo de la computadora (en versiones cada día más miniaturizadas, como teléfonos inteligentes e ipods) está en el corazón del trabajo socialmente necesario (en términos de Marx) y por tanto la contribución de cada persona al bienestar comunitario está al acceso de sus dedos. La diferencia entre la preparación en el cómputo (el tiempo de estudio) se minimiza, y la diferencia entre las habilidades utilidad en el trabajo y la inutilidad (el videojuego como límite) se reduce. Los servicios de call-center corresponden a un enorme videojuego bien estructurado y pagado, donde las relaciones de servicio se median por sistemas de juegos (relaciones de input-output con peripecias y un resultado, que debe ser victorioso o agradable). Está cercano el día cuando se encuentre el modo para sacarle provecho económico inmediato a casi cualquier videojuego, quizá sacando estadísticas de los patrones de consumo y comunicación; de hecho el gran juego de las redes sociales ya es un negocio inmediato donde los patrocinadores pagan a facebook sumas por obtener un fragmento de la pantalla de los usuarios. ¿Por qué no se retribuye a los ciudadanos cibernautas de manera inmediata durante su participación dentro de la red de redes? En tema no es imposible, al contrario, existen los medios técnicos para que los ciudadanos sean retribuidos y de hecho Google ya implementa estos sistemas mediante Adwords.

La donación de los multimillonarios
El bolsista, Warren Buffet anunció que donaría el 99% de su fortuna para obras filantrópicas y esta es superior a 42 mil millones de dólares. Para darnos una idea de esa cantidad, observamos que corresponde al producto interno bruto anual de países como Panamá y El Salvador en 2010. Después a iniciativa suya y de Bill Gates, un grupo de los mayores multimillonarios accedió a donar parte de sus fortunas para causas benéficas. Desentonó Carlos Slim, pero él argumentó no lo hizo por motivos avariciosos, sino que la legislación fiscal mexicana no le permitía entregar directamente un porcentaje grande de su fortuna; aún sin tener un gesto tan espectacular, el mexicano ha dedicado grandes cantidades a obras filantrópicas. En ningún periodo anterior, la élite económica mundial había parecido tan dispuesta a suplir la función justiciera del Estado, la cual se había castrado en este aspecto por las políticas neoliberales, tan insensibles a la obligación redistributiva del gobierno. En números globales la donación propuesta es tan espectacular, que rebasó el producto interno de algunas naciones. Sin embargo, parece un rayo en cielo sereno, pues el sistema global de desigualdad no resulta afectado por ese flujo de recursos por vía de la donación.
Una donación masiva de este tipo nos habla ¿de fuerza o debilidad del sistema capitalista? Cualquiera de las dos respuestas pareciera viable. El capitalismo postindustrial parece debilitado en su aspecto ético, pues sus líderes económico dicen que es hora de torcer la vara en otro sentido, saltarse las barreras del sistema donde cada cual mira para sí mismo y no se ocupa por nada más. Pero en el aspecto material este capitalismo parece un sistema fuerte, que no se trastoca con gestos dramáticos de sus jefes económicos. Precisamente, en la dispersión de objetivos y su canalización encontramos la fuerza del sistema capitalista.

El principio utilitarista de Bentham y la función del Estado post-neoliberal
Ya que el capitalismo manifiesta fuerza (pero no perfección) el Estado es el agente recurrente que ha operado la contraparte para compensar las distorsiones del sistema. En los años 30 del siglo XX la operación gubernamental como Estado Benefactor, Fascista y Comunista marcó la encrucijada de la historia. En el siguiente periodo, la disputa por el mejor modelo quedó dominada por los sistemas de economía mixta en Occidente y economía estatista en el Bloque Comunista. Hacia los ochentas el modelo economía mixta empezó a sufrir ataques, y tras la caída del muro del Berlín, la euforia capitalista fue tanta que se creyó que un capitalismo químicamente puro sería más satisfactorio, para las cabezas financieras y políticas del Consenso de Washington, y empezó el periodo del Estado débil y el neoliberalismo predominó. Como argumento ideológico la economía neoliberal juró que las crisis se debían (casi exclusivamente) a que el mercado estaba ahogado por la intervención ineficiente del Estado. El argumento neoliberal de la perfección del mercado chocó contra la pared de la realidad con la crisis del 2008, al mismo tiempo que la reconstrucción capitalista del Oriente no pareció satisfactoria. Ante las catástrofes del mercado no queda otra alternativa que el regreso del Estado, pero ¿solamente se requiere del Estado como paramédico durante un atropellamiento del sistema y para darle respiración artificial y analgésicos? Solamente los neoliberales por inercia esperan que el “paramédico” le otorgue unas aspirinas al “mercado perfecto” y que éste vuelva a caminar a la perfección. Pero los hechos desprestigiaron a la ideología del mercado puro y buscan nuevos modelos. Latinoamérica mira hacia gobiernos de izquierda, y algunas intervenciones heterodoxas (poco respetuosas del mercado) parecen obtener un resultado muy superior a la ortodoxia neoliberal.  Entonces el Estado vuelve a la cargada, actúa una y otra vez sobre la economía, pero ¿en base a qué principios? Los neoliberales, con terror gritan que la intervención sea breve y que vuelvan los capitales a actuar en completa libertad. La otra mayoría desconcertada y hasta indignada (una masa confusa intentando ocupar Wall Street) busca un mejor principio rector, y viene a la mente ese sencillo principio filosófico propuesto por Bentham: la mayor felicidad para el mayor número posible. El mismo viejo principio se puede aplicar a los actos del Estado. Y este principio del viejo “utilitarismo” adquiere nueva luz cuando observamos la donación de Warren-Gates y sus pares multimillonarios. La teoría económica del consumo, indica que la dotación progresiva de un bien se va tornando cada vez menos satisfactoria, agregar más millones a la cúspide de los súper ricos ya no les da satisfacciones. En este caso los incrementos en las fortunas amasadas no están generando más felicidad en sus poseedores. Por ejemplo, en Estados Unidos la gestión republicana tuvo como uno de sus ejes no incrementar los impuestos a los ricos; pero el gesto de los supermillonarios norteamericanos indica tanto el éxito práctico de esas medidas (pues las fortunas crecieron) como el desenlace ético: tanto dinero termina por volverse ocioso y poco deseable para sus dueños. Bajo la vieja idea de Bentham, la tarea del Estado neoliberal para hacer más ricos a las ricos, resulta por completo inútil, pues ellos mismos dejan de sentir utilidad en esa vocación de acopio financiero. La bandera neoliberal puede sustituirse por principios más nobles, y que sean más eficaces; pues ya se ha vuelvo a mostrar la limitación del capitalismo, cuando una nueva oleada de crisis afecta los centros económicos del planeta.

El ingreso universal
Ya que en la cúspide el dinero en exceso parece un sobrante, su complemento está en la base de la pirámide social. Desde la Revolución Industrial el tema de la pobreza no había sido tan cuestionado; cada vez más existe una amplia conciencia que la pobreza es un mal artificial, producto de fallas del sistema social. La solución marxista salió de la moda intelectual del final del siglo XX, pero el problema de la desigualdad y la pobreza se ha mantenido. El problema es el mismo de antes, pero las soluciones se requieren renovar. Miro con interés que una idea sencilla, pero antaño impracticable, se ha renovado, pues la ministra italiana del trabajo Elsa Fornero[2] propugna por un ingreso universal básico, como sustento de la pirámide social. La idea proviene desde el viejo igualitarismo, desde las comunas primitivas y del reparto de los bienes en el comunismo agrícola. La vieja idea igualitaria se reconvierte bajo un complejo análisis de su factibilidad económica y pareciera pasar desde el bando utopista al escenario de lo posible.
Una propuesta del tipo ingreso universal puede evaluarse desde muchos puntos de vista. ¿Pero cuál punto de vista es el superior para analizar una propuesta de este tipo? Y si se está de acuerdo con su principio ¿cómo modularlas para que no caiga en el irrealismo y la imposibilidad financiera? Es una evidencia de base que el ingreso social debe mantener una contrapartida en una producción social, de lo contrario, el ingreso se vuelve tinta mojada o papel monedad devaluado, como ya ha sucedido. En este caso concreto, la ministra Fornero busca un balance con la factibilidad económica, no se contenta con la simple idealidad ética de lo bueno que sería repartir ingresos. Además existe experiencia histórica con las crisis capitalistas, algunas de sus modalidades son perniciosas y dejan a la población sin empleo ninguno, generando una masa frustrada y explosiva. El incremento del desempleo invita a buscar una salida integradora de población dentro del sistema de producción/consumo. De entrada, el desempleo implica falta de empleo productivo de parte de la gente. La misma aceleración del cambio dificulta la reinserción, y una de las facetas de esta propuesta, es la importancia de un ingreso mínimo para que la población reaprenda lo necesario y reinsertarse en un nuevo empleo. En el corto plazo, cualquier política económica no debe ser tan costosa que arruine el funcionamiento del Estado, una redistribución fiscal mediante un ingreso garantizado debe mantenerse en un límite de operación viable: esto toca a la continuidad y las consecuencias de esta idea.
Para redondear el examen de esta idea del ingreso mínimo universal, conviene recurrir al principio de Bentham de la expansión de la felicidad aplicado a una política pública. Esta opción para garantizar el ingreso mínimo quizá no agrade a unos pocos, en especial a quienes ya poseen un ingreso que sienten inamovible por su acceso a propiedades, empresas o profesiones exitosas. Quien no tenga esa garantía de ingreso mínimo (a menos que sea un aficionado al riesgo extremo) añoraría adquirir ese beneficio público. En ciertos grupos desprotegidos ya se emplea un procedimiento similar al ingreso mínimo garantizado, por ejemplo, cuando existen adultos mayores en condición de desamparo. Tomando otro ejemplo, vemos que, incluso, los reos del Estado son mantenidos en sus necesidades básicas: ellos reciben un ingreso mínimo en especie  mediante ropa, comida, alojamiento, salud. Si los prisioneros de una sociedad reciben el beneficio de una manutención mínima, entonces ¿por qué no la reciben los ciudadanos ordinarios? ¿Los ciudadanos merecen un derecho inferior al delincuente? El ingreso, cuando llega en situación de penuria y satisface las primeras necesidades, resulta muy satisfactorio y otorga una contribución hacia la felicidad quitando el hambre, la enfermedad o la falta de vivienda. Quizá esta idea del ingreso universal garantizado, aunque nunca generará una felicidad pareja (incluso habrá la excepción de quien no desea esta dádiva y será menos feliz que antes), al menos reduce la infelicidad de los más desprotegidos o quienes sientan una mayor libertad pues no están atados a un modo de ingreso indeseable.
La sombra que oscurece esta idea feliz es la nube negra de una satisfacción sin esfuerzo alguno. La tendencia al “mínimo esfuerzo” no es un ideal a escala social, aunque vende mucho a nivel comercial. A nivel de ideal social el cuidado de la niñez corresponde al mínimo esfuerzo, a crear condiciones de mínima hostilidad ambiental para el infante; aunque luego la etapa adolescente marca una difícil transición entre el periodo de incubación y el de enfrentamiento con un mundo externo. Entonces la idea de un ingreso mínimo universal, debe combinar ese afán redistributivo con la motivación personal para obtener metas. La cantidad de este ingreso no debería ser tan cuantiosa que paralice el esfuerzo individual y el incentivo para buscar mejoría económica y cultural. A nivel práctico, es casi imposible un Estado benefactor tan rico que produzca un ingreso garantizado tan jugoso que erosione la motivación para el trabajo o emprendimiento[3].

La responsabilidad del Estado
Y para darle un sentido “políticamente correcto” al ingreso universal, conviene colocar entre las obligaciones del Estado el ser garante del ingreso del ciudadano. De manera recurrente el Estado cae en una posición de fiscalista, que se contenta con buscar cómo extraer la riqueza del ciudadano, para luego regresarla a cuenta gotas, como si fuera una limosna. Pero la acción del Estado debe empezar en el momento de la producción de la riqueza, procurando un marco normativo y de incentivos que no se contraponga con el ciudadano. El Estado debe ser aliado del ciudadano en la creación de ingresos, y hasta se debería plantear con claridad que esa es obligación de Estado respaldar el derecho del ciudadano a tener ingresos, por cualquier vía lícita. El Estado debe romper el círculo de hostilidad hacia el ciudadano; la hostilidad aparece en una fiscalización punitiva y una dura carga fiscal que ha impuesto. El modo para romper ese círculo hostil es con una responsabilidad muy clara para favorecer el ingreso de los ciudadanos, mediante su marco legal y de fomento. Conforme el Estado sea eficaz para facilitar el ingreso de todos, le resultará más sencillo (y será legítimo) cobrar impuestos.
En el caso mexicano, tenemos un tejido mal armado entre una gran capa social de fuera del fisco (llamada economía informal) y una capa menor perseguida en exceso. El sector formal de la economía recibe muchos desincentivos, siendo constantemente amenazado con sanciones y con sistemas complicados de recaudación. Conforme el sector formal sea mejor protegido y reciba un marco legal que le facilite su labor de crear riqueza, entonces el Estado estará menos atareado “tapando” los baches que se crean en el sistema capitalista. Tal como está la organización del sistema actual no queda más que “tapar los baches”, y un problema fundamental es garantizar la subsistencia de los ciudadanos, sin importar su origen ni destino.

NOTAS:


[1] Conforme aparece como proletariado organizado puede ocupar papeles estratégicos y protagónico, pero eso es distinto de ser el sujeto protagónico; funciona de manera táctica y estratégica, con peticiones legítimas, a veces logrando resultados superiores a su número. Eso es muy diferente a ser el “sujeto del cambio” para ser otro protagonista, como sucedía con algunas ciudades-Estado comerciales en el periodo medioeval y renacentista, cuando el Estado absolutista ascendía y esas ciudades-Estado (como Venecia) lograban posiciones importantes. Cf. ANDERSON, Perry, El Estado absolutista.
[2] Entrevista a Elsa Fornero, publicado en internet, Espaguetis y surf: razones para una renta básica universal en la crisis actual del capitalismo. Revista electrónica “www.sinpermiso.info”.
[3] La única posición para esto surgiría desde un Estado privilegiado con acceso a algún recurso natural valioso y con pocos habitantes, como los emiratos petroleros. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

LA MASA Y EL PALACIO











Por Carlos Valdés Martín

La masa tiene vocación por apoderarse de la humanidad, aunque sólo sea evidente durante los grandes acontecimientos[1]. Masa es gente sumada; nosotros agrupados o yo mismo como hormiga aglomerada, baile de máscaras o batallón incontable. Multicolores son las amalgamas que nos juntan y uno solo el resultado. En fin, digo masa y soy cómplice de una igualdad elemental.
Esta vocación de la masa por apoderarse ha sido descrita con deleite por Lenin, quien como líder se distinguió por incitar a las masas para integrase en una cruzada, que restableciera la igualdad fundamental. Con Lenin la masa proletaria adquiere un rango ético fantasioso y casi angelical[2]. Este rango ético proviene de que la masa es el proletariado, por definición marxista, aunque presente mezclas momentáneas diversas con irrupciones campesinas y pequeñoburguesas. En él ese proletariado regenera el rumbo de la humanidad, porque el proletariado crea a futuro socialista, encargado de establecer la justicia y la equidad finales, el actor del inicio de la historia verdaderamente humana. El cumplimiento de ese ideal justiciero depende de que el proletariado no quede disgregado y disperso, se requiere de su unidad efectiva y de su eficaz estado actuante como masa. Ese es el motivo del partido proletario, que es una élite, pero que suda y se esfuerza únicamente para la masa, entonces para reunirla y evitar su dispersión: cristalizarla.
La historia de las revoluciones sociales muestra encarnada esa idea, casi estética, de la masa apoderándose de la humanidad. Los líderes políticos de tales revoluciones se presentan como moralistas de las multitudes. Uno de sus lemas implica: "las masas siempre tienen la razón". Si bien se encontrarán otras razones como la intelectual "razón marxista", la elitista "razón de partido" y la siniestra "razón de Estado", es junto con las multitudes donde la justificación del movimiento social  encuentra su motivo evidente.
Haciendo un esquema tenemos en un extremo la individualidad aislada y en el otro su pluralidad. La multitud se reúne y crece hasta alcanzar densidad, el nivel compacto que genera una fusión de individualidades. Gramaticalmente se vale decir masas o masa, pero su uso singular indica una nueva unidad: síntesis de los muchos en conglomerado que es el cuerpo de la masa. Por la magia de la densidad o la unidad de propósitos se genera una nueva singularidad, cuando la masa es esa singularidad[3]. Luego la masa unificada se dispersa y permanece latente, hasta que resurge en diversos momentos, bajo congregaciones episódicas.

La momia y la persona
Como político práctico Lenin logró, en su momento, movilizar a las masas rusas y sobresaltó al calendario planetario. Sin que sea aquí el momento de estimar esa revolución, a la vuelta de los años su recuerdo estaba engarzado bajo un culto masivo estatizado. El mausoleo de Lenin mostraba el cuerpo momificado del dirigente elevado hasta la talla de un semidiós; con pose inmutable ante una masa convertida en fila continua e interminable. Después de décadas, ya no era claro el mensaje mesiánico de Lenin —quien los convocó a tomar todo el poder entre sus manos y a revolucionar su presente— al contrario, el mausoleo servía para la consagración del status quo y la resignación ante un presente bastante gris, desde las épocas de Stalin o Brezhnev.
La momia de Lenin encarnaba al poderío ungido a perpetuidad en la persona, una clara antípoda al ideal comunitario de Marx. En vida, Lenin predicó “todo el poder” para el pueblo organizado como proletariado en soviets; con una promesa de democracia radical: etapas hacia el pleno control de los trabajadores. Con el giro de la historia triunfó el despotismo monolítico organizado bajo el aparato estatal y monopolizado por un dictador.
El mando no existe fuera de las personas, en efecto, quienes detentan personalmente el poder son una o muchas individualidades. La relación de poder misma, (por ejemplo, una correlación de fuerzas parlamentaria) rebasa a cualquier persona, pero las decisiones siempre las toma alguien. En ese sentido, la colectividad decidiendo por sí misma fuera de las personas particulares es un mito de la burocracia (el Estado con derecho a decidir por todos) o de los amantes del mercado (el mercado decidiendo por todos). 

El poder separa
Aunque Lenin no hubiera monopolizado el poder en sus manos (como la fiera maquinaria burocrática cuando lo sucedió), su momia sí servía como signo mágico para indicar separación radical entre el dirigente de Estado respecto del pueblo llano. La irremediable distancia de los vivos frente a la muerte separa. Agreguemos la distancia entre el simple ciudadano ruso y Lenin como el héroe glorificado, con fama de titán millones de veces repetida. Un cuerpo muerto y su leyenda marcan ya una gran distancia. Pero una momia solamente es símbolo de tal poder personal, y los mausoleos sólo indican una fantasmagoría funeraria de lo que fue el muerto[4]. Son palacios las organizaciones arquitectónicas adecuadas para generar tal efecto de separación entre los acaparadores del poder respecto de una masa circundante. El tamaño colosal de las construcciones sirve para marcar la grandeza del gobernante frente al ciudadano. Las altas murallas son para separar de forma efectiva e incluso militar, de tal modo que los gobernantes tengan protección ante los súbditos descontentos. La elegancia de las construcciones atrapa la imaginación popular en torno a la majestad de los mandatarios. Formaciones de piedra sirven para evocar la eternidad que desean ganar los gobernantes. En la mente de los gobernados debe establecerse una reverencia ante lo desconocido, misterioso y grandioso[5].

El asalto al palacio 
La revolución rusa inició su historia con el antagonismo radical contra esas edificaciones palatinas. Nada más palaciego que esa dinastía Romanov que gobernó ese gran imperio, acallando los descontentos con sangre y fuego. En la revolución de 1917 el único modo para transformar la vida social era asaltando el palacio, cuando el “diálogo” que entendía esa dinastía era el de las balas y bombas[6]. Esa revolución fue un movimiento de masas, lucha entre multitudes plebeyas y testas coronadas, donde un asalto contra la sede dinástica culmina ese proceso. Aunque se mezcla la conspiración partidista y la organización militar, la técnica del golpe de Estado y lo demás[7], integrada queda la vocación de la masa por transgredir esa barrera del poder establecido, con la emoción masiva de irrumpir e inundar ese aparente recinto de lo sagrado. Atacar el Palacio de Invierno exige asaltar otras “dependencias” (lo dependiente de la corona en lo estricto y simbólico), por eso repiten las tomas de oficinas públicas y mansiones. En esta perspectiva, cualesquiera construcciones relacionadas con el gobierno o la realeza son pequeños palacios, que son sucesivamente invadidos en ecos de un gran asalto.

La restauración monumental y la marea de la historia
¿Dónde termina el asalto a un palacio? Durante el amotinamiento la multitud ataca la construcción, y en la ebriedad golpista se rompen cristales y vajillas, rasgan cortinas y rompen muebles, incluso incendian[8]. Luego el fragor de la batalla se detiene, después algunos castillos son derribados hasta los cimientos y otros van revitalizándose, cuando los nuevos habitantes de los palacios se sienten los actores del viejo guion: el texto de la dominación con el antiguo juego de unos pocos decidiendo por todos. El asalto puede terminar como absurdo cambio de personal o hasta con el perfeccionamiento del sistema, incluyendo los recintos del poder. El caos momentáneo quizá termina con la instauración de un orden más rígido y amurallado de monumentos. Las construcciones se fortifican para restaurar el ego individual de los amos, quienes levantan murallas más altas para conjurar el peligro[9]. En el extremo opuesto el simple súbdito queda en la masa como disuelto, y las arquitecturas abiertas o confluyentes son el lugar adecuado como las plazas públicas, donde se escenifica esa masificación mansa. Tras los muros altos, los palacios se identifican con castillos creados para evitar la irrupción; de ese modo protegido el sitio acepta las visitas ceremoniales y mesuradas, jamás irrupciones[10]. El asalto masivo define la violación del principio palaciego.
Cuando el ingreso del pueblo al recinto sacro del poder ocurre por vía pacífica y electoral, los representantes de la población son los que ingresan, pero —por regla general— son transformados o “tentados”. El mero acto de la delegación del poder ya entraña la semilla de enajenación entre representado y representante, como lo captó J.J. Rousseau al argumentar sobre la democracia[11]. El establecimiento dentro de un palacio indica la entrada a un universo simbólico. El mandato popular se convierte en investidura (federal o parlamentaria) y ésta en el fetiche de quien la porta; además, el puesto otorga privilegios e ingresos superiores para quien posee el cargo de representante, por eso la investidura jamás debe perpetuarse porque se convierte en tiranía. Una y otra vez, los parlamentarios de los grupos democráticos y radicales abandonan a sus bases, se van transformando en señores engreídos de su investidura. El "cretinismo parlamentario" se comentó como un mal que esterilizó las ansias de cambio de la socialdemocracia europea a principios de siglo y permitió el aval de los créditos de guerra[12]. No solamente el individuo al ser representante cambió, también las organizaciones de representación enteras se transforman[13]. En la Rusia post-revolucionaria, igual los soviets (representantes de obreros y campesinos) perdieron su encanto plebeyo; luego se convirtieron en integrantes de un ritual antidemocrático y engranaje de la maquinaria burocrática.
Entre el asalto y la restauración de los palacios se describe un ciclo preciso. En el conjunto, vemos un ascenso seguido de un descenso en el nivel de masas participando, con sus ingredientes caóticos y desorden que acompañan el cambio. El desorden que acompaña a la masa contiene su perfil heroico, pues el caos obliga a crear a partir de la libertad e improvisar un porvenir inexistente[14]. El orden que toma cuerpo en las construcciones palaciegas obtiene ingredientes majestuosos, donde pocos perciben las exigencias de diseñar las libertades y la convivencia. En granito y mármol cuaja el anhelo humano de permanecer victoriosos sobre lo caduco; el anhelo de eternidad plasmado ya desde las pirámides de roca[15]. En la marea de la historia, las pretensiones de eternidad convertidas en despotismo perecen aunque traten de amurallarse tras sólidas rocas, y mueren mientras ímpetus de nueva instauración brotan: los ímpetus para alcanzar otro milenio.

NOTAS:




[1] CANETTI, Elías, Masa y poder, Ed. Mushkin.
[2] A nivel estricto cuestiona al populismo narodniki, cuando adora al pueblo como bueno; pero él establece un camino marxista, donde el proletariado contiene el potencial de todo lo bueno, como la clase que redimirá a la humanidad para establecer el reino definitivo de la justicia. Cf. LENIN, Obras escogidas en tres tomos, Ed. Progreso. En este sentido, Mao representa un regreso del “amor al pueblo” de los narodniki rusos.
[3] Bajo ciertos contextos físicos, el término “singularidad” es diferente al usual, pues implica la ruptura de las leyes ordinarias de la física; en ese sentido, un “agujero negro” es una singularidad. De modo paralelo, la libertad absoluta de la masa en pleno, implica una paradoja de singularidad, como observó Hegel en la Fenomenología del Espíritu, sobre la masa reunida y el Terror revolucionario, derivado de la conversión de la libertad colectiva en una singularidad paradójica.
[4] En su fantasía el emperador amarillo, diseñó su mausoleo como si siguiera gobernando desde el más allá con sus miles de guerreros de terracota a escala natural.
[5] El recinto del poder combina estas cualidades, pues lo desconocido sin atracción no es misterioso, lo misterioso puede encerrar algo ominoso y no grandioso, y éste no es evidencia sino una trascendencia. El supremo poder supone esa combinación, por tanto su ocultamiento ya implica un discurso, una semiótica que atrapa la conciencia del gobernado.
[6] El periodo de bombas no pertenece a los bolcheviques, sino al anarquismo, sin embargo, es la genealogía del hermano mayor de Lenin, condenado por un atentado al zar ruso, Alejandro II. Cf. TROTSKY, León, El joven Lenin.
[7] Cf. MALAPARTE, Curzio, Técnica del golpe de Estado. Autor que reduce el nudo de esto a una adecuada técnica para asaltar el aparato del Estado.
[8] Los relatos de oleadas revolucionarias muestran el fervor del saqueo, donde el acto es más simbólico, que de efecto económico, como en cuentos de José Luis Martínez sobre la revolución mexicana, donde los trofeos saqueados es un bacín de bronce o un gran espejo roto.
[9] Quien acapara el poder siente el peligro en la nuca y late la paranoia en su corazón. Cf. CANETTI, Elías, Masa y poder.
[10] El medioevo se ha descubierto como la época de los castillos, cuando el poder aristocrático está fortificado en cada punto, el noble es guerrero. Cf. ANDERSON, Perry, Transiciones de la antigüedad al feudalismo y El Estado Absolutista.
[11] ROUSSEAU, Juan Jacobo, El contrato social.
[12] LUXEMBURGO, Rosa, Reforma o revolución. Debates con Karl Kautsky.
[13] Esta transformación es lo que la imaginación popular asimiló como el llamado al “lado oscuro” desde los personajes de Starwars.
[14] Para Ortega y Gasset también a este principio de acción de masas lo acompaña un sobre-simplificación que no restaura la democracia, pues la “acción directa” destruye las mediaciones de la política, incluso a la representación misma. Cf. ORTEGA Y GASSET, José, España invertebrada.
[15] CLARK, Kenneth, Civilization, Pone énfasis que la búsqueda de la pirámide egipcia de piedra es la eternidad.