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sábado, 2 de agosto de 2014

RESUMEN Y RESEÑA DE CIBERIADA DE STANISLAW LEM



Por Carlos Valdés Martín

La lectura de Ciberiada muestra el talento de Lem al rebasar varios límites convencionales. Con un ardid casi infantil, de inventar fábulas guiadas por dos geniales robots constructores el autor se lanza a escudriñar las posibilidades humanas (la crueldad, felicidad o sabiduría) y de la naturaleza (las probabilidades colmadas, los infinitos movedizos). Por si fuera poco, juega con los estilos literarios y las perspectivas, buscando, a modo de pieza musical, siempre en crecimiento… la aceleración de la prosa hasta hacer estallar la imaginación del lector. Simultáneamente los cuentos son en extremo divertidos y ágiles, siempre que no nos detengamos demasiado con sus nombres prolijos y extraños, que esconden juegos de doble sentido difíciles de traducir desde su idioma polaco.
El ambiente de Ciberiada posee parámetros curiosos: es un universo protagonizado por robots, donde los humanos quedan en segundo término (llamados rostropálidos, palabra inventada que bromea a los carapálidas), las formas de organización suelen ser reinos y los viajes siderales son tarea sencilla. Sus dos personajes robots son tan portentosos que resulta inútil dibujar un retrato físico; lo importante es que Trurl y Clapaucio son los mejores inventores del universo y deben enfrentar los retos más fantásticos, siendo colocados en los contextos más exóticos y con eventos difíciles de superar. En efecto, la imaginación se tensa al límite pues no se contenta con empujar el simple mecanismo tecnológico, sino que también empuja las posibilidades humanas (y hasta post-humanas) ya sean psíquicas o filosóficas. Además, los cuentos esconden un segundo beneficio por sus reflexiones interesantes y críticas a nuestro entorno, que explican situaciones como la supuesta superioridad de una sociedad frente a otra, las tendencias bélicas, el límite de los problemas lógicos o científicos. Esas reflexiones están bien complementadas con información científica y técnica, que se desliza ligera mediante charadas y nombres chistosos. Además los relatos, por breves que sean, evitan un efecto lineal y ofrecen giros interesantes durante esas peripecias.

EXPEDICION PRIMERA, O LA TRAMPA DE GARGANCIANO
Los inventores quedan contratados por dos reinos rivales que desean hacerse la guerra, pero los inventores deciden utilizar una original estratagema para frustrar los planes belicistas de ambos monarcas y demostrar su ingenio superior. Convencen a los gobernantes que es preferible deshacerse de los jefes militares para evitar tentaciones del golpismo contra el rey y entonces los mandos son sustituidos por un enchufar electrónico entre los soldados que se coordinan maravillosamente. Al conectarse esos soldados mejoran también en su capacidad mental y sensibilidad, por lo que el concentrar efectivos también crea una inteligencia colectiva potenciada: más talento y comprensión. Al armonizar dos ejércitos coordinados y poderosos se llega al límite, donde la conciencia se perfecciona y los soldados se convierten en armadas supremas, pero son colectividades de pensadores que detestan las guerras y frustran a sus reyes belicistas[1].
Bajo su apariencia jocosa, este cuento —como los siguientes— asoma una reflexión interesante que abarca: la relación entre el individuo y la sociedad; el hambre de poder; la hostilidad de las superpotencias (en 1967 este tema era de primera magnitud para un autor ubicado bajo la “cortina de hierro”); la relación entre belicismo y civilidad; la posible evolución del saber y la conciencia.

EXPEDICION PRIMERA "A", O EL ELECTROBARDO DE TRURL
En este caso el inventor Trurl se enfrenta al reto de crear una máquina poética perfecta que supere cualquier precedente conocido y convenza a Clapaucio. El proceso de creación de tal máquina, con pasos erróneos y tentativas fallidas resulta muy divertido. Para lograr al perfecto autómata creador de poemas (que serán por millones, para toda ocasión) debe resumir la experiencia del cosmos y la creación de la humanidad (llamada los rostropálidos de estas narraciones) y robotidad (la estirpe mecánica, pero archi-humana también), por tanto la formación de la máquina replica toda la evolución en modo acelerado, y se encuentra con dificultades y desajustes. El proceso se repite y luego debe ajustarse, pues los ingredientes del bardo electrónico deben calibrarse. Al surgir el Electrobardo se comporta bastante cómico, primero lleno de torpeza e incoherencia; después es sometido a graciosos retos, como componer rimas por pedido con ingredientes de comenzar con una sola letra (me recuerda al talentoso músico Rivera Calderón con su “reto-palomazo”) o mezclando los temas científicos en rimas amorosas. La máquina poética queda a punto y los poetas empiezan a retarla, logrando ridiculizarla; sin embargo, la máquina posee autoprogramación y se supera, comienza a recitar poemas “oscuros, incomprensibles, turpistas (sic), mágicos y tan conmovedores que nadie comprendía una palabra.”[2] El exitoso Electrobardo causa muchos problemas: poetas auténticos se suicidan de frustración; un poeta celoso apalea a Trurl; la máquina emite odas mediante ondas radiofónicas que causan crisis emotivas entre los navegadores. De hecho, la autoridad ordenó desactivar al ingenio poético automático, pero resultó imposible pues Electrobardo se defendía suplicando y embelesando. Al final, un rey lejano anexó al planetoide donde se había reubicado al poeta mecánico así que ya no hubo problemas locales, sino rumores sobre efectos poéticos en las supernovas.
El fondo de la reflexión de esta pieza cómica incluye el efecto del arte sobre las emociones, las fuentes insondables del genio poético, la superficialidad con la cual se juzga al arte, la pregunta sobre si una creación mecánica debe considerarse arte y el ego del artista. El resultado de que un arte sublime resulte hasta antisocial, porque los habitantes conmocionados quedan inutilizados, nos guiña sobre las pretensiones estéticas.

EXPEDICION SEGUNDA, O LA OFERTA DEL REY CRUELIO
Los inventores se las ingenian para promoverse, creando un letrero con estrellas y atraer la atención de lejanas regiones. Se presentó el emisario del rey Cruelio para contratarlos y los condujo a su planeta. La afición de monarca era dar caza a bestias fantásticas y peligrosas, estando ya aburrido por la falta de resistencia debido a que él es formidable y posee un arsenal de armas increíble. Al contratarlos el rey les advierte que si fallan en darle gusto sufrirán consecuencias fatales, pues está harto de recibir bestias “enclenques”. Los inventores quedan atrapados entre complacer al rey y crear algo tan mortífero que lo dañe, con lo cual también serían castigados. Empleando todo su ingenio optan por una bestia fuera de serie, capaz de enfrentar al rey, pero que el desenlace incluya secuestrar a Cruelio. Un aleccionador paseo entre los “trofeos de caza” mostrando la enormidad y ferocidad de las bestias cazadas, deja pequeña cualquier narración de Transformers o Jurassic Park. La construcción misma resulta una proeza de ingenio para crear un ser resistente a embates y capaz de reorganizarse, ocultando su centro de mando; además del diseño, está la creación del segundo plan para lograr esquivar la maldad del rey, quien los mandaba a espiar constantemente.
Los inventores confeccionan un cibermonstruo, que no intimida al rey; por principio resulta fácil de decapitar y partir pero se recompone; resiste embates cada vez mayores; el ingrediente secreto de ese invento es que fue fabricado con “cerebro” para no depender de un mando único en un cerebro autómata que fuera vulnerable. Luego el monstruo crea el prodigio de convertirse en policías que detienen al rey frente a la sorpresa de sus ayudantes y desaparecen con él capturado. La búsqueda de los cortesanos para rescatar a su rey resulta inútil y los inventores imponen sus condiciones de retribución, reconocimiento y medios de huida. Para terminar, el monstruo intenta rebelarse contra sus creadores y no devolver al rey, pero es aniquilado.
La reflexión de fondo está en las posibilidades de control y el autocontrol (y avance) de la mente, lo cual se explica en la construcción del monstruo terrible, que para ser invulnerable debe evitar un centro de mando único y fabricarlo completo con "cerebro". Esto se combina con la charada para eludir al gobernante abusivo y el juego de ingenios, que también termina rompiendo el dominio del mando único.

EXPEDICION TERCERA, O LOS DRAGONES DE LA PROBABILIDAD
Jugando con la variedad y terror de distintos tipos de dragones, el cuento nos divierte explicándonos algo de la probabilidad, tal como se concibe en el mundo cuántico y exponiéndonos algo de lo imaginario, tal como lo especulan las altas matemáticas. Al principio, los dragones parecieran sacados de los números imaginarios, que se materializan; luego, juegan a ser partículas virtuales y traviesas que aterrorizan al mundo material sin pretenderlo; al final, también se mezclan con la noción de milagros provocados por una “probabilidad amplificada”. El juego mental posee un trasfondo, ¿qué sucede si los eventos infinitesimalmente improbables pasan a ser muy probables? La existencia de los dragones son tratados desde esa óptica, cuando la probabilidad amplificada se argumenta capaz de producir dragones (imposibilidades) que causan grandes problemas en los planetas. El cuento también amplifica sus jocosidades al multiplicarse los tipos de dragones y surgir algún competidos desvergonzado que crea y desaparece dragones, provocando un implícito desprestigio en la estirpe de los inventores; para concluir la narración con una estratagema divertida de Trurl que finge un dragón para cobrarse el pago escamoteado.
La reflexión de fondo está del lado de la frontera entre la probabilidad matemática y física, con la probabilidad fantástica, porque más allá del límite físico se levanta el milagro, tan amado por nuestra fantasía. Empero, la física teórica y la lógica pura de las matemáticas deben tomar muy en serio las pequeñas probabilidades, que al incrementarse dan resultados sorprendentes; los cuales, hasta donde sabemos, no son manipulables en el sentido de la jocosa “dragonística”.

EXPEDICION CUARTA, O COMO TRURL SE SIRVIO DE UN MUJEROTRON PARA LIBERAR AL PRÍNCIPE PANTARCTICO DE LAS TORTURAS DEL AMOR, Y COMO LUEGO TUVO QUE USARSE UN LANZANIÑOS
Esta narración expone uno de los escasos fracasos directos de los inventores prodigiosos, cuando Trurl es contratado para curar el amor de un príncipe. Resulta que el amorío es imposible pues está perdidamente enamorado de la hija de un rey vecino, que niega hostilmente el matrimonio. El príncipe languidece y su padre contrata al inventor para despojarlo del enamoramiento. Para solucionar el caso inventa una máquina erótica, que brinda placeres mecánicos y objetivos, violentando al príncipe de mil modos, sin lograr arrebatar su pasión. Tras muchos jocosos intentos, el inventor decide cambiar de objetivo y propone al reino someter a sus vecinos con una agresión que no traiga la guerra; la original idea es una máquina lanzador de bebés que se aparecen entre los vecinos, causando un caos tal, que doblegan la voluntad del rey enemigo, así el príncipe logra la mano de su amada original.

EXPEDICION QUINTA, O LAS TRAVESURAS DEL REY BALERION
Un reino languidece por la afición excesiva de su monarca a los juegos y bromas. De los entretenimientos posibles prefiere las escondidillas, deseando siempre el mejor escondite, entonces contrata a los inventores. Los reta a lograr el mejor escondite de todos los posibles y, en respuesta, ellos presentan un intercambiador de personalidades en forma de unos cuernos portátiles. Balerión toma el invento y lo prueba en son de broma intercambiándose con Trurl, lo cual inicia una divertida carrera de confusiones, porque los protagonistas no están preparados para el asunto. De pronto el rey intercambiado ha huido, con el agravante de que accidenta al cuerpo robado y opta por seguir cambiando de sitio su personalidad. Es Clapaucio quien está obligado a seguir al monarca fugitivo con cuerpo cambiado antes de que ocurra una desgracia, por el acto imprudente. Para complicar la situación Balerión ha pasado su mente a un jefe de guardia y quiere encerrar a Clapaucio, quien debe engañarlo para recuperar el invento cambia-personalidades, y resolver el problema. Ante la traición del rey, los inventores deciden restablecer la situación utilizando la personalidad de un marinero honesto para dejarla definitivamente en el cuerpo del rey, para evitar su venganza y mal gobierno.

EXPEDICIÓN QUINTA "A", O LA CONSULTA DE TRURL
Los eventos acontecen en un planeta por entero artificial, donde habitan gente de ojos de acero que depende de su máquina-artificial-planeta y presumen de no temerle a nada. Su existencia transcurre sin sobresaltos e indiferente al resto del cosmos, pero se les aparece un fantasmón que los espanta y desafía. Los habitantes de ojos acerados intentan de todo para acabar con ese espanto, atacándolo con máquinas y tecnología sin lograr nada; desesperados recurren a Trurl, quien se ingenia en una dirección inesperada. Enterado de las fallas anteriores, el inventor se esmera creando un modelo de oficina burocrática para hacer un amenazador e incomprensible escrito legal que presentan al fantasmón, quien se va enredando en contestarlo, con lo cual pierde su fuerza, hasta desaparecer con el acoso legal. Además del éxito, el inventor toma la precaución de destruir sus recursos burocráticos, no vaya a ser que también dañen sin remedio  a ese planeta maquinal.
El fondo de esta narración posee un tinte social, de ironía manifiesta en contra de la operación burocrática que intimida a los ciudadanos y acorrala a cualquiera, por lo que está fuera de la lógica de la tecnología mecánica; asimismo se declara su peligrosidad y preferencia por no utilizarle. Pero piense el lector que esto se escribe en un país bajo un sistema de mando central, con un Estado que controla la vida entera de los ciudadanos y, la disidencia declarada, es un delito peligroso; así, el autor se estaba jugando el pellejo, al fantasear con temas tan delicados en su país. Por lo mismo, emplea los hilos de la fantasía para ocultar la crítica social.

EXPEDICIÓN SEXTA, O CÓMO TRURL Y CLAPAUCIO CREARON UN DEMONIO DE SEGUNDA ESPECIE PARA VENCER AL PIRATA MORRÓN
Uno de los inventores siente una gran curiosidad por algunas leyendas de regiones galácticas extrañas, jugando al símil, con las narraciones de los viajes de barcos naufragados y los cementerios marinos se dirigen hacia el Desierto de los Velos negros. Además de la bella narración del viaje y los sitios misteriosos, la aventura se encuentra con un pirata gigante y monstruoso. El pirata es una especie de gigante abusivo que busca lo más valioso del universo: conocimientos. Ante el temor de ser dañados por dar los conocimientos y también de ser ultrajados después de darlos, los inventores encuentran una salida perfecta ante el hambre de saber del pirata. La salida pareciera imposible porque el enemigo no es lerdo, sino un comedor de saberes, ávido de más y más, que no se conforma con poco. La salida es un juego de especulación científica, pues inventan un “Demonio de Segunda Generación”, que emparenta este relato con la ficción casi filosófica de Borges. La característica de ese demonio es una emanación de las teorías de la entropía, pues se supone que el escape caótico de átomos por un extremo de un sistema, de modo casual, genera conocimientos aleatorios, sobre cualquier tema extraño y disperso. Ese Demonio retoma los átomos y los convierte en mensajes escritos que recibe el pirata Morrón, satisfaciendo su hambre de saber, pero de modo aleatorio, sin que se detenga nunca el flujo. Eso entretiene y paraliza al contrincante, entonces los inventores se dan tiempo de escapar del sitio.
De manera burlona, Lem nos invita a pensar en el gusto por acumular conocimientos, lo cual también empezará a generar su basura informativa. El fenómeno en nuestro mundo todavía está en ciernes, pero si se deja crecer esa tendencia ¿no es otro modo de crear basura? Además está la cuestión del saber y el poder; cuando el mando es despiadado, agregarle saber se convierte en una amenaza.

EXPEDICIÓN SÉPTIMA, O CÓMO SU PROPIA PERFECCIÓN PUSO A TRURL EN UN MAL TRANCE
Un rey exiliado se encuentra con el inventor y le suplica su auxilio, Trurl siente compasión y desea ayudar al rey, pero es consciente de que es un personaje cruel y de sevicia. No acepta ayudarlo a recuperar el reino, en cambio, decide crearle un pequeño mundo artificial donde él será el amo absoluto. Fabrica un pequeño reino formado de átomos vibrantes, que manifiesta todas las cualidades exteriores de las personas, en términos modernos, Stanislaw Lem previó la ficción tipo videojuegos como “Second Life” o “Sim City” con enorme anticipación. En principio, el rey está reticente pero al observar el detalle y perfección del invento queda cautivado, dedicándose a gobernar tiránicamente al pueblo en miniatura. Como el tipo es malo, pues los castiga sin motivo y les impone penas crueles. Eso molesta al inventor, pero piensa que es pura fantasía. Cuando informa a su colega Clapaucio de su logro, el amigo lo regaña pues estima que no existe una diferencia entre gente de ficción formada de átomos eléctricos y ellos como robots reales.
La reflexión regresa a los inventores para intentar remediar el sufrimiento del pueblo artificial de Trurl. Grande es la sorpresa cuando descubren que los habitantes diminutos han progresado y se han liberado por ellos mismos de su monarca gigante (en proporción a ellos) y lo han lanzado cual satélite artificial convertido en Luna de los pequeños seres llamados Microminiantos.
La cuestión de fondo es la conversión de la existencia en fantasía y viceversa por los medios electrónicos. ¿Eres un fantaseador inocente? ¿Te devora el mundo de los electrones? Llevado a su extremo, también es un tema de Borges, donde la ficción adquiere cuerpo y se subleva.

CUENTOS DE LAS TRES MAQUINAS FABULISTAS DEL REY GENIALON
El emisario de este rey requiere a Trurl para que asista a su amo, quien está retirado del bullicio mundano y habita en una humilde cueva, buscando sabiduría y entretenimiento. Al inventor le solicitan que invente tres máquinas que entretengan al monarca de modo diferenciado: “que la primera contara historias intrincadas pero apacibles, la segunda, ingeniosas y traviesas, y la tercera, profundas y aleccionadoras”[3], por tanto este cuento implica varios relatos procedentes de las tres máquinas fabulista, siendo el más largo relato de Ciberiada, y remata con otro desenlace ingenioso.
El primer cuento incluido es sobre el país de los multiplistas, un planeta donde importaba mucho el número (existían por entero hacinados) y su rey Mandrillón que presionó par a construir un Consejero Perfecto. El inventor cumple el trato de modo excelso, pero el rey no desea hacer retribución, así que confabula al Consejero para echar a Trurl sin pago alguno, simulando un atentado. El inventor no se queda contento y trama vengarse, pero el Consejero un valladar inexpugnable, así que primero debe deshacerse de él. Utiliza un ingenio de otra categoría al despertar la suspicacia policíaca sobre su artefacto, para que sea repudiado por el rey; el ingenio consiste en mandar un mensaje inocente, pero interceptado por la policía secreta destila un mar de suspicacias y aceita el mecanismo de las envidias palaciegas. Al final, el Consejero Perfecto es repudiado por el rey y destruido. Sin la defensa del Consejero, regresa Trurl a exigir su justo pago y a regañar al monarca quien no tenía la inteligencia para recibir consejos.
El segundo cuento incluido narra las lecciones que da el inventor al rey Torturán que desea obtener el perfeccionamiento “no-lineal”, para lo cual presenta unos cuentos aleccionadores.
Llamemos cuento A al encuentro con unos robots que vejan y maltratan a otro, por una complicada razón, se trata de una reconstrucción de Malapucius, un reformador de la sociedad robótica que comenzó una peripecia de modificaciones en ese mundo, comenzando por convencerlos de compartir la corriente eléctrica; lo cual da pie a una serie de reacciones y modificaciones graciosas que recuerdan las fallas del “socialismo perfecto”[4], comenzando por la desidia de los robots para producir su propia energía al conectarse en serie entre todos, pues la mitad se tiró bajo la mesa negándose a cargar. Un nuevo cambio pretende remediar al anterior, en una sucesión de disparates. La serie de reformas terminó mal, en una guerra civil generalizada, pero eso los vejadores de Mapucius lo reconstruyen cada noche para vengarse de lo sucedido en un lejano pasado.  El inventor Trurl desea terminar con la vejación, pues estima que el reconstruido no es el personaje originario, pero como al sentirse liberado el Malpucius declara que reiniciará con sus reformas para otorgarle el “paraíso terrenal” a sus congéneres, el inventor abandona su defensa.
Llamemos cuento B al viaje a una tierra de gran abundancia, Bobalacia, la tierra de los felices, donde retrata a una sociedad perfectamente hedonista (que ya no es sociedad) donde cada quien está rodeado de implementos robóticos dedicados a la satisfacción extrema. Cada bobalicio o, mejor dicho, feliz, vivía en un palacio de su propiedad, fabricado para él por una automatoria (así llaman ellos a sus esclavas de rodamientos rutilantes), rociado con aromas, incensado con inciensos, amado eléctricamente, en oro y plata envuelto, revolcándose en joyas, paseando por las cámaras del tesoro, de brocados centelleante, de doblones tintineante, con guardia en el jardín y un harén de postín, de brillantes y rubíes recamado, y a pesar de todo esto, malhumorado y dado poco a la alegría.”[5] En la descripción, esa felicidad resulta en una especie de embotamiento, porque el entorno mecánico persigue a cada quien hasta una saciedad extraña. Al curioso barullo de máquinas que regalan oro, medallas, perfumes y dulces, únicamente ha escapado un sabio recluido en una cueva, que solicita el auxilio de Trurl para arreglar ese mundo sobrecargado de favores. Porque tanta abundancia placentera se ha vuelto en su contrario: “¿Acaso no equivale el tenerlo todo a no tener nada? ¿Y cómo se puede decidir y escoger cuando el ser racional, rodeado de todos los paraísos del mundo, se vuelve indiferente ante la posibilidad automática de ver cumplidos todos sus deseos?”[6] Ante esa situación planean crear máquinas “complicadoras”, pero no lo implementan, pues sería darle una vuelta de tuerca a la situación; observan que muchos intentan destruir máquinas y riquezas por hartazgo, sin resultados. Sin llegar a una salida, el único sabio del sitio cae embelesado por una jauría de máquinas placenteras y termina el relato.
El cuento C narra la conspiración encabezada por Lístulo para perder al rey Braguetano en un mundo de sueños. Los conspiradores intentan colocarle varias trampas para que el acto sea un autoregicidio y no cargar con las culpas o volverlo mártir. La mejor opción parece ser provocar sus excesos y lubricidades mediante una máquina de sueños, que presenta tentadores deseos impropios. Ese rey va probando diferentes sueños donde comete atropellos e indecencias, pero no cae en la trampa completa pues su desconfianza lo regresa a la vigilia antes de llegar al punto sin retorno. Braguetano recorre y escapa de las trampas de varios sueños. Hasta que se embarca en uno titulado “Monalisa o el laberinto de la dulce infinidad”, donde el rey se conectaba y buscaba ese sueño en vano, entonces estaba en el mismo sitio y se conectaba… el sueño se va duplicando, hasta perder al rey que no distingue entre vigilia y sueño, así que cuando despierta supone estar soñando. La desgracia de ese rey fabulado, entristece y alecciona al otro rey del relato (Torturán) que se da por satisfecho, cerrando el ciclo de tres narraciones; lo cual satisface al rey Genialón con el episodio presentado por la segunda máquina narradora.
La tercera máquina presenta el relato bufo de cómo una cazuela potenciada de Trurl por accidente, al rebotar en un vertedero cósmico, generó un ser pensante pero limitado. El personaje llamado Yonomas y surgido por un accidente improbable adquiere un tono de reflexión egoísta, religiosa y filosófica. Ese robot casual permanece aislado en el basurero cósmico y su andanza se limita a descubrimiento de sí y a las reflexiones que surgen de su situación en el largo lapso entre su creación y destrucción por la misma cazuela que lo originó. La reflexión oscila alrededor del ego y sus ideas espontáneas sobre la propia perfección y su vínculo cósmico.
Ya que el anterior relato causó tristeza, se embarca en la narración del encuentro de Clapaucio con Cloriano, un curioso filósofo que está frustradísimo y colérico porque sus contemporáneos lo ignoran. Empezó escribiendo sobre la necesidad de que las civilizaciones superiores inventaran dioses, la importancia de esto y la culminación en una deidad suprema: “Comenté en mi libro la necesidad de inventar dioses a posteriori, ya que no los hubo a priori, y dije que toda civilización dedicada a la inteléctrica no tenía otro fin que el de construir una Originadora Universal Ultimativa de Omnipotencia, es decir, un rectificador del mal, o bien un enderezador de las sendas de la Razón.“[7] Pero el pensador no recibe ningún reconocimiento y mantiene su obra en crecimiento, la siguiente la dedica a cuestionar la Razón y su obra en el cosmos, para convertir estrellas en camas y cloacas, es decir, convertir lo natural en artificio. Luego se compara con otros pensadores y sigue su loca carrera por construir hipótesis y desarrollar sistemas de pensamiento, incrementando su amargura por no ser reconocido; especie de Schopenhauer galáctico. Ya en su madurez plantea la existencia de los Efesedas la civilización cima del cosmos, la cual ha conquistado la Fase Superior de Desarrollo, tema que dará pie al siguiente relato. Después elabora una teoría para explicar el dilema ¿qué fue primero el robot o el rostropálido (humanos)? Lo cual también es ignorado. Al explicar también que no desea que la posteridad lo relacione con los otros supuestos genios de su tiempo, sufre un sobrecalentamiento y fallece, dejando en manos del inventor, su Testamento. La lectura de ese legado, causa tanto interés y turbación a Clapaucio que no se decide a destruirlo ni a publicarlo.
El amanecer interrumpe las narraciones, y el rey Genialón satisfecho con las máquinas narradoras ofrece el mejor precio que le viene a la mente, ofreciéndole a Trurl “la salud y la vida”. El cuento termina con este diálogo donde se observa la agudeza y sagacidad de Lem: “—Majestad —dijo Trurl, estupefacto— ¿es que vuestra primera intención fue la de privarme de la vida? ¿Este debía ser mi premio?
“Tienes la libertad de interpretar mis palabras a tu antojo —contestó el rey—. En cuanto a mí, te diré cómo las entiendo yo: si sólo me hubieras divertido, mi generosidad no hubiera tenido límites. Pero has hecho más que esto. Por tanto, ninguna riqueza puede tener el mismo valor que tu obra. Dándote la posibilidad de continuarla, te ofrezco en pago el premio más alto de que dispongo...”[8] Con ese hermoso final, resulta prudente, evitar más análisis de este cuento tan complejo, donde están metidos relatos dentro de relatos, hasta el límite, con un estilo espiral y caleidoscópico que luego repitió con maestría Ende en su Historia sin fin.

ALTRUICINA, O UNA HISTORIA VERDADERA DONDE SE CUENTA COMO EL ERMITAÑO BONIFACIO QUISO HACER FELIZ AL COSMOS Y CUALES FUERON LOS RESULTADOS
Este cuento final, el lastimoso Ermitaño Bonifacio, cuenta su historia al conocer al Trurl, pues resulta que antes había participado con Clapaucio, en la secuela del “filósofo” Cloriano, pues le ha dejado intrigado con los hipotéticos seres de la Fase Superior de Desarrollo. El inventor curioso  se decide a buscar a tales seres, pero la búsqueda resulta muy difícil pues debe encontrar la pista de algo cósmicamente inconcebible. Obtiene pistas sobre el asunto y encuentra una estrella cuadrada, alrededor de la cual giran planetas cúbicos y uno de ellos tiene grabadas las iniciales obvias de FSD. Localizado el sitio, la visita resulta por entero desconcertante, pues los habitantes semejan entidades surrealistas que plácidamente se desprenden de partes de sí, descansan sobre la arena planetaria  y manifiestan varios portentos, pero son por entero indiferentes al intrigado Clapaucio. El recurso del inventor para lograr su atención es molestarlos, pero la tarea resulta muy difícil, pues esa molestia directa significó que lo lanzaran a distancias siderales del planeta, en un instante y colmado de regalos cursis. Regresar sería imposible, así que Clapaucio optó por hacer una máquina suprema que reprodujera la evolución cósmica hasta alcanzar la FSD, la compleja tarea implicaba crear una especie de Diostrón o Ultimador Ontogenérico. Creado este principio absoluto, el inventor le solicitó crear un habitante de FSD con tendencia a platicar, para contestar sus preguntas. En el interrogatorio el FSDinano (o Efesedas como se traduce) contesta las preguntas últimas (¿humanos o robots?, da el argumento sobre los jorobados enderezados, etc.) y explica su mundo súper adelantado con términos paradójicos, por ejemplo afirma: “¡El desierto de nuestro planeta no es un desierto, sino un Superdiosotrón, millones de veces más poderoso que esta caja primitiva que habéis fabricado! Nuestros antepasados lo han creado, porque como todo ya les parecía demasiado fácil, quisieron convertir en ideas los granos de arena. Se lo propusieron por pura megalomanía, sin ninguna necesidad, ya que cuando se puede hacer todo, no es posible añadir a ello nada más (…)Nosotros podemos, si se nos antoja, cuadricular las estrellas, apagar una mitad de ellas e incendiar la otra, construir seres habitados por otros seres, más pequeños, de modo que los pensamientos de los gigantes fueran bailes de los enanos; estar en un millón de lugares a la vez, cambiar de sitio las galaxias para que compongan dibujos agradables para la vista; sin embargo, dime, por favor, ¿qué razón hay para que emprendamos esos trabajos? ¿Acaso el Cosmos mejorará si sus estrellas son triangulares o tienen ruedas?”[9] Una vez radicalizada la perspectiva, la discusión se dirige hacia el tema de la felicidad y el emisario del FSD opina que no es posible inducir a la felicidad a los demás, pues regalarles máquinas para cumplir deseos se convierte en un fracaso, incluso operando milagros la solución termina en fatalidad: “—Dar la felicidad con la ayuda de milagros es la técnica más llena de riesgos que conozco —contestó con severidad la voz de la máquina—. ¿Cómo quieres que la apliquemos? ¿Individualmente? El exceso de belleza rompe los lazos matrimoniales, el de la inteligencia trae la soledad, la riqueza exagerada conduce a la locura. ¡No, no! ¡No se puede dar la felicidad a los individuos, y menos todavía a las sociedades! Cada sociedad ha de seguir su propio camino, subir de manera natural los peldaños del progreso y deberse a sí misma todo el bien y el mal que consigue. Nosotros, los de la Fase Suprema, no tenemos nada que hacer en el Cosmos”[10] , por tanto pregona para sí una doctrina de no-acción.  Pero el inventor no está convencido y desea ganar la discusión obligando al FSDiano a que entregue un remedio para la felicidad acelerada que todavía no se ha probado, llamado “Altruicina”, sustancia psicoactiva para provocar un espíritu de fraternidad y amor, con empatía instantánea y un intenso deseo de ayudar al prójimo. La sustancia debe probarse en un planeta de hombres, por lo que el Ermitaño Bonifacio es convertido en uno para encargarse de la parte práctica, descendiendo al planeta. Por accidente se cae una maleta de Altruicina al abastecimiento de agua por lo que el experimento se realiza de golpe afectando a la ciudad entera. Por efecto del producto, las personas sienten tan intensamente al prójimo, que un evento de dolor de cualquiera las enloquece y provoca acciones descontroladas, incluso las más viles y violentas. El producto va enloqueciendo a la población y hasta los animales y otros seres son afectados. Para vergüenza además Bonifacio es descubierto y maltratado, terminando sus ganas de promover la felicidad ajena por métodos acelerados.
Con un literato tan extremo como Lem, resulta congruente terminar preguntándonos por las fronteras del desarrollo de especies (biológicas y maquinales) y si existe un atajo hacia la felicidad colectiva. El primer tema es bastante ambicioso y, no queda otra, debe recurrir al reinvento de Dios, para que engendre a su súper ser (más allá de Nietzsche, sin duda). Aunque el resultado plástico de los habitantes de FSD deja el deseo de algo mejor, su presentación argumentando la obligación de la no-acción es muy convincente. Las objeciones y parodia final sobre la felicidad acelerada resulta bastante convincente, sobre todo, si consideramos el ambiente del “socialismo real” donde se pregonaba la aceleración para alcanzar la felicidad colectiva; lo cual deja un agridulce sabor de boca para reflexionar.



NOTAS:


[1] “Lo que ocurre es que, superado un cierto límite, el militarismo, fenómeno puramente local, se convierte en civilismo, por la sencilla razón de que el Cosmos en su esencia es absolutamente civil. Y, precisamente, ¡el espíritu de ambos ejércitos había alcanzado ya las dimensiones cósmicas! Aunque por fuera brillara el acero, corazas, obuses y mortíferas lanzas, por dentro se levantaron olas de un doble océano de serenidad tolerante, amistad universal e inteligencia perfecta “ LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 10.
[2] LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 16.
[3] LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 71.
[4] La parodia sobre el “socialismo real” es muy completa, iniciando desde los simples gestos de resistencia sindical (robots echados porque no reciben suficiente corriente), método de igualitarismo radical (conectar en serie a todos los habitantes robots), hasta la frustración belicosa (guerras entre “países socialistas” como China y Vietnam). Curiosamente el periodo de fértil producción de Lem se redujo tras la caída del muro.
[5] LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 86.
[6] LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 86.
[7] “Incluí, además, un plano del primer Diosotrón, así como las características de sus capacidades, medidas en diosonas. La diosona es la unidad de omnipotencia que determina el equivalente de la posibilidad de hacer milagros en el radio de mil millones de parsecs.” LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 102
[8] LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 105.
[9] LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 113.
[10] LEM, Stanislaw, Ciberiada, p. 116. A manera de una conclusión del sabio en el Tao te King de Lao Tse.

martes, 22 de julio de 2014

ANÁLISIS DE CANDIDO Y SUS DESVENTURAS DEL OPTIMISMO






Por Carlos Valdés Martín

Las aventuras del ingenuo alemán llamado Cándido son un ardid literario de Voltaire para rebatir una visión ultra optimista del mundo y al stautu quo contemporáneo. Sin embargo, en el ambiente de monarquía absoluta de Luis XV de Francia, cualquier crítica debe ejercerse con suma cautela ocultando al autor y al objetivo cuestionado. Recordemos que Voltaire fue encarcelado dos veces en la Bastilla y fue obligado a un largo exilio. La crítica directa y burlona ataca una tesis de Leibniz afirmando que se vive en “el mejor de los mundos posibles”, pero la fogosidad contra el colega (filósofo contra filósofo) sirve de pretexto y plumilla de vomitar para Voltaire, que se declara un pesimista contra la armonía del orbe. Esa estridencia anti-Leibinz disimula un segundo ataque verdadero: su ironía contra autoridades e instituciones contemporáneas. En lugar de debatir las ideas estrictas de Leibniz, la novela emplea una caricaturización para oponerse y, de paso, poner en ridículo a religiosos y déspotas. Esa vulgarización del “mejor de los mundos posibles” sería retrógrada y hasta un llamado naif para preservar el statu quo por ser mandato divino. En el año 1755, la catástrofe por el terremoto de Lisboa había golpeado seriamente la ingenuidad de los católicos, cuando tras un primer temblor la población acudió en masa a la catedral e iglesias para rogar a Dios y entonces sucesivas sacudidas derriban casi todas las iglesias, aplastando a los fieles. Un acontecimiento tan azaroso conmovió de forma tan profunda la conciencia religiosa, porque implicaba símbolos de lo sagrado (catedral), la devoción (orar) y fenómenos entonces atribuidos a Dios (terremoto). El catolicismo se mantenía al nivel de paganismo, en este aspecto convencido de que cualquier fuerza natural era la manifestación personal de Dios.

Esta obra, titulada Cándido o el optimismo, fue editada en 1759 bajo un pseudónimo inusual (Dr. Ralph), por lo que todavía existe alguna duda sobre su verdadera autoría, aunque casi es unánime el atribuirla a la pluma de Voltaire y, entonces, me apego a esa convicción. Se cree que el relato refleja la trayectoria filosófica de este pensador, desplazándose desde el optimismo hacia el pesimismo individualista. 

Sinopsis
El joven Cándido es educado en un castillo aislado, a manera casi de experimento educativo; por lo que el filósofo Pangloss, lo toma cual discípulo e instruye con tesis sobre la armonía y bondad. En el sitio se enamora de la hija del amo, la bella princesa Cunegunda y desde ahí se desata una larguísima peregrinación, llena de sinsabores y aventuras. Por principio, el dulce Cándido cree en la bondad del prójimo y procura exponer su optimismo, pero los diversos personajes se le contraponen y lo maltratan. La pretendida sufre cualquier cantidad de adversidades, siendo raptada, ultrajada y degradada a condición servil. El maestro Pangloss es detenido y hasta ahorcado dándosele por muerto, pero es característico del relato que los personajes dados por fallecidos, reaparecen por situaciones inverosímiles. Surgen muchos viajes y peligros, por ejemplo, Cándido llega a Lisboa, la del gran sismo y mira sus efectos horribles. Se desplaza a Buenos Aires, a las misiones jesuitas del Paraguay y aparece hasta en la mítica El Dorado. Al final, los personajes principales sobreviven y se resignan ante el mal generalizado; ellos han perdido su inocencia y belleza, pero están juntos para refugiarse y dispuestos a compartir un huerto: metáfora de la opción práctica ante el horror de los asuntos mundanos.

El personaje principal y su maestro
Cándido encarna bonhomía juvenil y está siempre dispuesto a mostrar buena voluntad e ingenuidad en cualquier situación. La suma de humildad e ingenuidad, hacen de Cándido una aproximación a la infancia, pues su formación está atrasada y su optimismo espontáneo semeja el de niños buenos. Recibe educación en un castillo de Westfalia que lo debería preparar para la vida entera, pero solamente alimenta un lado de su espíritu, que se mantienen bondadoso y bienintencionado.

El personaje Dr. Pangloss (juego de palabras, aludiendo a “quien opina de todo”) es vocero de tesis optimistas obcecadas de que éste es el mejor de los mundos y que las desgracias realmente no existen. En ese contexto no se habían inventado las fantasías neoliberales sobre el mercado, que creen en competencia perfecta, asignación óptima de recursos[1] y equilibrio automático. El filósofo Pangloss primero educa y alienta a Cándido, luego debe enfrentarse a las más duras pruebas y la peor ingratitud para que su fe desfallezca, entonces ese personaje es condenado a muerte, sufre las enfermedades más crueles y los castigos más sanguinarios hasta que su doctrina vacila. Digamos que Voltaire pretende someter al necio optimista al método experimental y por hechos verosímiles demostrar la falsedad de su tesis, con lo cual la intención crítica es evidente, mientras que las afirmaciones de Voltaire quedan soterradas.

Aclaración de que no existe debate filosófico
Por mucho que aparezcan argumentos, contra la tesis del mundo perfecto y la armonía prestablecida desde el comienzo de la narración, debo insistir que en la novelita no se detiene a un efectivo debate entre filosofías. La aparición reiterada del tema sobre el “mejor de los mundos posibles”, se utiliza a modo de un estribillo: sonoro y hueco. Resulta sorprendente que la crítica literaria casi no ha percibido esa estratagema de Voltaire, quien no está rebatiendo a nivel argumental. De modo significativo, el final de la aventura repite lo que argumento, pues Pangloss revivido y buscando entretener su mente busca al derviche con más fama de filósofo en Turquía, y sucede esto: “—Que te calles, respondió el derviche.
“—Yo esperaba, —dijo Pangloss—, discurrir con vos acerca de las causas y los efectos, del mejor de los mundos posibles, del origen del mal, de la naturaleza del alma, y de la harmonía preestablecida. En respuesta les dio el derviche con la puerta en los hocicos.”[2] Eso sucede de modo constante, porque una tesis argumental debería contrastarse en el mismo nivel y no se rebate con eventos reales o ficticios, pues siempre existe una salida para un concepto indefinido, en este caso, la “perfección del mundo”. Porque “perfecto” es un juicio de valor no de hecho, por tanto comprobar acontecimientos, no toca al “valor” mismo, según lo demostró después Kant al separar esos dos tipos de juicios[3]. Por lo mismo, en un círculo de comedia, Pangloss termina opinando su misma tesis tras recabar el mayor catálogo de infortunios y consolarse en labrar una huerta junto con Cándido.

Sobre el estilo “avalancha”
El texto es apresurado y desaliñado, con una velocidad de ráfaga dominado por los acontecimientos que mueven a los personajes y desplazan, mostrando escenas dramáticas y cómicas, en un ritmo vertiginoso. Rápidamente las situaciones son mórbidas: mostrando desgracias, guerras, gente muerta, plagas, terremotos, horribles autos de fe, etc. La velocidad con la que suceden las escenas negras se aligera en sí misma, por lo que adquiere un ritmo próximo al thriller cinematográfico: saltando de ciudades, escenarios, batallas, romances, abandonos, violaciones, miserias, riquezas,… Los vuelcos son tan veloces que los personajes quedan difuntos y reaparecen vivitos, sin más justificación literaria que otra anécdota inverosímil (la sobrevivencia de Pangloss a una cuerda mal atada). Las desgracias proporcionan un efecto de “avalancha” que martillea contra una teoría azucarada del mundo perfecto; simultáneamente, su saturación sirve para anestesiar al lector contra la desgracia y mantener interés en lo que venga. Esa avalancha cruda se contrapondría ante el barroquismo dominante en los siglos previos, falta la elegancia y el tacto para hacer planteamientos; por lo mismo, al lector del siglo XVIII, quizá le generaba una sensación de realismo sin adornos.

La doble miseria
¿Por qué es tan malo ese mundo donde habita Cándido? Existen dos motivos para la desgracia permanente. Los humanos viven en guerra perpetua: atacándose, traicionando confianzas, rompiendo promesas, vendiendo su persona o su honra, fallando a toda lealtad, robando, etc. El primer mal son los mismos homo sapiens que no pierden oportunidad para volver infeliz al prójimo. El segundo gran mal está en la naturaleza que es pobre, veleidosa, miserable, escurridiza y especialmente cebada contra la debilidad del cuerpo y la vejez. El ideal de una naturaleza rica está en la leyenda de “El Dorado”, la imaginaría ciudad del imperio incaico, donde abunda el oro y es ignorado por sus habitantes, quienes viven dichosos en medio de una abundancia relativa, sin penurias y adictos a la ciencia. Pero el oro, bajo las leyes de la naciente sociedad burguesa se convierte en lo contrario de la riqueza, pues la pasión de la codicia se convierte en peligro constante para los poseedores del oro. La belleza corporal también se convierte en un mal, porque se trasmuta en un objeto imposible de disfrutar, la mujeres son constantemente atacadas y ultrajadas, las costumbres nobiliarias también son un impedimento y la represión monástica se convierte en una homosexualidad vergonzante. Las desventuras de las mujeres bellas únicamente cesan con su vejez o enfermedad.
Los rigores de la naturaleza se conocen desde siempre, pero la hostilidad social de “todos contra todos” es rasgo de época que se caricaturiza. El período de la ilustración logró avances en varios campos, pero la profundización de la privatización mercantil de la sociedad europea se asistía a una especie de decadencia, a una disgregación de lazos sociales y crisis del sistema feudal. La idea literaria sobre un peregrino que sufre peripecias ya se presentaba en literatura anterior, como en El buscón don Pablos, pero adquiere la relevancia de un síntoma; el viajero es una hoja al viento, que manifiesta su libertad desgajada, sin ataduras feudales (a la tierra, la congregación religiosa o al linaje). Entonces está floreciendo el individuo aislado, para quien la sociedad significa una necesidad externa, como una casualidad en encuentro fortuito y el emblema de ese tipo de individuo es un viajero[4].
La crueldad y la violencia en las relaciones se magnifican en la situación de los extranjeros, pues los odios entre pueblos, razas, y religiones son mayores. Ante el extranjero, la raza despreciada o el antagonista religioso no existen límites para ejercer violencia, pues los frenos morales ceden completamente. La guerra se presenta sin códigos de honor y la carnicería sin piedad es consecuencia normal. Si la muerte no llega con la derrota, entonces sobreviene la esclavitud como la de los cautivos obligados a remar hasta el final.

Belleza, dinero, salvación y conocimiento
En un mundo plagado de miserias, los pocos centros con luz propia y riqueza intrínseca son acosados por desesperados contendientes. Desde la óptica masculina la belleza es monopolio de la mujer, pero quienes alardean de tales atributos son escasas y de la élite. La princesa Cunegunda —la maravilla de hermosura y eros— es la perdición de Cándido, y en viajes por todo el globo, casi no encuentra distracción en su búsqueda. Las otras mujeres bellas del relato son rarezas y, muy sintomáticamente, están en situación de ejercer prostitución. El síntoma indica que el valor erótico se convierte en precio monetario, pero bajo las disquisiciones de Voltaire, la llamada "vida galante" no acarrea fortuna, sino una cadena de amarguras para la mujer obligada a revolcarse con tipos asquerosos. Más que condena moralista hacia la prostitución, el texto trasmina compasión por una actividad desagradable. La mujer merecedora de amor es tan escasa que el enamorado queda orillado al duelo o asesinato por conservarla. En especial, es ilustrativa la anécdota del rabino que compra a Cunegunda como esclava, de la cual se enamora y ella lo desprecia, pero es obligada a servirle por la fuerza; luego surge un inquisidor católico para exigir su parte en los favores sexuales de la chica bajo la amenaza de procesar al judío en la Inquisición. Querer la liberación de Cunegunda empuja a Cándido hacia sucesivos desafíos mortales del rabino y asesinato del inquisidor, de tal modo que se violenta el espíritu pacífico del personaje[5]. Pero, ironía de la vida, la belleza humana —motivo de periplos, pasión y reto— es flor de un día que, invariablemente, conduce a su final y es mejor ignorar para evitar mayores infelicidades[6].
La asociación forzosa de la belleza femenina con el blasón nobiliario, desde este presente nos parece una anécdota insignificante, pero en el Siglo de las Luces no lo era, pues ahí ocurría una compleja fusión con las ideas de linaje: la nobleza era asunto de sangre, la calidad de las personas se identificaba con un sentido de superioridad social, indicado por la palabra clave de "majestad".
Ya es bastante conocida el hambre de oro iniciada desde el Renacimiento; pero aquí  llama la atención que la imaginaria abundancia de metales en El Dorado se convierte en indiferencia y distancia satírica. El curso completo de la novelita contiene un sentido ejemplar, porque la fortuna salida de América se termina aceleradamente. Además, mientras hay dinero existen desgracias incrementadas, porque retenerlo es exponerse constantemente al latrocinio y robo. Cuando se termina la fortuna se abre posibilidad de reconciliación con el trabajo, que antes no era posible.
Para la fantasía religiosa las existencias de "salvación" son aún más limitadas que las de oro y joyas. Las menguadas posibilidades de obtener salvación dependen de una lucha constante contra la degradación y el crimen. Pero en una dialéctica perversa (la Contrarreforma) demostrar religiosidad y buscar la salvación depende de que se asesine a herejes; en esta situación volteada y enajenada la Salvación depende de la Condena. El espectáculo público de las ejecuciones (autos de fe) condensa una política del terror, que anuncia: "Tú puedes ser el próximo"[7].
Con un horizonte de menor conocimiento científico la idea de sabiduría es más atractiva, como si se pudiera llegar a captar completa la esencia del cosmos con una sola mirada y en acto de captación instantáneo. En cambio escasean los conocimientos verdaderos, aunque Voltaire esté muy convencido de su importancia. Al "sentido común" de su siglo, el autor lo dictamina como un gran chachareo, un "pan-chisme" manifestado por el maestro optimista. En el estado de conocimientos de la época se capta como una posibilidad concreta realizar una colección sistemática de todo el saber y Voltaire es uno de los principales promotores de la famosa Enciclopedia. Afortunadamente, este tipo de riqueza, en sí no es tan conflictiva, pues el vulgo no reconoce su importancia, y las consecuencias negativas se presentan cuando existen acusaciones de herejía, pero no porque se quiera expropiar el saber (como el oro o la mujer) sino para castigar una perturbación y descrédito sobre la iglesia católica. Sin embargo, Voltaire con sentido de la ironía insiste en la falsedad de esta posesión, en el sentido de insatisfacción de los doctos, en su ingenuidad y en su falta de sentido práctico.

Escenas arquetípicas y caricaturas
La narración posee la fortuna de mostrar varias escenas que se conservan cual arquetipos de situaciones humanas. Por ejemplo, el caldero de agua hirviendo y alrededor caníbales dispuestos a devorar a los prisioneros se ha conservado como una escena clisé que se repite. Los caníbales con el caldero listo dibujan una escena con algún encanto entre cómico y tétrico. ¿Qué decir de un rey que aparece justo un momento antes de que se cumpla una sentencia contra Cándido? La oportunidad del rescate, con una gracia superior es otro clisé repetido, pero eficaz. Otras escenas son menos típicas, pero dan lindos argumentos para recordar, por ejemplo, cuando los católicos portugueses recomiendan autos de fe, quemando personas, para prevenir futuros sismos destructivos. La ridiculez de ese argumento y la insensibilidad ante la tragedia dibujan un monumento a la ignorancia. En conjunto, la novela reúne un catálogo de peripecias y situaciones llamativas que, con disimulo, se han deslizado en la imaginación colectiva.

Pornografía ilustrada desde el anonimato
La historia de Cándido contiene tonos subidos para relatar las peripecias con mujeres. Decir que dos indígenas corrían desnudas por la selva, perseguidas por simios que les mordían el trasero ahora dibuja una escena sin mayor picardía ni atrevimiento, pero en el siglo XVIII esto violaba las reglas de la decencia. La represión sobre el tema erótico entonces formaba un tabú hacia las diversas asociaciones, hasta se establece un silencio condenatorio de tal espesura, que ya no era posible hablar abiertamente de la sexualidad, sino que debe ser aludida, insinuada o mostrada por ausencias. El pudor crece por su dinámica y cada vez encuentra más motivos para tomar distancia respecto de un centro oculto, y el pudor literario exige el disimulo, la completa "poetización" (abstracción) del objeto del deseo. Por lo mismo es un autor anónimo el que habla claramente sobre cuerpos desnudos y deseos carnales, tanto porque es peligroso y el autor vivo toma distancia frente a sus fantasías. En la mayoría de las escenas se trata de una pornografía muy objetiva, una simple mirada indiscreta, un voyerismo ocasional, como cuando se refiere a dos chicas perseguidas por gorilas, animales que Cándido mata y resulta que las mujeres lloran porque las bestias eran sus queridos. Incluso está la referencia a otra historia, como una salida de la trama principal, como para seguir mostrando sus tesis; por lo mismo las preferencias homosexuales de un jesuita se aluden a lo lejos, sin cuestionar su veracidad y sin abordar el sentido interior de las transformaciones. En especial, las anécdotas de curas son importantes por la tarea crítica que acarrean, porque señalar errores de la iglesia era considerado hasta un delito de pena capital, y esa institución se había abrogado el privilegio de acaparar la educación sexual a todos los niveles. La sátira y denuncia eficaz de las braguetas persignadas sirve para los argumentos de la tolerancia: trasfondo del pensamiento de Voltaire.

El mundo es personaje
Algún crítico literario extendió la queja en torno a los débiles personajes de Voltaire, pero es un cuento útil para sostener la tesis "este no es el mejor de los mundos posibles" y dar un segundo efecto de fuerte crítica al statu quo. Para demostrar esa tesis queda en convertir al mundo en "personaje", porque la argumentación debe ser exhaustiva. Contra esa deformación “armonicista” del fantasma de Leibniz, en esta novela las demostraciones multiplican eventos, personajes y anécdotas. La confirmación de maldad debe ser apabullante y en alud, de tal modo que esa caricatura optimista no pueda escapar hacia otro confín de perfección y, sin embargo, lo hace. Lo que falla y está mal no es un aspecto o dos, sino el conjunto, por eso se pregunta a todos los pasajeros de barco sobre sus desgracias y el resultado es coro griego: unánime. No es que las mujeres sean desgraciadas y los varones agresores sean felices o que los jóvenes sean dichosos cuando los ancianos sufren o que los ricos ríen cuando los pobres lloran o que los cristianos disfrutan de una especial gracia divina cuando los musulmanes la han perdido o que los salvajes sean buenos por no estar corrompidos en la civilización mientras los europeos padezcan los males artificiales o que los inteligentes se salgan son la suya cuando los tontos caen o que los bribones siempre saquen ventaja de los cándidos. En definitiva no es que unos estén mejor que otros, sino que el malestar atraviesa todos los grupos sociales y situaciones. Esa conjunción de situaciones viciosas integra el orbe, así la tesis literaria muestra que funciona pésimo. El viaje constante sirve para indicarnos que los problemas no son locales, de países o regiones, sino universales, en cualesquiera territorios, excepto en una utópica zona de El Dorado o en un huerto de gente laboriosa. Quedan algunos pequeños espacios en blanco, que ofrecen paz ante un universo pletórico de desgracias. La misma inocencia de Cándido es una promesa de mejorar  la situación, pues su sentido generoso del amor es ya una proposición romántica[8], de contravenir las reglas del juego del egoísmo dominante.
El personaje principal es un mundo enfermo, donde se puede demostrar que no existe tal perfección, y más bien, domina una cadena de desgracias. Sin que se trate de un programa de reforma social, se adivina una actividad crítica, que búsqueda de nuevos horizontes; tampoco describa el "peor de los mundos posibles", sino de un espacio híbrido desgraciado, que no es comprendido por el sistema de pensamiento rígido de sus contrincantes[9].

Sed satisfecha
La orgía de desgracias que sufren los personajes sacia la avidez de cualquier lector; las desventuras resultan bastantes y no se requiere de más tropiezos. La tensión constante sobre la posesión de las riquezas se apaga en base a resultados tristes: la riqueza acumulada trae desgracias y se gasta a una velocidad decepcionante; la belleza se acaba pronto; los honores y poder de los grandes líderes suelen terminar en desgracias y además no debería importarnos demasiado su destino. El argumento de veredicto positivo o negativo sobre la perfección o maldad del mundo no resulta en una satisfacción especial para los personajes, dando casi lo mismo inclinarse hacia una opinión u otra, aunque el pesimista parece estar mejor adaptado ante las decepciones inevitables. Al desembocar al remanso del desenlace, Voltaire pareciera proclamar un sencillo discurso moralista: en el trabajo está el remedio contra tres males: “el aburrimiento, el vicio y la necesidad.”[10] Por tanto, recomienda mantenerse trabajando y no involucrarse ni poco ni mucho entre los grandes asuntos y viajes.

NOTAS:




[1] Pareto indica una idea tomada directamente del mejor de los mundos posibles, cuando considera que el mercado llega a tal equilibrio que ninguno puede mejorar sin que otro empeore: su concepto de eficiencia.
[2] Cándido, p. 48.
[3] KANT, Emmanuel, Crítica de la razón pura.
[4] Todavía se considera tal individualidad un caso extraordinario, una situación de movimiento perpetuo, difícil de cumplirse en la vida cotidiana. Lo cual nos hace pensar en un estado vital naciente del individualismo donde un amplio público literario observa el perfil de algo inexistente. Un intelectual confrontado y, en esa cierta medida aislado, como Voltaire es el vehículo adecuado para captar y expresar esa ampliación de una sensibilidad, que remonta en línea continua desde el Renacimiento.
[5] Cándido, p. 14  “—¿Cómo ha hecho vuestra merced., siendo de tan suave condición, para matar en dos minutos a un prelado y a un Judío?
—Hermosa señorita, respondió, cuando uno está enamorado, celoso, y azotado por la inquisición, no sabe lo que se hace”
[6] Hasta pareciera que la belleza es un don tan traicionero que sería mejor pasar de largo, como si fuera el canto de las sirenas.
[7]La Salvación es una forma enajenada de la trascendencia, que pasa a depender de un código especial para ir al más allá, por lo que se puede convertir en su contrario, como la Condenación terrena, el asesinato.
[8] Aunque existe también una violenta contraposición entre el racionalismo de Voltaire y el romanticismo de Rousseau, ya se anuncian ciertos cambios de interés y enfoque, anunciando el tiempo del romanticismo literario.
[9]Digamos de paso que Voltaire concebía al sistema como los escolásticos, a modo de un reglamente cerrado de tesis que conducen a particularizaciones. En ese sentido, el sistema se podía convertir en una jaula.
[10] Cándido, p. 49.

viernes, 4 de julio de 2014

CIELITO LINDO… PSICOLOGÍA DE LA DERROTA Y EL LADO MARGINAL


Por Carlos Valdés Martín

El maestro dijo sonriendo que cantaríamos una que todos se saben:
—Vamos a cantar la canción de Quirino.
Entre los alumnos nos miramos incómodos, aunque el profesor de música solía jugar bromas. Se extendió el silencio en el lugar. Frunció el ceño, en un sutil regaño y volvió a sonreír desarrugando la frente:
—Entonces la de Fidelino Mendoza.
Luego de otra incómoda pausa, una alumna respondió:
—Esa es muy difícil.
Y un coro de oportunos, asintió con la cabeza.
Conteniendo la risa nos volvió a interrogar:
—No es posible que ninguno se la sepa:
—Es la misma de Cortés, por último apellido.
Siendo que esa es la clase de música, pues no tenía sentido que mencionar al conquistador de México, así que muchos sospecharon una charada:
—Más pistas, por favor.
El profesor dejó seguir la tensión unos minutos más hasta que reveló su secreto mientras miraba un apunte: “Quirino Fidelino Mendoza y Cortés es el autor del famoso ‘Cielito lindo’ que supongo varios sí se la saben”.
Surgió un alud de jocosas respuestas y con alegría nos dispusimos a entonar un “Ay ay ay ay/Canta y no llores/Porque cantando…”

Moda deportiva

La famosa canción Cielito lindo se pone de moda periódicamente durante competencias deportivas, donde alguna selección nacional arrastra seguidores emocionados. El caso típico es el futbol con una Copa Mundial, donde esa canción se convierte en una especie de segundo himno nacional, para repetirse en los estadios y concentraciones populares.
Esa popularidad de una canción en especial posee buenos motivos que se van sumando: una melodía agradable y fácil, una letra pegajosa, la evocación de emociones colectivas. Esta composición de Cielito lindo no fue creada para competencias deportivas y eventos públicos, sino para fines más particulares y con una mezcla de alegría y romanticismo. ¿Por qué está tan asociada a nuestras festividades deportivas?

La proyección deportiva

Cuando escucho esa canción en el público me imagino que el sendero entre cantinas y estadios es sumamente corto, basta un paso de la imaginación para saltar desde la algarabía etílica hasta las gradas deportivas. Lo curioso es que a los escenarios deportivos nos movemos buscando las mieles de la victoria y, en este caso, nos ambientamos con cantos que hablan de la tristeza extrema unida a la belleza musical, curiosa mezcla que recuerda más a la temida derrota.
Para comprender cómo resulta tan alentador cantar el “Cielito linto”, que empieza con versos para consolar al derrotado, debemos ubicarnos en nuestra propia piel de espectadores. ¿Qué hacemos mirando a los atletas? ¿Por qué es tan popular convertirnos en espectadores de  deportes? La industria deportiva es multimillonaria y en el planeta los aficionados se cuentan por cientos de millones. Esa popularidad no es casual, pues en los escenarios competitivos se representa el drama de la victoria o derrota que tan fácilmente nos apasiona. En el “mundo real” ese dilema resulta muy serio, la derrota puede resultar catástrofe (el cierre de una empresa,  la quiebra de un proyecto de vida) y la victoria ser crucial (la conquista del amor, un ascenso laboral, una posición de poder). Dentro del escenario deportivo la importancia de ese dilema (ganar/perder) se mantiene para los participantes, incluso en la forma de premios millonarios además de honra perpetua (aclamados como héroes en los países); en cambio, para los espectadores el dilema se refiere casi solamente a las emociones, a menos que se conviertan en apostadores.
Aclarando la pregunta qué hacemos mirando a los deportistas, existe la respuesta de la psicología que nos remite hacia una “proyección”. En la proyección psicológica uno se siente igual a quien mira y sus acciones se sienten como propias, por eso también el partidario estricto se viste con la camiseta de su equipo y pinta la piel con colores. Esa proyección psicológica es muy común y no representa un exceso mientras no se rompan lo límites entre la ficción periódica y el sano sentido de conservación.

Emociones nacionales

Lo que gusta del Cielito lindo es que combina emociones y mensajes. Las primeras dos frases son una mezcla directa de opuestos: el lamento y la alegría que consuela mediante el canto. Un coctel de sentimientos rápidos y un resultado que se dirige hacia el órgano al que se atribuye el sentimiento hondo: corazón.
Recordando esas estrofas son:
“Ay ay ay ay/Canta y no llores/Porque cantando se alegran/Cielito lindo, los corazones”
Comienza con un lamento, sigue la invitación al canto y a no seguir llorando; luego el argumento de que la alegría es preferible y la referencia a los corazones. El acompañamiento musical que ha predominado es el mariachi que estira la emotividad al extremo con sílabas prolongadas y gemidos largos. En grupos alegres se entonan estrofas más gritadas que cantadas.
Sonorizar con mariachi alguna canción mexicana es volverla doblemente nacional, pues la asociación de ideas se multiplica y el ambiente resulta hondamente típico. En cuanto escuchamos esta composición melódica acompañada por una dotación de mariachis no hay duda sobre la intención nacionalista de su interpretación.

Simple gemido y consolación

Ya puesto el marco de los colores nacionales viene una pregunta obligada: ¿el sentimiento puro es nacional? El onomatopéyico “Ay ay ay ay” representa un recurso a lo básico, accediendo a un nivel previo a las palabras, simple sonido de bebés o de urgencia emotiva, como quien se ha martillado un dedo y grita. A ese nivel estamos en un situación más sencilla y directa, por tanto, son las emociones previas a un código —diríase— quedamos a nivel pre-social y, por tanto, a nivel pre-nacional.
Pero la canción misma se mueve en su discurso y transita desde ese grito primario hacia las recomendaciones: “Canta y no llores”. En el segundo nivel, el dolido “Ay ay ay ay” se ha convertido en un deber agradable, la recomendación de adentrarse en la música y no en el dolor, trascender la tristeza para subir a la alegría. Eso también implica una suposición: existe más de un personaje en ese argumento, pueden ser dos: uno lastimado y otro consolado, o bien, el yo interior se ha desdoblado para consolarse. Quien se lamenta originalmente es “Cielito lindo”, llamado con metáfora de poesía y cariño. ¿A quién se le llama cielo? A quien se ama, no veo más posibilidad. Entonces ese diálogo musical posee mucho de consuelo y romance, según confirma la segunda estrofa, donde ya aparece un claro piropo hacia una pretendida, la cual está adornada con un lunar junto a la boca.
Ya que existe quien consuela a quien es reconfortado, debemos preguntar ¿esto sucede en la justa deportiva? Al contrario, por su estructura de competencia de oponentes, la posibilidad de la derrota está siempre presente y surge la dualidad frente a cada victoria. Entonces un público entonando cantos de consuelo, sin duda, está anticipando la derrota, lo cual no deja de ser curioso cuando el objetivo del contendiente es la victoria.

De cuando surge algo ilegal

En el título anticipé que existe otro sesgo curioso en esta canción: deleite por lo marginal. La palabra “contrabando” aplicada en el contexto resulta muy reveladora. Recordemos la estrofa segunda:
“De la sierra morena/Cielito lindo vienen bajando/Un par de ojitos negros/Cielito lindo, de contrabando”
La aplicación de término a los “ojitos negros” es significativo de varios supuestos culturales y psicológicos. El contrabando implica una prohibición de mover bienes, pero no se aplica a personas; es alguna autoridad la que establece esa diferencia entre bien legal para el comercio y lo contrabandeado. El contexto del verso implica un saltarse una supuesta autoridad, burlarla o engañarla; sin embargo, también contiene algo irreal, porque los ojos de “Cielito lindo” no son mercancías de contrabando. Quien escucha comprende de inmediato que ese bajar ilegal es metáfora; la prohibición que se está rebasando no es comercial, sino una sombra indefinida de las autoridades parentales y considerando esto en el contexto del siglo XIX y XX, cuando los padres mantenían control sobre las mujeres y debían dar permiso para sus enamoramientos. En ese periodo, el enamoramiento sin aprobación implicaba un saltarse las trancas y rebasar convenciones sociales, en ese sentido, era un sentimiento que se “contrabandeaba”. Ha cambiado la estructura familiar, pero en la actualidad, ese efecto permanece vivo a nivel psicológico, por cuanto la pasión implica algún tipo de oposición con trabas internas, parientes que son celosos o la dificultad por el típico origen social contrario.

Diminutivos cariñosos

En la usanza regional del español, el uso del diminutivo posee un sentido cariñoso y, en este caso, no ofrece una curiosa metáfora de contradicción extrema de la cual pocos se percatan. Por naturaleza, el cielo es lo enorme de la bóveda celeste y debe recordarnos lo más grande, por eso es un tema de asociación religiosa constante. Al aplicarlo con diminutivo a una persona, resulta que lo enorme queda cercano y confinado, en cierto sentido, hasta domesticado. El uso del cielo para la metáfora pasional es muy frecuente y no es raro utilizarlo para referirse a la persona amada.
En la canción se juega a un doble diminutivo cuando “Cielito” tiene “ojitos”, en una correlación de fantasías. No se refiere al tamaño de la persona ni de los ojos, sino a que existe afecto especial por los ojos de ella. Al mismo tiempo, que la imagen se colorea con un tono de “morena” y de “ojos negros”, por tanto la referencia es directa hacia la población morena, siendo un canto dedicado a la belleza autóctona.

El debatido origen

Algunos han procurado desmenuzar esta canción y remitirla a orígenes de coplas andaluzas y otros fragmentos de poética, incluso bíblica. En particular, la Sierra Morena es una codillera andaluza, donde se han localizado cantos sobre amoríos y “contrabando”, sin embargo, en la canción analizada no está definido ese sitio, sino que pareciera ser más una adjetivación de cualquier sierra calificada de morena. Que Quirino Mendoza, autor de esa pieza, debió rescatar fragmentos de aquí y allá para inspirarse o armar su pieza, resulta la hipótesis más plausible, pues el músico siempre está rodeado por su circunstancia y busca cautivar al público. Debido a la popularidad de esa canción, investigadores de otros países han intentado apropiarse la paternidad de ese canto buscando concienzudamente fragmentos parecidos, sin embargo, ninguno ha encontrado una pieza completa idéntica. Sin importar el grado de deuda con los antecedentes, el “Cielito lindo”, desde hace mucho adquirió “vida propia” y se ha convertido en una fenómeno que poco debe a oscuras coplas anónimas del siglo XVII.

Los estribillos abandonados y olvidados

Los últimos estribillos sufren de ostracismo, guardan silencio y las legiones de repetidores, acostumbran omitirlos. Y no es que sean cacofónicos, simplemente no están a la altura metafórica y sentimental del resto de la canción. A eso los cito:
“De tu cama a la mía, cielito lindo/no hay más que un paso, ahora que estamos solos,/cielito lindo dame un abrazo… Pájaro que abandonas, tu primer nido, /tu primer nido, que cuando lo abandonas,/cielito lindo lo hecha al olvido”.

Esos últimos versos no están hoy a la altura emocional de los primeros, porque las costumbres actuales no dan un sentido gracioso a lo dicho. La costumbre de las camas separadas de los matrimonios dejó de seguirse desde hace tiempo; ahora lo usual es la “cama matrimonial” funcionando como toda una institución. Cuando platica uno sobre eso de “camas separadas” la gente se extraña ¿Alguna vez sucedió? Aunque no lo crean, incluso las personas casadas no dormían en la misma cama: así de censurado resultaba el sexo bajo el imperio católico tradicionalista.
Sucede algo parecido con el tema del pájaro desanidado, que más pareciera referirse a una nostalgia por la casa parental y la adaptación de las hijas casadas que a un juego pícaro sobre un primer amor abandonado. Ni el abandono de la casa familiar posee tensión emocional (desde hace mucho se recomienda a los jóvenes para que vivan por su cuenta) ni la existencia de un segundo amor resulta un escándalo social (el tabú de la virginidad y la exclusividad femenina se ha desvirtuado).

El coro feliz

Desde la cultura griega quedaba claro que el coro representaba alegría y triunfo, porque la reunión festiva al conectarse con canto y sincronía ofrece un resultado que alegra los corazones. En la agrupación melódica y espontaneísta dentro de un estadio deportivo sucede una mutación emocional espontánea. Para Elías Canetti esa alquimia emocional surge de la “inversión al miedo de ser tocado”[1], cuando el aislamiento e indiferencia que separa a los ciudadanos se convierte en una cercanía de contacto que alborota a las masas. Ese estado de ánimo de masas puede variar mucho según circunstancias encontrándose desde la furia hasta la euforia; en fin, cualquier estado de ánimo se potencia en situaciones de aglomeración. La música alegre sirve para promover una alquimia específica en la masa reunida para darle la forma de un coro, así una multitud conjura su congoja o bien su miedo a estar triste para permanecer contenta al son del “Cielito lindo”[2].


 Notas:



[1] CANETTI, Elías, Masa y poder.
[2] Resulta significativa la evocación de la imagen del cielo cristiano al modo de coros angélicos, conectándonos con la idea de masas alegres y sublimes. Cf. HUXLEY, Aldous, Cielo e infierno.

martes, 24 de junio de 2014

ALTERNATIVA AL HOY NO CIRCULA: ECOLOGÍA Y SOLUCIÓN




Por Carlos Valdés Martín


Esta es la parte final (la 14a.) de la serie sobre el riesgo de extinción de los automovilistas, donde se plantea la única salida imaginable en el cambio tecnológico hacia vehículos amigables con el medio ambiente. Mientras los gobiernos sueltan más "parches" para el problema y dejan de lado la solución de fondo. 

Ecología y la solución de fondo. Dicen los especialista que el efecto de contaminación por automotores no se detendrá lo suficiente mientras no se renueve y cambie la tecnología disponible al consumidor directo. Por un lado, está documentado que la industria automotriz fue privilegiada por los gobiernos y resultó eje del crecimiento de las grandes potencias. Conforme esa gran industria automotriz resultó exitosa, el efecto contaminante causó alarma. Una vez establecido el objetivo (ecológico que todos compartimos) para rescatar el aire puro y usar menos materiales no renovables, la política de gobierno no procedió desde el origen y no atacó la causa. El origen de los productos es la producción, empero resultaría absurdo solicitar a los automovilistas que ellos inventaran sus vehículos no contaminantes. Los nuevos automóviles bajos en contaminantes, movidos mediante energía eléctrica limpia o solar, no son ofrecidos en el mercado a un precio accesible, de tal modo que sustituyan a las unidades existentes. Los ecologistas se quejan, con sobrada razón, de la lentitud en el cambio hacia el vehículo eléctrico (o de otra tecnología limpia) y sospechan que los intereses petroleros y la inercia de la misma industria automotriz conspiran para retardar un cambio inevitable. Porque de que vendrá el cambio de tecnología, claro que llegará.
¿De quién es la culpa en esa tardanza? No es de los propietarios de vehículos, sino del costo inaccesible del vehículo alternativo. En lugar de una solución de fondo, que consiste en migrar de modo forzoso hacia una nueva tecnología, se hostiga de mil formas a los automovilistas. De manera subrepticia, los Estados y las empresas monopólicas dejan el tema sin solución y lo deslizan hacia el “rival más débil”. El costo moral y económico del desastre ecológico causado por la oferta de la industria automotriz se descarga en los automovilistas. ¿Los gobernantes que favorecieron la implantación masiva de la industria automotriz? No son tocados. ¿Los dueños de la industria automotriz? No son molestados. Además, la élite de la pirámide política y económica ignora la mayoría de estos problemas del simple automovilista, porque ellos tienen choferes que los movilizan en camionetas blindadas, con guardaespaldas y servibar, y, además, utilizan aviones y helicópteros como alternativa.
Si los gobernantes y dueños de la industria sufrieran a diario un cúmulo de molestias y hostigamientos, como los descritos sobre los automovilistas, estoy convencido que ya hubieran puesto manos a la obra para cambiar de modo radical la situación.
Mientras la solución de fondo espera, la situación del automovilista en cada megalópolis sigue siendo patética y casi desesperada. Maltratado de una y mil formas el conductor y propietario de su carrito, está en condición de “especie en peligro de extinción”, sometido a percances artificiales, producto del pésimo diseño urbano y políticas urbanísticas discriminatorias. Si la asociación “del rifle” norteamericana resulta tan fuerte para cabildear un interés tan cuestionable, ¿son tan débiles los automovilistas o ciegos para mostrar sus intereses? La pregunta queda al viento ¿algún héroe salvará al automovilista del hostigamiento y presionará lo suficiente a la élite privilegiada de políticos y grandes dueños para apresurar el cambio necesario?  Se vale soñar.