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domingo, 3 de abril de 2016

RESEÑA DE LA POSMODERNIDAD (EXPLICADA A LOS NIÑOS)






Por Carlos Valdés Martín

Presentación
El libro La posmodernidad (explicada a los niños) es una clara presentación de las posiciones del filósofo Jean-Francois Lyotard en torno a la posmodernidad[1] y la más generosa respuesta a sus detractores. Elaborada en base a cartas —datadas alrededor de 1982 a 1985— y publicada al año siguiente, esta obra recoge las reacciones encontradas que provocó su famoso ensayo La condición posmoderna del 1979, el cual es una obra más especializada en la situación de los saberes, donde evaluó el curso de las ciencias, la academia y los modos de legitimación social[2]. Debido a las repercusiones en el mundo intelectual académico, se perfiló con más amplitud si existía una tendencia de cambio de época, con un final de la modernidad y un paso a la etapa posmoderna, cuestión que discute con agudeza. Abarca los diferentes aspectos implicados en el “cambio de los tiempos”, debiéndose anotar que escribe antes de la caída de la URSS, con todo lo que abonaría ese evento para sus interpretaciones. Los temas no se limitan a la filosofía, sino que abarcan el conjunto: artes, cultura, educación, política, comunicación, economía… La riqueza de enfoques agregados hace más valiosa la capacidad de síntesis de Lyotard y, por eso mismo, requiere de aclaraciones y anotaciones.
El título sobre los “niños” alude a sus críticos, pero posee otros sentidos, pues en sus propios textos procura recuperar la frescura de la infancia y abordarla desde nuevas perspectivas; pues si estuviese surgiendo otra época, entonces nuestras mentes operarían a nivel de infancia. 

La posmodernidad explicada
Los ánimos adversos ante el ambiente posmoderno: La irrupción de lo posmoderno, para Lyotard comenzó por una percepción colectiva imprecisa, algo así como un estado de ánimo social. Su explicación la muestra en las sutiles manifestaciones y quejas de quienes pretenden anular las vanguardias artísticas o retroceder hacia los ideales de la modernidad y hasta de la Ilustración. Así comienza Lyotard: “Nos encontramos en un momento de relajamiento, me refiero a la tendencia de estos tiempos. En todas partes se nos exige que acabemos con la experimentación en las artes y en otros dominios.”[3] Encuentra ciertos ánimos “reaccionarios” que piden terminar con las tendencias nacientes: quejas contra el vanguardismo artístico; lamentos contra la falta de sentido y, por ejemplo, rechazo a Mil mesetas[4]; regreso a paradigmas religiosos; vuelta a la Ilustración; etc. En reacción a esa percepción de una cascada fragmentaria de eventos, hay una reacción digna de debate en Jurgen Habermas[5], quien señala el centro del problema en una experiencia fragmentada (los diversos mensajes, gustos, vanguardias, etc.) ante los cuales se debe practicar algo: un esfuerzo para ir “franqueando así un pasaje hacia la unidad de la experiencia”[6] A modo de cuestionamiento, Lyotard se pregunta ¿cómo se pretende tal unificación de la experiencia? Una opción (hegeliana) sería la integración de los elementos en un todo sociocultural orgánico sin cuestionar las experiencias. Otra opción (kantiana) es un orden distinto para franquear los elementos heterogéneos, lo que implicaría suposiciones cuestionables como el sujeto y el progreso[7].
Las vanguardias artísticas vulneradas: Con ironía Lyotard cuestiona el desmontarse de las vanguardias, cierta animadversión contra ellas o la práctica de disolverlas mediante su yuxtaposición: donde el eclecticismo de colocar muchas vanguardias juntas, las rompe[8]. Simultáneamente, para él resulta inviable regresar al “realismo estético”, academicismo o clasicismo del arte, argumentando que esa imposibilidad proviene desde la “desestabilización de la realidad”[9]
El realismo-vanguardismo corresponde a la modernidad: El realismo estético corresponde con la condición moderna y la relación efectiva entre los artistas con su “realidad”. Hacia 1850 cundió la experiencia estética opuesta al romanticismo y su exceso sentimental, cuando los grandes novelistas y cuentistas se propusieron emplear una especie de aproximación “científica” a su realidad, reflejándola con fidelidad. “El realismo enfocaba así la transformación del arte burgués en una cultura proletaria por su forma nacional y por su contenido, legitimándose en los albores de la ciencia, de la sapiencia, de lo Real y Verdadero. El realismo es el reflejo de la condición de lo modernidad.”[10] Aunque en el texto no lo sistematiza, cabría anotar que el vanguardismo estético se levantó enfrentando al realismo, y esto fue sucediendo hasta que a mediados del siglo XX, ocurrió un cambio de tendencia, que en algún punto, alcanza su extremo y cesa de ser vanguardismo en el sentido anterior, para entrar en un eclecticismo, que se verá adelante, es propio de la condición posmoderna.
Los medios industriales acentúan la fantasía de un realismo: Argumentando sobre Walter Benjamín, sostiene que la reproducción mecánica industrial de la fotografía y el filme permiten una identificación inmediata en el público, que promueve un efecto realista[11]. Ese continuo afán realista lo denomina Lyotard como pornográfico, por eso de aludir a una metafórica “desnudez” de lo real. Contra ese discurso realista (lo obvio de lo inmediato), el artista vanguardista mantiene un desafío al reinsertar la duda y ser incomprendido.
La pregunta estética actual (posmoderna): la pregunta estética ya no es “¿qué es lo bello?... sino ¿qué sucede con el arte (y la literatura)?”[12] Lo cual es una pregunta a contracorriente, que pasa por la auto-crítica del arte y su posición, etc.
Ejemplos de realismo artístico cuestionado: Sus ejemplos las creaciones de arte bajo el dominio del Partido-dictadura, en el periodo soviético y nazi. Siendo ambos realismos entre académicos y kitsch, con variaciones en sus acentos de comunicabilidad y unidad.
Solución del arte posmoderno: Cuando el poder lo detenta el capital y no un Partido, entonces la respuesta del arte es posmoderna. Ahí opera un eclecticismo, al que crucifica Lyotard, indicando “El eclecticismo es el grado cero de la cultura general contemporánea”[13] Lo llama un “realismo del qué-más-da” a modo de paradoja, en una mezcla de vanguardias sin criterio estético alguno, bastando que sean vendibles y por tanto aceptadas.
Lo sublime estético: Este tema sirve como eslabón clave en el argumento de Lyotard, para definir la posición de lo moderno y su paso a lo siguiente; el arte moderno además de realista ha sido romántico-sublime, definido al modo de Kant[14], que implicó una desmaterialización en favor de un espíritu inefable, que para este análisis se desliza a hacia lo “impresentable”, un enmascaramiento difícil de explicar. Ya en lo sublime existe una escapatoria de lo real, al tiempo que un remitirse a ella; situación que se desquebraja con lo posmoderno.
La fantasía de apresar la realidad: En la visión de Lyotard, la pretensión de apresar la realidad es una agresiva pretensión de obtener el Todo, con las consecuencias del terror. Remite hacia la añeja denuncia de que la Razón es totalitaria, cuando pretende comprender el Todo[15]. Pregunto: ¿No era mucho más totalitario dejar la comprensión en manos de Dios interpretado por el sacerdote o el monarca? Como sea el totalitarismo político del siglo XX fue tan atroz que valen las precauciones, incluso las excesivas de Lyotard.
Que modernidad (básicamente) es alimentarse de meta-relatos de universalidad: Para Lyotard el factor crucial que define lo moderno es su alimentación de una serie de meta-relatos ligados a una universalidad que redime de diferentes maneras. Básicamente incluye estos: emancipación por la razón y la libertad (educación incluso), emancipación por el trabajo (progresiva Fabiana o socialdemócrata) o catastrófica (revolucionaria, marxista o ácrata), enriquecimiento (desarrollo) por la tecno-ciencia capitalista y hasta redención de las almas por la salvación progresiva (cristianismo y otras religiones universales)[16]. Estima que Hegel re-totaliza esos relatos sin faltarle alguno, por eso contiene a la modernidad entera[17]. 
Que esa modernidad del meta-relato fue liquidada: Los modos de liquidación del meta-relato son dos, mediante el éxito de la tecno-ciencia y una vulneración del “pueblo”, según se argumenta adelante. El predominio de los resultados del progreso científico-técnico trayendo bienestar o desarrollo[18]; marca un predominio sobre los otros relatos (la razón, la libertad) que Lyotard evalúa liquida a la modernidad. Se comprueban los hechos de la tecno-ciencia y hasta resulta “encantadora” pero se pierde legitimidad, pues no hay un criterio aceptado para su éxito[19].  
Pueblo, fuente de legitimidad es negado en holocausto: Si bien el pueblo queda como la fuente de legitimidad moderna, en la disputa política se convierte en una Idea cuestionable, y surge hasta la guerra civil, donde cada bando posee su propio pueblo[20]. Entonces “Auchwitz (…) abre la posmodernidad (…) ya no regicidio sino populicidio[21], mientras la modernidad comenzaría con el regicidio del Luis XVI. “La posmodernidad es también el fin del pueblo como rey de las historias”[22]
Mengua importancia del relato legitimador, pero…: Haciendo una recapitulación Lyotard, comenta que cabe reducir esa preponderancia del relato. Como sea se mantiene la importancia de la narración, aunque el tipo de relato se vuelve menor. Si se exagera (lo acepta) el relato se convierte en una especie de trascendencia suprema, una categoría kantiana digamos, lo cual es un exceso[23].
“Amo de la naturaleza” ofrece una paradoja: Primero, el término naturaleza se va expandiendo hacia todo; por tanto la naturaleza dominada es él mismo. Luego se acaba cuestionando ese mismo término, con el efecto creciente de la tecno-ciencia.
Hacer historia es integrar el relato: Explica que desde la modernidad se integra el saber en historias. Así ha sido, ¿seguirá hacia adelante? La pregunta más precisa es si “podemos seguir” organizando la infinidad de datos recibidos, “bajo la Idea de una historia universal de la humanidad”[24] La respuesta requiere de aclaraciones.
Primera aclaración: El mero continuar, remite al principio ¿cuándo comenzó la modernidad? Quizá en las remotas Confesiones de San Agustín, que aporta, nada más una nueva narrativa de frases cortas, con unidad por la conjunción más simple. A su modo, el Discurso del método de Descartes es también una variedad de confesión, con los elementos de desposesión de Dios y el camino para recuperarlo.  
Segunda aclaración: Repite la pregunta ¿podemos seguir… organizando los acontecimientos según un historia universal? (palabras más o menos), y comienza desconfiando del “nosotros” de esa pregunta. Es interesante retomarlo en detalle; cuestionado el nosotros, indica que yo-tú es una pequeña parte, que los ellos son muchos y que el ejemplo de las guerras, nos orilla a cuestionar para no arrasar a los “ellos”.
Tercera aclaración: Se pregunta sobre la estructura del “podemos” que es una disyuntiva abierta, pero remite al sujeto… a su vez rebota sobre la racionalidad de la sociedad. El famoso sofisma de “todo lo real es racional, todo lo racional es real”[25] lo enfrenta con Auschwitz; el sofisma de “todo proletario es comunista, todo comunista es proletario” con Checoslovaquia, etc.; “todo los democráticos es por el pueblo y para el pueblo” (se salta la refutación); la refutación del liberalismo económico por las crisis y del keynesianismo también por otras crisis. Anota que la pregunta sobre ¿podemos? Se desliza sutilmente hacia un ¿debemos? Pues lo mejor (deber ético) se ha de elegir para seguir la pista del poder hacer.
La decadencia opera como meta-relato: De hecho la decadencia también es otro meta-relato originario[26] y está ligada a la mitología, la gran fuente de los relatos que arrastraron a los pueblos en su amanecer.
Disquisición sobre los nombres, la cultura y su legitimidad: Pone el ejemplo de un pueblo “primitivo” estudiado por los antropólogo, donde el uso de nombres es analizado en su colocación, difusión, mantenimiento, eficacia y demás… de tal modo que se entrelazan proporcionando identidad cultural y son fuente de legitimidad en esa población. Explica que esa trama forma un “dispositivo narrativo” que proporciona la legitimidad y “El relato es la autoridad en sí misma”[27]
El metarrelato de la modernidad es universalista: El relato de la tribu queda encerrado en sí mismo; la modernidad busca construir una identidad cívica universal, aunque no se sabe cómo llegará a suceder.
Disgregación del sujeto universal y estructuralismo: Anota que el humanista presupone a la humanidad, casi como prejuicio. El enfoque del relato antropológico respetuoso de Levi-Strauss implica separarse del objeto-tribu de estudio; donde no hay continuidad entre el estudio del antropólogo y el relato de la tribu. Con la antropología emerge la diversidad de estructuras y se disgrega la humanidad unificada; por tanto, opina Lyotard que no hay historia universal.
Universalismo contrapuesto en los sucesos para representarlo: Anota una paradoja en la Declaración universal de los derechos del hombre que comienza como “Nous, peuple francais.” Peores ironías encuentra en el movimiento obrero y comunista, siempre contrapuesto entre las pretensiones internacionalistas  y el cumplimiento de los intereses locales, traicionando las pretensiones mediante el “socialismo en un solo país” o el “socialpatriotismo” de las guerras[28]. En cambio, crece el localismo, funciona el nacionalismo[29] y se rompen lanzas en favor de las particularidades.
De nuevo ¿cuál nosotros encarna la crítica?: Fracasado el universalismo, sigue el cuestionamiento. También considera que los intelectuales siguen en la crítica, sin embargo, al intelectual no se le consulta como antaño, cuando salía de la academia para ocupar la tribuna. Lyotard supone que sería viable “trazar una línea de resistencia al desfallecimientos moderno”[30]
Régimen político por vía de Kant: Recurre a La paz perpetua para revelar al régimen totalitario a partir del tipo de discurso. Cabría revisar la posición de Kant sobre qué es más despótico, si la monarquía o la república, cuestión que no es relevante para Lyotard[31]. A su vez, a él le interesa distinguir dos modalidades de enunciados: el normativo (hecho) y el prescriptivo (deber, acción). También separar el tipo de discurso primitivo y el de la modernidad; luego viene el regreso al mito plasmado en los nazis que se legitiman en los Arios.
Anatomía del proceso deliberativo: Lyotard hace una interesante anatomía de la deliberación, partiendo desde el deber ser puro, que divide en 7 partes y muestra sus saltos entre las partes. A. ¿qué debemos ser? B. ¿qué debemos hacer para llegar a ser eso? C. Inventario de los medios para alcanzar tal finalidad. D. ¿qué podríamos hacer? E. Deliberación sobre los escenarios, para convencer del mejor curso (incluso a quien juzgue esto). F. El momento de decisión llamado por Kant el juicio (dice: es el más enigmático de todos, eje del existencialismo sartreano). G. Legitimación de juicio, aunándole sus prescripciones y hasta castigos por infringir el curso decidido[32].
La modalidad del relato republicano opuesto al despotismo: Lyotard anota que el sistema republicano siempre posee muchos futuros, por tanto hay una revisión continua de la decisión; en cambio, la tribu mantiene un juicio cerrado. En la república hay incertidumbre en la identidad del nosotros; en la tribu, no hay divergencia pues ellos siempre son los que deben ser[33]. Asimismo en el despotismo hay un solo relato y un único origen. Siendo muchos posibles, los relatos republicanos se deben proyectar y expandir; no se justifican con su fundación sino con su proyección, en la Idea a realizar (ilustración, luz, socialismo, libertad, bienestar…) Entonces la sociedad real no toma su legitimidad de ella misma, sino de una sociedad “requerida”[34] mediante su proyección, su ser otro o su objetivo práctico.
Vulnera la noción de soberanía: Al plantear que el relato republicano encierra una proyección que coloca la legitimidad fuera de sí, entonces la tesis de Lyotard pone una interrogación en la noción de soberanía. Para él “La soberanía no es del pueblo sino de la Idea de la comunidad libre”[35], entonces la plataforma típica del “Contrato Social” siempre estaría en crisis, más o menos soterrada o evidenciada.
Explica el relato fascista nazi: El relato hitleriano se opone a la universalidad completamente. Lo resume en el círculo cerrado de “Yo, ario, os cuento a vosotros arios, la historia de nuestros ancestros arios, tal como nos ha sido transmitida; escuchadla, informadla, ejecutadla.”[36] El corolario es matar a todo lo no-ario, una purga sin medida, por completo extraña al principio deliberativo, moderno y republicano que incluye a los demás.
A nombre de quién habla el republicanismo: De modo muy sagaz, Lyotard expone que el ideal universal (la libertad para la humanidad) del republicanismo; está presuponiendo una comunidad concreta (la nación). “que esta comunidad sepa nombrarse y honrar su propio nombre por medio del heroísmo, por medio de las ‘muertes bellas’”[37].  Entonces la autoridad es la “imbricación” (superposición de cosas iguales a modo de las escamas de peces: alianza, unión) entre la tradición (el legado heroico nacional) con el Ideal (la libertad universal, derechos para todos).
Molesta escenificación nazi: El fascismo alemán gustaba de poner en escena; con teatralidad para que el alemán se identificara con la representación de sus mitos militaristas. Además también escenificaba aspectos republicanos, pero ahí señala Lyotard que fueron falsificaciones o parodias[38]. Esa escenificación fascista tiene como espectador al Volks y es tan importante el pueblo como su interlocutor. Pretende imponer a sangre y fuego que toda la humanidad sea aria; pero “Necesita del equívoco de la democracia para derrocar a la república”[39].
La Libertad absoluta que deviene en Terror: Recuerda y ratifica el acierto del pasaje de la Fenomenología del espíritu de Hegel que remite una libertad Absoluta (voluntad absoluta del poder serlo todo) como fundamento del terror durante el clímax de la Revolución Francesa. De acuerdo con la interpretación, Lyotard, indica  “La supresión de la realidad por la muerte de los sospechosos consuma esta lógica que ve en la realidad un complot contra la Idea.”[40]
Culpa: El modo de legitimación despótica nazi “engendró en Alemania una culpabilidad que las naciones comunistas desconocen.”[41] Para Lyotard entre los nazis privó el despotismo (estabilización hacia su comunidad aria) y el estalinismo fue más bien ese Terror inestable emergido de la hipótesis de la Libertad Absoluta “enloquecida”.
La verdad relegada por la efectividad de la ciencia (performatividad): El criterio de verdad (filosófico) es sustituido por un efecto pragmático en la ciencia. Para aclarar su reflexión: “La razón científica no es cuestionada de acuerdo con el criterio de lo verdadero o de lo falso (cognoscitivo), sobre el eje mensaje/referente, sino en virtud de la performatividad de sus enunciados, sobre el eje destinador/destinatario (pragmático). Lo que yo digo es más verdadero que lo que tú dices porque con lo que yo digo puedo “hacer más” (ganar más tiempo, llegar más lejos) que tú con lo que tú dices. Una consecuencia trivial de este desplazamiento es que el laboratorio mejor equipado tiene mejores posibilidades de tener razón.”[42] Ofrece una explicación sobre la “ruina” del sabio o profesional del conocimiento (filósofo o científico) en favor del resultado, amenazados como los tejedores por los telares mecánicos. Este pasaje acentúa el aspecto de cognitariado y su sometimiento académico o en el laboratorio científico bajo las finalidades del capital o del Estado, pues marca su utilización por el sistema[43].
La filosofía dominante la define y se opone: Al decaer los meta-relatos decae la filosofía, llamada meta-física. Ante lo inevitable: “Hay que acompañar a la metafísica en su caída, como decía Adorno, pero sin caer en el pragmatismo positivista ambiental que, bajo su apariencia liberal, no es menos hegemónico que el dogmatismo. Trazar una línea de resistencia contra ambos.”[44] Ese pragmatismo positivista sería la “filosofía dominante”, que es menos que filosofía.
Refuta la tesis de que discurso especulativo sea igual a totalitarismo y que estética de lo sublime sea igual a terror[45]: La refutación sería hasta ociosa, si no es que un tal Raulet lo atribuye al mismo Lyotard. Entonces queda obligado a diferenciar a Hegel de Hitler, y definir una hipotética política hegeliana. En ese capítulo Lyotard defiende a Kant, de la crítica de Hegel. “El hegelianismo describe el Terror del mismo modo como ataca la ética kantiana, por el procedimiento habitual: cuando las manos están limpias es como si no hubiera manos. No hay que leer a Kant para creer en esta trivialidad.”[46] Para Lyotard lo que engendra el Terror no es lo planteado por Hegel[47], sino “Se trata más bien de esa interminable sospecha que cada conciencia puede plantear acerca de todos los objetos”[48] Pero distingue perfectamente entre el recelo jacobino (o vulgar) y la “sospecha crítica” (duda filosófica, criticismo kantiano).
Varias defensas de tesis de Kant: Es interesante cuando plantea la distinción entre república y democracia (la Paz perpetua contra Rousseau); la oposición entre facultades y objeto único; argumento sobre el entusiasmo de los espectadores (el pueblo) y su sentido; la libertad abstracta “es una Idea impresentable, y hasta inconcebible”[49]; estima que no existe una política de lo sublime como tal, sería el Terror, pero sí hay una estética de lo sublime en la política, que resulta en teatralidad[50].
Su defensa final ante Raulet: Es superficial y erróneo englobar como un mismo totalitarismo al fascismo y al capitalismo mercantil. Es equívoco acusarlo de “impotencia”, cuando no existe nada “potente”, aunque implícitamente Raulet los suponga (cual un fantasma del Partido de Lenin, sirviendo de arma del proletariado). Comenta la dificultad en la posición del intelectual, en especial, el de izquierda[51]. Rechaza por entero ser calificado de irracionalista, al contrario, defiende la razón, aunque procurando su precisión que lleva hacia el “parcelar” en el sentido de separar campos ejerciendo la razón crítica (en mejor sentido de Marx junto con el de Kant).
Contraste entre corrientes de arquitectura moderna y posmoderna: Esta división en las corrientes de arquitectura, reciben el enfoque de significados, por cuanto el modernismo lo relaciona con una perspectiva de progreso[52], en cambio el posmodernismo arquitectónico se coloca sin tal horizonte y con una tendencia al eclecticismo, que retoma indistintamente elementos anteriores y renovadores.
La diferencia en la creencia en el Progreso y el efecto tecnociencia: en el periodo anterior, siglos XIX y mitad del XX, la diferencia en las tendencias estaba en la creencia del sujeto colectivo al cual redimir (pueblo, proletariado…). En la actualidad, nadie duda que avance la tecnociencia, pero como si fuera un ente autónomo y problemático, que provoca otra dualidad: por un lado, batallas con una complicación[53] creciente, y por otro, un lidiar para sobrevivir mediante los marginados y desplazados.
Efecto en el arte, desaparece la vanguardia, y queda el arte posmoderno (pintura): Una manifestación especial del posmodernismo es la desaparición de la vanguardia artística[54]. El periodo previo con la sucesiva presencia de vanguardias artísticas, lo mira Lyotard como algo necesario, con mucho sentido, con la función de una tarea de análisis de los límites de la modernidad misma; a modo de una tarea psicoanalítica cumplida por los pintores vanguardistas[55]. En ese sentido, el posmodernismo no sería un avance con otro saltarse para colocar nuevas vanguardias, sino una recuperación[56]
Predominio de la idea de emancipación: En los siglos XIX al XX, predominó la visión emancipadora; donde las únicas dos corrientes que la excluirían serían la reacción tradicional y el nazismo. Las diferencias entre liberalismos, populismos, radicalismo, anarquismos y socialismos se minimizan al mirar sus objetivos comunes para un bienestar de la comunidad emancipada.
¿Qué opaca ese ideal básico?: Es el mismo desarrollo de la tecnociencia y los eventos trágicos. Los hechos notables para Lyotard son: unión masiva de ciencia y tecnología; revisión de las ciencias y saberes; y surgimiento de los aparatos de extensión del pensamiento. En otras palabras: la Tercera Ola y la irrupción de las computadoras ambientan el futuro inquieta a Lyotard, y anuncian esa posmodernidad. Este panorama va a implicar una complejización, y alerta contra los gritos de los simplificadores[57], que pueden arrastrar a la clase política al abismo.
Metáfora del decorado y el viaje al cosmos: Lyotar usa estéticamente la imagen de un decorado, para mostrar esa complejidad, y cómo los retos de la especie implicarán, quizá dejar el planeta cuando se apague el sol… Insinúa que hasta la humanidad estaría sirviendo para la complejidad misma, luego dejando la tarea a la futura generación[58].
Resistencia o sobre el 1984 de Orwell: Reseña el comentario de Lefort sobre la novela del inglés. Para lograr el máximo nivel expresivo, mostrando al amo en el esclavo, “Es preciso que la combinación de la resistencia y el desfallecimiento sucedan en la propia escritura”[59] Curioso que el tema “Resistencia” lo remita a una novela del fracaso total[60], las distopía de Orwell, que además ha revivido en la popularidad tras la película de “V de Vendetta” y el personaje Anonimus de las Redes.
La burocracia totalitaria pretende controlar el acontecimiento: “la burocracia totalitaria tiene la intención de sujetar en el puño el acontecimiento. Cualquier cosa que ocurra, va al cubo de la basura (de la historia o del espíritu). Y no se la saca de allí sino cuando el acontecimiento sirve de ilustración para las opiniones del amo, o para acallar los errores de los sediciosos.”[61] Con este argumento, coloca en paralelo el racionalismo totalizante (crítica de Sartre) y la racionalidad totalitaria (crítica al estalinismo y demás) Entonces sucede el “asesinato del instante y de la singularidad”.
El nuevo gran valor es singularidad: Precisa Lyotard qué es instante y singularidad: “tiene valor de iniciación en sí mismo”[62], de tal modo que no es mera novedad temporal, sino una “herida” que abre sensibilidades[63]. En esto retoma a Benjamin[64]. Anoto que curiosamente, la singularidad resulta un ámbito inasible, un corazón estético, por tanto incapaz de cimentar un horizonte de los demás valores. Esta singularidad también se ha llamado la “existencia” (la subjetividad casi inasible, replegada ante el entorno objetivo y evidente), por tanto apela a la sutileza: “abordarse las unas a las otras por esas frágiles antenas sensibles, por ese balbuceo de hormiga.”[65]
Claves de debilidad: En la novela 1984 se descubre que el amor (al desnudarse como signo de esa sincera fragilidad) y la fantasía son fuentes de debilidad inconmensurable, que son aprovechadas por la burocracia. En la anécdota descubrir el terror de Winston por las ratas, desemboca en la delación de la amada; narrando el triunfo extremo de un amo totalitario que evoca los procesos de Moscú, cuando los líderes revolucionarios se humillaron para inculparse ante el tirano.
La amenaza 1984 en el año 1985: El Occidente no ha caído tan bajo, pero no se debe desestimar la amenaza inscrita en la novela. La república adentrándose en la tecnología y el capital, destila una Novolengua o “doublespeak” (el simplificador lenguaje del precio y del productivismo). Esta situación “hace pesar es, en bloque o a granel, el impacto de las democracias mediáticas (lo contrario de la república), de las tecnociencias trabajando con y sobre el lenguaje, de la competencia económica y militar mundial, de la declinación general de los ideales “modernos”[66].  Las aspiraciones de la modernidad no se han cumplido; en lugar de progreso quedan los sucedáneos o hasta placebos.
¿Dónde queda la resistencia ahora? En el lenguaje, la escritura, sigue apelando a la razón y las aspiraciones del progreso, aunque con pesimismo; revindicando esa singularidad, casi como el fondo infantil. Con lo cual el término de lo infantil adquiere el tono más positivo: “uno procura testimoniar lo único que cuenta, la infancia del encuentro”[67] En otros términos Lyotard elabora un neo-romanticismo con tinte pesimista, retomando lo racionalista de Kant y lo justiciero de Marx, con el gusto del liberalismo por los derechos y la democracia, pero sin optimismo en ningún punto fijo; la singularidad subjetiva salva, pero destila amor que no trasciende: es la herida emotiva imposible de tocar y la existencia en su pureza infantil.
Círculo del educador debe ser educado: Juguetonamente comenta “Educar a los educadores, reformar a los reformadores: puedes seguir la aporía de Platón a través de Kant hasta Marx.”[68] Refuta con claridad la Tesis sobre Feuerbach de Marx, al buscar una salida en la característica autodidacta del filósofo, que no está satisfecho con remitirse a muchas fuentes. Hace un interesante análisis de qué es filosofar, como el acto del pensar en sí, que no está limitado al precedente, al texto o a lo que se expone, sino a la búsqueda sincera. Aunque el pensamiento filosófico sea compartido, pone el acento en lo autodidacta, con la aportación y el recomienzo, que no se conforma con lo recibido.
Filosofar requiere de paciencia: Hoy los receptores casi no hablan el lenguaje de la filosofía, porque “Ellos hablan el idioma que se les ha enseñado y les enseña “el mundo”, y el mundo habla de velocidad, goce, narcisismo, competitividad, éxito, realización.”[69] El profesor de filosofía procura “desoxidar” —un hermoso verbo— para cuestionar la realidad.
La emancipación en Kant: “La emancipación para Kant es, claramente, la libertad que se deja a la razón para desplegarse y realizar sus fines propios, protegida de cualquier pathos. Así será el legislador de la razón humana.”[70] Eso ha sido la perspectiva moderna y lo que se solicita al profesor de filosofía, sin embargo, hoy “no, el mundo no pide al profesor de filosofía nada semejante.”
Hambre de filosofía: Aristóteles justificaba el estudio de la dialéctica y la retórica pues “aquel que tiene razón en la escuela bien puede ser el vencedor en el ágora”[71] Asimismo, anota que los nuevos alumnos traen mucho del discurso impermeable al filosofar. Indica que se debe evitar la posición de Alcibíades, como si fuera a encantar a los alumnos, para evadir la dificultad del filosofar. 

Conclusión
Lyotard en esta polémica y en otros textos logró con meridiano éxito proponer que se abría un nuevo periodo. La hondura del tajo lo perfiló, sin que él mismo planteara una conclusión, incluso en este texto relativiza la profundidad que separa lo moderno de lo posmoderno[72]. Una gran vertiente de ese cambio surge el cuestionamiento de la unicidad y la defensa de lo diverso, en particular, articulada sobre la crisis de los Grandes Relatos que han fundamentado la modernidad, con su perspectiva de una narrativa de emancipación. La otra gran vertiente filosófica es la desaparición de “lo real” como categoría esencial en este periodo, un tema que anticipó principalmente la literatura y que su “radicalidad” aún no ha sido aquilatada. El aspecto de la nueva legitimidad de los saberes había sido ya ampliamente expuesto en una obra anterior, pero aquí adquiere mayor dimensión al enfocarse sobre la crisis del fundamento político de los sistemas modernos y actuales.
La amplitud de vertientes y la riqueza de este planteamiento de Lyotard están en vías de ser comprendidas, permitiendo el desenvolvimiento de diversos aspectos del pensamiento, que se rotulan bajo la noción de “posmodernidad”.


NOTAS

[1] En español están aceptados “posmoderno” y “postmoderno”. El original francés emplea el prefijo “post”, pero la traducción de Enrique Lynch de este libro utiliza el término “posmoderno” con consistencia.
[2] Esa obra La condición posmoderna, resulta ser la más citada y comentada del filósofo, pero la más difícil de comprender pues queda sustentada en la sincronización entre una actualización del cuerpo filosófico (si se me permite simplificar: de raíz marxista-kantiana) y los saberes académicos liderados por la ciencia natural; a su vez, adosado con un enfoque sociológico con la hipótesis de la nueva textura social, donde predominaría el medio de comunicación.
[3] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 11.
[4] Con el paso de los años, cada vez resulta más claro que la obra de Deleuze y Guattari define una opción integral, con un reto a las explicaciones previas predominantes: ya fueran marxistas o weberianas, junto con toda clase de “realismos” incluidos en esos sistemas poco subjetivos y herederos del siglo XIX. 
[5] Habermas es un autor crucial en la reinterpretación de la sociedad desde un punto de vista afín a Marx, su visión ha sido sintetizada en el término de “acción-comunicante”, al dar nuevo peso a los actos y efectos de la comunicación en la sociedad.
[6] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños), P. 13.
[7] En especial, Lyotard cuestiona los grandes relatos sobre las finalidades de la historia, que justifican al entero sistema social; a modo de un falaz progresismo y una emancipación ficticia. El marxismo socialista sería una variedad de meta-relato de emancipación ficticia, hermano del liberalismo que cree en el progreso.
[8] La posmodernidad (explicada a los niños). P. 15. Se disuelve la línea cronológica implicada en la noción de vanguardia, pues ya ninguna expresión está a la cabeza de este nuestro tiempo, lo cual dista mucho de la figura definida por Ortega en El tema de nuestro tiempo y en La deshumanización del arte.
[9] Quizá el argumento contrario, favorable al cambio y a la yuxtaposición no es aceptable a Lyotard, como lo acepta Toefler en aras de una nueva sociedad surgiendo. Para un ensayo de exégesis, tal situación está muy avanzada en la posmodernidad, “la realidad está tan desestabilizada que ya no da material para la experiencia” GUTIÉRREZ MARTÍNEZ, Daniel, La posmodernidad de Lyotard explicada a los posmodernos, Revista Documentos de investigación del Colegio Mexiquense, 2007, p. 9.
[10] GUTIÉRREZ MARTÍNEZ, Daniel, op. cit., p. 9.
[11] BENJAMIN, Walter, Sobre la fotografía. Retoma las reflexiones sobre los cambios del arte en la sociedad industrial por la reproducción del medio.
[12] La posmodernidad (explicada a los niños). P.16 Esto en consonancia con la visión de Ortega y Gasset sobre La deshumanización del arte, que se desplaza desde la representación del sentimiento y realidades humanas hacia otro espacio; el cual para el español está más definido, pero para Lyotard queda más en el aire.
[13] La posmodernidad (explicada a los niños). P. 17.
[14] KANT, Emmanuel, Lo bello y lo sublime: ensayo de estética y moral. De modo constante, las interpretaciones de Lyotard nos remiten a un gran dominio del legado de Kant; por ejemplo, con esta cuestión de la estética de lo sublime reinterpretada para las vanguardias estéticas y la complejidad estética del posmodernismo.
[15] Para Gutiérrez sucede el “fracaso del proyecto del mundo occidental fundado sobre la capacidad de la razón a controlar el advenimiento de la sociedad”, en GUTIÉRREZ MARTÍNEZ, Daniel, La posmodernidad de Lyotard explicada a los posmodernos, Revista Documentos de investigación del Colegio Mexiquense, 2007, p.. La secuencia es densa pues implica falla de la Razón, elusión de la Verdad e inexistencia de la Realidad.
[16] Por ejemplo, la coyuntura para integrar la Constitución de 1917 en México, integró caso todos esos relatos en una plataforma única de leyes destinadas a obtener bienestar, educación, emancipación del trabajo, etc. Cf. NIEMEYER, Victor E. Reflexiones de los constituyentes: la Constitución de 1917 como resultado de la Revolución de 1910. El discurso de los diputados en esa Asamblea posee los tonos más encendidos de un meta-relato que legitima una Revolución y la proyección de una nación, en búsqueda de la reconciliación, luego dela guerra civil.
[17] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 29. Curioso reconocimiento de Hegel, que no de Marx, como culminación de la modernidad clásica. Otros los colocarían en jerarquías distintas, por ejemplo, Lefebvre los empareja en Marx, Hegel, Nietzsche, cuando la tradición de izquierda fue sobreponer a Marx sobre el maestro Hegel.
[18] En sus exposiciones, Lyotard omite por completo la línea argumental de Jean Baudrillard que conduce en una dirección parecida, ya que la densidad del sistema de signos, se crea una costra en el sistema de objetos, de tal manera que el consumo domina el sistema. Cf. BAUDRILLARD, Jean, Economía política del signo.
[19] En La condición posmoderna insiste en la crítica sobre el criterio de performatividad o productividad de la ciencia. Para Gutiérrez la tecnología ofrece una tercera modalidad de legitimación, a modo del “encantamiento”, cuando se emparenta con una “magia”, GUTIÉRREZ MARTÍNEZ, Daniel, Op. cit., p. 14.
[20] “aún la guerra moderna entre naciones es siempre una guerra civil: yo, gobierno del pueblo, cuestiono la legitimidad de tu gobierno”. P. 31.
[21] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 32.
[22] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 33. Más estrictamente, cabría anotar cierta tendencia anti-nacionalista implícita en la construcción de Unión Europea y las modas de los Tratados comerciales, donde el “pueblo” estaría siendo vulnerado como fuente de soberanía al delegarse en realidades supranacionales.
[23] En La condición posmoderna abordó ampliamente su opinión del papel central de la legitimación de los saberes.
[24] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 35.
[25] En torno al cual, Engels debatió póstumamente con Hegel y su visión de un orden racional cumplido, acentuando un aspecto político y no filosófico, como consagración del “statu quo”. Cf. ENGELS, Friedrich, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.
[26] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 40, anota que el relato de la decadencia ya aparece en Hesíodo y en Platón.
[27] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 44, en ese sentido, Lyotard plantea su peculiar teoría del poder, donde el relato y meta-relato se sobreponen al Poder.
[28] Las dos principales vertientes herederas de Marx, se hundieron en la defensa de sus realidades particulares. El marxismo estalinista llamado comunista se ató a las atrocidades de la URSS, defendida a costa de cualquier vileza; la socialdemocracia llamada socialista se ató al Estado nación y la defensa de sus propios gobiernos durante las grandes guerras. Cf. CLAUDIN, Fernando, La crisis del movimiento comunista.
[29] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 46.
[30] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 47.
[31] Sin embargo, para la historia de la teoría política sí ha sido notable el punto donde se detiene la visión republicana de La paz perpetua.
[32] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 60.
[33] Un análisis interesante de las consecuencias sociales emergentes de la separación entre ser y deber ser existe en Historia y consciencia de clase de George Lukacs, ya que él supone la hipótesis de que así aconteció en la comunidad primitiva y cabe suponer su retorno desde el movimiento comunista.  
[34] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 61. Asimismo, anotamos que la importancia de la proyección del colectivo ya está presente en Sartre desde El Ser y la Nada, cuando prefiere una respuesta en sentido contrario, pues ahí el individuo sería quien proyecta su nihil.
[35] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 62. Este argumento es medio Kant y medio Marx. Por un lado, coloca a una “comunidad ideal” en el sentido de separada radicalmente de lo real, a modo de idea kantiana; al mismo tiempo, que posee la fuerza absoluta de lo social, a la manera de Marx. Es tan irreal y tan fuerte que produce la realidad de la soberanía, base legal de todas las repúblicas modernas, lo cual es paradójico.
[36] LYOTARD, Jean-Francoise, La posmodernidad (explicada a los niños). P. 62. Este modo de exponer la tragedia, posee algo de parodia, por cuanto, hace mímesis con el modo de expresión de una tribu, que repite en el texto.
[37] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 63, asimismo, implica la compleja superposición de niveles existentes en el tema nacional que en su modalidad moderna unifica una comunidad presente y una leyenda de orígenes. Cf. VALDÉS MARTÍN, Carlos, Las aguas reflejantes, el espejo de la nación, y BARTRA, Roger, La jaula de la melancolía.
[38] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 63.
[39] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 67.
[40] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 65.
[41] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 68. Notable la oposición entre la cruda culpa de los alemanes post-nazis y la patética inocencia de los rusos post-estalinistas, y todavía más de la izquierda de otras latitudes, que todavía no capta ninguna relación de causa-culpa entre el marxismo-leninismo-estalinismo y los crímenes masivos cometidos por los rojos.
[42] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 75. Domina el criterio pragmático de la ciencia que aceptó Engels en el siglo XIX, pero que éste y el positivismo no observaron una oposición entre verdad y praxis científica, al contrario.
[43]  “Si lo admitiéramos, aún habría que aceptar que el oficio de conocer no tendría hoy en día tanta legitimidad, razón y fin de sí mismo, como el de fabricar tejidos sintéticos.” P. 76.
[44] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 77.
[45] “Conviene desintrincar estas dos ecuaciones: discurso especulativo = totalitarismo; filosofía de lo sublime = Terror”, p. 81.
[46] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 82-83.
[47] “la criminal impaciencia que experimenta la ética universalista enfrentada a ese irrisorio obstáculo que son los datos singulares.” Op. cit., P. 82. Quizá desvía el argumento, según anoto es la libertad absoluta y aquí Lyotard enfatiza un tema de ética.
[48] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 82.
[49] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 84.
[50] “Pero la afección sublime que experimenta el público por el drama no lo es. Habría que elaborar Ja afinidad de la Revolución y del teatro” Op. cit., p. 85.
[51] “La decadencia de los ideales modernos, analizada por Adorno en su Negative Dialektik, conlleva una vacancia de los intelectuales (al estilo de Zola). Ten en cuenta los errores trágicos en que cayeron quienes sucumbieron a no querer reconocer la profundidad de la crisis: Sartre, Chomsky, Negri, Foucault.” P. 86.
[52] “asociaba el proyecto arquitectónico moderno con la idea de una realización progresiva de la emancipación social e individual en la escala de la humanidad” LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., p. 89.
[53] Lo traducen como “proceso de complexificación” LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit.,  p. 92.
[54] “hoy en día se ha terminado el gran movimiento de las vanguardias” LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., p. 93.
[55] “también se puede considerar el trabajo de Cézanne, Picasso, Delaunay, Kandinsky, Klee, Mondrian, Malevitch y, finalmente, Duchamp, como una “translaboración” (durchabeiten) efectuada por la modernidad sobre su propio sentido.” LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 93.
[56] “el “post-” de “posmoderno” (…) un proceso a manera de ana-, un proceso de análisis, de anamnesis, de ana- gogía y de anamorfosis, que elabora un “olvido inicial”. LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 93.
[57] P. 99 “Esta tarea implica como mínimo la resistencia al simplismo, a los slogans simplificadores”
[58] “Último golpe al narcisismo de la humanidad: la humanidad está al servicio de la complexificación. Este decorado está dispuesto en el inconsciente de los jóvenes, desde ahora. En el tuyo.” P. 100. El golpe al narcisismo significa que servimos a otra cosa, ya no a Dios, sino a la “complejidad” creciente, otra insinuación a una metafísica materialista como la “materia eterna” de Engels en Anti-Düring.
[59] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 104.
[60] “revela que la dominación no se ejerce en su totalidad sino cuando entra en simbiosis con las pasiones singulares de aquellos sobre los cuales pesa” LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., p. 104.
[61] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 105-106.
[62] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 106, “La iniciación no inicia en nada; comienza, tan sólo.” Nótese el sentido especial de este término “iniciación”, de apertura absoluta, rayando en el esoterismo o en la nostalgia de los románticos por los ritos eleusinos.
[63] “Ha abierto una herida en la sensibilidad” LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., p. 106.
[64] “las pequeñas prosas que componen Sentido único e Infancia berlinesa de Walter Benjamín” LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 106.
[65] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 107.
[66] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 110.
[67] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 112.
[68] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 116. Primeras observaciones sobre el círculo vicioso al proponer una educación radical, plasmadas en la República de Platón.
[69] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 121.
[70] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 119-120.
[71] LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 121.
[72] Refiriéndose en específico al arte, pero aplicable al horizonte entero “el “post-” de “posmodemo” no significa un movimiento de come back, de flash back, de feed back. es decir, de repetición, sino un proceso a manera de ana-, un proceso de análisis, de anamnesis, de ana- gogía y de anamorfosis, que elabora un “olvido inicial”.” LYOTARD, Jean-Francoise, Op. cit., P. 89.

jueves, 31 de marzo de 2016

AUTOMOVILISTAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN





Por Carlos Valdés Martín

Contingencia ambiental y Reglamento. Motivado por los alarmantes acontecimientos y la imposición de “contingencias ambientales” en la Ciudad de México, precedidos por la entrada en operación de un rigorista Reglamento de Tránsito, decidí subir completo este artículo escrito a principios de 2013, que con tono jocoso anticipó las tendencias que colocan al automovilista más cerca de la palabra “extinción”.


Automovilistas en peligro de… El automovilista, junto con su inseparable “amigo de metal”, el automotor de combustión, hoy se ha convertido en una especie sometida al peligro de extinción. Tras la genuina preocupación por el ambiente ecológico, los gobiernos han buscado un chivo expiatorio, en vez de presionar de modo efectivo para un salto tecnológico urgente; en lugar de soluciones efectivas, acontece una tragicomedia donde ni se avanza hacia un modelo más ecológico (siguen acumulándose millones de automóviles en el mundo) ni la multitud de automovilistas recibe un servicio racional del entorno urbano. La falla sistemática y el usar al automovilista como chivo expiatorio provoca lo contrario de deseable: usar inútilmente más horas en vehículo, generando más utilización de gasolina con peores resultados. Y la víctima es la parte más débil de la cadena: el ciudadano de clase media, que estima a su modesto vehículo y no encuentra mejor manera de moverse en la ciudad. Quienes usan choferes en vehículos con vidrios oscuros, pueden eludir gran parte de las molestias, pues transfieren la mayoría de las contrariedades a choferes o, en el exceso, viajan en helicóptero y jet.
No imagine el lector que en los lejanos años de Henri Ford, el automovilista era motivo de mimos y atenciones, desde entonces ya aparecía algún aviso en su contra. Por ejemplo, con el tema de la licencia de conductor. ¡Qué diferencia de trato con los jinetes! Los jinetes jamás fueron cuestionados sobre su pericia para montar a su “amigo fiel”, pero los conductores siempre han recibido cuestionamientos sobre su capacidad, cuando se les exige licencias de distinto calibre y costo. Que pasen las licencias, si son para dar un orden y retirar a los gorilas al volante o a los adolescentes alcoholizados.
Lo que bien se aprende jamás se olvida y así parecería con el manejo: no he sabido de casos con súbitas amnesias del manejo. Me pregunto: ¿desaparece la facultad para manejar cada año? Si no desaparece ¿Por qué otorgan licencias que caducan en un año? Pareciera que contra el automovilista existe un sesgo en esas licencias que caducan.
El bache. Avanzando para encontrar hechos más duros y rudos, nos sorprende la rudeza de un bache; un hoyo inesperado que está provocando una lastimadura en el coxis o dislocación de cuello. El bache se ha vuelto un evento cotidiano y tan repetitivo, que dejamos de anotarlo con alarma. Lo curioso es que con gastos en obras millonarias de viaductos, periféricos y “segundos pisos” al terminar cada inauguración ya tropezamos con baches que semejan obras de minería o trincheras militares.
Por si fuera poco, los baches se suma un peligro adicional: la temporada de lluvias cuando el drenaje de la ciudad resulta insuficiente y los charcos enmascaran a los baches. ¿El resultado? Es una trampa que ni los maliciosos cazadores de bestias imaginaron. Vienen luego llantas reventadas, rines doblados, suspensiones y amortiguadores arruinados. Ante esa frustración, al automovilista le queda el humor, así llama a una capital de provincia “Cuernabaches” del estado de “Moreloyos” o se rumora que un gobernante está buscando un tesoro y por eso fabrica tantos hoyos.  
Topes y más topes. Decían los mayores, para evitar que nos metiéramos en complicaciones: “¿Para qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo?”. El inventor del tope de tránsito va en sentido contrario y plantea un obstáculo donde no existía. Debo reconocer, que en algunas ocasiones y sitios, es indispensable establecer un tope para obligar a que los conductores acelerados bajen su velocidad; como sucede en las cercanías de escuelas o en carreteras junto a poblados.
Resulta evidente que los promotores de tope no están contentos con el criterio racionalista ponen ese obstáculo según capricho. Y lo caprichoso no lastima tanto como la alevosía  por la falta de señal y de color alguno, de tal modo que desde el atardecer esos topes son invisibles y motivo de “desnucamiento”. Reitero: son topes con camuflaje pensados a modo de trampas militares, para detener tanquetas enemigas, pero  no estamos en guerra. El segundo tema es el diseño, ¿qué debe asemejar un tope al Muro de Berlín por su altura y dificultad? Algún constructor anónimo de topes decide que la altura deseable debe superar la altura entre el chasis y el suelo del auto, de tal modo que siempre rayará el metal en la “panza” de los vehículos.
Semáforos enloquecidos. De cuando en cuando, por arte de magia o por una broma de Anonymus algún semáforo deja de operar correctamente. Reduce el lapso de luz verde a mínimos segundos, crea un nudo de tráfico; lo que era un agradable crucero cotidiano se convierte en una tortuosa fila insoportable. Otros casos más extraños acontecen, hay semáforos que tornan amarillos sin previo aviso, así, obligando a una precaución perpetua. Y el colmo: luz verde para ambos bocacalles de un crucero y el resultado es un accidente.
Durante mi infancia, los adultos culpaban de la falla de semáforos a las operaciones   del policía de crucero; luego, la autoridad reportó que sus guardianes no accederían más a los controles de las luces de tráfico y la medida pareció ser favorable. Pero en esta época de las computadores y los controles remotos, las descomposturas deben ser responsabilidad del mando súpercentralizado, en un sitio donde las computadoras centrales son más costosas que en filmes de ciencia ficción. Quedan dos opciones para la falla: o una enfermedad secreta o la enésima medida discriminatoria para recordarles a los automovilistas su condición inferior.
Para terminar el panorama, recordemos que cuando irrumpen los embotellamientos de muchas cuadras, la utilidad del semáforo termina abatida. En cada lado de un crucero los automóviles traban una pelea por ganar cada centímetro; los carros “atrasados” tapan el paso de vía mientras aparece la luz verde; el lado opuesto desespera. Viendo el panorama, un embotellamiento se extiende calle a calle, provocando inutilidad de los cruceros y una fila de automóviles atorados impide a los que intentan avanzar por el lado perpendicular.  Deja de ser útil el paso sucesivo de los colores del semáforo, mientras la masa de vehículos permanece atorada. En ese sentido, el embotellamiento es la declaración temporal de inutilidad del semáforo.
Señales de perdición. Esto sucede en todo México y hasta en su capital: la señalización para los vehículos es deplorable. A veces un administrador piadoso, manda a colocar nuevos anuncios, más grandes en las avenidas o letreros con explicaciones sobre el prócer que da nombre a una calle. Sin embargo, el promedio de señalización sigue siendo lamentable. Por ejemplo, si uno avanza por una vía de alta velocidad encuentra el letrero que le avisa de una salida, por ejemplo muchísimo antes del sitio (lo cual es inútil) y después de que ya pasó la salida (como segunda inutilidad o ¿burla?). Con esa clase de señales, resulta necesario pasarse de la salida correcta y después encontrarse con el viacrucis de otras malas señales. Debo señalar, que esas pésimas señales urbanas se complementan con algunos efectos de la naturaleza, como árboles que crecen y tapan las señales, o actos del comercio como carteles espectaculares que bloquean la vista. Y, esos obstáculos se perdonarían en lo moral (en especial perdonamos a los árboles pues ellos crecen buscando la luz), pues son sin intención, lo que siempre resulta odioso por ser “adrede” son los grafitis que eliminan los letreros urbanos. Que los dueños de bardas privadas argumenten que no tienen dinero para limpiar los grafitis indeseables lo entendemos, pero ¿los gobiernos no cuentan con recursos para rescatar los letreros de vialidad? Así como el petróleo tuvo a su Lázaro Cárdenas que, con un sencillo decreto, lo mexicanizó completo, todavía estamos a la espera del prócer que salve a los letreros claros y bien ubicados, los cuales nos permitan movernos para las ciudades del país sin perdernos.
Tenencias y otros impuestos especiales. Los automovilistas sufren un régimen fiscal desfavorable, con más impuestos que al común de contribuyentes; el trato recibido es lo contrario del privilegio, es discriminación. Durante décadas (antes de la libertad comercial de importación) existió un costoso impuesto para autos nuevos. Mucho antes se inventó la “tenencia” hoy desaparecida de varios estados, pero amenazando con regresar. Además, de cuando en cuando, se inventan re-emplacamiento o tarjetas de circulación dizque mejoradas. Durante un breve y fallido intento se creó un registro nacional de automóviles, pero el proyecto abortó porque el encargado se descubrió ser un delincuente. La obligación de verificación para gases contaminantes, resulta quizá el único impuesto especial para los vehículos con evidente sentido ecológico, pero fuera de eso, lo demás son más rayas al tigre de la “discriminación” contra el automovilista.

Parquímetros y peaje a cambio de nada. En la llamada “época dorada” las carreteras fueron “freeways”, es decir, caminos libres de verdad, sin pago de ninguna cuota. Sobre esa vía franca al automóvil se construyó el sueño americano. La oleada privatizadora (mejor dicho: oleada “compadrizadora”) nos trajo el auge de las carreteras de cuota. Como la ambición humana no tiene límite, después de las carreteras surge el invento de cobrar en vialidades internas de la ciudad.
El extremo del cobro que no genera ningún servicio para el automovilista es el parquímetro. Una operación típica de las dictaduras es un impuesto sin servicio alguno. Instrumento pensado para sacar ventaja sobre el espacio de estacionamiento libre, tan disputado en algunas zonas, se caracteriza por ser impuesto sin contraprestación (pues no crea lugares de estacionamiento ni servicio alguno) y sin medida (pues el usuario no recibe un comprobante acumulado de sus pagos y no se compensa con los otros impuestos). Además se complementa por: caos en su diseño. En la Ciudad de México cada zona utiliza un tipo distinto de dispositivo y, con el dispensador de esquina, se alcanza el extremo de que el chofer cae en una trampa, pues no existen avisos de ese sistema. Como se aplica inmovilizador y una multa cuantiosa, pareciera que el interés de la autoridad no es cobrar unos pocos pesos por hora, sino provocar errores en los usuarios para, entonces, sorprenderlos y multarlos.
El pariente desamparado del parquímetro  es el “franelero”, el cual se apodera de pequeñas fracciones de la calle, para establecer un mínimo impuesto privado sobre el automóvil. Ya que con el parquímetro la autoridad da legitimidad al cobro del espacio de calle, nos preguntamos ¿cómo se atreve a insinuar que está deshaciéndose de los franeleros? Más bien, ella legitima a esos parientes desamparados.
Respecto de parquímetro queda un concepto clave, que nos muestra que se ha diseñado sin pensar en la productividad y, sin buscarlo, están hundiéndola. La riqueza depende de la productividad y para crearse el trabajador debe estar libre de distracciones, consagrado a su labor. El parquímetro, como está diseñado en varias ciudades, apunta en la dirección contraria, pues es imposible aparcar un vehículo durante la jornada legal. La disposición establece un máximo de cuatro horas para estacionarse. Así, que los diseñadores de este impuesto desconocen que la jornada legal es de ocho horas y que el vehículo se suele usar para transportar trabajadores. La elevada multa y la tardanza para liberar al vehículo inmovilizado, además provoca un “nerviosismo” evidente en quien deja su vehículo. En fin, el resultado es una baja de productividad directa entre los empleados que deben salir periódicamente a colocarle más monedas al parquímetro y adquieren un pretexto más para no ser productivos.

Multas y cámaras de velocidad. La multa contra el conductor ha sido una práctica recurrente. Y una multa podría significar un acto justo y no un signo discriminatorio; pero cuando hay la rudeza y arbitrariedad, entonces las multas señalan a los discriminadores. El concepto mismo de la multa nació de una confluencia: la facilidad de la transgresión y mantener ocupada a la policía. Dado que una parte de la policía no está destinada en combatir al crimen ni a prevenirlo (claro, solamente una fracción[1]), el problema ha sido ¿en qué ocupar al representante de la ley? La ociosidad es mala consejera, así que se inventó al policía especializado en “multar” (en el folclor mexicano: al “mordelón”).
Por otro lado, para el automovilista resulta fácil violar un reglamento de tránsito, sobre todo, cuando el reglamento está destinado a obstaculizar la existencia del automovilista y a crearle dificultades gratuitas. Como los autores de un reglamento no siempre leen lo que promulgan, a veces se escapan despropósitos como establecer obligaciones de hacer un alto total equivocadamente en vías de circulación continua. Por operación, cuando un reglamento marca errores deberá esperar un año o más para su corrección, mientras tanto los “mordelones” de tránsito encuentran en sus manos un instrumento idóneo para martirizar a los conductores incautos.
Por si fuera poco, la tecnología se ha aliado para la proliferación de multas, ya que ahora existen cámaras para detectar la velocidad, y de modo anónimo se levantan infracciones cada vez que un vehículo rebase el límite de velocidad y cruce frente a un sistema automático de multas. Es una pena, pero se pierde el trato personal con el uniformado y el típico cantinfleo que empieza por el: “Oríllese a la orilla”.
Alcoholímetro con prisión. La tecnología ayuda al ser humano, pero a veces sucede lo opuesto, y los nuevos dispositivos se colocan al servicio de otra discriminación. El alcoholímetro es un avance técnico que, al fin, permite distinguir a los borrachines al volante. Lo que debería ser una bendición para los conductores responsables, quienes se distinguirán de los irresponsables se ha tornado en una práctica casi persecutoria, donde el rigor legislativo borda en lo ominoso. Al borracho que escandaliza en su casa o a bordo de una bicicleta, lo más que recibe es una reprimenda, pero si es un automovilista en la Ciudad de México recibe una ¡prisión inconmutable! Tratar al conductor como delincuente no se debe al alcohol, sino por pertenecer a la raza discriminada de los manejadores. Me permito indicar que, en la entera legislación mexicana, no existe ninguna falta menor que no se cubra con una fianza, pues se ha estimado indigno que el ciudadano pise una prisión por una falta administrativa. El derecho a libertad bajo fianza parece un criterio universal, pero no para el sufrido conductor.
Creo resultará obvio, que no abogo contra el alcoholímetro, el cual es un invento positivo, ni cuestiono el evitar que una persona ebria maneje. Pero, ¿por qué no es suficiente una multa y enviar al conductor a su domicilio con una reprimenda? Es ahí, en el exceso, donde detecto la discriminación: un gesto de autoridad, cuando se exagera, resulta una mueca grotesca.
Grúas y corralones: el corazón sombrío. En su inicio también me parecieron un adelanto tecnológico, pues un vehículo capaz cargar a otro, resulta un adelanto. Sin embargo, en oleadas periódicas los operadores de grúas adquieren la consigna de tomar a cualquier vehículo sin importar mucho el reglamento de tránsito. No lo comento de oídas, tengo mucha experiencia confirmando que basta colocar un vehículo en la esquina de una calle para que termine remolcado y sancionado.
Por costumbre, las grúas no dejan aviso de sus acciones, de tal modo que el conductor sufre la angustia psicológica de no saber si su unidad fue arrastrada o sufrió un robo. En algunas ocasiones, resulta difícil enterarse del paradero, sobre todo en ciudades grandes donde hay varios corralones y el sistema de información de la Oficina de Tránsito es defectuoso.
Los corralones se definen como sitios antiestéticos, sin diseño ni decoración mínima: un simple solar, apenas bardado y guarecido por elementos de seguridad.  Sin iluminación ni señalización mínima, los vehículos se acumulan sin orden y concierto, creando una triste aglomeración de carros maltratados. En los casos extremos, se acumulan los nuevos “arrastres” junto a unidades deterioradas y oxidadas, a medio camino entre el cementerio y hospicio de inválidos de metal y caucho sintético. Basta una mirada a esos corralones para que el corazón de un propietario quede ensombrecido.
Cuando un vehículo es arrastrado hacia un corralón, de modo ocasional el dueño sufre un peculiar viacrucis: daños mecánicos provocados por el arrastre; cobros excesivos; imposibilidad de liberarlo rápido por errores en la documentación; reporte erróneo sobre el sitio donde está; etc. Si la operación de grúas resulta cuestionable, ese peculiar viacrucis merece una amplia censura pública. Ya encerrar un vehículo en un lúgubre corralón, ante quien lo compró y cuida, resulta motivo de padecimiento psicológico.
Death end the Street. Cerrar calles en lugar de establecer vías abiertas representa una estrategia del urbanista vengativo contra los automovilistas. Si para el conductor ya genera zozobra cuidarse de baches y topes, más extraño le resulta descubrir súbitos cortes de calles, que convierte sus rutas habituales en callejones sin salida. A veces no se requiere de un callejón definitivo para frustrar una ruta, pues también existe una variedad de sentidos irracionales; pues si un vehículo se dirige hacia el sur y ninguna calle en una colonia posee esa dirección, debe establecer una ruta muy tortuosa. Quizá los lectores de otras latitudes no comprendan esa tendencia de algunos urbanistas de la Ciudad de México que insisten en repetir el mismo sentido en varias calles paralelas, frustrando al automóvil cuando pretenda salir de una colonia para tomar el rumbo deseado. ¿Liberad para elegir el rumbo? Eso es asunto de liberales no de urbanistas.
El asunto sería risible y sin ninguna importancia si no existiera la contaminación del aire. Injustamente se culpa al usuario individual de la calidad del aire, cuando los diseñadores urbanos arman un galimatías en las rutas, de tal modo que ni el auxilio de los mapas electrónicos resuelve el mal trazado de rutas.
Ley del embudo. Tras el argumento de la falta de sentido en calles, que obligan a seguir un rumbo indeseado, todavía surge un fenómeno mayor. En múltiples sitios los diseñadores de vialidades, desean que una multitud de unidades desemboquen hacia un “cuello de botella” angosto y lo hacen sin una justificación. Ese diseño establece un sistema irracional para convertir las avenidas amplias en embudos angostos, que en su límite son calles para un solo vehículo. Eso es el colmo de la irracionalidad del descuido en el diseño de calles: convertir avenidas de gran circulación en embudos estrechos. Convertir las avenidas, bulevares, carreteras, viaductos, circuitos, periféricos y freeways en “cuellos de botella” resulta digno de irracionalidad y, además, denota ausencia total de diseño urbano. Por si faltara ironía, no ha faltado quien a ese desatino lo llame “movilidad urbana[2]”.
El cuerpo humano con la sangre reconoce que estrechar la vía de paso es una enfermedad y que el exceso de sangre empujando contra venas muy estrechas causa la mortal trombosis. En este caso concreto, provocar embudos de circulación vial provoca las enfermedades respiratorias derivadas del esmog.
Camiones y microbuses: parientes peligrosos. De modo continuo escucho el lamento justificado de ciclistas y motociclistas de que no son “respetados” por los vehículos mayores, pues los grandes no toman distancia. Acepto y comparto ese reclamo, pues la base de toda convivencia es el respeto y los vehículos sin chasis resultan de alto riesgo. Para no salirnos de tema, es de notarse que esa queja no es distinta al sentimiento del automovilista normal ante los mastodontes del asfalto: camiones y “microbuses”. No es arbitrario que coloque juntos al camión de calibre máximo (tractocamión articulado) y al llamado microbús (servicio urbano de pasaje a la mitad de tamaño del camión), pues ante el vehículo familiar resultan unos verdaderos colosos. El tamaño no sería tan importante, sino que los grandes vehículos se mueven a velocidades temerarias y acostumbran a “echar lámina” para arrinconar a cualesquiera automovilistas.
Ante el temor fundado de los automovilistas mayoritarios frente a esos mastodontes, las señoras (en especial madres de familia) han puesto de moda adquirir camionetas (Suburban, etc.) sintiéndose un poco más seguras. Por desgracia, ante los mastodontes (y sus medio hermanos los microbuses) ningún automóvil está seguro y esas “camionetas” son más un apoyo sicológico que un remedio.
Sería de esperarse que la autoridad urbanista colocara en regiones confinadas y en horarios lejanos a los vehículos mastodontes (que también poseen sus derechos y su corazoncito), sin embargo, en nuestro país eso no sucede. El peligro del contacto con los mastodontes es una de las peores pesadillas del conductor promedio y un motivo por que cual a menudo prefiere no salir.
Oleada de robos: caso sin resolver. Mientras los temas de “seguridad nacional” ha recibido una atención suficiente de autoridades competentes, las oleadas de robos de vehículos llegaron para quedarse. Desde hace décadas, como si fuera una misteriosa plaga bíblica, el propietario de vehículo siente temor de ese mal destino. Una y otra vez, se escucha el lamento del propietario y el peregrinar de las declaraciones ante un robo. En ese contexto, se multiplican los dispositivos antirrobo, las chapas de seguridad, los localizadores y los seguros. De principio a fin, estas medidas son con cargo al propietario. La autoridad policiaca, a veces parece más una agencia de condolencias, que de servicios. En nuestro país, el colmo ha sido la imposibilidad de establecer un registro unificado de unidades que ayude a combatir el robo de vehículos. De hecho, el estrepitoso fracaso del proyecto para un registro vehicular unificado, generó mucha suspicacia entre la población.
Quien ha sufrido un robo de su vehículo, ante la lamentable pérdida, cae en una pendiente de reflexiones casi filosóficas, en torno a la eterna pregunta sobre la futilidad ¿para qué comprar un automóvil con tanto esfuerzo si en un segundo lo puedo perder? No existen estadísticas confiables, pero estimo que gota a gota, la legión de los automovilistas pierde a diario adeptos por esa clase de incidentes.

Una velocidad ilegal: diseñados para violar la ley. Resulta muy sintomático y hasta sospechoso que los automóviles reciban un diseño que incluye una violación evidente de la ley. Que yo sepa, en ningún país del orbe están permitidas velocidades cercanas a los 200 kilómetros por hora. Los automóviles, casi por regla son fabricados con esa especificación. Frente al rostro del conductor, cada vez que se monta en su “caballo de metal” le giña el ojo un tablero con indicadores para velocidades superiores a la ley. En cualquier género de producción significativa, los gobiernos pugnan por leyes que obliguen a los fabricantes a respetarlas. ¿Por qué el diseño de los automóviles incluye un potencial para fácilmente violar la ley de límite de velocidad? Y no solamente se construyen motores con capacidad superior al límite legal, sino que el fabricando lo deja bajo los ojos de conductor.
Dice un consejo de las abuelas: “No pongas lo dulces delante de los niños, si les vas a prohibir comerlos”. Por si fuera poco, la mercadotecnia presume la enorme velocidad potencial de las unidades y la publicidad coloca la “adrenalina” del acelerador como un asunto de deseo. El automovilista, a diario se enfrenta al dilema: respetar la ley o “explotar el potencial” de su vehículo. La tentación está puesta por el fabricante y tolerada por la autoridad. Cuando hay una colisión, sin variar, la autoridad pregunta si existió un exceso de límites, y el conductor puede caer en una responsabilidad. ¿No fue tentado a diario? Claro que lo fue.
Resultará siempre más barato prevenir que lamentar. Es extraño que la autoridad central no se comporte como guardián de la ley, y prevenga que los automovilistas caigan en tentación.

Libertad de expresión y celular. Mientras a la sociedad entera se le reconoce su derecho a expresarse como un derecho fundamental y la Constitución lo consagra, junto con los Tratados Internacionales. Sin embargo, cuando se trata de automovilistas, entonces el derecho a hablar se coarta en cuanto aparece una estadística de dudosísima calidad que señala que las llamadas por celular provocan accidentes. Nadie comprobó, verificó ni exigió pruebas. Los medios de comunicación repitieron este asunto de miedo (afirmando que hay accidentes por los manejadores que usan celular) y los gobiernos sonrieron: una nueva oportunidad para fustigar al conductor y cobrar multas. Como una concesión graciosa alguna legislación dejó opción al “manos libres”, pero ya hay quienes pretenden ampliar el castigo contra ese mecanismo que proporciona apariencia de cíborg.
Cuando una autoridad intenta acallar a los alborotadores que cierran calles, entonces por la preciada libertad de expresión, el acto se determina como una represión condenable. A los automovilistas se les condena al silencio sin necesidad de presentar pruebas; esa reacción rápida y excesiva de las autoridades muestra el colmillo disimulado de la discriminación.

Hoy no circula y mañana tampoco. En un país moderno, el viajar con rapidez no es un lujo caprichoso. ¿Si tu madre o la abuela querida cae enferma no es indispensable moverte de modo rápido? Para distancias muy grandes están los aviones, pero en un radio de centenares de kilómetros lo más práctico es el vehículo particular. Ya no expliquemos el consabido ejemplo de las madres que recogen a sus hijos a pie de la escuela, pues temen por su seguridad. Para las madres su vehículo representa una cuna extendida y aliada con una protección móvil. Este sentido del uso del automóvil es básico y (verdad de Perogrullo) para eso se inventó y fabricó: para usarse. Quitar un día el derecho a circular a algunos vehículos fue resultado de “contingencias ambientales” y yo mismo lo miré con buenos ojos. Bastó un año darse cuenta que esa era una mala estratagema: se provoca más compra de automóviles, y solamente se discrimina a los pobres. La medida en sí, quita sentido al automóvil, que deja de ser un derecho para convertirse en una situación condicionada, casi un privilegio.
En su inicio, la restricción del no circula, castiga sobre situaciones peculiares y obliga a descansar un día a vehículos añosos. Sin embargo, ¿cómo se determina la fecha? Con una medida arbitraria: el azar. Un riguroso azar recuerda la ruleta rusa, así de dramático. No falta que justo el día en que necesitabas el coche es cuando no circula. ¿Qué le sucede al automovilista pobre cuando olvida esa falta? Queda atrapado en un corralón y debe pagar una fuerte multa. Si no circuló ese día es porque su automóvil es anticuado y por tanto no le sobra el dinero, luego si lo multan poseerá menos… mañana tampoco circulará pues no tendrá para cubrir ni la gasolina.
Los radicales anti-auto piden un no-circula universal. De modo tajante piden incrementar el castigo de no usar el automóvil. Y de modo seudo-democrático exigen se aplique a todo vehículo, sin importar la edad. En un arrebato, la medida “provisional” de 2016, anuncia que se impone un no-circula completo, afectado a todos los vehículos sin importar el tipo de calcomanía, con una simple confiscación del derecho de uso.
Discriminación de rebote: no basta un aparcado especial si paralizan los vehículos. Con las personas de capacidades especiales es que el automóvil resulta un apoyo tan importante. Aunque ese no fuese su uso originario, el hecho de que fue diseñado con una modalidad de acompañamiento o familiar, entonces resultó idóneo para prestar locomoción mecánica para personas con diversas dificultades para moverse. Claro que la posición de chofer solamente sirve para casos complejos, pero el transporte de acompañante ha resultado muy versátil. La situación de no caminar la comparten por igual niños pequeños, enfermos, lisiados y ancianos, ante lo cual el transporte público colectivo posee escasa eficiencia, pues no tiene capacidad para moverse “de puerta a puerta”. En esa situación, paralizar o atrapar con grúas a los automóviles particulares, afecta al sector más débil de la población.
Una oleada mundial de nuevas medidas de mayor consideración con la gente de capacidades diferentes ha impulsado muchas medidas atinadas. Sin embargo, en ese contexto se hace más evidente la utilidad de vehículos automotores, y pareciera que la autoridad se contenta con poner rampas y señalizar sitios de aparcamiento exclusivo. Observemos que el diseño contrario al automóvil en algunas megalópolis ha reducido la velocidad promedio de desplazamiento a cerca de diez kilómetros por hora. La atención a este grupo vulnerable, también pasa por una mejor consideración del automóvil como un medio de locomoción necesario.

Metrobús, desaparición de calles y el peor tráfico del mundo. Érase una vez, un planificador enriquecido hasta adquirir un jet privado, pero en su corazón mantuvo nostalgia. Miró hacia su juventud, cuando abordaba modestos camiones de pasajeros para acudir a la escuela pública, entonces anheló llenar las ciudades con su recuerdo. El transporte colectivo posee su función y cualquier urbe requiere de una dotación razonable de transporte colectivo para funcionar. Sin embargo, sucedió algo extraño, pues las avenidas ya saturadas de tráfico se modificaron para darle “carriles exclusivos” y surgió el metrobús. Y lo digo claro, el metrobús es uno de los peores diseños imaginados para desorganizar el tráfico urbano, solamente comparable con el uso de tanquetas dentadas para amenizar los desfiles. Como la Ciudad de México (diáfano ejemplo) está ya saturada de tráfico (también gracias a múltiples desatinos del diseño en las calles); entonces el arrebatar carriles a diestra y siniestra de cada avenida provoca una congestión superlativa. ¿Ha sufrido un torniquete en el brazo? Del mismo modo, la sangre del tráfico urbano se congestiona con la “invasión de espacio” por los carriles exclusivos del metrobús, colocadas en sitios que originalmente no fueron diseñados para ese propósito.
Según la encuesta mundial de la IBM (la Trafic Pain anual) el sitio de deshonor le correspondió a la Ciudad de México en el 2010, 2011 y 2012: el peor tráfico del mundo. No se crea que es porque la nuestra sea la urbe más grande  ni la que posee más automóviles (ya no rebasan las megalópolis de China), sino por fallas sistemáticas de diseño.
¿A causa de qué la Ciudad de México conquistó el primer lugar mundial en mal tráfico? La causa está en un (anti)diseño que ataca de modo sistemático a los automóviles particulares en su modalidad individual y familiar. Los demás métodos de transporte poseen su espacio y hasta privilegios. Arrinconados en una especie de discriminación, los automovilistas particulares son una especie en riesgo de extinción. El día en que el proceso haga crisis y el “parque vehicular” descienda no está ya lejano, pues los ciudadanos deben adaptarse para sobrevivir.
Ecología y la solución de fondo. Dicen los especialista que el efecto de contaminación por automotores no se detendrá lo suficiente mientras no se renueve y cambie la tecnología disponible al consumidor directo. Por un lado, está documentado que la industria automotriz fue privilegiada por los gobiernos y resultó eje del crecimiento de las grandes potencias. Conforme esa gran industria automotriz resultó exitosa, el efecto contaminante causó alarma. Una vez establecido el objetivo (ecológico que todos compartimos) para rescatar el aire puro y usar menos materiales no renovables, la política de gobierno no procedió desde el origen y no atacó la causa. El origen de los productos es la producción, empero resultaría absurdo solicitar a los automovilistas que ellos inventaran sus vehículos no contaminantes. Los nuevos automóviles bajos en contaminantes, movidos mediante energía eléctrica limpia o solar, no son ofrecidos en el mercado a un precio accesible, de tal modo que sustituyan a las unidades existentes. Los ecologistas se quejan, con sobrada razón, de la lentitud en el cambio hacia el vehículo eléctrico (o de otra tecnología limpia) y sospechan que los intereses petroleros y la inercia de la misma industria automotriz conspiran para retardar un cambio inevitable. Porque de que vendrá el cambio de tecnología, claro que llegará.
¿De quién es la culpa en esa tardanza? No es de los propietarios de vehículos, sino del costo inaccesible del vehículo alternativo. En lugar de una solución de fondo, que consiste en migrar de modo forzoso hacia una nueva tecnología, se hostiga de mil formas a los automovilistas. De manera subrepticia, los Estados y las empresas monopólicas dejan el tema sin solución y lo deslizan hacia el “rival más débil”. El costo moral y económico del desastre ecológico causado por la oferta de la industria automotriz se descarga en los automovilistas. ¿Los gobernantes que favorecieron la implantación masiva de la industria automotriz? No son tocados. ¿Los dueños de la industria automotriz? No son molestados. Además, la élite de la pirámide política y económica ignora la mayoría de estos problemas del simple automovilista, porque ellos tienen choferes que los movilizan en camionetas blindadas, con guardaespaldas y servibar, y, además, utilizan aviones y helicópteros como alternativa.
Si los gobernantes y dueños de la industria sufrieran a diario un cúmulo de molestias y hostigamientos, como los descritos sobre los automovilistas, estoy convencido que ya hubieran puesto manos a la obra para cambiar de modo radical la situación.
Mientras la solución de fondo espera, la situación del automovilista en cada megalópolis sigue siendo patética y casi desesperada. Maltratado de una y mil formas el conductor y propietario de su carrito, está en condición de “especie en peligro de extinción”, sometido a percances artificiales, producto del pésimo diseño urbano y políticas urbanísticas discriminatorias. Si la asociación “del rifle” norteamericana resulta tan fuerte para cabildear un interés tan cuestionable, ¿son tan débiles los automovilistas o ciegos para mostrar sus intereses? La pregunta queda al viento ¿algún héroe salvará al automovilista del hostigamiento y presionará lo suficiente a la élite privilegiada de políticos y grandes dueños para apresurar el cambio necesario?  Se vale soñar. 

NOTAS

[1] En algunas latitudes esta afirmación puede causar sorpresa, pero en México, durante décadas, decenas de miles de policías han sido dedicado exclusivamente al manejo del tráfico, abandonando sus funciones tradicionales de “vigilancia y combate al delito”.
[2] Sin duda es una palabra tomada de lo que denuncia George Orwell sobre la “neohabla”, al convertir el acto autoritario en una palabra absolutamente contraria a lo que designa. Aquí “movilidad” oculta la inmovilidad y “urbana” esconde la falta de urbanidad. ORWELL, George, 1984.