Por Carlos Valdés
Martín
Este diálogo de Platón
consta de tres partes, las cuales despiertan diferente atención, siendo que la
última parte —la cual da título a la obra, por corresponder a la presentación
del astrónomo Timeo— fue la favorita de los seguidores neoplatónicos y
gnósticos. El efecto perduró al convertirse Timeo en una obra influyente
en el Medioevo y Renacimiento, para efectos teológicos y hasta de los saberes
prácticos, como la prefiguración de la ciencia. En el tiempo posterior ¿por qué
resultó tan influyente? Esta obra sirvió como un enorme puente intelectual entre
la civilización griega (enraizándose desde el antecedente pitagórico),
para armonizarse con la cristianización medieval, relanzarse con el
Renacimiento y seguir girando en los telones de la Ilustración, el
romanticismo, el New Age y jugar hasta con la posmodernidad. Durante siglos permaneció,
como la cosmogonía más interesante para contrastar con el Génesis
bíblico, conforme los detallados textos del Timeo desbordan la
brevedad de los siete días para la Creación, permitiendo diversas y apasionadas
exégesis para entretejer ambas visiones.
El argumento cosmogónico y filosófico del Timeo está urdido con brillante
despliegue de inteligencia, por más que los elementos de información sean arcaicos,
pues su abanico mental procura sutilezas con las herramientas
intelectuales disponibles de la aritmética, geometría, música y lógica. Los argumentos
físicos del Timeo quedaron relegados a partir de las observaciones de la
materia, conforme se estableció una nueva interpretación de los elementos, los
átomos y sus partículas, por lo que sus “triángulos y sólidos perfectos”
resultaron irrelevantes. Sin embargo, los errores evidentes no demeritan el
fondo filosófico ni la sutileza de sus argumentos, que se mantienen como
modelos del razonamiento filosófico.
La mayoría de los
analistas consideran a este diálogo dentro de las obras de vejez de Platón, con
algunas dudas sobre su posterioridad respecto a la República, desde donde
provendría la continuación más recomendada. En esta obra, el tramado del
idealismo platónico está bien estructurado y ahí se propone la tarea monumental
del explicar el Cosmos desde su génesis hasta las variedades de especies, con
aplicación al cuerpo humano, sus sentidos, órganos y dolencias. Veamos en resumen
cómo quedan expuestas las tres partes del dialogo Timeo.
Sócrates sobre la
política
En la medida que esta
temática se presenta con lujo de detalle en la República, lo aquí expuesto
parece un resumen mínimo que está apegado a las mismas opiniones, delimitándose
a presentar en gruesas pinceladas su gobierno y organización social idóneos. Comienza
explicando que el conjunto debe quedar dividido entre dos
agrupaciones, la dedicada a producir con campesinos y artesanos, mientras la
otra será la mano militar, los denominados “guardianes”, igual que en la República.
Esa división se plantea fija y asignada de manera perpetua, cuidándose de sacar
secretamente a los ineptos de la ciudad, para abandonarlos a su suerte.
El cuerpo de guardianes requiere de dedicación completa y profesionalismo, con
un nivel de existencia asalariado, reforzado por una educación adecuada.
Recomienda la “educación de los guardianes mediante la gimnasia y la música de
modo que sean fieros con el enemigo y suaves aplicando la justicia a sus
conciudadanos, que desprecien el dinero y aprecien un modo de vida en el que
han de compartirlo todo, incluidas mujeres e hijos.”
Estos últimos rasgos señalan una especie de comunismo de la élite militar,
combinado con la estratificación acorde al ambiente esclavista.
Si bien, es reconocido el papel tan secundario de la mujer
en la sociedad griega, la interpretación de Platón incluía un ingrediente
heterodoxo, al promover la educación de las mujeres para ocupar puestos
semejantes a los hombres. Su curiosa noción de un control de eugenésico
mediante un sorteo manipulado, raya en el nivel de una broma estudiantil, cuando
sugiere, esa lotería garantice que los mejores se apareen con los mejores.
Una vez terminada su breve exposición de una sociedad
utópica, la voz de Sócrates se lamenta que no observe su relato con un movimiento
que le otorgue vida, por lo cual interviene el siguiente orador.
Sobre la Atlántida
El personaje
siguiente, Critias, afirma la absoluta veracidad de su relato,
sin embargo, resultará imposible de comprobar, debido a las evidentes circunstancias de que no hay testigos sobrevivientes. Esta narración, Critias
la tribuye a su bisabuelo quien fue amigo de Solón, el famoso sabio de Grecia, al haberle
relatado a su abuelo lo siguiente. El propio Solón contó al antepasado haber
viajado a la ciudad de Sais (dedicada a la diosa Neith,, luego localidad famosa por su santuario a Isis)
en Egipto, donde obtuvo la confidencia de un sacerdote sabio. Ese sacerdote le
reprochó a los griegos que olvidaran su glorioso pasado, pues siempre se comportaban
con alma juvenil y se franquea para darle noticias de lo sucedido hace unos nueve
mil años.
Entonces comienza el
relato más famoso sobre el continente o isla-ciudad hundidos, el cual que se ha
renovado con repercusiones en la imaginación literaria y popular. En el Timeo
la descripción de la Atlántida es menos detallada que en otro diálogo.
Establece su ubicación geográfica muy general, señalando que era enorme y más
allá de las Columnas de Hércules. Ahí hubo una confederación de
reyes que intentó conquistar todos los pueblos mediterráneos y fueron los antecesores
de los actuales atenienses quienes la vencieron y protegieron a los pueblos
amenazados, incluidos los egipcios.
Una vez vencida la fuerza militar de los atlantes, sobrevino
el cataclismo. “Posteriormente, tras un violento terremoto y un diluvio extraordinario,
en un día y una noche terribles, la clase guerrera vuestra se hundió toda a la
vez bajo la tierra y la isla de Atlántida desapareció de la misma manera,
hundiéndose en el mar.”
Este relato reforzado con otras fuentes y la comprobación de grandes tragedias
de la antigüedad como la explosión de la isla Santorini, dan la posible inspiración de
ese relato. La imagen de una tragedia completa y la perpetua duda sobre sus
alcances ha favorecido el nacimiento de nuevos mitos, algunos notables por su
popularidad como los planteados por Bacon en La nueva Atlántida y
Blavatsky en La doctrina secreta.
Con breves trazos se
explica la organización política en Atlántida, sostenida en divisiones de estamentos tales como arriba se señalaron, aunque sin abundar en los detalles de
cada actividad, el relato resulta satisfactorio para afirmar la afinidad. Al
terminar esta parte del relato, Sócrates a la manera de juez benevolente, se da por satisfecho, considerando que lo expuesto sirve de ejemplo para su ciudad ideal.
Timeo explica desde antes
del inicio del Cosmos hasta un estornudo
Por mucho, el plan de
exposición del astrónomo Timeo, resulta el más ambicioso y extenso de este
diálogo, pues transita desde la cosmogénesis hasta los elementos constitutivos
del humano y aspectos de detalle (o superficiales) como los sentidos o
dolencias. Este texto resultará apasionante para observar la transición desde
la “pura mitología” con sus dioses heredados por tradición hasta conceptos más
puros, como los geométricos y matemáticos, para explicar el tramado del cosmos.
Resulta perdonable que un plan tan ambicioso quede pletórico de huecos y
traspiés, lo sorprendente es que algunos argumentos sobrevivan con los siglos,
y demuestren un dechado de inteligencia, por más que se mezcle con ingenuidad y
observaciones obsoletas. También la altura de miras implica dificultades, por
lo mismo este texto “El Timeo es uno de los libros más oscuros de la
Antigüedad. En él se encuentra la expresión de una sabiduría misteriosa, nacida
posiblemente de una oculta sociedad de iniciados.”
El cosmos dual ante
el caos
La explicación alberga
su idealismo que implica una dualidad radical entre la materialidad aparente y
su revolucionario concepto de idea (el arquetipo) del cual lo real es su expresión,
simultáneamente con una teología, que oscila para albergar al politeísmo
tradicional mientras presenta la hipótesis monoteísta, mediante el demiurgo o
gran hacedor del cosmos. Aunque la cuestión es más complicada, pues el concepto
está imbuido de una visión que después se llamará animista, pues el ámbito
natural también es un ser vivo, siendo que el cosmos posee alma y vida.
La dualidad de idea contra
materia sintetiza la apertura de la filosofía idealista. Como señala un exégeta
del materialismo, cuando surge una escisión, después resulta casi imposible
suturarla. En cuanto Platón levanta a nivel del Sol a su Idea arquetípica —donde
se concentro lo Bello y Bueno, generando al Cosmos y quedando reservada para
quienes se quitaron oscuridad de su Caverna—
entonces ya no será viable bajar ese reino celestial a nivel del suelo, con lo
que el dualismo se mantendrá como uno de los rasgos más recurrentes de la
filosofía occidental.
El origen del cosmos,
el más bello y perfecto mundo, surge de un modelo ideal, del arquetipo del cual
es una copia imperfecta; en ese sentido, hay un segundo universo superior que
simplemente está siendo copiado. Como el acto es por un hacedor divino, entonces
hay un dios activo que ejecuta ese reproducir, sin embargo, hay todavía un factor
intermedio que está en una previa visión del caos, como un desorden
preexistente. Ese Caos primigenio estaba ya presente en alguna mitología griega,
lo cual resulta admirable para una noción bastante compleja.
Conforme el Demiurgo aplica el arquetipo Ideal sobre el Caos, como su matraz,
comienza a surgir el cosmos ordenado.
El proceso de orden matemático
y geométrico
Entonces si en el principio
fue un Caos, “cuando el universo se encontraba en pleno desorden, el dios
introdujo en cada uno de sus componentes las proporciones necesarias para
consigo mismo y para con el resto y los hizo tan proporcionados y armónicos
como le fue posible.”
Sin embargo, anotemos que esta ordenación se presenta con varias caras como las
siguientes: causa,
proporción (dividir y proporcionar), matemática, geometría, tiempo, elementos
(antes de la química), etc. En algunos pasajes, Platón explica que la
proporción es el dividir lo primigenio en partes, desde donde surgirá lo
espacial, lo numérico, las figuras más perfectas, etc. Resulta difícil
encontrar una continuidad en esta sucesión, porque Platón pareciera ofrecer un pensamiento
casi puro y en ebullición, para traspasar los velos materiales para sondear espacios
y épocas tan lejanos que permanecen al límite último y final de la imaginación.
Una reacción sencilla es reírse o desatender tales ambiciones como lo hizo la
ilustración y el positivismo,
cuando rechazan tales viajes del pensamiento platónico. Por cierto, las ideas científicas
sobre el primer segundo del Bigbang también suenan disparatadas a primera
impresión, con su espacio-tiempo fundido y su materia en transformación
absoluta.
El orden se encuentra
mediante relaciones matemáticas de número enteros, a partir de la unidad que
crece en proporción de tres, y a partir de la dualidad que se duplica. Lo cual
genera esta serie numérica como la clave del universo: 1, 2, 3, 4, 9, 8, 27...
A su vez, esta serie numérica la relaciona de inmediato con la geometría de las
figuras, las cuales Timeo trata con tanto detenimiento, que lleva a descuidar
su contenido matemático. Recordemos que la aplicación (técnica) del número estaba
en su infancia y para ello contribuyó el pitagorismo con es primer ley del
triángulo rectángulo. En ese periodo de filosofía el aplicar el número a la
realidad práctica resultaba afín con aplicarlo al cosmos desconocido. En ese pensamiento,
la matemática y la geometría se toman de la mano para intentar una explicación
de todo lo conocido. El pitagorismo aporta tanto a la cara pro-científica como
a su rostro pro-esotérico. “Sin embargo, a lo largo de la obra
hay una constante referencia a una supuesta doctrina no escrita,
que complementaría lo dicho en el diálogo. Sobre este tema la aportación más
reciente y debatida es el libro de G. Reale: Por una nueva
interpretación de Platón: relectura de la metafísica de los grandes diálogos a
la luz de las “Doctrinas no escritas” (Barcelona: Herder: 2003).
Esa mención a la doctrina no escrita está relacionada con la fuerte influencia
pitagórica: el secretismo y la capacidad de las matemáticas para interpretar
el verdadero orden racional del mundo son los pilares esenciales del Timeo.”
Los elementos: una
parte complicada
De inmediato la
doctrina del Timeo intenta establecer lo que después corresponderá con la
química, mediante una interpretación de cuatro elementos, lo cual representa
una de las partes más despreciadas por el saber moderno. Las preguntas y
respuestas de Platón sobre qué forma al fuego, aire, agua y tierra ahora nos
sorprenden, pues entre ellos busca proporciones matemáticas, les atribuye que
son triángulos sus partes menores y a su vez imagina el tramado en otras geometrías.
“Así
a cada elemento le corresponde un sólido regular: el cubo, la
tierra, la pirámide, el fuego, el octaedro, el agua y el icosaedro, el aire.
Cada uno de estos sólidos está formado por triángulos isósceles.” Lo anterior incluye explicaciones sobre el
comportamiento de cada elemento, la conversión de unos en otros, sus
movimientos... y su relación con las manifestaciones del cuerpo. Por ejemplo, ¿por
qué quema el fuego? Argumentó que debido a los triángulos pequeños colocados en
pirámides diminutas que cortan a los demás. Durante más de dos mil años el
pensamiento no saltó el trecho desde la alquimia hasta la química, mientras
tanto las explicaciones del Timeo eran suficientes para un afán de
integración.
Para el tiempo más
moderno el afán por los 4 elementos se convirtió en los “estados de la materia”
que dejaron de poseer tal relevancia. A cierto nivel, esos cuatro elementos siguen
siendo básicos para las experiencias inmediatas, por lo cual la literatura,
la fenomenología o el simbolismo los seguirán considerando fundamentales. Esto
significa que la irrelevancia para ciertos procesos de conocimiento no
convierte en irrelevantes al cuadrilátero de tierra, agua, viento y fuego tan
fascinantes del Timeo.
Astronomía y tiempo
El personaje Timeo se
presume fue uno de los grandes astrónomos de la antigüedad griega y el tema de
la esfera celeste, las órbitas y demás aspectos descriptivos son episodios
notables de la obra. La parte astronómica está vinculada con la perfección del
círculo, la proporción, el tiempo y la armonía para buscar una explicación de
cómo están colocados los planetas y astros en el firmamento.
Comenzando por
imaginar al todo superior, “lo conformó como un todo perfecto constituido de la
totalidad de todos los componentes, que no envejece ni enferma.”
Para lo cual considera que la única figura correspondiente es una esfera, cual
círculo perfecto.
Se observa ahí la preocupación por destacar la identidad (lo mismo consigo mismo)
como característica del cosmos, anticipando la lejana discusión de la dualidad
sujeto-objeto y su resolución, tan cara a la filosofía clásica alemana del
siglo XIX.
Siendo que la eternidad
está en el arquetipo del universo, el demiurgo decidió crear una imagen móvil
de la eternidad mediante el movimiento planetario y el tiempo. De esa manera el
Hacedor “procuró realizar una cierta imagen móvil de la eternidad y, al ordenar
el cielo, hizo de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen
eterna que marchaba según el número, eso que llamamos tiempo.”
Para esta concepción, el tiempo se forma de la procesión celeste, lo cual es
una imagen de la eternidad, por tanto, el “cielo” posee en sí una categoría
metafísica, que retomó el cristianismo.
Anotemos que para ese contexto los
astros son seres vivos y también las estrellas, especificadas como “las
estrellas fijas, que son seres vivos divinos e inmortales”.
Agreguemos que para
las sociedades de agricultores el calendario, derivado del estudio de la astronomía,
resultaba clave para la sobrevivencia de los pueblos, por lo que las observaciones
y creencias de los cielos, quedaron bien arraigadas entre los pueblos
sedentarios.
Del Demiurgo hasta
los múltiples seres que pueblan
La presencia de un
único y primer Hacedor implica un puente clave con la historia de la cultura y
las religiones, pues anticipó el monoteísmo y garantizó su aceptación en el
periodo siguiente, dominado por las concepciones cristianas. Sabemos que abordar
la religión griega desde un punto de visa inusual era peligroso y a Sócrates se
le condenó, de ahí que resulta comprensible que mantiene
intacta a la mitología tradicional, mientras coloca a este Demiurgo como su
antecesor genealógico, en ese sentido, su padre. La sucesión viene desde la mitología
tradicional, entonces repite “el origen de los dioses tal como lo exponen
ellos. Océano y Tetis fueron hijos de Gea y Urano, de ellos nacieron Forcis,
Cronos, Rea y todos los de su generación; de Cronos y Rea, Zeus, Hera y todos los que
sabemos que son llamados sus hermanos y, además, los restantes que son
descendientes de éstos.”
Respecto de los cuales el Demiurgo les ordena, marcando con claridad su
jerarquía, que participen en la creación de otros seres. Él pone una parte,
mediante una simiente, de naturaleza inmortal que “es llamado divino y gobierno”;
la cual es la parte de espíritu, el intelecto más elevado que busca el Bien supremo.
Esa parte debe, mezclarse con lo que aportan los dioses, a quienes el Demiurgo indica
“Vosotros haréis el resto, entretejiendo lo mortal con lo inmortal. Engendrad
seres vivientes, alimentadlos, hacedlos crecer y recibidlos nuevamente cuando
mueran.”
En la creación del
cuerpo humano señala una serie de argumentos, como la circularidad de la cabeza
para ligarla al círculo como figura más perfecta, la expansión de las
extremidades, etc., considerando la función de los sentidos. La visión queda
como el sentido primero y supremo, así: “Los primeros instrumentos que
construyeron fueron los ojos portadores de luz”
Para la proliferación
de las especies, el Timeo también proporciona sus argumentos “Hay, ciertamente,
cuatro: una es el género celeste de los dioses, otra el alado y de los animales
que surcan el aire; la tercera es el género acuático y la cuarta corresponde al
que marcha sobre los pies y a los animales terrestres.”
Con lo anterior, quedan ligados los hipotéticos seres celestes, con los
evidentes entre las tierras y aguas, sin embargo, el texto ya no abunda en la
descripción de los animales, para dedicarse más a fondo con el cuerpo.
Para rematar esta
visión, este texto agrega una explicación de la sucesión de almas entre las
especies, en una palingenesia donde se asume que la degradación del espíritu explica
el paso hacia seres inferiores, cada vez más próximos al suelo.
Del cuerpo con sus curiosas
cualidades y dolencias
Gran parte del texto
se dedica a abundar más sobre cómo es la disposición de los diferentes órganos,
haciendo consideraciones sobre sus relaciones con los elementos platónicos, explicaciones
de sus relaciones con las facultades superiores, desde intelectuales hasta
intuitivas, planteando algunos temas bastante pintorescos. Por ejemplo, se
interesa detalladamente en la relación del hígado con la premonición, pues la
predicción del futuro fue una pieza clave en la religión griega, mediante los
oráculos. Ubica a “la parte del alma que habita en el hígado y le otorga un
estado apacible durante la noche con el don de adivinación durante el sueño”
Esto implica una separación de algunas facultades intelectivas en la parte
inferior de cuerpo.
Hay interesantes descripciones
y explicaciones de los órganos, además de incluir entretenidas explicaciones sobre
enfermedades. Por ejemplo, la curvatura provocada por la enfermedad del tétanos
le sugiere curiosas argumentaciones, al sugerir que el aire es la causa de
tales efectos. Le parece que el aire cuando no puede escapar “corrompe lo que no
se refresca y, en el otro, violenta las venas y las retuerce, disuelve el
cuerpo”.
Asimismo, establece
relaciones directas entre las dolencias del cuerpo con las tendencias del alma,
como cuando afirma que los excesos de materia seminal, provocan una tendencia
del alma proclive al mal, así como acompañar los placeres con dolores.
Conclusión
Este texto adquirió
enorme importancia en la historia de la filosofía, alcanzando una posición
clave en el periodo siguiente. Su estilo y complejidad permite varios tipos de
lecturas que han inspirado visiones desde teológicas hasta físicas, alimentado desde
ficciones literarias hasta argumentos matemáticos, sugiriendo desde guías
astronómicas hasta explicaciones gnósticas, etc. La riqueza intelectual que
proporciona el Timeo lo sostiene como un perpetuo clásico desde la antigüedad.