Por Carlos
Valdés Martín
El libro Lógica del sentido
abre un proyecto complejo y ambicioso del filósofo Gilles Deleuze que replantear al sentido,
en un amplio proyecto para repensar el mundo, revolver las certezas y las
miradas filosóficas. Este libro —editado en 1969, junto con Diferencia y
repetición, publicado un año antes—, perfecciona la plataforma intelectual
del filósofo Deleuze, a partir de los cuales ya hay un modelo de pensamiento. Su
fondo y estilo son innovadores, desplazando a los esquemas tradicionales de la
filosofía, lanzándose debajo de lo que se llama “esquemas”. En sus temas,
Deleuze enfatiza paradojas y explicaciones abiertas, por lo cual considera las “series” (concepto
proveniente de la fenomenología) en vez de las categorías y estructuras. Su enfoque es multidisciplinario,
uniendo la filosofía con otras disciplinas, especialmente la psicología,
literatura, semiótica y lingüística. Cada aspecto proporciona intensidades al
analizar autores y textos, demostrando un intenso dominio de los escritos analizados.
Respecto de la filosofía pretérita le interesa rescatar a los autores cínicos y
estoicos confrontados con Platón, exaltando más la paradoja que la
contradicción como abordamiento del sentido. El recorrido intelectual alrededor
del “sentido” viaja a través de las paradojas y los espacios incompletos, resaltando
los efectos de superficie. Aunque esta no es la obra más afamada de Deleuze, en
este viaje mental, él arma su sistema de pensamiento y en otras obras seguirá
demostrando el alcance de sus interpretaciones. Cada entrada forma un andamio
intelectual alrededor de las paradojas del sentido y se mantiene en el nivel de
las series con su contenido fenoménico, para sacar amplias conclusiones.
Prólogo, de Lewis Carroll a
los estoicos.
Comienza con Platón y Alicia:
los movimientos desbocados provocan paradojas. Platón dice que el cambio
continuo es un devenir desbocado, como el paso de frío a caliente, en cambio
hay pasos medidos; entre esas dos modalidades —desbocado y pausado— reflexiona
Deleuze sobre el origen de la lógica, aunque más bajo una observación hacia lo
que mira Platón en Timeo y Cratilo. Luego se desplaza hacia el
clásico de la literatura infantil creada por un lógico-matemático que es
protagonista de este análisis, Lewis Carroll en su Alicia y otras obras: “Trastrocamiento del crecer y el empequeñecer:
«¿en qué sentido, en qué sentido?» pregunta Alicia,”
La consecuencia ataca al sujeto: “Todos estos trastrocamientos tal como
aparecen en la identidad infinita tienen una misma consecuencia: la impugnación
de la identidad personal de Alicia, la pérdida del nombre propio”.
Primera serie de paradojas,
del puro devenir
“(Los estoicos distinguen)
radicalmente, y nadie lo había hecho antes que ellos, dos planos de ser: por
una parte el ser profundo y
real, la fuerza; y por otra, el plano de los hechos,”
Introducen una separación nunca antes vista. “Remiten las causas a las causas,
y afirman una relación de las causas entre sí (destino). Remiten los efectos a
los efectos, y establecen ciertas relaciones de los efectos entre sí”
y, en esa línea, oponen destino versus necesidad. Así, “los estoicos llevan a
cabo la primera gran inversión del platonismo, la inversión radical (…) estéril,
ineficaz, en la superficie de las cosas: lo ideal, lo incorporal no puede ser
más que un «efecto».”
Ejemplo del “sorprendente retrato
de Crisipo, en pocas
páginas, por Diógenes Laercio”, con gusto por las paradojas. Que es una
modalidad peculiar de humor “El
humor es este arte de la superficie, contra la vieja ironía, arte de las
profundidades o de las alturas.”,
que es el arte de Sócrates, con su ironía de profundidades.
Segunda serie, de los efectos
de la superficie
Carroll continúa a los estoicos;
comenzando con los pozos y las alturas, pero termina en lo delgado, los
hombres-baraja y la superficie, desplazamientos en espejos. “¿Por qué los
mismos ejemplos del estoicismo continúan inspirando a Lewis Carroll? (…) Y por
doquier, heridas, cortes”
Además, es el paso de lo corporal a lo incorporal siguiendo una superficie, la
fórmula de Carroll después de A través
del espejo.
Tercera serie, de la
proposición
La proposición (lógica o
semántica) la divide en tres aspectos siguiendo una pauta clásica. 1) La indicación
o designación que la marca a modo de
“dato”, su rasgo es colocarla a modo de individualidad; indicando sitio (aquí,
allá) o tiempo (hoy, siempre) (A manera de Kant, son sus coordenadas de espacio
y tiempo). 2) Su relación con el sujeto, casi siempre está presupuesto
un “Yo”, pero puede haber otros quienes hablan (el sujeto de la frase
gramática, quien habla). Se le llama manifestación.
3) La significación es su relación
con términos universales o generales, donde sus significantes son “implica” y
“luego”. (Por ese lado es conclusión lógica, pero también es la especificación
de lo que se dice; el complementar de la frase; la posición específica de Kant,
su “su percepción sintética a priori,
que es lo que capta el pensamiento al nacer). Estas tres fases de la
proposición, Deleuze se pregunta cuál es primera. Luego se pregunta “estamos
atrapados en un círculo que es el círculo de la proposición.” 4) Por su
encierro y todavía hay un elemento escapado, que es el “sentido”, viene “añadir
una cuarta (dimensión) que sería la del sentido, es una cuestión económica o
estratégica” “El
sentido es la cuarta dimensión de la proposición. Los estoicos la descubrieron
con el acontecimiento: (…) acontecimiento puro que insiste o subsiste en la
proposición.” (Al
ser cuarta dimensión es una categoría
general: que equivale la trascendencia desde la percepción del sujeto en Sartre
y que se destila como una “nada” en su primer periodo).
Al sentido Deleuze le encuentra
propiedades singulares: “sería entonces irreductible (…) ni palabra, ni cuerpo,
ni representación sensible, ni representación racional (…) una naturaleza
completamente diferente”
El sentido funciona como anillo Moebius.
Aclara que la lógica del sentido está inspirada por el
empirismo, en especial Husserl, con su análisis fenomenológico y el término
“noema”. Lo define “el noema es lo percibido tal como aparece en presencia, «lo
percibido como tal» o la apariencia”,
pero no es un simple dato, sino una continuidad (como lo explicó Sartre, en El Ser y la Nada). Pone como ejemplo “el
árbol verdea” y hace el análisis de designación, manifestación y significación
para sacar a luz mejor el sentido. Va
a precisar mejor el sentido, indicando que “es lo expresable o lo expresado de
la proposición, y el atributo del estado de cosas (…) Es exactamente la
frontera entre las proposiciones y las cosas. (…) el acontecimiento es el
sentido mismo”
Cuarta serie, de las
dualidades
Explica las “dualidades”. Primero
fue la separación de causas y efectos, de lo corporal e incorpóreo de los
estoicos. La novela de Carroll establece otra dualidad entre cuerpo-lenguaje y
comer-hablar, aunque más bien no lo es, sino una frontera del sentido, que
reúne ambos lados. En el cuento “cuando Humpty Dumpty explica la insólita
palabra «impenetrabilidad»,”
dándole el sentido que él prefiera.
Carroll establece dualidades de
palabras: “seres u objetos consumidores o consumibles, descritos según sus cualidades
físicas, sensibles y sonoras, y la otra hecha de objetos o personajes
eminentemente simbólicos, definidos por atributos lógicos o, a veces,
apelaciones de parentesco, y portadores de acontecimientos, de noticias,
mensajes o sentido”
Quinta serie, del sentido
El sentido es la Gran
Bisagra, uniendo las dos clases de términos. “debe desarrollarse en sí
mismo en una serie de paradojas, esta vez interiores.”
Paradoja de la regresión, o de la proliferación indefinida. “nunca digo el sentido de
lo que digo. Pero, en cambio, puedo siempre tomar el sentido de lo que digo
como el objeto de otra proposición de la que, a su vez, no digo el sentido.”
La Duquesa a modo de juego lógico: "Tú cuida el sentido, y los sonidos ya
cuidarán de sí mismos.»” Este camino
es el de una proliferación infinita, desde una proposición el sentido
inicia una loca carrera sin detenerse, “lanzarse en una carrera de conjurados,
en la que se da vueltas de proposición en proposición”
Paradoja del desdoblamiento estéril o de la
reiteración seca. Cuando se extrae sentido a una proposición, también es
posible descubrir una impotencia de sentido; al afirmar “el cielo es azul”,
resulta viable cuestionar ¿es el cielo azul? Generando una suspensión, manteniendo la duda “El
sentido opera la suspensión tanto de la afirmación como de la negación.”
La llama paradoja de los estoicos. Al independizarse de la proposición misma el
sentido es su doble fantasma: exactamente como la sonrisa que sale del gato
Chelsea; a lo cual llama un “desdoblamiento estéril”.
Paradoja de la neutralidad, o del tercer estado de
la esencia. El resultado es que el sentido se expresa (digamos) autónomo a
la proposición, “ningún modo de la proposición puede afectarlo”, es
indiferente. Esto respecto de la calidad (digamos que es el vacío del
formalismo lógico).
Eso lo argumenta Deleuze respecto de la cualidad; cantidad; la relación y la
modalidad… sobre esta última vuelve a las paradojas de Carroll aplicadas al
tiempo “Y si el acontecimiento es posible en el futuro, y real en el pasado, es
preciso que sea los dos a la vez, ya que se divide en ellos al mismo tiempo.”
Y de modo más general, el
sentido afecta o infecta el ser y el extra-ser de la proposición al mantenerse
neutral al sentido mismo. Cierra preguntando ¿… “tanto más terrible y
potente en esta neutralidad cuanto
que lo es todo a la vez?”
Paradoja del absurdo, o de los objetos imposibles:
De la neutralidad del sentido, se desprende la paradoja de que los objetos
imposibles (la muerte viva de sonidos inaudibles) también tienen sentido. Para
esto se distingue el absurdo (que no puede ser) del sinsentido que marca una frontera del ser. “los
objetos imposibles -círculo cuadrado, materia inextensa, perpetuum mobile, montaña sin valle,
etc. son objetos «sin patria», en el exterior del ser, pero que tienen una
posición precisa y distinta en el exterior: son el «extra-ser»,”.
Le llama paradoja de Meinong. Aunque fuera de lo real, los imposibles están en
la proposición.
Sexta serie, sobre la
serialización
La serialización como base
de todas las paradojas anteriores se aborda aquí. La serialización es una paradoja de la cual derivan todas las demás.
Para “cada nombre desconocer tiene un sentido que debe ser designado por otro
nombre, n1 → n2 → n3 → n4...”
Cada serie homogeneiza, aunque puede haber una diferencia de rangos o grados de
la sucesión. En Carroll se opera una serie doble, que muestra dos
homogeneizaciones de grados como comer y hablar. Por su condición, para Deleuze
lo seria es multi-serial.
Cuando hay dos series, entonces una será el significante y
otra el significado. El primer significado es la parte independiente;
el significado es la parte dependiente. Anota el ejemplo de La Carta Robada
de Poe que es analizada por Lacan a modo de series.
Al relacionarse, estas dos series “Hay pues un doble deslizamiento de una serie
sobre la otra, o bajo la otra, (…) desequilibrio de una respecto de la otra (…)
debe ser orientado: una de las dos series, precisamente la determinada como
significante, presenta un exceso sobre la otra…”
Luego respecto de ambas series el elemento más importante que conecta a
ambas, toca ambas, las trasciende, las recorre… como la “carta” de Edgar A.
Poe. Aunque ese elemento sea privilegiado, también le “falta su lugar” (es
ausencia o Nada, es extraño, mucho, “hay elemento más extraño (….) siempre se
encontraba en el estante superior al que ella miraba.”
Séptima serie, de las palabras
esotéricas
Las palabras esotéricas surgen en una conjunción de series de Carroll.
Tipo: dos series con diferencias pequeñas unidas por un objeto extraño. Tipo:
dos series con grandes diferencias, pero reguladas por proposiciones, ruidos u
onomatopeyas. Tipo: dos series con fuerte disparidad regulada por “palabras
esotéricas”.
Asimismo las palabras esotéricas
de Carroll son de distintos tipos: 1) Por contracción o sustracción de vocales.
Ejemplo, “«y'reince» en lugar de Your royal Highness (…) con sobrecarga
de consonantes, o bien la simple desvocalización”
. 2) Otro procedimiento es unir las dos series; “el gran ejemplo era la palabra
Snark”
y hay otras. Esta palabra es
“casilla vacía”, “O bien, se llama con nombres completamente indeterminados:
aliquid, it, esto, cosa, chisme o
trasto”
O no se nombra pero circula. 4) Hay palabras-valija que ellas incluyen series,
aunque no toda fusión es para Deleuze una palabra-valija, sino cuando coincide
con un contenido esotérico.
Ahora bien, establece tres tipos
de palabras esotéricas de Carroll según su operación: las contractantes,
circulantes y las “disyuntiva”. Únicamente las disyuntivas son “palabras
valija”.
Octava serie, de la estructura
8 De la estructura Levi-Strauss señaló otra paradoja “dadas dos series,
una significante y otra significada, una presenta un exceso y otra un defecto, por los cuales se
remiten una a otra en eterno desequilibrio”
Del lado del significante está el lenguaje “el significante primordial es del
orden del lenguaje”;
distingue Deleuze diciendo “del orden del lenguaje”, en lugar del lenguaje
mismo para referirse al pensamiento-lenguaje que opera de significante; que es
un conjunto pletórico desde un principio. Del lado de los significados, están
las cosas, que es el mundo apropiado parte por parte, y por eso arma la
paradoja de Robinson. Pues Robinson pone su “sociedad” como idea a modo de
conjunto (carga lo social enterito), en cambio se apropia de la naturaleza
parcela a parcela. (CVM: Mientras Marx se burlaba de las
robinsonadas, como proyecciones del capitalismo hacia las selvas vírgenes, aquí
Deleuze las justifica con la epistemología y la lógica; pero además las hace
fundamento de la revolución de Marx, como se argumenta adelante). Revela que una sociedad tiene “todas
sus reglas a la vez” y por eso “la ley pesa con todo su peso, incluso
antes de que se sepa cuál es su objeto, y sin que pueda saberse nunca
exactamente”.
Visto como dos series “lo social” se opone al progreso “técnico-natural”; uno
en conjunto y el otro en escala; dando un desajuste. Por el lado del reformista
(hacedor de reformas, también de tecno-gobierno aquí) comete errores de querer
ajustar las dos series, que por definición están desajustadas. Para el dictador
la ilusión de totalizar las significaciones. El “revolucionario vive en la
distancia que separa el progreso técnico de la totalidad social, inscribiendo
allí su sueño de revolución permanente”,
siendo ese sueño “acción, realidad, amenaza efectiva”.
En el exceso de la serie
significante surge necesariamente un “significante flotante”, que es “prenda” y
“servidumbre”. Le corresponde un “significado flotado” que no por ello es
conocido. Estamos en el área de la indefinición-doble necesaria a la
estructura; de un lado, la
“casilla vacía” y del otro un “supernumerario”; ambos compensando el
desequilibrio perpetuo.
Define Deleuze lo mínimo de la estructura
con 1) dos series, una “como «significante» y la otra como «significada»”
; 2) la relación entre ellas, donde corresponden acontecimientos o
“singularidades” muy particulares; 3) “Las dos series heterogéneas convergen hacia un elemento
paradójico (…) Es a la vez palabra y objeto: palabra esotérica, objeto exotérico”,
ese elemento paradójico es complejo y móvil, su principal tarea es “sobre todo asegurar la
donación del sentido”.
Novena serie, de lo
problemático
9 De lo problemático comienza
definiendo la singularidad (acontecimiento ideal), la cual es “nudos, focos,
centros; puntos de fusión”, es
esencialmente “pre-individual, no personal” ni conceptual. “Es neutra.
En cambio, no es «ordinaria»”.
(Notamos que: En efecto, con la singularidad se hace pequeña la imagen y nos
aproximamos al punto, al cual nunca se alcanza sino por una simplificación
geométrica; Euclides lo desnuda y solamente le concede “posición” en el
espacio; hasta Descartes se encontró cómo atraparlo, con dos tenazas que son
las coordenadas).
De una estructura emergen varias
singularidades, a las cuales Deleuze les observa un movimiento: “las singularidades
se desplazan, se redistribuyen, se transforman unas en otras, cambian de
conjunto”. Peguy compara las singularidades con los puntos de fusión y
ebullición de las temperaturas.
Vuelve al acontecimiento que es
ideal, “Los acontecimientos son ideales”, es más “Los acontecimientos son las
únicas idealidades”.
Esto es una inversión de Platón y explícita. El acontecimiento no debe
confundirse ni con la esencia (eso es idealismo) ni con el accidente (eso es
empirismo). La modalidad del acontecimiento es el problema; nos lleva hacia los
problemas, en el sentido asertivo del término, como en Kant.
Las matemáticas se pueden utilizar para problematizar y sigue con los ejemplos
de Carroll. Regresa a la “casilla vacía” que aquí se ha convertido en pregunta, que recorre las series y las
mueve.
Décima serie, del juego ideal
10 El juego ideal se
muestra en Carroll, aunque parece disparatado, muy movido y sin reglas claras. Por
eso Deleuze da una definición
del juego normal “Los caracteres de los juegos normales son pues las
reglas categóricas preexistentes, las hipótesis distributivas, las
distribuciones fijas y numéricamente distintas, los resultados consecuentes.”
Su otra característica es que está al lado de otras actividades, y como
esterilizado, pues están el trabajo o moral “de la que son la caricatura o la
contrapartida”.
Propone imaginar otro tipo que sea el “juego puro”,
donde se amplifican y distorsionan esos principios: sin reglas prestablecidas; cada tirada modifica su
distribución, incrementando o variando su calidad; “Cada tirada emite
puntos singulares, los puntos de los dados. Pero (…) El tirar único es un caos,
del que cada tirada es un fragmento.”;
no da resultados fijos, sino nómadas ¿ganó o perdió? Eso no estaría definido en
las tiradas. “Un juego tal, sin reglas, sin vencedores ni vencidos, sin
responsabilidad (…) parece no tener ninguna realidad. Además, no divertiría a nadie (…) Pero
precisamente es la realidad del pensamiento mismo. Es el inconsciente del
pensamiento puro.”
Es decir, el pensamiento puro cumple el ideal de un puro juego puro y su resultado es la obra de arte.
Luego Deleuze describe esa operación del pensamiento moviendo la serie,
determinando singularidades, transitando el azar… Este juego “hace que el
pensamiento y el arte sean reales y trastornen la realidad, la moralidad y la
economía del mundo.”
Con esto reivindica la realidad del arte-juego, en una línea antagónica (aunque
afín) a la conclusión de Baudrillard sobre el simulacro, en lo antagónica
porque aquí el mismo desarrollo tiene el tono optimista y lúdico.
El azar nos lleva al tiempo divisible, bajo la
metáfora de La biblioteca de Babilonia,
la cual intensifica el azar; pero éste requiere de la serie del tiempo. Ahí discute la imagen del Aion
divergente de Cronos, pero no lo explica. Analiza con brillantez la
separación entre presente versus pasado y futuro, ya sea en la intensificación
del presente (absoluto) o su disolución sometida a los gemelos pasado y futuro.
Expone la dualidad de los estoicos: “Tan pronto se dirá que sólo existe el
presente que reabsorbe o contrae en él al pasado y al futuro (…)Tan pronto, por
el contrario, se dirá que únicamente subsisten el pasado y él futuro, que
subdividen cada presente hasta el infinito”.
Entonces el Aion es un laberinto lineal, paradójico; que no es presente (fuga
en ambas direcciones), así Deleuze define el acontecimiento en el Aion, como pasado y porvenir, pero no
presente. “El acontecimiento es que nunca muere nadie, sino que siempre
acaba de morir y siempre va a morir, en el presente vacío del Aión, eternidad.”
Así, deja una tarea a reflexionar Deleuze con esa modalidad temporal del Aion,
que es forma vacía, mientras Cronos sí se deja saturar. El Aion une dos series, antagónicas
como cielo y tierra, “El Aión es exactamente la frontera entre las dos,
la línea recta que las separa, pero igualmente la superficie plana que las
articula, vidrio o espejo impenetrable.”
Undécima serie, del sinsentido
11 El sinsentido es otra paradoja “Es a la vez palabra = x y cosa = x.
Tiene dos caras, porque pertenece simultáneamente a las dos series (…) siempre
en desequilibrio respecto de sí mismo”.
Para ese nivel “los estoicos disponían de una palabra desprovista de sentido, Blituri, pero la empleaban emparejada
con un correlato: Skindapsos”;
Blituri es una onomatopeya del sonido
de la lira musical, el Skindapsos
designa a la máquina o instrumento.
Llama “palabra blanca” a esa
palabra esotérica de primer nivel, que contiene la anomalía de ser palabra y
cosa; que en mayor anomalía se designa a sí misma. “Sabemos que la ley normal
de todos los nombres dotados de sentido es precisamente que su sentido sólo
puede ser designado por otro nombre (n1 → n2 → n3...). El nombre que dice su propio sentido no puede ser sino
sinsentido (Nn).”
En la otra variante de la palabra-valija, hay dos elementos que conforman una
“alternativa”. En conclusión, el sinsentido es una palabra que dice su propio
sentido, aunque Deleuze nos plantea que esto es provisional en su lógica del
sentido.
“El sentido no es, pues,
separable de un nuevo género de paradojas, que señalan la presencia del
sinsentido en el sentido”,
que opera por la referencia de las series al sinsentido. Propone que se le
llame «efecto Crisipo» o «efecto
Carroll», por sus descubridores.
Considera que ese es un punto
común del estructuralismo, mediante el sentido producido por la casilla vacía: lugar
del muerto, lugar del rey, mancha ciega, significante flotante, valor cero,
bastidor o causa ausente, etc. “La estructura es verdaderamente una máquina de
producir el sentido incorporal”, pero no por un absurdo (Camus), sino por un
exceso en la estructura; no es simple ausencia de sentido (estática), sino su
dinámica que termina agregando sentido.
El estructuralismo “desplazó
fronteras”, al respecto de la filosofía y el sentido, plantea Deleuze un
posicionamiento general: “Cuando la noción de sentido tomó el relevo de las
desfallecidas Esencias, la frontera filosófica pareció instalarse entre los que
ligaban el sentido con una nueva transcendencia, nuevo avatar de Dios, cielo
transformado, y los que encontraban el sentido en el hombre y su abismo,
profundidad nuevamente abierta, subterránea. Nuevos teólogos de un cielo
brumoso (el cielo de Konigsberg), y nuevos humanistas de las cavernas”
(Explicamos: División que cabría llamar entre los teólogos de Kant-Hegel-Kierkegaard
y los human-ólogos de la hondura cual Marx-Nietzsche.) Anotamos el Sentido es el sucesor de las
Esencias (buscadas por la Idea arquetípica de Platón y esa línea); luego
viene una disputa por la Trascendencia entre Dios (nuevo idealismo objetivo
kantiano y sucesores) y el Hombre (entre materialistas y existencialistas). En
ambos sistemas, Deleuze observa que el Sentido es Principio, que está lejos,
como un Cielo o agua bajo un Pozo.
Pero él plantea otra posición como
la “buena nueva” y se coloca en una inmanencia del Sentido. “Es pues
agradable que resuene hoy la buena nueva: el sentido no es nunca principio ni origen, es producto.
No está por descubrir, ni restaurar ni reemplazar; está por producir con nuevas
maquinarias. No pertenece a
ninguna altura, ni está en ninguna profundidad, sino que es efecto de
superficie”
Incluso afirma que esa superficie es la que produce la altura y la profundidad.
(En ese aspecto, Deleuze es un materialista fenomenólogo, justo como el Sartre
de El Ser y la Nada, cuando el
recorrido de las texturas fenoménicas produce el hueco de la Nada que se
instala en el Ser, para recrearlo todo). Indica que Nietzsche hace lo propio:
“máquinas para instaurar el sentido”. Reivindica a Freud en cuanto inconsciente
implica que la maquinaria del sinsentido (inconsciente) produce el sentido
(consciente). El lugar de la
liberación (conforme esta nueva filosofía) son las singularidades que en sus manifestaciones “producen más sentido y libertad,
efectividades que el hombre nunca había soñado, ni Dios concebido”
Duodécima serie, sobre
paradoja
La paradoja: de ellas no
nos vamos a librar, pues el pensamiento no es simple y ellas no son un nudo
rebuscado que lo aprieta. “La fuerza de
las paradojas reside en esto, en que no son contradictorias, sino que nos hacen
asistir a la génesis de la contradicción”
La paradoja se opone a la “doxa”
del “buen sentido”, entonces propone Deleuze una brillante explicación de en
qué consiste el “buen sentido”. Un largo resumen de los caracteres del Buen Sentido: “Los
caracteres sistemáticos del buen sentido son pues: la afirmación de una sola dirección; la
determinación de esta dirección como yendo de lo más diferenciado a lo menos diferenciado, de lo
singular a lo regular, de lo notable a lo ordinario; la orientación de
la flecha del tiempo, del pasado al futuro,
según esta determinación; el papel director del presente en esta
orientación; la función de
previsión que de
este modo se hace posible; el tipo de distribución sedentaria en
la que se reúnen prácticamente todos los caracteres precedentes.”
La paradoja cuestiona al Buen
Sentido, por cuanto a su flecha única, le integra otra o más; no solamente como
una diversión, sino porque sí hay más de un sentido en el Universo, citando el
análisis del Boltzmann.
El Sentido Común lo define
mejor como un “órgano”, al reunir una serie de cualidades, facultades,
identificador que remite cualquier forma a lo Mismo, entonces “los remite a una
unidad capaz de decir Yo: es un solo y mismo yo el que percibe, imagina,
recuerda, sabe, etc.”
Bajo tal definición, el
Sentido Común y el Buen Sentido se complementan para encontrarse en “una
instancia capaz de remitir esta diversidad a la forma de identidad de un sujeto”.
Bajo este modelo son las dos series que “En esta complementariedad del buen
sentido y del sentido común, se anuda la alianza del Yo, del mundo y de Dios: Dios como última salida de
las direcciones y principio supremo de las identidades.” Más allá de tales, Sentido
Común y Buen Sentido se levanta la paradoja que pone a correr las series
desbocadas. En Alicia el devenir-loco también remite a la pérdida de identidad,
se rompen las dos series normales. La paradoja como potencia del inconsciente
abre la duplicidad, parte en dos al Buen Sentido único. Pero, una vez rota esa
línea, por un exceso, reaparece una organización de Sentido Común y Buen Sentido.
Decimotercera serie, del
esquizofrénico y de la niña
Viene el esquizofrénico y la
niña a marcar la fragilidad de la superficie, cuando llega el sinsentido y,
en lugar de crear, cae en la coladera, deslizándose por la locura irreversible.
Aunque hay aproximación en la creación de “palabras-valija”, “Esto no justifica
en absoluto la grotesca trinidad del niño, el poeta y el loco.”
Y son semejanzas groseras, pues el sinsentido es distinto en cada caso.
Expone las discrepancias y
objeciones de Antonin Artaud, un artista esquizofrénico, en contra de Carroll,
a quien acusa de superficial. En eso está de acuerdo Deleuze, pero esa
superficialidad en Carroll es el mérito con su ambiente creativo y plataforma
para las paradojas de sentido y sinsentido. Para el esquizofrénico ya no hay superficie.
Señala Freud que el cuerpo del esquizofrénico está como horadado, se rompe la frontera entre las cosas
y las proposiciones; rasgo de ese estado, donde las cosas se cuelan,
trocean y disgregan. Ahí el lenguaje pierde sentido. Por eso las
palabras-valija de un esquizofrénico como Artaud son distintas, ubicadas “en
una región de infrasentido, según un principio fluido y ardiente que absorbe,
resorbe efectivamente el sentido”
y ocurre en otro nivel, “Subsentido, insentido, Untersinn, que debe ser distinguido del sinsentido de superficie.” Además,
las series de significante y significado han desaparecido en absoluto, mientras
ese sinsentido engulle todo.
Por su parte el niño es el que
está subiendo a la superficie y en ese camino encuentra trozos esquizofrénicos.
Posiciones distintas ante la superficie: el niño la conquista; el
esquizofrénico la hunde y el arte juega, incluso el perverso la domina. Además,
se queja de los psicoanálisis aplicados a Carroll, y le recomienda al
psicoanálisis comenzar por la geometría y su extensión la geografía.
Decimocuarta serie, de la
doble causalidad
De la doble causalidad que
sirve para explicar la fragilidad del sentido. El sentido es “efecto de las
causas corporales”, pero casi se mezcla y queda atrapado por las causas;
asimismo, está determinado por una casi-causa, entonces hay que “insistir en el carácter
esencialmente producido del sentido: nunca originario, sino siempre
causado, derivado.”,
y, a su vez, el sentido es productor.
Señala la discrepancia entre la
lógica formal usual y la lógica trascendental de Husserl, aunque a éste también
lo critican, en particular, por mantener como génesis a la doxa que surge de la unión del buen sentido con el sentido común
(la conciencia ordinaria) que marca evidencias.
Emplea al Sartre de La trascendencia del
Ego para criticar a Husserl. El campo teórico creado por Husserl, llamado
“trascendental” no lo acepta, pues “es tan poco individual como personal: tan
poco general como universal”.
Decimoquinta serie, de las
singularidades
15 De las singularidades se desprenden dos aspectos opuestos:
neutralidad-impasibilidad versus génesis-producción.
Muestra que el Acontecimiento tiene su esencia en la batalla.
¿Por qué importa tanto la batalla? Emplea las diferencias literarias para la
descripción de la batalla en Tolstoi, Víctor Hugo y Stendhal, para mostrar el
lado impasible de la batalla. “neutra e impasible respecto a los vencedores y a
los vencidos, respecto a los cobardes y los valientes, tanto más terrible por
esto, nunca presente, siempre aún por venir”.
El llamado dios de la guerra que no escucha plegarias es la impenetrabilidad y
la indiferencia. La batalla obliga
a recibir lecciones y mientras más presente, pareciera desaparecida y “nunca
presente”.
Afirma que el sentido es
neutral, mostrándolo respecto de ciertos aspectos; la plena neutralidad del
sentido no la capta Husserl.
Explica que la conciencia no es
nada sin síntesis en el Yo y en el Punto de Vista. Debajo de la conciencia
propone Deleuze a las singularidades, “que se hacen sobre una superficie
inconsciente y poseen un principio móvil inmanente de autounificación”;
parece referirse al flujo inconsciente-preconsciente que irrumpe continuamente
en la conciencia. Para él esos puntos singulares, que fluyen en lo pre-individual,
son el lindero trascendental.
Las singularidades-acontecimientos conectan series heterogéneas,
pero aquí le interesa destacar, que aparecen en la superficie, a modo de
membrana viva, la cual expresa la profundidad o la sustituye.
La superficie es el lugar
del sentido. “¿Cuál es el «sujetó» del discurso filosófico? Pero (…) fuera de
la persona y del individuo, nada se distingue...”
Nietzsche es el que
apunta en otro sitio, “explora un mundo de singularidades impersonales y
preindividuales, mundo al que ahora llama dionisíaco o de la voluntad de poder,”
“Máquina dionisíaca de
producir sentido, y en la que el sinsentido y el sentido no están ya en
oposición simple, sino copresentes“
Pero buscó la hondura, dejó la superficie… que es un morir metafórico.
Decimosexta
serie, de la génesis estática ontológica
16 De la génesis estática
ontológica que pareciera referirse al conjunto, a modo de “campo
trascendental real”, “mundo”, pero enfocarse al momento de génesis (en el
principio fue…). Lo primero es cómo se sale el individuo del contexto, “cómo el
individuo deriva fuera del campo.”
Esto salta a la cuestión de ¿a
qué llamamos mundo? Mientras la singularidad se mueva en una serie o
hacia otras pero convergentes hay un mismo mundo; cuando hay una divergencia
completa ya es “otro mundo”. El individuo está entre círculos
concéntricos (mundo) y a su
vez “un mundo no puede ser formado ni pensado sino alrededor de individuos que
lo ocupan o lo llenan”
Notemos el paso de singularidad a individuo; no es lo mismo, pero el segundo
ocupa el lugar del argumento.
“El complejo
individuo-mundo-interindividualidad define el primer nivel de efectuación desde
el punto de vista de una génesis estática.”
Viene la explicación de qué es “efectuación” y cómo está en la bisagra entre
interior-exterior.
Argumenta sobre Leibniz “extraordinaria
noción de composibilidad se
define pues como un continuum de singularidades”
Concepto clave en su “sistema”, pues las series deben converger y cuando no, ya es otro mundo; la unidad
depende de esa serialidad con continuidad, que se expresa en la
“composiblidad”.
Luego enfrenta a Husserl en su
modo de armar la trascendencia, con Leibniz; para definir su propia
trascendencia a partir de su inmanencia: ¿cómo emerge un objeto que trasciende
y también el individuo con ese salto, que ya es otro?
Explica que la singularidad siempre está en una “zona de
indeterminación”, la relaciona con la respuesta de Leibniz sobre
indeterminación de elementos para la solución de ecuaciones y termina con el Jardín de Senderos que se bifurcan en la
escena de la muerte de Fang, quien podría no morir, salvarse, matarse así, etc.
Esto implica una visión (al modo de la física cuántica) donde “Nos encontramos
ahora ante el punto aleatorio de los puntos singulares, ante el signo ambiguo
de las singularidades”.
Luego está el paso de individuo a
la persona y del acontecimiento a las “propiedades y clases”; un salto en el
nivel (cuántico) de la determinación; bajo una extraña definición “personas
mismas son, primeramente, clases de un solo miembro, y sus predicados,
propiedades con una constante.”.
Dice que se salta pasos, y viene a fundar cómo surge el Sentido Común (Yo) y el
Buen Sentido (Identidad, organización), recordando que Deleuze se remonta a lo
pre-individual y pre-conciencia como momento de formación. “Y el individuo siempre es algo,
nacido, como Eva de una costilla de Adán, de una singularidad prolongada
sobre una línea de ordinarios a partir del campo trascendental preindividual”
A esto anterior lo llama la
génesis pasiva, modalidad pasiva del tema de este capítulo.
Decimoséptima
serie, de la génesis estática lógica
Continua con la génesis
estática ontológica para mostrar cómo “pasar a (…) la condición o la forma
de posibilidad de la
proposición lógica en general.”,
donde las características definidas
triples de esta proposición colisionan con la multiplicidad material de
la persona-individuo (según sus niveles de Deleuze) al formarlas. La
complejidad y el cambio de planos Deleuze los reconoce con facilidad.
Describe las tres caras de la
proposición para ligarla al sentido.
Cuestiona la forma de pregunta y
respuesta, con su resultado de verdad y falsedad, para ir más atrás a modo de
proposición lógica; definiendo cómo se forma esa unidad entre la proposición
lógica y su verdad que corresponde a un ser objetivo.
Para explicar cómo opera el
sentido, vuelve a la superficie. “Pero a la física de las superficies le
corresponde necesariamente una superficie metafísica. Llamaremos superficie
metafísica (campo trascendental) a la frontera que se instaura entre los
cuerpos tomados en conjunto y en los límites que los envuelven”
El sentido produce superficies (lógicas, mediante proposiciones). “el sentido es una doblez, y
que la neutralidad del sentido es inseparable de su estatuto de doble”
Decimoctava
serie, de las tres imágenes de filósofos
De las tres imágenes de
filósofos popularizadas con el tiempo encontramos la primera cuando Platón
asciende, sale de la caverna, se eleva y purifica.
El tema celeste de Platón es maníaco. El de Nietzsche y otros, siendo cavernarios, entonces termina
esquizoide (separado). La novedad la encuentra con los estoicos, con sus argumentos laterales, proviniendo
del Este: la ironía de la
superficialidad, donde esté todo.
“Todo lo que sucede, y todo lo
que se dice, sucede y se dice en la superficie. (…) La superficie, la cortina,
la alfombra, el manto, ahí es donde el cínico y el estoico se instalan y con lo
que se envuelven. El doble
sentido de la superficie, la continuidad del derecho y el revés,
sustituyen a la altura y la profundidad.”
¿Cómo llamar a esa operación filosófica de los estoicos? Quizá “perversión”, y
así “perversión, que, cuanto menos, conviene al sistema de provocaciones de
este nuevo tipo de filósofos”
Decimonovena
serie, del humor
Presenta el humor empleado
por los estoicos (cínicos) para combatir el método platónico, rechazando la
búsqueda de ideas y la ascensión. “Al «bípedo implume» como significado del hombre según Platón,
Diógenes el Cínico responde arrojándole
un gallo desplumado.”
Los maestros Zen repiten la
operación cínica, muy seguido con el “bastón es el instrumento universal, el
amo de las preguntas”,
que emplean para azotar a sus aprendices ignorantes, produciendo un efecto
cómico.
En el Zen hay para el vacío “A
través de las significaciones abolidas y las designaciones perdidas, el vacío es el lugar del sentido o
del acontecimiento que se componen con su propio sinsentido, allí
donde sólo el lugar tiene lugar. El vacío mismo es el elemento
paradójico, el sinsentido de superficie, el punto aleatorio siempre desplazado
de donde surge el acontecimiento como sentido.”
Ante la pregunta ¿quién habla? La
ironía socrática supone: una ruta desde un individuo, que extrae un pura Idea
de lo que habla, y confronta hacia un modelo Ideal; a su vez, abre la ruta para
suponer que ese individuo ya posee la idea dentro de él, por la designación de
otro principio universal individual que es Dios. La ironía clásica (Kantiana) “asegura
la coextensividad del ser y del individuo en el mundo de la representación”
La ironía romántica plantea “Se funda sobre la unidad sintética finita de la
persona”; uniendo ya la emoción como clave de la personalidad. La falla de
tales posiciones clásica y romántica “la de los elementos fonéticos estallados,
y la de los valores tónicos inarticulados. La primera es la que amenaza y
derroca desde dentro al discurso clásico, y la segunda al romántico.”
La salida es el humor. “Lo que es más profundo que
cualquier fondo es la superficie, la piel. (…)El sinsentido y el sentido
abandonan su relación de oposición dinámica, para entrar en la copresencia de una génesis estática,
como sinsentido de la superficie y sentido que se desliza sobre ella. Lo
trágico y la ironía dejan sitio a un nuevo valor, el humor. (…) el humor es el arte
de las superficies y las dobleces, (…) toda significación, designación y
manifestación quedan suspendidas, toda profundidad y altura abolidas.”
Vigésima
serie, sobre el problema moral en los estoicos
Sobre el problema moral de los
estoicos se explica con la metáfora de Diógenes Laercio «La cáscara es la
lógica, la clara es la moral, y la yema, justo en el centro, es la física.»
Explica el interés de los estoicos por la adivinación basado en
su aceptación del acontecimiento (para él resultado de cuerpos) mostrados por
el vaticinio. Luego el modelo del
vaticinio es una operación de superficies: dividir espacios del cielo
por donde vuelan pájaros, abrir
hígados para ver marcas superficiales, etc. Implicando que adivinarlo convertía en moral al
acontecimiento que está en el porvenir.
Buscando precisar la posición moral del estoicismo:
“hacer el instante tanto más tenso e intenso, (…) éste es el uso de la
representación: el mimo, ya no el adivino (…) Así es como el sabio estoico no
sólo comprende y quiere el acontecimiento, sino que lo representa y por ello lo
selecciona; es así como la ética del mismo prolonga necesariamente la lógica
del sentido.”
Vigésimo
primera serie, del acontecimiento
Del acontecimiento Deleuze
comienza relacionando al estoicismo como una actitud ante la herida, para luego
mostrar a un autor, Joe Bousquet,
que se interesa por la herida vivida, para explicar con más detenimiento qué es
el acontecimiento (diferente del hecho, del accidente o del transcurrir).
Comienza por ese lado trágico que es una vida en la herida y cómo hay una
modalidad que sí es acontecimiento, distinta del rencor y la fatalidad. “Si querer el acontecimiento es, en
principio, desprender su eterna verdad”
Se quiere “algo por venir conforme a lo que sucede, según las leyes de una
oscura conformidad humorística: el Acontecimiento.”,
siendo que tales porvenires son adversos con la herida y la muerte. “El
estallido, el esplendor del acontecimiento es el sentido. El acontecimiento no
es lo que sucede (accidente); está en lo que sucede el puro expresado que nos
hace señas y nos espera.”.
Ese estallar es hacerse digno de lo que nos sucede, lo llama ser “hijo de
nuestro acontecimiento”.
Explica lo que hace el
actor-comediante “una paradoja del comediante: permanece en el instante, para
interpretar algo que siempre se adelanta y se atrasa, se espera y se recuerda.”
“El humor es inseparable de una fuerza selectiva: en lo que sucede (accidente),
selecciona el acontecimiento puro.”
Apunta a que el humor
convierte el accidente en acontecimiento. Acepta la tarea del humor “desprender
de cada cosa «la porción inmaculada», lenguaje y querer, Amor fati” (amor al destino).
Viene la pregunta sobre su primado de lo negativo, el
mismo Deleuze la efectúa “¿Por qué todo acontecimiento es del tipo de la peste,
la guerra, la herida, la muerte?”
En argumento, en sentido estricto, son las dos últimas ya que peste es la
colectivización de la herida y
guerra la generalización de la muerte. Aunque insinúa que no hay más
acontecimientos desgraciados que felices; porque el Acontecimiento tiene una
estructura doble; es el presente del acontecer; rodeado de pasado y presente
que lo rodean. Anota que la muerte (y la herida) es doble; “Por ello, la muerte
y su herida no son un acontecimiento entre otros. Cada acontecimiento es como
la muerte, doble e impersonal en su doble”.
Pregunta si hay “¿un solo y mismo
Acontecimiento?” Responde
que sí, pues plantea la unicidad del acontecimiento, al concebirlo a
modo de la guerra, que no permite un espacio privado, separado; asimismo, toda
herida es de guerra, por tanto, totalizada; donde el argumento recuerda a la
totalización de totalizaciones de Sartre.
“La trasmutación se opera en el punto móvil y preciso en el que todos los
acontecimientos se reúnen así en uno solo”
Vigésimo
segunda serie, porcelana y volcán
La Porcelana y el volcán
son las metáforas de la novela de F. S. Fitzgerald, «La Fêlure» (The Crack Up, año 1936). En principio «Evidentemente,
toda vida es un proceso de demolición.» «Tenía la impresión de estar de pie en
el crepúsculo en un campo de tiro abandonado, con un fusil vacío en la mano y
las dianas derribadas. Ningún problema qué resolver, simplemente el silencio y
el solo ruido de mi respiración... La inmolación de mí mismo era un cohete
sombrío y mojado.» Todas las pérdidas son el efecto de una grieta, que se
vuelve universal; la pequeña
grieta se ha convertido en el Gran Cañón. La grieta es el Acontecimiento
“La grieta no es ni interior ni exterior, está en la frontera, insensible,
incorporal, ideal.”
(Anoto que “grieta” está muy en línea con la Nada sartreana que forma su fisura
de vacío, separando los cuerpos y las conciencias). Insiste que es una frontera
móvil interior-exterior. Serían dos partes: la grieta y frente a los objetos
exteriores o empujes interiores (irrupciones). Asimismo, Deleuze pregunta para
mostrar la unidad de interno-externo a través de la grieta irrumpiendo o
internalizando, los externos entrando; insiste en la unificación catastrófica (como Sartre insiste en la
unidad absoluta de la Conciencia). Explica que los artista-protagonistas de los
hundimientos como Lowry y Fitzgerald vivieron ese hundimiento de la superficie
junto con la grieta; y cuestiona el punto de vista del Pensador abstracto, que
no reproduce tal hundirse: “En verdad, ¿cómo permanecer en la superficie sin
quedarse en la orilla? ¿Cómo salvarse salvando la superficie, y toda la
organización de superficie, incluidos el lenguaje y la vida?”
Explica el alcoholismo en
Fitzgerald bajo tres perspectivas: endurecimiento del entorno con un centro
blando; una distancia temporal de lo que ha sido (pasado perfecto) y un giro
temporal de fuga, en sentido depresivo.
En el tercer momento, Deleuze observa un alejamiento universal que no es
emblema sólo del alcohol, sino posible copartícipe “Porque este efecto-alcohol
pueden producirlo a su modo muchos otros acontecimientos: la pérdida de dinero,
la pérdida de amor, la pérdida del país natal, la pérdida del éxito. (…) pero
se asemejan a los resultados del alcohol.”
Es la pérdida universal (la necesidad oprobiosa, aunque Deleuze rechaza ese
término demasiado sartreano). Ese tercer momento alcohólico se ejemplifica en
el personaje de Gatsby quien no es específicamente alcohólico, aunque se
comporta como tal.
Da al alcoholismo un “valor ejemplar”, pues “el alcohol es a la vez el amor y
la pérdida de amor, el dinero y la pérdida de dinero, el país natal y su
pérdida. Es a la vez el objeto, la pérdida del objeto y la ley de esta pérdida
en un proceso concertado de demolición («evidentemente»).”
(Anoto que aquí, la dialéctica de la caída se convierte en un Todo, efecto de
un pesimismo de origen; hay un estoicismo de asumir la muerte y el vacío final
desde el principio, como la ley que rige el proceso; mediante esa herida que es
el alcohol destilándose hacia la muerte).
Deleuze pregunta si la grieta
puede evitarse para, en cambio, permanecer en la salud. No responde de lleno,
pero indica que la grieta, para resultar completa y auténtica fisura, ha de
encarnar en el cuerpo y alcanzar a los órganos íntimos. Asimismo, advierte que
quizá ella es primigenia (Nota
importante describiendo el método en Deleuze: por ejemplo, ¿primero la herida
antes que lo demás? Deleuze se detiene en el borde, no desbarra en la rudeza de
una dialéctica negativa al estilo Bataille, aunque emplea lo pre-formado, las
partículas de la singularidad; el Eros del Ello que desafiaba a las formas)
y, quizá abarca todo pensamiento
también lo grande, donde “todo lo que fue bueno y grande en la humanidad entra
y sale por ella”. Da una compleja explicación del “sobrevolar” la grieta, a
modo del actor-cómico transitando, en los términos de una efectuación y contra-efectuación.
Se mantiene la esperanza en una salud, en mantenerse en la superficie sin
romperse, en obtener los efectos de la droga-alcohol sin el hundimiento.
Vigésimo
tercera serie, del Aion
Interpreta el tiempo Aión, cual llave de la temporalidad y opuesto a
Cronos. Comienza con tres fases diferenciadas del tiempo tradicional Cronos:
1) Aquí sólo existe el presente, siendo pasado y futuro dos relativos,
derivaciones del presente absoluto, cuya relativización es la presencia de
otros presentes, en una trama de referencias. 2) El presente es corporal, pero
con mezclas.,
al ser simultáneo el presente es el gran incorporador.
3) Cronos es el presente reglado que
se mueve. Viene la pregunta sobre ¿cuál es su medida? Advierte un devenir-loco
de las profundidades que subvierte toda medida, viene lo desmesurado
“subversión de Zeus”; contrapuesto a una “mezcla blanca” que conserva la
medida. “El pasado y el futuro como fuerzas desencadenadas se toman la
revancha, en un solo y mismo abismo que amenaza al presente, y a todo lo que
existe”
Pasa a exponer lo que sí es el tiempo Aión: 1)
Semeja al devenir-loco, pero ya no lo coloca en el presente, sino en las
proximidades del pasado y futuro, adelgazando tanto el presente que es una
superficie (evanescente, dígase nihilizada). Éste “es el instante quien
pervierte el presente en futuro y pasado insistentes.”; “Aión ya no es Zeus ni
Saturno sino Hércules” de los
“efectos incorporales”; “Aión es ilimitado como el futuro y el pasado, pero
finito como el instante.” “pura forma vacía del tiempo”
2) “Este mundo nuevo, de los efectos incorporales o de los efectos de
superficie, es quien hace posible el lenguaje. Porque (…) saca los sonidos de
su simple estado de acciones y pasiones corporales (…) lo abstrae de sus
determinaciones orales-anales”,
pues “acontecimientos puros fundan el lenguaje”. (Nota crítica: Ahí, se
convierten en el Sujeto o Seudo-Sujeto o el Fragmentario Ello del pre-Sujeto)
Ellos fundan “la propiedad
metafísica adquirida por los sonidos de tener un sentido”
(Al final, de camino ya poseen una cualidad metafísica esos acontecimientos
puros, entonces ha regresado la Idea, nada más que convertida en otro polvo de
estrellas, que es la escama de la superficie). “El lenguaje es posible gracias a la frontera que lo separa
de las cosas, de los cuerpos y no menos de quienes hablan.”
Mira al Aion en línea que separa pasado y futuro móviles; entre el
acontecimiento que enlaza al estado de cosas (aunque en lo lógico, no como ser
físico) y el sentido que enlaza a las proposiciones. Es un sistema de binarios,
que se duplican mediante el instante. 3) Reconoce Deleuze que ha presentado un
mecanismo frágil, pleno de movimientos. Por ejemplo, llega a la conclusión que
el Aion (en 1 definido en su separación antagónica con el presente) también precisa
de contener un presente, y lo llama “instante”, “presente sin espesor”,
luego lo denomina bailarín o comediante.
Vigésimo
cuarta serie, de la comunicación de los acontecimientos
De la comunicación de los
acontecimientos comienza por una reflexión sobre los estoicos, en quienes
observa una separación entre destino y necesidad, lo cual aprovecha Deleuze,
para proponer un giro en la Lógica misma, al plantear “Se trata de una
distancia positiva de los diferentes: no ya identificar dos contrarios a
lo mismo, sino afirmar su distancia como aquello que los remite uno a otro en
tanto que «diferentes». (…) No es la diferencia la que debe «ir hasta» la
contradicción, como cree Hegel por su deseo de acoger lo negativo; es la
contradicción la que debe revelar la naturaleza de su diferencia según la
distancia que le corresponde. La idea de distancia positiva es topológica y de
superficie, y excluye cualquier profundidad o elevación que aproximarían lo
negativo a la identidad.”
Aquí discute la lógica en su
aspecto dialéctico, de Hegel, luego formalizado todavía más, para no acudir a esa increíble
“identidad de los contrarios” que da lugar al movimiento. Emplea un
ejemplo de Nietzsche moviendo el punto de vista de la salud a la enfermedad y
de regreso, pero sin identificarlos, ni superarlos. Dice que Leibniz enseñó que “no hay
puntos de vista sobre las cosas, sino que las cosas, los seres, eran puntos de
vista.”,
aunque éste busca hacer coincidir para armar una perspectiva convergente, como ángulos distintos
hacia una misma ciudad. En cambio, Nietzsche no ejerce la convergencia, sino que deja los puntos de vista en paralelo o
disperso, lo cual elogia Deleuze, como “La perspectiva -el
perspectivismo- de Nietzsche es un arte más profundo (…) lo incomposible es
ahora un medio de comunicación.”
Analiza los modos lógicos de la síntesis: “la
síntesis conectiva (si..., entonces) que apunta a la construcción de una sola
serie; la síntesis conjuntiva (y), como procedimiento de construcción de series
convergentes; la síntesis disyuntiva (o bien) que reparte las series
divergentes. Las conexa, las conjuncta, las disjuncta.”
El elemento que le interesa aquí a Deleuze es la disyuntiva (el “o bien”),
donde la parte “el o bien se convierte él mismo en afirmación pura” “cada
«cosa» se abre al infinito de los predicados por los que pasa, a la vez que
pierde su centro, es decir, su identidad como concepto o como yo”
“Porque ordinariamente la disyunción” separa. Deleuze busca otro camino, donde
la separación originaria se mantiene, pero afirma “Esta es ya la
contraefectuación: distancia infinitiva, en lugar de identidad infinita.”
El capítulo cierra con una larga
explicación, sobre cómo la
disyuntiva podría mantener la distancia de las series, para derrocar la
trinidad de yo-Dios-mundo, de tal modo que solamente reine el Acontecimiento
(su nueva totalización). “Esta casicausa, este sinsentido de superficie que
recorre lo divergente como tal, este punto aleatorio que circula a través de
las singularidades, que las emite como preindividuales e impersonales, no deja
subsistir, no soporta que subsista Dios como individualidad originaria, ni el
yo como Persona, ni el mundo como elemento del yo y producto de Dios. La divergencia de las series
afirmadas forma un «caosmos» y no ya un mundo; el punto aleatorio que
las recorre forma una contra-yo, y ya no un yo; la disyunción puesta como
síntesis troca su principio teológico por un principio diabólico. Este centro
descentrado es quien traza entre las series y para todas las disyunciones la
implacable línea recta del Aión, es decir, la distancia donde se alinean los
despojos del yo, del mundo y de Dios: gran Cañón del mundo, grieta del yo,
desmembramiento divino. También hay sobre la línea recta un eterno retorno como
el laberinto más terrible del que hablaba Borges, muy diferente del retorno
circular y monocentrado de Cronos: eterno retorno que ya no es el de los
individuos, las personas y los mundos, sino el de los acontecimientos puros que
el instante desplazado sobre la línea no deja de dividir en ya pasados y aún
por venir. Únicamente subiste el Acontecimiento, el Acontecimiento solo, Eventum tantum para todos los
contrarios, que comunica consigo mismo por su propia distancia, resonando a
través de todas sus disyunciones.”
Vigésimo
quinta serie, de la univocidad
La univocidad es aquí un nuevo aspecto, que lo
argumenta a partir del avanzar más allá de las “incompatibilidades alógicas”
y de las contradicciones. Mientras Hegel unificó a partir de las
contradicciones, aquí Deleuze procura
mantener las incompatibilidades para que sean la base ontológica. “Sería
preciso que el individuo se captara a sí mismo como acontecimiento. Y que el acontecimiento que se efectúa en él fuera
captado como otro individuo injertado en él.”
Esto va en la línea de una ontología que desaparece al individuo-sujeto, pero
mantiene la interconexión, pues es el gran vínculo. A esa acción la llama
“contraefectuación”.
Retomando una idea de Kossowski (respecto de Nietzsche) señala lo inútil de
buscar el centro del individuo, por lo que la identidad se descentra, donde “Mi
amor es una exploración de la distancia”
Su reflexión le pide que la ontología se separe de la “univocidad del ser”, que
(aunque no lo indica así) es el discurso de la ontología que todo lo remite al
Ser; en contra de la cual, Deleuze afirma la pluralidad de los seres, entonces
indica que tal unidad del Ser es Uni-vocidad, lo que textualmente es un discurso único, una sola
voz, que remite lo mucho hacia una unidad simple de una Voz, que convierte
cualquier cosa en Uno (Ser... a confrontar con el primer Sartre) “Posición en
el vacío de todos los acontecimientos en uno”
Vigésimo
sexta serie, del lenguaje
Del lenguaje expone su
fundamento y relación con el acontecimiento, desde el cual procura fundamentarlo.
Comienza remitiendo el lenguaje (el conjunto) al habla (el discurrir más
simple, desde donde viene), y lo relaciona con la separación entre el acto
cuerpo (viene de la boca sonando) que genera el habla respecto del contenido
del lenguaje; insistiendo en esa separación (sonidos) que son proposiciones y
ya poseen las tres cualidades. Luego explica cómo el lenguaje y las cosas operan
en una línea de frontera que une
dos series de modo paradójico “opera a un lado y a otro por una sola y
misma potencia incorporal”
Opone el privilegio de los epicúreos por el sustantivo-adjetivo, contra los
estoicos con lo primero en el verbo (en el principio fue el Verbo, se sonríe
del Génesis), sino porque el verbo, en realidad es el Acontecimiento (lo
activo en la fundación del mundo para el humano). Sostiene que hay una
acción-reacción en la formación del lenguaje.
La importancia del verbo, se remite luego a su modalidad infinitiva: “El verbo es la univocidad del
lenguaje, bajo la forma de un infinitivo
no determinado, sin persona, sin presente, sin diversidad de voces.
Como la poesía misma. Expresando en el lenguaje todos los acontecimientos en
uno, el verbo infinitivo expresa el acontecimiento del lenguaje, siendo el
mismo lenguaje un acontecimiento único que se confunde ahora con lo que lo hace
posible.” Entonces
el lenguaje mismo es el
acontecimiento (su presencia define al humano) y su textura (el sonido
que remite a lo pensante) es lo que define a la persona, pero él mismo es lo
pre-personal (tendencia entera del pos-estructuralismo pos-moderno para
remitirse a lo pre-personal).
Vigésimo
séptima serie, de la oralidad
De la oralidad nos explica
la separación como fundamento que expone el paso desde lo
interior-oral-corporal hacia lo exterior-palabra-mental, que se convierten en
dos series separadas, que antes las describió entrando (ingresando el
acontecimiento a la conciencia por la ruta de las series) pero ahora se dedica
al camino contrario. Para eso utiliza
el modelo de Melanie Klein sobre la tierna infancia y las extrañas luchas psíquicas infantiles
que describe: “Mélanie Klein lo describe como posición paranoide-esquizoide del
niño.”
La evolución psíquica usual tiene una ruta “traslación de lo profundo a lo
alto, que marca entre el Ello y el superyó todo un cambio de orientación y una
reorganización cardinal de la vida psíquica”
“Este es el torbellino Ello-yo-superyó”.
Luego se enfoca hacia la
formación del superyó, a modo de objeto bueno, interior que se coloca en
posición de elevado o altura, que corresponde con la figura de la Idea de
Platón;
siendo conformado por una ausencia. Luego relaciona las fases esquizofrénicas (de
enfermedad) con el ruido y las maníacas con la palabra “La voz se opone tanto a
los ruidos cuando los hace callar como cuando ella misma gime bajo su agresión,
o queda en silencio”
Vigésimo
octava serie, de la sexualidad
De la sexualidad surge una
distinción entre las etapas (sucesión de oral, anal y genital) respecto de las
zonas (boca, ano, genitales) que no coinciden enteramente como partes, también
diferenciando a sus objetos como partes (el seno, el dedo, las heces, los
genitales). Sigue con la
descripción fenomenológica de una “zona erógena”, como una superficie
respecto de una conciencia, bajo los propios términos de Deleuze dicha zona
erógena es: “formación dinámica de un espacio de superficie alrededor de una singularidad constituida por el
orificio, y prolongable en todas las direcciones”
Aquí, en la etapa primera se produce
la superficie erógena.
Analiza las hipótesis de los impulsos opuestos y cómo se forman en el primer
año, siguiendo los esquemas de Melanie Klein, exponiendo las canalizaciones de
las agresiones, culpas, hundimientos maniacos, escapes esquizoides y demás, que
van formando la estructura bajo el esquema freudiano. Da su explicación de
porqué el miembro masculino se convierte en organizador de la sexualidad.
Explica su tesis de la génesis del complejo de Edipo; el cual, sirve para
exponer la superficie como el eje, ya que huye del cielo y el infierno, para servir
de arado que rotura la superficie (eros de superficie). El argumento se sostiene
en una noción del genital “bueno”, en la etapa pre-genital.
Vigésimo
novena serie, las buenas intenciones son forzosamente castigadas
Las “buenas intenciones” son
castigadas según curiosas explicaciones psicológicas, pues el primer Edipo
(psíquico) está pleno de buenas intenciones, a modo de un Hércules, que será
castigado, pero no por la búsqueda del incesto, sino por una fragilidad. El
genital de superficie recién creado (el arma de Edipo erótico) está amenazado,
por la percepción previa de profundidad agresiva y de altura frustrante; una doble amenaza del Ello agresivo
y del Superyó contenedor (luego castrante), así que esta superficie
genital siempre está frágil; y se percibe que la derrota cae en “volver al
estado de un destripamiento”.
El desarrollo del complejo de Edipo se refuerza alejándose de las pulsiones
destructoras originarias, de tal modo que la superficie es fortalecida, pero se
encuentra bajo otro fuego: “El incesto con la madre por reparación, la
sustitución del padre por evocación, no son sólo buenas intenciones (porque es con el complejo de Edipo que nace la
intención, noción moral por excelencia).”
Que terminó resultando un equívoco y viene una final castración, sobre el
impulso genital de superficie; viene la castración de superficie, coartar el
libido en esa superficie, cual veneno en la túnica de Hércules. Después pasa Deleuze a la duplicación entre
la superficie de la intención (el conjunto del bien interior frustrado) y la
del acontecimiento (el hecho lo querido, el infortunio) que es resultado del
encadenamiento de acciones (en la tragedia de Edipo con el asesinato y
castración).
En esa separación de una doble
superficie (las intenciones opuestas al acontecimiento frustrado), viene un
segundo momento crucial para Freud, que es “el valor que cobran en tanto que
origen de la energía desexualizada y el modo original como esta energía los vuelve a cargar sobre
su nueva superficie metafísica o de pensamiento puro (…) corresponde en su
primer aspecto con lo que se
llama sublimación, y en
su segundo aspecto con lo que se llama simbolización. (…)Este cambio plantea
toda clase de problemas
relativos a la energía desexualizada que forma la nueva superficie“
Con el pensamiento puro, mediante la sublimación y simbolización, para Deleuze
no se ha alcanzado el descanso final, pues sigue la amenaza: “esta última
metamorfosis corre los mismos riesgos que las otras, y quizá de un modo aún más
agudo: la grieta amenaza singularmente con romper la superficie de la que sin
embargo es inseparable”.
Trigésima
serie, del fantasma
Del fantasma psicológico se desprenden tres características
(recordando que es un corolario del anterior pensamiento puro o especulación
que aquí encuentra una vulnerabilidad): 1) El fantasma es un acontecimiento en unión
de pasión y acción, así surge de efectos que unen diferentes causas, tanto de
hechos como de impulsos internos, donde los fantasmas “tiene como propiedad
topológica poner en contacto
«su» lado interior y «su» lado exterior para desplegarlos en un solo
lado”;
así, Deleuze les señala su propia densidad de los fantasmas “tienen sin duda la
impasibilidad y la idealidad
del acontecimiento”. Recomienda que “Totem
y tabú es la gran teoría del acontecimiento, y el psicoanálisis en
general la ciencia de los acontecimientos”,
aunque a éstos no se les debe buscar sentido, ya que ellos mismos lo son. El Edipo
es el complejo-nuclear. “Como ciencia de los acontecimientos puros, el
psicoanálisis es también un arte de las contra-efectuaciones, sublimaciones y
simbolizaciones.”
2) Explica la relación del fantasma respecto del yo, donde Deleuze explica las
fragmentaciones de la escena fantasma respecto del yo mediante sus términos, “apropiaciones
de singularidades repartidas en disyunciones, comunicando todas en el
acontecimiento (…) y de un uso afirmativo de la síntesis disyuntiva”. 3) El fantasma es inherente a
transformaciones gramaticales, en particular, “El fantasma es inseparable del verbo infinitivo”
y “infinitivo neutro para el puro acontecimiento”. Pone el acento en el ese
tiempo verbal y arma una teoría de apropiación a partir de eso.
Insiste en que el fantasma psíquico surge después de la etapa pregenital “en el
yo del narcisismo secundario, con la herida narcisista”. Entonces el fantasma
es un “fenómeno de superficies” de la etapa genital y edípica del Yo.
Trigésima
primera serie, del pensamiento
El pensamiento nos lo explica proviniendo de la psique, en la ruta
desde el cuerpo que desvía la libido narcisista (pregenital) hacia una energía desexualizada,
que transita por la castración psíquica (desviarse de una zona erógena) hacia
el puro pensamiento: “la castración está como entre las dos superficies”,
la corporal-psíquica y la de pensamiento. La novedad de Deleuze es su acento en
la superficie de herencia fenomenológica, para rectificar el puro ejercicio
Freud-Klein que lo sustenta. “Es el pensamiento lo que es la metamorfosis del
sexo, el pensador la metamorfosis de la pareja”
“La fórmula del fantasma (la
alucinación psíquica móvil) es: de la pareja sexuada al pensamiento por intermedio de la castración.
Si es cierto que el pensador de las profundidades es soltero, y el pensador
depresivo sueña noviazgos perdidos, el pensador de las superficies está casado,
o piensa el «problema» de la pareja.”
Se liga pensamiento con castración edípica originadora de la sublimación; paso
“entre la herida de la castración y la grieta constitutiva del pensamiento”.
También señala cierta fórmula de
éxito de ese fantasma-pensamiento en el arte, la ruta de una gloria que se
cumple en el pensamiento (desexuado), que alimenta al acontecimiento (la
totalización) “esta parte del acontecimiento que hay que denominar lo
inefectuable, precisamente porque pertenece al pensamiento, no puede ser
realizado sino por él (…) La metamorfosis (sublimación y simbolización) (…)
(forma) la superficie metafísica del pensamiento.”
Ahora bien, el pensamiento puede ir en dos direcciones psíquicas: hacia la psicosis del fracaso o
hacia la sublimación lograda, entre ambas las variedades de la neurosis;
todo relacionando lo sexual (su castración original edípica) con el pensar, que
físicamente se marca por el paso entre el cerebro y la boca.
Trigésima
segunda serie, sobre las diferentes clases de series
De las diferentes clases de
series Deleuze las refiere a la formación psíquica, diferenciando la línea
infantil-pregenital y la serie pospuberal-genital. El objeto psíquico separado
superyó, provoca disyunciones, la tendencia es hacia dos modelos que coinciden con la interpretación
inconsciente del miembro viril, en dos variantes: “imagen de madre (herida y a
la que hay que hacer indemne) e imagen de padre (retirado y al que hay que
hacer presente)”.
Se desprende la importancia de
la protección a la madre virginal y la búsqueda para recuperar al padre ausente,
bajo la modalidad de traer a Dios o a su Hijo, en términos cristianos. Siguiendo a Lacan afirma que el falo “es el
elemento paradójico u objeto = x, que falta siempre a su propio equilibrio, exceso y defecto a la vez,
nunca igual, faltando a su propia semejanza, a su propia identidad (…) sitio
sin ocupante y ocupante sin sitio, casilla vacía (…) y objeto supernumerario (…) es el sinsentido
de superficie”
Después se enrola en una teoría especulativa del lenguaje a partir de las
formaciones sexuales, desde la pregenitalidad hasta el Edipo, pasando por todas
su variantes y pre-formaciones.
Trigésima
tercera serie, de las aventuras de Alicia
Las Aventuras de Alicia
ejemplifican lo analizado antes, donde explica los significados de crecer y
reducirse, respecto de las etapas y posiciones psíquicas. “El gato de Chester
es precisamente quien juega este papel: es el objeto bueno, el pene bueno, el
ídolo o la voz de las alturas. (…) presente o ausente, ya que se esfuma dejando
sólo su sonrisa o se forma a partir de esta sonrisa de objeto bueno”
“cómo el falo representado por la reina amenaza con volverse castración (« ¡que
le corten la cabeza!», gritó la reina).”
“Las casillas del tablero que hay que atravesar representan evidentemente las
zonas erógenas, y convertirse en reina remite al falo como instancia de enlace”
“El diagnóstico psicoanalítico formulado sobre Lewis Carroll frecuentemente es:
(…) regresión oral-anal consecuente. Sin embargo, (…) los autores, si son grandes, son más un médico
que un enfermo. (…) los artistas son clínicos, no de su propio caso ni siquiera
de un caso general, sino clínicos de la civilización.”
Mientras el neurótico elabora su novela privada “el neurótico nunca puede más
que efectuar los términos y la historia de su novela”, en cambio el artista “pasar
de la causa de los síntomas a la casi-causa de la obra: éste es el objeto de la
novela como obra de arte, y lo que la distingue de la novela familiar.”
En este ejemplo, refiriéndose a la niña para Carroll, “El artista no es sólo el enfermo y el médico
de la civilización: es también su perverso.”
En la desexualización (proceso mental) se mantiene una fuerza “sexual” (sin
genitalidad, claro) del personaje de la niña, hay un misterio en este mantener
o superar la fuerza (del Eros, la explosión del sexo originario) “de la
superficie sensible a la placa ultrasensible”,
empleando la metáfora de la fotografía antigua, donde hay un triunfo de lo
súper sensible, en esa metamorfosis lograda por el arte.
Trigésima
cuarta serie, del orden primario y de la organización secundaria
Del orden primario y de la
organización secundaria estudia las confluencias entre las series hondas (pregenitales) y las
superficies, las desexualizaciones que forman superficies, separación
entre el comer y el pensar, creación del área “metafísica” (el pensamiento
emocional) lo cual comienza con el fantasma psíquico. Luego expone el momento
brillante del pensar, “lo que Carroll llama Impenetrabilidad, o también
«Radiancy». El verbo en su univocidad es quien conjuga devorar y pensar, comer
y pensar”
Pasa a la importancia del verbo
en la construcción del lenguaje “es en él, en el verbo, donde se construye la
organización secundaria de la que resulta toda la ordenación del lenguaje.”
Luego al misterio del sentido, “el sinsentido es como el punto cero del pensamiento, el punto
aleatorio de la energía desexualizada. Instinto puntual de la muerte; el Aión o
la forma vacía, Infinitivo puro, es la línea trazada por este punto, grieta
cerebral en cuyos bordes aparece el acontecimiento; y el acontecimiento tomado
en la univocidad de este infinitivo se distribuye en las dos series de amplitud
que constituyen la superficie metafísica.”
Con este párrafo denso, que está sintetizando el recorrido de Deleuze,
por la psique, el lenguaje, la lógica y sus metafísicas.
Aunque la argumentación no se
detiene (sigue su loca carrera) para explicar cómo el lenguaje se ha alejado de la sexualidad en
su formación, “Hasta el punto de que la sexualidad ya no existe más que como alusión, vapor o polvo que
atestigua un camino por el que el lenguaje ha pasado, pero contra el que no
deja de reaccionar, tratando de borrarlo”
En el ejemplo del fantasma “una energía desexualizada carga o recarga un objeto
de interés sexual en tanto que tal; y se resexualiza así bajo un nuevo modo”
Pasando a explicar la perversión “únicamente plantea el problema de la carga de
un objeto sexual por una energía desexualizada en tanto que tal.”
Y su mecanismo esencial es la Verleugnung
(forclusión en términos lacanianos). Expone cómo opera la represión a modo
topológico (la superficie),
cómo la sexualidad es excluida por otro nivel; asimismo, muestra la textura de
la “superficie metafísica” su contextura como neutral (su expresión mediante el
lenguaje), su rasgo pre-individual, y su relación con los aspectos hundidos (el
peligro pregenital). Entonces el conjunto de superficies “constituye la
organización llamada secundaria. Esta se define por la «representación verbal».”,
la cual a su vez se caracteriza por expresar algo, ser la relación entre lo expresante y lo expresado, basado en
expresiones objetuales (de objetos pensados-sentidos: mundo, yo y Dios), nivel
que llama “terciario”. Entonces son tres niveles, pero el primero siempre
permanece y amenaza (pregenital). Un ejemplo, “Las obscenidades y las injurias
dan una idea, por regresión, de este caos en el que se combinan,
respectivamente, la profundidad sin fondo y la altura ilimitada”
Plantea a la sátira como tarea de profundidades; contra ella se esgrime la ironía platónica como arte de las
alturas (buscando la Idea pura); el tercer elemento es la sexualidad,
a la cual considera un elemento de clausura o final de la serie.
Aunque de ahí hay otro paso, el lenguaje madura, viene el verbo infinitivo y “Este
algo diferente es la revelación de lo unívoco, el advenimiento de la
Univocidad, es decir, el Acontecimiento que comunica la univocidad del ser al
lenguaje.”
Entonces llega el otro nivel a modo de humor,
“A partir de un equívoco de más, el humor construye toda la univocidad. A
partir del equívoco propiamente sexual que clausura toda equivocidad, el
humor libera un Unívoco desexualizado”
Aquí se expresa la oposición entre lo que trae más de un sentido contra lo que
trae uno; el uno se plantea
desexualizado.
Para finalizar regresa a la obra
de arte que toma el camino “va de los ruidos a la voz, de la voz a la palabra,
de la palabra al verbo, construir esta Musik
für ein Haus,”
APÉNDICES
I SIMULACRO Y FILOSOFÍA ANTIGUA
1 Platón y el simulacro
Cuando Nietzsche señala que la
tarea filosófica es invertir al platonismo, Deleuze estima insuficiente esa
aseveración, la tarea actual es “acorralarlo”, como el mismo Platón hizo con el
sofista. Entonces Deleuze busca acorralar a la Idea, y el primer sendero que
sigue es el tema de la “división”, pues lo estima clave ya que la división “Concentra toda la
potencia de la dialéctica para fundirla con otra potencia, y así
representa al sistema entero.”
Sin la división no se alcanzaría a “Distinguir la «cosa» misma y sus imágenes,
el original y la copia, el modelo y el simulacro”. La primera división del
pensamiento es separar géneros de especies, para colocar la cosa en el concepto
correcto; pero a esa operación mental le objetó ya Aristóteles, por falta del término
medio en Platón.
Entonces el dividir va hacia “seleccionar linajes: distinguir pretendientes,
distinguir lo puro y lo impuro, lo auténtico y lo inauténtico”; entonces hacia
allá va figurando “una dialéctica de la rivalidad (amphisbetesis), una dialéctica
de los rivales o de los pretendientes (…) distinguir el verdadero pretendiente de los falsos.”
Para cumplir esa distinción hay una ironía, Platón hace intervenir un mito para
expandir el proceso circular, cuando “en Fedro, el mito de la
circulación expone lo que las almas pudieron ver de las Ideas antes de
la encarnación”.
“De ahí la célebre tríada neoplatónica: lo imparticipable, lo
participado, el participante. También podríamos decir: el fundamento, el
objeto de la pretensión, el pretendiente; el padre, la hija y el novio.”
Los simulacros y falsificaciones “encarnan la mala potencia del falso
pretendiente” Para Deleuze se van presentando mitos fundadores en el argumento
de Platón. De ahí una pérdida en la participación (en jerarquía secreta a
partir de la Idea) “Participar es, en todo caso, ser el segundo (…) Lo
imparticipable da a participar, da lo participado a los participantes: la
justicia, la cualidad de justo, los justos. Y sin duda, hay que distinguir todo
tipo de grados, toda una jerarquía en esta participación electiva: ¿no hay aquí
un poseedor en tercero o cuarto lugar, etc., hasta el infinito de una
degradación, hasta aquel que no posea ya más que un simulacro, un espejismo, él
mismo espejismo y simulacro?”
De ahí, la energía enorme de la Idea, en cambio una facilidad con que la copia
—el sujeto, no filósofo— se degrada; luego ésta convertida en noción del Alma
fuera de un Dios exterior para el cristianismo medioeval.
“El propio sofista es el ser del
simulacro, el sátiro o centauro, el Proteo que se inmiscuye (…) que pone en
cuestión las nociones mismas de copia... y de modelo”
Ahí se adivina la inversión del platonismo: la copia en lugar de la Idea, la
reproducción fenomenológica en lugar de una dialéctica de las ideas. La
motivación de Platón, sería “seleccionar a los pretendientes, distinguiendo las
buenas y las malas copias”
La buena copia o buen pretendiente lo es porque “sólo se conforma al objeto en
tanto que se modela (interior y espiritualmente) sobre la Idea”, en cambio el
simulacro o mala copia o pretendiente espurio “no fundada que recubre una
desemejanza como un desequilibrio interno”, entonces “La copia es una imagen dotada de semejanza, el
simulacro una imagen sin semejanza.”
El catecismo se basa en el
platonismo… “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero, por el
pecado, el hombre perdió la semejanza, conservando sin embargo la imagen. Nos
hemos convertido en simulacro, (…) poner el acento en el carácter demoníaco del
simulacro (…) Si el simulacro tiene aún un modelo, es un modelo diferente, un
modelo de lo Otro, del que deriva una desemejanza interiorizada.”
Propone de otra manera para
interpretar a la trinidad platónica: “Tomemos la gran trinidad platónica: el usuario, el productor, el
imitador.”
El primero en la cumbre de la jerarquía, “porque juzga fines y dispone
de un verdadero saber que es el del modelo o de la Idea” (el filósofo, claro). El
segundo lo llama productor (guiño al obrero de Marx, aunque también cabría llamarlo
el alumno, arriba lo llamó participante) pues “Hay siempre una operación
productora en la buena copia”. El tercero lo llama imitador en cuando vive en
el simulacro que es “efecto de semejanza meramente exterior e improductivo”.
Resulta interesante este pasaje donde se delimita ¿cómo se produce el mal simulacro?
Comienza con una extensión y sigue con prisa, “comprende grandes dimensiones,
profundidades y distancias que el observador no puede dominar”,
y ese extenderse altera al mismo observador: “el observador forma parte del
propio simulacro, que se transforma y se deforma con su punto de vista”
Muy diferente a la inserción objetiva del simulacro como la costra-irreal que
se comió a la realidad en Baudrillard maduro; distancia con la Matrix; aquí
Deleuze nos explica el simulacro de bolsillo, cuando el observador en la
infancia griega, persigue a la liebre y gana la tortuga. Entonces “hay en el simulacro un devenir-loco,
un devenir ilimitado como el del Filebo
donde «lo más y lo menos van siempre delante”; ese movimiento gusta a Deleuze, lo llama devenir, palabra clave de su productividad filosófica y existencial.
La tarea de Platón contra ese simulacro era “Imponer un límite a este devenir,
ordenarlo a lo mismo, hacerlo semejante” “encerrarla en una caverna al fondo
del océano” “su voluntad de hacer triunfar los iconos sobre los simulacros”.
Deleuze integra una breve historia de la filosofía
alrededor del procedimiento platónico de establecer la identidad “El platonismo
funda así todo el ámbito que la filosofía reconocerá como suyo: el ámbito de la
representación lleno de copias-íconos”
El origen platónico es lo
Mismo (la Idea), su despliegue es la Semejanza, el medirse respecto del
modelo-idea.; busca la identidad pura. En el segundo momento, ese principio lo
expande Aristóteles “en él la representación recorre y cubre todo el dominio
que va desde los más altos géneros a las especies más pequeñas”, aunque
reconoce Deleuze que esa función no surge en Platón.
El tercer momento, es convertir la representación (la identidad) en infinita (bajo influencia del
cristianismo, indica Deleuze). Celebra “una noción tan rica como la composibilidad leibniziana”, cuando
conecta cada mónada con series y hasta “mundos”
alrededor. Para Hegel observa su mantener un centro, “Monocentraje de los círculos o
convergencia de las series”.
En ambos estima que no salen del esquema, cuando pretenden viajar al infinito,
pues mantienen el anclaje en lo Mismo y la exclusión del falso pretendiente..
Con lo anterior hay que indicar que Deleuze emplea el binomio Lógica-Psicología
para reinterpretar el curso de la Filosofía en la historia.
Deleuze pasa a la dualidad
estética que estima “desgarradora” entre “experiencia posible” y “experiencia
real”. Pone el ejemplo de la técnica literaria de “historias diferentes y
divergentes, como si un paisaje absolutamente distinto correspondiese a cada
punto de vista.”;
de tal modo que resulta un Caos “que se confunde, a su vez, con la Gran Obra”,
de tal modo que hay un despliegue de intensidades. Con el ejemplo de Finnegan’s Wake “es potencia de afirmación,
potencia de afirmar todas las series heterogéneas”, aunque anotemos que esta creación de Joyce es una obra
extrema, marcando el límite de lo ilegible, texto en la frontera de lo
literario: Más bien confirmaría el fin de las intensidades mediante el Caos, la
textura de lo privado, los placeres onanistas del texto incomprensible. Ese
procedimiento lo identifica con el simulacro regresando a la superficie y un
efecto como el fantasma freudiano que enlaza dos series. Aquí interesa la carga
afectiva del fantasma y la intensidad del arte.
Continúa explicando la
señal-signo y la plataforma de la diferencia “que tenga lo dispar como unidad
de medida y de comunicación.”.
La señal será como el nodo en la estructura; el signo como la chispa entre las
series, donde “todos los sistemas físicos son señales, todas las cualidades son
signos.”.
Propone elevar el pensar desde la
diferencia; en tesis “«sólo las diferencias se parecen»”
y el explayar del argumento “que tenga lo dispar como unidad de medida y
de comunicación”,
“que la semejanza sea producida sobre la curva y que la diferencia, grande o
pequeña, ocupe siempre el centro del sistema así descentrado”. Recordemos que
Deleuze aquí integra al procedimiento del fenomenólogo, de tal manera que las
partes nunca están previamente totalizadas, así que el camino de comprensión es
un peregrinaje; sin embargo, también juega al estructuralismo, siendo su
recorrido un sistema, por tanto sus complejos engranajes de conceptos; sus
niveles psicológico, lógicos, filosóficos, lingüísticos y estéticos.
Deleuze sigue con un elogio del simulacro,
donde ensalza sus cualidades entendiéndolo no como la mala copia de la copia, sino un potencial
brillante pues “oculta una
potencia positiva que niega el original, la copia, el modelo y la
reproducción” Aquí
Deleuze supone un descentramiento radical y desaparición de la objetividad en
cuanto “objeto común”, pues “Ya
no hay punto de vista privilegiado ni objeto común a todos los puntos de
vista. No hay jerarquía
posible: ni segundo, ni tercero”
En tal esquina del radicalismo de la diferencia existe dificultad para mantener
la identidad, pero la sostiene “La identidad subsiste, pero es producida como la ley que complica
todas las series y las hace volver a todas sobre cada una en el curso del
movimiento forzado.” Anotemos que al conectarse con todas las series, la
identidad mantiene un
privilegio absoluto, por tanto se abre la puerta del regreso al
mismo problema, pero bueno… hay intensidades, que eso interesa a Deleuze. “La
obra no jerarquizada es un condensado de coexistencias, una simultaneidad de
acontecimientos. Es el triunfo del falso pretendiente. Simula al padre, al
pretendiente y a la novia en una superposición de máscaras.”
En fin, el fondo psicológico resulta muy interesante, pues es la sicología del
juego de las alteraciones, el pasar al otro, incluso como travestismo, en un
juego de gozos. “Pero el falso pretendiente no puede ser llamado falso (…) La
simulación es el fantasma mismo, es decir, el efecto de funcionamiento del
simulacro en tanto que maquinaria, máquina dionisíaca. Se trata de lo falso
como potencia”
En el sentido de placer, de rompimiento de los diques edípicos. “Hace imposible
el orden de las participaciones, la fijeza de la distribución y la
determinación de la jerarquía. Instaura
el mundo de las distribuciones nómadas y de las anarquías coronadas.
Lejos de ser un nuevo fundamento, absorbe todo fundamento, asegura un
hundimiento universal, pero como acontecimiento positivo y gozoso, como defundamento”
Concluyo, que a su manera, Deleuze
es la metáfora de la Revolución en mixtura de utopía, pero a modo de
micro-física; eso está muy bien; pero no ha expuesto que cada nodo
de la jerarquía también es una organización de placer, puede ser un dispositivo
de ascenso y descenso, a modo de la planicie de los orgasmos. Él se enfoca en
derribar la opresión moralista victoriana que ahogó a Marx y Nietzsche; lo hace
nadando contracorriente hacia un flujo de placeres múltiples. Si desaparecen
los papeles, también la obra de teatro resulta poco estimulante; de hecho, Finnegan’s Wake es una novela baja en
intensidades, aunque claro que sí es una obra. Proviene una ironía enorme,
donde Deleuze crea un sistema
hipercomplejo para deshacerse del sistema tradicional hasta los cimientos; con un
afán de novedad por la novedad misma. El argumento muestra brillantez, aunque
el asalto de las intensidades ya había surgido desde la alborada de los
tiempos, bajo la máscara mítica o literaria, con las jerarquías y sus rupturas,
etc.
Defiende al simulacro aclarando que no es
ilusión, para abordarlo mediante
el Eterno Retorno de Nietzsche, que no es un simple círculo, un sonsonete de la repetición “revela en sí
la inalterabilidad de las máscaras, la impasibilidad de los signos”;
dándole a la aparente superficialidad la hondura. Estima Deleuze que ese Eterno
Retorno no impone un orden, sino al contrario es cómplice del caos,
y la noción de repetición infinita da fueros a la simulación, para que
sea el todo: “El simulacro funciona de tal manera que una semejanza es
retroyectada necesariamente sobre sus series de base, y una identidad
necesariamente proyectada sobre el movimiento forzado. El eterno retorno es, pues, lo Mismo y lo Semejante,
pero en tanto que simulados, producidos por la simulación, por el
funcionamiento del simulacro (voluntad de potencia).”
Cierra este segmento con la
noción de “intempestivo”, como un fragmento que arranca el filósofo a la
modernidad, que lo conecto con el lejano pasado, pero proviene desde la ciudad
en lo más artificial. Lo artificial queda opuesto y
complementando al simulacro. “Lo artificial y el simulacro no son lo
mismo. Incluso se oponen. Lo artificial es siempre una copia de copia, que ha
de ser llevada hasta el punto donde cambie de naturaleza y se invierta en
simulacro (momento del Arte Pop). Lo artificial y el simulacro se oponen en el
corazón de la modernidad (…) como se oponen dos modos de destrucción: los dos
nihilismos”
Lo artificial destruye para conservar la identidad; la simulación destruye para
la desemejanza, expandiendo un caos gozoso.
2 Lucrecio y el simulacro
Aborda al naturalista y epicúreo
Lucrecio para sostener la hipótesis de la diversidad (distinta a la identidad
platónica). “la Naturaleza es evidentemente una suma, pero no un todo (…) reprocha
a los predecesores de Epicuro es haber creído en el Ser, en el Uno y en el Todo”
Critica ese principio del Uno, pues implicaría que algo se cree desde la nada y que cambien de posición, en dado caso para él
“Ni identidad ni contradicción, sino semejanzas y diferencias”.
El conocimiento de la naturaleza
de Lucrecio avanza paso a paso “1 °) El átomo es lo que debe ser pensado, lo que no puede ser sino pensado. El
átomo es al pensamiento lo que el objeto sensible es a los sentidos”
“2 °) La suma de los átomos es infinita, precisamente porque son elementos que
no se totalizan.” “3 °) Los átomos se encuentran en la caída” en el clinamen. “Hay,
pues, un mínimo de tiempo, no menos que un mínimo de materia o de átomo.” El
clinamen “significan «en un tiempo más pequeño que el mínimo de tiempo continuo
pensable».” 4 °) Es por esto que el clinamen expresa “la pluralidad irreductible de las causas o de
las series causales, la imposibilidad de reunir las causas en un todo.” Entonces
“la semejanza de lo diverso forma, por su parte, una especie de panteísmo de
las madres” Y
lo “esencial de la física está
en la teoría del infinito y de los mínimos temporales y espaciales” para
“distinguir el verdadero infinito y el falso”.
La física epicúrea tiene una
consecuencia ética. “El fin o el objeto de la práctica es el placer. (…) Pero nuestros placeres tienen obstáculos
más fuertes que los propios dolores: los fantasmas, las supersticiones,
los terrores, el miedo (…) Es la inquietud del alma lo que multiplica el dolor;
es la que lo hace invencible, pero (…) Está compuesto de dos elementos: una
ilusión venida del cuerpo, ilusión de una capacidad infinita de placeres;
después, una segunda ilusión proyectada en el alma, ilusión de una duración
infinita del alma misma (…) Las dos ilusiones se encadenan: el miedo a los
castigos infinitos es la sanción totalmente natural de los deseos ilimitados.
En este terreno habremos de buscar a Sísifo y a Titío; (…) para Lucrecio, como
más tarde para Spinoza, el hombre religioso tiene dos aspectos: avidez y
angustia, codicia y culpabilidad”
“Es incluso más complicado,
puesto que cada sentido parece combinar informaciones de profundidad y de
superficie;”,
desde donde se definen las emanaciones y simulacros. Las emanaciones vienen de
lo profundo, las simulaciones desde la superficie; luego hay un tercer tipo de
simulacro, “simulacros tiene tres variedades principales: teológica, onírica,
erótica.”
, las cuales conectan con fantasmas. El falso infinito provoca perturbaciones “El falso infinito es principio de la inquietud del alma. (…) el
falso infinito, el infinito de la religión y todos los mitos
teológico-eróticooníricos en los cuales se expresa”,
donde “nuestra creencia en los dioses reposa sobre simulacros que nos parecen
danzar, modificar sus gestos, lanzar estallidos de voz que nos prometen penas
eternas; en una palabra, representar el infinito.” Con lo cual, en esta tesis naturalista
(de Lucrecio reinterpretada por Deleuze) los dioses se basan en el simulacro
que provoca malos infinitos, aquí entendido el simulacro como falsas
continuidades e imágenes distorsionadas.
Deleuze elogia al Naturalismo por
su empresa de desmitificación, ataca al mito y al falso infinito; ataca lo
negativo y la tristeza, en el sentido de que lo negativo hacía de lo sensible
una apariencia (atacándola el mito y el esencialismo platónico); donde descarta
al Todo y al Uno como una nada del pensamiento (negativo) que hunde la
naturaleza infinita. Lo que debe pervivir es el ensamble infinito, las series
sin límite. Su concreción parece un materialismo sensual: “Lucrecio fijó por mucho
tiempo las implicaciones del
naturalismo: la positividad de la Naturaleza, el Naturalismo como
filosofía de la afirmación, el
pluralismo ligado a la afirmación múltiple, el sensualismo ligado al
gozo de lo diverso, la crítica práctica de todas las mitificaciones.”
II FANTASMA Y LITERATURA MODERNA
1 Klossowski o los cuerpos-lenguaje
La interpretación de Klossowski
es muy peculiar, estableciendo dos series entre lenguaje-pensamiento y
cuerpo-acto “Klossowski concibe el razonamiento como algo de esencia teológica
y que tiene la forma del silogismo disyuntivo. En el otro polo, la pantomima
del cuerpo es esencialmente perversa y tiene la forma de una articulación
disyuntiva.”
Ambos remiten (dualismo en diálogo) “El cuerpo cubre o encubre un lenguaje
escondido; el lenguaje forma un cuerpo glorioso”. La peculiar definición de
perverso es “duda objetiva en el cuerpo”; no implica lo que se entiende por
tal, sino una indefinición; durante el acto de fabricación del lenguaje que
describe al cuerpo, “el lenguaje va más allá de sí mismo reflejando un cuerpo.
«No hay nada más verbal que los excesos de la carne”
Implica un resurgimiento de una teología sin Dios (opina Deleuze), “no tiene
ninguna necesidad de ello (de Dios) para ser identificada como teológica. La
teología es ahora la ciencia de las entidades no existentes, las maneras como
estas entidades, divinas o antidivinas, Cristo o anticristo, animan el lenguaje
y forman este cuerpo glorioso que se divide en disyunciones.” Resultado
sorprendente es “el carácter asombroso de la obra de Klossowski: la unidad de
la teología y la pornografía”, que Deleuze llama una “pornología superior”.
De ahí los temas curiosos de la
novela Klossowski, donde lo pornográfico implica una metafísica; por ejemplo, un
voyerista busca compartir a su esposa, pues ese gesto lanza implicaciones.
“Así es la posesión visual: sólo se posee bien aquello que es ya poseído. (…)No
se posee verdaderamente sino aquello que ha sido expropiado, situado fuera de
sí, desdoblado, reflejado en la mirada, multiplicado por los espíritus
posesivos.” Esta
curiosa perspectiva abre un debate sobre
la reapropiación social y una polémica con la justicia social.
Ese extraño gesto (perverso) del voyerista, no es ajeno al acto del artista y
su mirada, con una posición que comparten.
Otra secuela de Klossowski es que
sus personajes disuelven el yo, mediante el gesto de la multiplicación, pues la
vista desdobla y el sonido hace resonar. Tras esos eco-vista o eco-sonido debe
irrumpir la palabra que es la salida para el novelista “¿Qué hacer con lo que
no puede ser sino visto o lo que no puede ser sino oído, (…) de un Impensable
en el pensamiento..., salvo hablar de ello?”
Con esto Klossowski no sigue la dualidad de Freud en voyerista-exhibicionista
(un dúo pragmático) sino la irrupción de la palabra en el juego de las
duplicaciones. Elogia una interpretación que Foucault daba a “las categorías
klossowskianas de la vista: simulacro, similitud, simulación”.
“A las que les corresponden las categorías del lenguaje: evocación,
provocación, revocación. Por lo mismo que la vista desdobla lo que ve y
multiplica al voyeur, el lenguaje denuncia lo que dice y multiplica al hablante
(así la multiplicidad de voces superpuestas en Le Souffleur).”
Observa que Klossowski presenta
los “solecismos” del cuerpo, sus
contradicciones y falta de sintaxis, una ambigüedad que interesa como
“silogismo disyuntivo”, una ambigüedad que es previa a la potencia.
Emplea el ejemplo del famosísimo suicidio de Lucrecia tras la violación por
Sexto Tarquino, episodio que provocó la caída de los reyes romanos y la
instauración de la República Romana. Indica la posible ambigüedad del cuerpo en
la escena de una violación no resistida y la contradicción frente a la palabra condenando
ese suceso.
Otro encuentro de dos niveles es
entre la flexión de los cuerpos y la copulación las palabras, que deben unirse
para decir, contactando y re-flexionando, abriendo sentidos y significados
poéticos. Sucede un efecto liberador incluso cuando hay repetición entre el
gesto y el lenguaje: “Extraño tema de una repetición que salva, y que salva, en
primer lugar, de la repetición”
Para aclarar indica una “falsa repetición” que enferma y la curadora, cual
gesto teatral perfecto o poema que debe repetirse inalterado.
Analiza una novela teológica de
Klossowski, llamada Le Baphomet, donde Dios es un principio de identidad, que
conecta también a la inmortalidad, asimismo la unidad “En el orden de Dios, en
el orden de la existencia, los cuerpos dan a los espíritus o más bien les
imponen dos propiedades: la identidad y la inmortalidad, la personalidad y la
resurreccibilidad, la incomunicabilidad y la integridad.”;
aunque eso sería una traición para los espíritus. El Baphomet sirve primero a
Dios, como maestre Templario, pero su tarea de ordenar espíritus para la
resurrección final, se tropieza con una Santa Teresa fantasmal que advierte,
que se ha cerrado el número de los espíritus a resucitar, por lo cual muchos
deben habitar cada cuerpo, desde donde proviene la rebelión por una naturaleza
exuberante. Muchos espíritus en un mismo cuerpo, rompen cualquier identidad. El
gesto literario es insuflar el espíritu de Santa Teresa (esta rebelde) en un
paje mártir, milagrosamente conservado en una horca; extraña escena de
provocación pornográfica y contenido teológico. “Klossowski insiste en esto: que Dios es el único garante de
la identidad del yo; (…) La muerte de Dios significa esencialmente,
entraña esencialmente, la disolución del yo: la tumba de Dios es también la
tumba del yo.”
Aunque esta sea una exageración del argumento teológico que sirve a Deleuze
como reducción al absurdo de la identidad; con lo cual hace como si la unidad
física biológica y evidente del yo, dentro de cada cuerpo individual, no importara;
y fuera únicamente una cortesía.
2. Michel
Tournier y el mundo sin el otro
Tournier elabora su novela como
recreación del drama de Robinson y Viernes, bajo otra óptica, con finalidades
distintas. Su náufrago no escapará de la isla, su finalidad “es la
«deshumanización», el encuentro de la libido con los elementos libres, el descubrimiento de una energía
cósmica”
El resurgimiento de una teoría de “elementales” en agua, tierra, aire y fuego
se reconvierte, bajo un carisma “solar”, aunque Deleuze la nota un desviada
sexualmente en el sentido de Freud, bajo la máscara asexuada.
Deleuze cuestiona el concepto de
perversión, indicando que “El concepto de perversión es bastardo, semijurídico,
semimédico. (…) tan ambigua relación eventual, tanto con la justicia como con
la medicina.”
El tema de la novela es “una
novela que desarrolla la tesis misma de Robinson: el hombre sin el otro en su
isla. (…)Los efectos de la ausencia del otro son, pues, las verdaderas
aventuras del espíritu: una novela experimental inductiva.”
Cuando aparece Viernes, este Robinson sometido a la desaparición del Otro, ya
no lo percibirá cual otro; luego los marinos que lo rescatarán tampoco entran
en esa definición, por efecto de una isla que sirve de aislante radical.
Entonces describe los efectos del
otro, por ejemplo, por la continuidad de los objetos del mundo que son “para
otro” en notoria continuidad con Sartre, al cual critica.
Esa isla sin el otro le aparece como abrupta, con profundidades insondables y
repeticiones brutales. Especula Deleuze sobre el Otro a priori como fundamento del campo de percepción. La misma
novela parece bastante afín a las visiones de Sartre y Husserl, por ejemplo: “Eso
era el otro: un posible qué se empeña en pasar por real”.
Deleuze acepta el dualismo, pero
busca otra explicación “Sería un error rechazar la interpretación dualista bajo
el pretexto (…) El verdadero dualismo está por completa en otra parte: entre
los efectos de la «estructura el Otro». (…) No es el yo, es el otro como
estructura lo que hace posible la percepción.”
Siguiendo el argumento del novelista, sin el Otro no hay separación de pasado y
futuro, por tanto no hay contraste sobre la conciencia, que se vuelve un
absoluto. Cuando
el otro era la turbación, la Isla deviene en objeto absoluto, “una erección
genera-lizada”
La isla misma se convierte en un Yo fosforescente, desdoblado, alucinante. Describe
el proceso de ese Robinson a modo de psicosis, que atraviesa el fango con
desesperación, produce maníacamente y se enconcha en un alveolo cavernario; a
modo de fases de desintegración esquizofrénica.
La definición de isla desierta
cambia para la novela, pues el
náufrago “no altera en nada lo desierto de la isla, más bien lo consagra”.
Aquí cambia la definición de desierto, encausándolo hacia la ausencia radical
del Otro. Para Deleuze la salida es una superficie pura, escape del Otro y de
las profundidades (a modo de terapia excéntrica de tipo anti-psiquiatría): “Esta
reestructuración del mundo es la gran Salud de Robinson.”
Entonces surge una pregunta generalizadora “¿Qué es una robinsonada? Un mundo
sin el otro. Tournier supone (…)”
sobre ese espacio novelado Deleuze se pregunta sobre la estructura del perverso
que se mira a sí mismo como a un helios-Sol brillante, pero enojado contra la
tierra. La explicación de Deleuze es la ausencia del Otro en el perverso. “Toda perversión es un otroicidio,
un altruicidio, por tanto un asesinato de los posibles. (…) la única
robinsonada es la perversión misma.”
3. Zola y la grieta
Emilio Zola, el gran novelista de
estilo naturalista, emplea el
tema de la grieta: “como fracturas, agujeros por los cuales su yo se le
escapaba en medio de una especie de gran humareda que lo deformaba todo”,
el cual reaparece en otros autores como Lowry y Fitzgerald. Lo emplea
destacadamente en La bestia humana,
como una separación imperceptible, que raja los espíritus y los separa del
mundo o de sí, en una entropía irreversible. En los Rougon-Macquart es una
herencia imperceptible, no es algo físico. El instinto es otra cuestión,
incluso es fuerza o salud para obtener algo; alrededor de la grieta misma, que trae un vacío interior.
Hay una herencia histórica de los
instintos que la llama pequeña; otra la herencia épica de la grieta que llama
grande; mientras la instintiva-pequeña transmite algo concreto, como el cuerpo
saludable, algo concreto, en cambio la otra transmite a la grieta, que es
impredecible en sus efectos. Con ello reúne dos géneros de novela, juntando el
drama y la épica. Ambos se entrelazan, por ejemplo, cuando el instinto se hace
alcohólico y la grieta, ruptura.
La grieta arrastra al silencio
y al Instinto de Muerte, el cual es central porque concentra “la grieta
en persona, en torno de la cual todos los instintos hormiguean”; el eje oscuro
de los demás, “los instintos recubren la muerte y la hacen retroceder; pero
esto es provisional”
y “la grieta introduce la muerte en todos los instintos”. De modo breve,
sintetiza las escenas de celos y rencores que implican los varios asesinatos en
la novela La bestia humana, que
terminan en la muerte de los personajes. Explica con brillantez simbólica los
sucesivos trenes que unifican las escenas de crímenes en esa novela.
La vía del tren sustituye a la locomotora y el movimiento a muchos vacíos,
interesantes para analizar, “La locomotora no es un objeto, sino evidentemente un
símbolo épico, gran Fantasma”
Deleuze plantea las diferencias
entre tragedia y epopeya. Epopeya: doble plano, grandeza, espacios abiertos,
eco entre los dioses y los humanos agónicos. Tragedia: espacio cerrado,
fatalidad, dominio del plano humano.
La justificación de la exageración del literato está en la épica, “un epos
que dice que nunca se irá demasiado lejos en la descripción de la
descomposición” y, Zolá alcanza el instinto de muerte, pero quizá busca un más
allá de esa frontera, exagerando la exageración; en particular, “El optimismo
socialista de Zola quiere decir que es ya el proletariado el que pasa por la
grieta.”
El optimismo implica que “La grieta es el obstáculo del pensamiento, pero
también el asiento y la potencia del pensamiento, el lugar y el agente.” La
última novela de Zolá es El Doctor Pascal,
la posee un tinte científico y progresista.
NOTAS: