“El conocimiento es irreversible; uno no puede volver a la oscuridad de la dulce ignorancia”
Stanislaw Lem
Por Carlos Valdés Martín
Visto a ojo de pájaro, el argumento de la novela La Voz de Su Amo es sencillo y se puede resumir en el relato de un líder dentro del proyecto secreto para descifrar un mensaje enviado por una inteligencia extraterrestre superior. Esta sencillez posee su complejidad, pues el relato se plantea desde el punto de vista de un “genio matemático” quien fue uno de los líderes del proyecto secreto y se toma en serio la superioridad del mensaje, que resulta indescifrable. El mensaje formado por una emisión de neutrinos conserva las características de un mensaje imposible de descifrar, con rigor estricto la narración asume que el descifrado completo es un imposible, estricto como el imaginado por Bataille en su Lo imposible, y me atrevo a aseverar que es muchísimo más estricto este imposible de Lem. ¿Cómo sucede esto? El imposible evocado por Bataille es ético, filosófico y literario, buscando la experiencia subjetiva límite de los actos, sentimientos y estética, mientras Lem busca la experiencia límite en el filo objetivo y de civilización, porque el mensaje interestelar de la novela está tan arriba en la escala de inteligencia y civilización que los esfuerzos combinados de todos los mejores científicos del planeta tierra resultan impotentes (en todas las especialidades relevantes naturales y sociales) sino para descubrir la “punta del iceberg”. En ese sentido, me parece encontrar en VDSA (por sus siglas) un relato de angustia, de relativismo ante la grandeza del cosmos y la infinita tarea por descubrirlo.
En general, la ciencia ficción trata de la máquina suprema (el tecno-saber o la civilización alienígena) como su “cosas suprema” y del flujo supremo del tiempo (el futuro distante como el modelo que nos re-totaliza , nos reinventa), de tal manera relativiza el presente de un modo sorprendente, pero también descubre sus tendencias secretas y más sólidas (porque el futuro hace sólido lo que hoy es un vago sueño), por lo mismo gusto de inventar territorios inhabitables como utopías (positivas, negativas o mixtas). Esta creación de una “máquina” límite ya está prefigurada en las ancestrales ideal del objeto mágico supremo, como una espada invencible, una problemática “caja de Pandora” o un terrible laberinto de Dédalo. Mientras las visiones ancestrales quedan marcadas por un fetichismo simple , el avance tecnológico nos obliga a temblar antes un fetiche viable. En el periodo reciente (ni arcaico ni futurista) se van inventando nuevos objetos-fuerza (maquinas fetichizantes) como la “piel de zapa” de Balzac y el Golem de Meyrink; donde los depósitos de poderes fantásticos van adoptando nuevas figuras, hasta alcanzar los contornos más creíbles de lo maquinal tecnológico a partir de Julio Verne.
En esta novela se levantan tres máquinas-de-deseo extrañas: el mensaje-y-su-civilización-hipotética; el complejo-secreto-comunidad-de-científicos; y la lucha-entre-saber-y-destrucción. En mitad de estos complejos dispositivos (imaginados y recreados por Lem) se levanta una personalidad (el sujeto superior, el personaje en primera persona), una tarea (descifrar, obtener el saber superior), una tensión (lo que está más allá del ser humano, la tensión de lo imposible de una inteligencia más allá de nuestros propios límites) y unos flujos (de venturas, de saberes, de personalidades, de poderes). El flujo de una ventura (el azar extraño que entrega un mensaje galáctico indudable) que termina en el sitio adecuado, la botella lanzada al mar galáctico termina en las manos justas para intentar descifrarla. El gran objeto de esta narración es el Mensaje, por todo lo que trae atrás (la civilización extraterrestre superior) y empuja en varias direcciones (un tutelaje sobre la evolución biológica, un arma de destrucción masiva suprema). El gran sujeto es el personaje (ese sabio inventado, Peter E. Hogarth) quien media entre la cima del saber humano (la ciencia pura en todas sus derivaciones) con sus recursos frente al enigma grandioso: el Mensaje. La novela juega con una posibilidad que el raciocinio científico no puede descartar: vida inteligente y superior en el espacio exterior. La tensión viene de que nuestra propia especie y civilización se levanta hasta la altura de su propio saber, como estimara Ortega y Gasset, el vértice del tiempo nuevo surge en el nivel del conocimiento, el saber es la punta más avanzada de la madeja. Entonces la irrupción de un nivel cualitativamente superior, tan avanzada, que no lo alcanzamos a comprender, implica una ruptura de esquemas tremenda. De ahí el odio y fascinación sobre el tema OVNI, pues la presencia de una civilización superior en una lejana galaxia implicaría una “revolución copernicana” que implicaría el final de ese ideal renacentista: el hombre es la medida de todas las cosas.
La lucha de Hogarth por descifrar el Mensaje implica una tensión enorme por sus implicaciones: superar el nivel del saber humano, reconocer una relatividad al antropocentrismo. En cambio, en esa lucha mental los sucesos son muy discretos: un descubrimiento llamado de dos modos distintos según fuera el enfoque de su estudio. Denominado Señor de las Moscas para la biología o Huevos de Rana para la física. Primero se enfoca más hacia la posibilidad de una sustancia que tutelara el desarrollo de la vida a distancia, y el segundo, sobre un efecto de tele-explosión, una bomba atómica que se desplaza a la distancia a velocidad luz, con el defecto de no poder precisar su destino. Ambos temas poseen matices apasionantes. En el primero se especula sobre el origen de la vida y el desarrollo de las especies vivas, en el segundo surge la posibilidad de la aniquilación. El tema de la aniquilación está marcado por la guerra fría y su clima de mutua amenaza de aniquilación entre la URSS y EUA.
El camino de esta novela son los juegos de inteligencia, de invención y descubrimiento entonces resulta desértica de trama y aventuras. Una y otra vez se confrontan diferentes ciencias y herencias filosóficas para comprender nuestra realidad; en ese sentido, la ciencia está bastante viva bajo la ficción. Además, resulta evidente la inspiración de esta novela para el proyecto liderado por Carl Sagan para buscar inteligencia extraterrestre desde el observatorio de Aruba. Esto implica que es un texto distinto de la novela típica: con venturas y desventuras, con drama y lágrimas, con héroes y villanos, anécdotas picantes y tensiones constantes, un hilo a descubrir, un criminal oculto y demás. Entonces La Voz de Su Amo no tiene eso, le falta el tramado típico o lo presenta a un nivel tan anémico, que me sorprende, porque con microscopio se encuentra alguna anécdota, como el modo en que se consiguió el mensaje y la presencia discreta de los militares custodiando la base y la investigación; empero la trama tradicional queda sepultada por el lado fuerte de este escrito: su especulación mental intensa, la lucha entre las ciencias, la confrontación de puntos de vista, develando los velos de la verdad sin misericordia.
El otro elemento de estilo notable es la discreción de la fantasía, así este texto casi raya en el realismo, pues el ingrediente fantástico está muy dosificado; el buen cocinero diría que esta fantasía es como el grano de sal, proporcionado en una pequeña medida, suficiente para mantener el ambiente realista.
Argumentos interesantes
Stanislaw Lem entrega muchos inteligentes juegos mentales, un ejemplo lo observo en este argumento sobre la impertinencia del psicoanálisis para explicarnos: “La doctrina psicoanalítica revela el cerdo en el hombre, un cerdo provisto de la montura de una conciencia; el desastroso resultado es que el cerdo se siente incómodo bajo ese pío jinete, y tampoco el jinete es más feliz en la situación, pues su cometido no es sólo domar al cerdo, sino también volverlo invisible. La noción de que tenemos dentro de nosotros una antigua Bestia que lleva sobre sus espaldas una moderna Razón es un pastiche de las mitologías primitivas…. El psicoanálisis procura la verdad de una manera infantil, escolar: aprendemos de él, ruda y apresuradamente, cosas que nos escandalizan y que, por tanto, llaman nuestra atención. A veces sucede, y así es en este caso, que una simplificación que roza la verdad, aunque de manera barata, no tiene más valor que una mentira. Una vez más se nos muestra el demonio y el ángel, la bestia y el dios unidos en un abrazo maniqueo, y una vez más el hombre se ha considerado a sí mismo inocente, pues no es sino un campo de combate para fuerzas que lo han penetrado, lo han distendido y se han apoderado de él dentro de su piel.” El novelista queda atraído por la psicología, al mismo tiempo que rechaza la versión, pues es perversión —y al hacer el balance— le parece una especie de caricatura maniquea, que sirve de disculpa, mas no de explicación.
Para exponer la vocación de matemático de su personaje Hogarth, la novela toma este camino casi inverosímil, que implica una insinuación de teología para el estadista matemático: “Al que busque una razón sin que le sea posible aceptar la hipótesis de un plan, adopte éste la forma de la Providencia o lo Diabólico, sólo le queda el sustituto racionalista de la demonología: las estadísticas. Así pues, es de una habitación en penumbra con olor a corrupción de donde parte el rastro que conduce a mi antropogénesis matemática.”
Resulta interesante señalar el flujo imaginario del doble sobre el mundo. En una curiosa parte, Lem señala que el proyecto de VDSA ha generado una literatura enorme, superior a la provocada por el Proyecto Manhattan, en el cual se incubó la bomba atómica. La imaginación literaria, por su capacidad expansiva, nos entrega con naturalidad esta clase de argumentos: invención de textos para referirlos en textos. En el extremo Lem inventa una historia del procecto: “La obra en cuatro volúmenes del historiador de la ciencia William Angers, 749 días: una crónica, es monumental. Me asombró su escrupulosidad; Angers ha examinado el trabajo de todos los que intervinieron en el Proyecto e hizo una compilación de sus puntos de vista. Pero no leí su obra hasta el final; me pareció algo tan imposible como leer una guía telefónica.” Me provocó una sonrisa esa referencia a la guía telefónica y la convicción de que el autor atesora un cosmos más monumental de un mundo tras las páginas de su novela. Con una extensión menor, este argumento compagina con varios de Borges, en especial su Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, donde un mundo paralelo irrumpe en la imaginación terrestre , para convertirse en una capa de interés masivo; la diferencia radical es que ese trasmundo de Borges es metafísico, distinto a nuestras legalidades físicas y mentales (otro tipo de imposible), mientras el de Lem es físico y en su relato el polaco nos entrega un mínimo mensaje de repercusiones colosales, mientras el argentino nos regala ya el informe de un mundo completo, escurriéndose entre las páginas de una enciclopedia. Además, la referencia de Lem a una proliferación de textos sobre la VDSA en términos de referencias secundarias (de los no informados o de enfoques distintos) posee un aire a juego mental borgiano: “Además, se vuelve inevitable el fenómeno del pseudoplagio: la repetición inintencionada de ideas de otros que son desconocidos.”
El conflicto entre ciencias matemático-naturales y las humanas
Uno de los temas más interesantes de esta novela es el conflicto constante entre las ciencias naturales y las humanas, encarnadas en el protagonista y en la separación entre grupos del proyecto VDSA.
Con ironía (constante de Lem) el protagonista se presenta de modo sincero (cuestionando sus propias inclinaciones y motivaciones) para pronto quejarse de que la intervención de la matemática (y el enfoque de la ciencia natural) es rechazado por las ciencias sociales, debido a la especialización y al amor propio de los protagonistas de cada segmento. El autor plantea argumentos ingeniosos y bien informados, que se pueden ejemplificar en la queja del personaje principal al presumir: “probé la existencia de un umbral de complejidad para autómatas finitos con control algedónico ” con lo cual se explicaría la polarización entre sadismo y masoquismo, así como “suponiendo la existencia de panmixia (entrecruzamiento al azar), a lo sumo el diez por ciento manifestará un equilibrio adecuado de control algedónico, en tanto que el resto se desviará de la norma” Sin detenernos mucho, el personaje afirma que bajo la hipótesis de autómatas algedónicos (sometidos a un control en base al placer y dolor) creó un modelo matemático, para establecer la tendencia a la disyuntiva de comportamiento moral hacia el bien y mal, que luego proyectada mediante la panmixia, establecería un diagnóstico matemático de la trayectoria de la humanidad, con sus dilemas morales y su desviación hacia el mal, donde en este texto, “desviación” tendría el sentido de estadística y no de inmoralidad. En el argumento, esta propuesta de una explicación matemática del comportamiento moral y su evolución, resulta recibida con un escándalo mudo por los antropólogos y demás, por lo cual la “brillante” aportación de Hogarth está destinada al malentendido entre los sabios de perspectivas opuestas. La reacción de Hogarth (en este caso supongo alterego de Lem) es la ironía hacia los supuestos misterios de la Antropología, Historia y Psicología que buscan explicar la moralidad y el comportamiento humano en el tiempo por factores como arquetipos, misterios, espíritu, etc. Aunque yo mismo tomaría partido por la ciencia social incomprendida por los naturalista, me abstengo, para solamente anotar la contraposición de saberes complementada con un sincero esfuerzo por su interpenetración, porque resulta admirable el esfuerzo de Lem por captar los matices de las disciplinas sociales, entenderlas y contrastarlas con la percepción de la “cosa misma” natural. Este ejemplo literario expresa la tensión inherente a la división real de saberes en la “comunidad” de los sabios, en las academias y laboratorios; en ese aspecto la metáfora de VDSA es interesante como una cúpula de conocedores esforzando al máximo su maquinaria intelectual por alcanzar un objetivo común (el mensaje galáctico) que terminan en el fracaso; eso resulta en la “gran metáfora de la impotencia” mediante el uso supremo de la potencia. ¿Cómo nos identificamos con esta situación excepcional? Respuesta: cada individuo es un sabio en su pequeña parcela de mundo, un rey en su habitación privada. Simultáneamente esta situación es una ilusión: reconocemos nuestra limitación, y el ego nos indica que volamos al 100% de nuestra capacidad mental. Además, desde el siglo XIX, la sociedad occidental se levanta sobre los resultados de la ciencia, así que el ícono del progreso es nuestra brújula, y también nuestro motivo de desesperación por no llegar a una cúspide final. De alguna manera Fausto ya mostraba ese drama: el saber abraza el mundo y no resuelve la existencia.
Ejemplos de metáforas de la impotencia y pequeñez humana
El uso de metáforas para explicar la pequeñez e impotencia de nuestro género para entender un desafío mayor, posee una carga de sana ironía y lo saludable es el llamado a limitar nuestro egoísmo, solicitándonos evitar el engreimiento del antropocentrismo, rechazando a la especie elegida y única.
De modo muy claro plantea que la capacidad universal de conocer es un mito: “El mito de nuestra universalidad cog¬noscitiva, de nuestra disponibilidad para recibir y compren¬der información absolutamente nueva —absolutamente, puesto que era extraterrestre— sigue en pie, aunque al reci¬bir el mensaje de las estrellas no hicimos con él más que el salvaje que al calentarse con un fuego de libros ardientes, los escritos de los hombres más sabios, ¡cree que ha obte¬nido de ellos un enorme beneficio!” La élite científica termina siendo comparada con una horda primitiva calentándose con un texto, cuestionando el utilitarismo del saber, y si la utilidad domina ¿qué queda de digno en el saber?
Compara la multitud de discursos que pretenden la verdad con las hormigas y también observa la utilidad relativa de sus actos. “Pero hay beneficios y beneficios. Las hormigas que encuentran a un filósofo muerto en su camino darán buena cuenta de él.”
En ejercicio contra el antropocentrismo.
En texto entero es una escapada al territorio extraño que nos exige abandonar el antropocentrismo, cualquier pretensión de superioridad humana y de universalidad cósmica. Es un llamado a la humildad y, en especial, a redimensionar nuestra capacidad de comprensión; de rebote, nos invita a incrementar la capacidad de asombro y de aventura. Define un ejercicio de repetir la revolución Copernicana que sacó a la Tierra del centro del cosmos, para buscar un nuevo eje; por lo mismo, es el relato de un fracaso, ya que el mensaje no se descifra y la inteligencia humana queda cuestionada. Aunque esta obra represente el campo más limitado de la literatura, no deja de ser eco de muchas tentativas de las varias ciencias para escapar de la jaula del “ego-centrismo” humano o regional. La antropología avanzó quejándose del euro-centrismo como modelo de civilización ; la psicología se ha quejado de otros centrismo como la normalidad o el predominio del varón ; la historia se ha alarmado del predominio del Occidente, como la epopeya de la humanidad y la insensibilidad ante el colonialismo ; una versión de filosofía se queja del concepto de hombre como una “composición” arbitraria de una época; no ha faltado quien objete al binomio de razón y Occidente como un centrismo cuestionable ; etc. En fin, la corriente del descentramiento ha sido marcada y clara en las diferentes tendencias de las ciencias sociales, pero las naturales parecieran no haber participado de esa clase de preocupaciones durante los últimos cinco siglos, hasta que —en su propia frontera— se encuentran con el tema de lo extra-humano. Dicho de otro modo, la ciencia natural siente que representa a la humanidad entera (y no requiere de algún descentramiento, aunque exista algún caso exótico, como la “ciencia soviética” opuesta a la “burguesa” ) por tanto no exige de ninguna revisión interna para operar. El texto literario de Lem nos invita a imaginar que un descentramiento de la ciencia es posible y hasta necesario —al mismo tiempo que imposible e inútil—, pues la tentativa fracasa; ni las mentes más brillantes coaligadas nos transportan más allá de la frontera humana. Por mi parte anoto, que la estructura de esta ironía literaria, también nos indica la necesidad de esa trascendencia, ese movimiento de auto-superación donde el saber humano busca traspasar su frontera. La contraparte práctica del evento literario de Lem es la existencia del proyecto científico de búsqueda de vida extraterrestre (SETI por su siglas en inglés) liderado por Carl Sagan en su momento.
La disyuntiva de la evolución humana
A diferencia del teórico social, que plantea el curso posible como eventos, revoluciones, reformas o nuevos regímenes político-sociales, el punto de vista del científico-literario, que es el de Lem, imagina el horizonte en términos de evolución futurista. Entonces nos plantea la pista general para la humanidad: hacia el mundo o hacia sus propios placeres. El argumento comienza comentando que en las élites se está discutiendo el potencial de auto-evolución mediante la modificación genética. Se pregunta por la creación de cyborgs (en el argumento no se ha concretado), lo cual amenazaría con dividir a la especie; sin embargo, en su presente literario, las modificaciones no pasan de ser superficiales, pero ya surge otro potencial. Le parece al personaje que las modificaciones genéticas auto-inducidas van en el sentido de que se use “LA RAZÓN AL SERVICIO DE LOS IMPULSOS” , de ese modo, la investigación se centra en obtener ventajas sibaríticas. El libro imagina un posible curso en ese sentido, indicando: “Si esta tendencia condujera a la invasión del cuerpo humano por dispositivos tecnológicos, sin duda la idea sería expandir al máximo la gama de sensaciones placenteras y quizás incluso dar nacimiento —además del sexo, los narcóticos y la felicidad culinaria— a otras clases, hasta ahora desconocidas, de estimulación y gratificación sensuales. (…) Si tuviéramos en el cerebro un «centro de placer» ¿qué nos impediría conectarle órganos de sentidos sintéticos que permitieran alcanzar orgasmos místicos y no místicos mediante acciones especialmente diseñadas como desencadenantes de éxtasis multifacéticos? Llevar a cabo semejante autoevolución constituiría un final definitivo de la cultura y las costumbres; implicaría un apartarse de todas las cosas extraterrestres. Sería un modo de suicidio intelectual excepcionalmente placentero.” Esta perspectiva de un hedonismo tecnológico potenciado implicaría apartarse de todas las cosas y punto, abandonar la inquietud de la civilización para cambiarla por la gratificación perpetua, directa hacia el cerebro.
Aunque la corriente o posibilidad del camino de un hedonismo enquistado es la que más y mejor argumenta Lem, existe la otra posibilidad de expansión continua de la humanidad, una que llama expansiva-ascética, la cual buscaría la continua expansión de la civilización, por lo mismo, obligaría a la búsqueda cósmica. Es evidente el asco de personaje por la primera opción y el gusto intelectual por la segunda, sin embargo, cualquier opción merece una sonrisa irónica.
Hasta la última posibilidad: caricatura e inteligencia
Mediante el bisturí de la mente, Lem empuja algunas de las tendencias de la modernidad hacia su límite lógico y nos revela que los grandes logros de la civilización contienen algo de caricatura.
Un lindo ejemplo es la velocidad del viaje, donde Lem dice: “Hasta hace veinte años, un viaje desde Europa a los Estados Unidos exigía siete horas; a un coste de dieciocho mil millones de dólares, ese tiempo se redujo a quince minutos. Ahora se sabe que con un gasto de algunos miles de millones más, este tiempo de vuelo puede reducirse a la mitad. Un pasajero, esterilizado de cuerpo y mente (por temor de que transmita la gripe asiática o las ideas igualmente asiáticas) y al que se le hayan bombeado vitaminas y videos en cantidad suficiente, podrá trasladarse de ciudad a ciudad, de continente a continente y de planeta a planeta con velocidad y seguridad cada vez mayores. Y se supone que la visión de toda esta maquinaria enormemente eficaz y solícita debe dejarnos boquiabiertos para que nunca lleguemos a preguntarnos qué se gana exactamente con estas peregrinaciones rápidas como el rayo” La evocación es una clara referencia al avión Concorde que cuando se terminó esta novela ya tenía creados sus prototipos y el primer vuelo comercial fue posterior, hacia 1969, reduciendo la velocidad del viaje a Europa a la mitad a tres horas y treinta minutos, con velocidad límite de Match 2. Al seguir en la mente esto efecto de reducción (de tiempo o ampliación de velocidad) se bordea un límite, pero ¿qué sentido tiene darle la vuelta al mundo en unos minutos? Ahí, la literatura hace la caricatura del afán tecnológico (y la entera parafernalia que lo acompaña).
El foco crítico: la ciencia al servicio de la destrucción
El trasfondo más crítico y dramático de la novela de Lem está en la utilización del saber para el fin destructivo. En la trama de la novela, el mensaje extraterrestre posee una posible aplicación destructiva, pues mediante una aplicación Hogarth y un amigo cercano se dan cuenta de que es posible realizar explosiones de tremenda energía a distancia. Este invento representaría generar una explosión de tipo nuclear a la distancia, a manera de arma de destrucción masiva sin posibilidad de detección ni modo de evitarla. Esta perspectiva ensombrece a los investigadores que procuran mantenerla oculta frente al patrocinio y supervisión militar del proyecto VDSA. Los experimentos los realizan en escala microfísica pero suficientes para confirmar el potencial destructivo. Por fortuna, esa tecnología termina condenada por las leyes de la “incertidumbre” cuántica, porque al incrementar los factores con la distancia la colocación de la explosión se pierde y el destino resulta azaroso, por tanto, resulta imposible dirigir estas explosiones contra ningún objetivo.
El empleo del saber con fines bélicos es cuestionado una y otra vez, de muchas formas. Por ejemplo dice el personaje principal: “Entendí en qué podía basarse una civilización y qué podía ser ella. Cuando oímos la palabra «civilización» pensamos en un equilibrio ideal, en valores éticos, en elevarnos por encima de nuestras propias debilidades, y la asociamos con lo que hay de mejor en nosotros. Pero es, sobre todo, conocimiento, un conocimiento que de la esfera de situaciones posibles, elimina precisamente aquellas (comunes para nosotros) como ésta: la situación en la que los mejores cerebros de entre mil millones de seres se empeñan en la tarea de sembrar la muerte universal haciendo lo que preferirían no hacer y a lo que se oponen, porque no hay alternativa para ellos. El suicidio no es una alternativa.” Haciendo referencia, ante el horror que surge en el personaje, cuando teme haber descubierto un arma de destrucción universal, superior a cualquiera conocida, lo cual termina siendo desechado en la trama final.
La máquina del drama: ejecución en masa
El saber al servicio de la aniquilación no se queda en hipótesis, mero fondo de una bomba que podría matar en masa, sino que en el relato surge con oportunidad una memoria de aniquilación con sentido personal y particular. Uno de los dirigentes del proyecto, de nombre Rappaport, de origen judío, es un sobreviviente de un campo de exterminio. Relata con detalle las vivencias de su captura y enfrentar a la muerte, sin asideros mentales ni consuelo efectivo; con la certeza atroz de que el fusilamiento y la incineración son inminentes. El consuelo momentáneo de Rappaport entraña un sinsentido irónico, pues él imagina que se convertirá en un comandante enemigo, quien dirige la operación con galanura; mientras los soldados se ensañan con las culatas y arrastran a las víctimas tras una grieta en la pared, para fusilarlas más allá de la vista del testigo. El aire se carga con olor a cadáveres y flota ceniza que entrega más dramatismo a esa espera de la fatalidad. En ese ambiente surge un evento singular, al arribar un “equipo de filmación” , que sacaría alguna ventaja del evento. Entonces el dramatismo se redobla, pues el jefe alemán exige a los prisioneros un voluntario que dé un paso al frente. El protagonista Rappaport sabe que es urgente dar el paso, pues de lo contrario los matarán más rápido a todos, pero un miedo silencioso le impide actuar. Un voluntario anónimo se adelanta y los soldados alemanes lo llevan al otro lado de la barda, en el sitio donde se hacían los fusilamientos. Se escuchan disparos y el voluntario regresa ensangrentado. Poco después se aclara que a ese lo obligaron a remover a los heridos, entre un montón de caídos para facilitar a los soldados la tarea de rematarlos. Al atardecer cae la calma, los soldados abren las puertas de par en par, y los prisioneros son abandonados, por lo que los sobrevivientes huyen del sitio sin ningún impedimento.
La anécdota de la ejecución masiva aporta enorme fuerza expresiva a la amenaza de aniquilación. Los soldados no solo amenazan, actúan matando y no aceptan la condición humana de sus prisioneros. ¿Pueden los sabios servir sin conciencia a una causa de destrucción masiva? El drama no es abstracto, marca un recuerdo vivo: el autor es judío polaco.
Extraña hipótesis sobre la paternidad extraterrestre
Según las teorías de la muerte térmica del cosmos, la progresiva expansión combinada con la ley de la entropía (la disipación de las áreas de energía concentrada según la termodinámica) nuestro entorno terminará por enfriarse y apagarse en el curso de millones de años. La agonía de un enfriamiento universal será lenta y gradual, pero los creyentes de la termodinámica la estiman irreversible. En el extremo de la hipótesis contraria, quizá la última civilización de un universo en agonía se dedicaría a generar una tecnología para que el universo expansivo renazca y —lo más importante para esta novela— el mensaje de neutrinos que sería una herramienta para promover la creación de la vida en los planetas nuevos.
En ese sentido la novela presenta una arriesgada hipótesis de exobiología, para insinuar que los humanos podríamos ser producto de ese evento, cuando indica: “De este modo, en este inspirado cuadro, el código estelar se revelaba como una transmisión enviada a la esfera de nuestro Universo... desde el Universo que hubo antes que él. Por tanto, los emisores no existían, al menos desde hacía treinta mil millones de años. Modelaron tan bien el «mensaje» que sobrevivió a la aniquilación de su cosmos; y su mensaje, sumándose a los procesos de la futura creación, puso en movimiento la evolución de la vida en los planetas. También nosotros éramos sus hijos...” Esta hipótesis sobre el padre resulta sumamente atractiva y desconcertantes desde una visión psicológica, pues el anhelo de un padre (tan querido por la religión) se desvanece en una incógnita extraterrestre, pues esa lejana civilización ya está muerta y no es posible definirle ningún perfil preciso. El odio reprimido contra el padre que lo planteó Freud en el tabú, donde un animal totémico era muerto y comido por una representación psíquica reprimida de una comunidad de hijos, en su origen parricida . La ciencia ficción indica a la lejanía y afirma que el padre está muerto, definitivamente muerto, y (al mismo tiempo) es madre, tan amorosa como abstracta, para mandar un rayo de neutrinos fecundadores durante miles de millones de años, hasta tocar el presente.
Los flujos que fracasan (la comunicación y el saber) y el horizonte del fracaso final
Ya que el meollo de la novela es un mensaje extraterrestre indescifrable (la máquina suprema se revela inaccesible), el flujo trata de comunicar y comprender. El mensaje humano posee cierta complicación, por eso se traduce y existen dificultades de varios tipos, pero son insignificantes con la dificultad interestelar. Para el narrador existe facilidad para la comunicación humana: “Es sorprendente la convergencia conceptual de todas las lenguas de las culturas de la Tierra, por variadas que sean. El telegrama ABUELA MUERTA FUNERALES MIÉRCOLES puede traducirse a la lengua que se quiera: desde el latín y el indostaní hasta los dialectos de los apaches, los esquimales o la tribu de Dobu. Podríamos hacerlo incluso con la lengua del período musteriense, si la supiéramos. La razón es que todos tenemos una madre, que a su vez tiene una madre; que todos debemos morir; que el ritual de la eliminación de los cadáveres es una constante cultural; como lo es también el principio del cómputo del tiempo.” Es decir, a cierto nivel, cualquier mensaje humano resulta traducible y comprensible, luego no sucede lo mismo si partimos de la hipótesis extraterrestre; significa que la humanidad entera se comunica y posee una estructura de existencia semejante.
Respecto del conocimiento, Lem no se queja de sus logros parciales, sino de su enfoque total. La novela entera se centra en el fracaso de las mejores mentes, cuando se enfrascan ante un reto, además de que manifiestan un enfoque equivocado. Del proyecto VDSA, en las conclusiones Hogarth, se lamenta, pues: “El error dio nacimiento al error, no podía ser de otra manera (…) porque el nuestro era un premeditado esfuerzo por convertir un instrumento estropeado en una espada mortal” .
Además, el conocimiento mismo se revela impotente cuando busca su extensión última, al respecto anota: “El escepticismo es como un microscopio cuyo aumento se incrementa continuamente: la nítida imagen con la que uno empieza finalmente se disuelve porque no es posible ver las cosas últimas; su existencia sólo puede inferirse.” Stanislaw se encuentra con la misma paradoja señalada por Kant, pues las “cosas” últimas se colocan como “aporías” o paradojas, pues el infinito nos juega una mala partida, entregándonos una incomprensión final. En conclusión, el conocimiento último cae en el fracaso.
Ya que la comunicación y el saber están marcados por un fracaso (real y potencial) el horizonte final adquiere un tinte pesimista. Dada una tendencia destructiva humana, el conjunto podría fracasar, de ahí un tinte nihilista del protagonista sabio, cuando imagina una estadística del fracaso de las civilizaciones en el cosmos: “Quizá sepan (ellos los extraterrestres) que, de acuerdo con las estadísticas galácticas, el tipo de psicozoico (neologismo para animales con psique) terrestre está condenado al fracaso tecno-evolutivo, de modo que no sería tan horrendo incrementar la amenaza que pende sobre nosotros, pues, en cualquier caso, «lo más probable es que no lleguemos a nada».” Lo fatídico convertido en estadística galáctica parece menos terrible, basta imaginar que existen otros seres menos auto-destructivos que nuestra especie para observar algún alivio en el fracaso.
Para redondear el abrazo pesimista, el fracaso se desliza hacia una ontología materialista. ¿Qué siente un espíritu delicado en un universo destinado a la muerte? Desolación y consuelo en que un espíritu lacerado es peor que la muerte eterna. Resumiendo el final, el protagonista imagina el horrible panorama si sobreviviera el dolor individual y se agregara como chispas en el caldero de lo evolución universal, “si hasta una chispa pudiera pasar de hombre a hombre, el mundo estaría lleno de aullidos lacerantes” ; por tanto, la muerte eterna parece un descanso frente al infierno imaginario. Curioso que no confronte la finitud de la existencia y el universo en el microscopio del escepticismo científico, sino que lo termina confrontando con una imaginación de una anti-utopía de la conservación de dolor (al menos una chispa, dice Lem) en el decurso del calendario infinito. El infinito lo resuelve desde el punto de vista material-científico, sin embargo, le resulta inviable de abordar, desde un horizonte de existencia (con ciencia y arte), del rayo luminoso destinado a perderse entre dos eternidades de oscuridad .
miércoles, 10 de octubre de 2012
miércoles, 3 de octubre de 2012
PERROS PARA TELENOVELAS, PERICOS PARA PENSAR
Por Carlos Valdés Martín
La historia verídica de una perrita de raza chihuahua resultó como una telenovela: el acontecimiento dictándole el guion a la ficción. Esta raza chihuahua es una de las más pequeñas, con ejemplares diminutos y delgados, nerviosos y muy falderos. Su dueña nos contó que Daisy, como llamaré al animalito, entró en celo y estaba de mal humor, por lo que buscó una oferta para cruzarla. Encontró por los avisos de periódico a otra señora que ofrecía un macho de nombre Nerón, curioso mote para un perro pequeño. Depositó a la perrita en una larga visita, pues la casa que se ofrecía para cruzar a los perritos, estaba en las afueras de la ciudad. Y la dueña de Daisy es una dama mayor, que no acostumbra viajes largos, pues se le sube la presión arterial.
Durante un par de semanas los perritos convivieron y jugaron bajo el mismo techo. La perra no quedó preñada pero sí apegada al macho. Al regresar la hembra tuvo manifestaciones que en las personas llamamos depresión: perdió la alegría y el apetito, casi pasaba el día entero dormida, y no hacía los usuales gestos para su ama.
Así, que la dueña decidió dejar unos días más de visita a su mascota. Los dueños de Nerón estuvieron encantados del préstamo, pues también su perro les parecía melancólico sin la hembra. Vino el siguiente celo y los animalitos intentaron cruzarse.
Antes de que aconteciera ese desenlace entró un tercero dramático. En la misma casa se recibió a un perro de raza más grande, de cual se temía fuera bravo. En un descuido la hembra chihuahua quedó a merced del tercero, que llamaremos Sparky, y la empezó a perseguir. Como un paladín, Nerón entró a la defensa de la perra, pero el agresor era mucho más grande y sí era bravo. Bastó un instante para que terminara la vida de Nerón. En unos instantes llegaron los amos de los perros y atestiguaron la tragedia. Daisy no resultó dañada en lo físico, pero traía secuelas. Había quedado embarazada, pero con mucho temor, expresado en temblores y pesadillas, se despertaba y se escondía en bajo los muebles. A los pocos meses, el parto fue un fracaso: murieron tres recién nacidos.
La dueña está destrozada, su Daisy regresó con miedo y tristeza manifiestos, sigue sin apetito, a penas come, no quiere jugar. Lo contó con los ojos vidriosos, la lágrima lista a escapar.
A nivel de canes el relato corresponde con un drama de novela triste. Falta un giro de alegría, una redención para terminar la novela rosa, que luego del drama nos rescate de la depresión.
Según algún intérprete de la semiótica de la novela rosa —el estilo de lo que en España llaman culebrón y en México “churro” o telenovela— fue una invención de la literatura, en particular la adaptada al folletín, posiblemente atribuyendo su inicio a Eugenio Sue con sus Misterios de París y Dickens con sus memorables sagas.
Al cambiar el medio, migrar del impreso al medio televisivo acontece una trasmutación honda cual la Bíblica del Verbo en Carne, acontece una especie de degradación de las intensidades, como la primeras fotocopias. Esas copias de mala calidad efectuadas en un grueso papel fotosensible, que impregnaban de una enfermedad gris cada copia, por lo que el parentesco degradado entre el original y su pariente pobre, resultaba indudable. En sentido estricto, la telenovela ni es hija sino nieta de la novela por entrega periódicas del siglo XIX; pues tuvo su intermedio en la radionovela. La radio, con pura voz para imaginar, posee una inocencia mayor y prepara el proceso de la simplificación.
El problema con el sistema videograbado es que cada imagen posee demasiada información, pues el personaje no requiere de explicarse, sino que basta un maquillaje recargado en la cara de los malos, con su ceja arqueada, arrugas inventadas, falsas ojeras de ceniza y una barba crecida para sustituir cualquier sutileza sicológica. Para la visión basta con que el personaje se vea malo para ahorrarse cualquier sutileza que defina los motivos para el mal; lo mismo sucede con el bien, donde los galanes y las bonitas se apoderaron de la bondad en el medio visual. Ergo sin motivos para el mal o el bien, los personajes se vuelven acartonados y los maquillistas tienen doble trabajo; entonces los argumentos no requieren ser convincentes sino gritones y quedarse a medias. ¿A medias? El argumento largo, exige que cada capítulo o fascículo tenga su suspenso, para que el espectador regrese la próxima semana, así se crea el gancho de un suspenso de baja calidad. Mientras se empobrecieron los personajes, ganaron en belleza los buenos y en fealdad los malos, lo cual no deja de ser curioso porque según una referencia, para los antiguos griegos valía también la ecuación de bello igual a bueno; pero lo que en unos era inocencia de la primera civilización, en el presente resultó una puerilidad y un método comprobado. Las telenovelas que trataron de escapar del sistema comprobado no salieron airosas y perdieron su utilidad comercial, además que el sistema capitalista exige: más ganancia con menos gasto, y el talento es un gasto difícil de medir.
Dicen los ingenieros en minas que el talento esquivo se parece a la veta de la plata, que serpentea bajo la tierra en direcciones inesperadas, hasta que un mal día desaparece su pista y nadie la vuelve a encontrar. Así, que el sistema de entretenimiento de masas que creció como un mar no podía confiarse al talento, y lo ha dejado como una excepción, quizá más arrinconado en el cinematógrafo, pero le resulta poco útil en televisión y radio.
De acuerdo a una revelación periodística, el perrito estrella de la película Benji no era un único perro actor, sino una colección de 12 animalitos idénticos entre sí. De ser cierta esta versión, resulta que el término “doble” aplicado al sustituto de las escenas peligrosas del actor estrella, cambia hasta lo absurdo para convertirse en el “múltiple”, de tal forma que el principio de “individualidad” de la “estrella” de la pantalla encuentra su contrario. El animal actor se convertiría en una fracción de una serie, engranaje dispuesto de la máquina cinematográfica, que resulto lógico desde el punto de vista de la “industria” del entretenimiento, por cuanto lo repetible y divisible es un principio económico de toda industria, pero choca contra el principio antagónico: la búsqueda de la individualidad de la estrella.
El personaje de la narrativa produce el más perfecto efecto de presentarnos a un individuo que destaca y vive su narrativa, por tanto se aleja de lo masivo, fantasmal e irrelevante. Si nos enteramos que la encarnación (el actor) es un engranaje sustituible resultará una decepción, no encuentro otra consecuencia. En el extremo se convierte en un engranaje formando un títere y aquí sí opera la teoría de la conspiración: no importa Benji sino su amo y el producto industrial del cinematógrafo. A modo de alivio ante la amenaza del titiritero, no imagino una fila de admiradores solicitando la firma indistinta a una tribu de 13 “Capitanes América” idénticos, sin distinción alguna. Con el uso indiscriminado de la verdad desnuda, el mito de la estrella quedaría demolido, perdería su fulgor en favor de la “fábrica de sueños”. En este caso, basta guardar el secreto para presentar únicamente a un animal de la serie como el verdadero actor. Transitar por la vergüenza imaginaria de ocultar una docena de actores parciales por cada papel de una telenovela para presentar a una supuesta estrella canina, me causó un sacudimiento y alertó contra mi propia especulación. ¿Servir al titiritero de las mascotas estrellas de cine? Jamás lo haría. En fin, sufrí de una fiebre súbita con la historia real que les narré y pasó por mi mente una telenovela de mascotas.
Al fin, que es un hecho contundente, el amor a las mascotas está sustituyendo las relaciones personas en las grandes ciudades; para muchos su animalito es más emotivo que sus parientes cercanos, gastan cada semana en mantenerlo bien alimentado y hasta le compran ropa de moda. Y no condeno esa amistad, es más yo participo de esa canofilia. La opción de una nueva Simplemente María con un reparto de poodles y cocker spaniels me atrajo un rato. Es más, no es innovación, Rintintín y Lasie fueron estrellas de la televisión en blanco y negro; las series de mascotas ya han existido; hasta un chistoso caballo parlante tuvo su programa, llamado Mr. Ed. Y lástima; hasta un delfín saltó a la fama bajo la imagen de Flipper, y un canguro se llamó Skippy. Imaginar que en todos esos casos quizá tampoco existió un único actor animal me mantuvo incómodo. Aunque no sea original, una buena repetición puede adquirir la dignidad del aplauso, por ejemplo, aunque la ópera tuvo su auge hace más de un siglo, de modo esporádico surge alguna creación memorable. Una ópera nueva no es desdeñable, por más que colocamos en un pedestal a Verdi y Puccini.
El tema de la multiplicidad de actores, en el file de la balanza pesó más que el gusto por mi idea, y de cualquier modo, tampoco me agrada el género de las telenovelas. Por un momento soñé con el invento, pero no, el agua tibia ya está a la disposición y su valor relativo es bajo, por tanto, se requiere del genio de un Hemingway para crear una narración notable con un elusivo pez marlín.
A diferencia de mi hipótesis de la multiplicación de animales actores, la aparición de la fauna en la literatura me parece una opción viable y que sigue vigente. El uso de animales de ficción se mantiene actual y variado, no está limitado a los géneros infantiles, aunque Augusto Monterroso disfrace con fábulas sus críticas sociales otorgando un aire de inocencia al ácido de la contrariedad. Una considerable cantidad de personajes literarios entrañables pertenecen al reino animal, ya sea de modo directo, o como atributos exteriores al modo de Moby Dick o del marlín gigante en El viejo y el mar. Pero sin esa ballena amenazadora no existiría la saga del capitán Ahab. Sin animales extraños Alicia no transitaría por un país de maravillas con tanto interés. Sin un animal (especie de cucaracha enorme) para transformarse, Gregorio Samsa no serviría en el universo de Kafka y este escritor no tendía un animal en su escudo de armas. Sin los perros que hablan el burócrata enloquecido no protagonizaría el Diario de un loco. La oportunidad del animal en el reino literario es indudable, ya sea como compañeros, antagonistas o protagonistas, por tanto, en este espacio sí resulta viable repetir y mejorar lo acontecido en el pretérito. En fin, quizá encontremos inspiración para recrear algún drama con los animales, varios tipos de comedias tipo fábulas, los trillados vampiros y lobos para infundir miedo y hasta una ciencia ficción, sin recurrir al extremo de los “aliens”.
Post Data. Buscando la diferencia entre la cacería y el amaestramiento como disyuntiva radical de la condición humana me encontré con otra narración que vale la pena compartir.
Un amanecer en la selva (esa estrictamente fantasiosa) y dentro de su casa, el zorro estaba sentado leyendo su diario, cuando entró por su ventana un perico que se rehusaba a hablar. El zorro, perspicaz por naturaleza y sin haber acudido a la universidad de Salamanca, puso al ave en un predicamento al colocar un letrero escrito: “el que no hable será comido de inmediato, quien hable por miedo o permanezca callado tras leer este letrero, también.” El perico, que no andaba en silencio por miedo ni capricho, sino por una promesa entregada a su amo extraviado, un filósofo clásico alemán, se encaró mirando con furia al zorro y le dijo: —Si para ti la vida fuera tan valiosa, como para mí es el silencio, no te molestarías en colocar letreros para engatusar ingenuos; te dirigí la palabra no por temor o ignorancia sino por encontrarme contigo, como un rival equivalente en intelecto. Estaba harto de que los vecinos del bosque selvático creyeran que soy una máquina de repeticiones; después de convivir con mi último amo adopté la mala costumbre de pensar, así que te reto a un encuentro de disertaciones lógicas.
El zorro había pensado en comerse al perico, pero le ganó la vanidad y hasta apostó: —Si me ganas en la disertación, serás libre y en lugar de comerte expediré un diploma, para que te admitan en una cátedra digna de nuestra universidad.
—Perfecto, pero yo pondré el tema referente a la verdad relativa o ¿por qué los animales son capaces de amaestrar humanos?
Después de ganarle al zorro, esta ave adquirió fama y difundió un dicho: “el que es perico, donde quiera es verdad”, superando la obviedad que colorea al perico como un ser “verde”. Por desgracia, el lema se difundió en un pueblo que no sabía el significado de la verdad, así que desvirtuaron la intención del ave y rebajaron el dicho a la obviedad de que “el perico dondequiera es verde”.
La historia verídica de una perrita de raza chihuahua resultó como una telenovela: el acontecimiento dictándole el guion a la ficción. Esta raza chihuahua es una de las más pequeñas, con ejemplares diminutos y delgados, nerviosos y muy falderos. Su dueña nos contó que Daisy, como llamaré al animalito, entró en celo y estaba de mal humor, por lo que buscó una oferta para cruzarla. Encontró por los avisos de periódico a otra señora que ofrecía un macho de nombre Nerón, curioso mote para un perro pequeño. Depositó a la perrita en una larga visita, pues la casa que se ofrecía para cruzar a los perritos, estaba en las afueras de la ciudad. Y la dueña de Daisy es una dama mayor, que no acostumbra viajes largos, pues se le sube la presión arterial.
Durante un par de semanas los perritos convivieron y jugaron bajo el mismo techo. La perra no quedó preñada pero sí apegada al macho. Al regresar la hembra tuvo manifestaciones que en las personas llamamos depresión: perdió la alegría y el apetito, casi pasaba el día entero dormida, y no hacía los usuales gestos para su ama.
Así, que la dueña decidió dejar unos días más de visita a su mascota. Los dueños de Nerón estuvieron encantados del préstamo, pues también su perro les parecía melancólico sin la hembra. Vino el siguiente celo y los animalitos intentaron cruzarse.
Antes de que aconteciera ese desenlace entró un tercero dramático. En la misma casa se recibió a un perro de raza más grande, de cual se temía fuera bravo. En un descuido la hembra chihuahua quedó a merced del tercero, que llamaremos Sparky, y la empezó a perseguir. Como un paladín, Nerón entró a la defensa de la perra, pero el agresor era mucho más grande y sí era bravo. Bastó un instante para que terminara la vida de Nerón. En unos instantes llegaron los amos de los perros y atestiguaron la tragedia. Daisy no resultó dañada en lo físico, pero traía secuelas. Había quedado embarazada, pero con mucho temor, expresado en temblores y pesadillas, se despertaba y se escondía en bajo los muebles. A los pocos meses, el parto fue un fracaso: murieron tres recién nacidos.
La dueña está destrozada, su Daisy regresó con miedo y tristeza manifiestos, sigue sin apetito, a penas come, no quiere jugar. Lo contó con los ojos vidriosos, la lágrima lista a escapar.
A nivel de canes el relato corresponde con un drama de novela triste. Falta un giro de alegría, una redención para terminar la novela rosa, que luego del drama nos rescate de la depresión.
Según algún intérprete de la semiótica de la novela rosa —el estilo de lo que en España llaman culebrón y en México “churro” o telenovela— fue una invención de la literatura, en particular la adaptada al folletín, posiblemente atribuyendo su inicio a Eugenio Sue con sus Misterios de París y Dickens con sus memorables sagas.
Al cambiar el medio, migrar del impreso al medio televisivo acontece una trasmutación honda cual la Bíblica del Verbo en Carne, acontece una especie de degradación de las intensidades, como la primeras fotocopias. Esas copias de mala calidad efectuadas en un grueso papel fotosensible, que impregnaban de una enfermedad gris cada copia, por lo que el parentesco degradado entre el original y su pariente pobre, resultaba indudable. En sentido estricto, la telenovela ni es hija sino nieta de la novela por entrega periódicas del siglo XIX; pues tuvo su intermedio en la radionovela. La radio, con pura voz para imaginar, posee una inocencia mayor y prepara el proceso de la simplificación.
El problema con el sistema videograbado es que cada imagen posee demasiada información, pues el personaje no requiere de explicarse, sino que basta un maquillaje recargado en la cara de los malos, con su ceja arqueada, arrugas inventadas, falsas ojeras de ceniza y una barba crecida para sustituir cualquier sutileza sicológica. Para la visión basta con que el personaje se vea malo para ahorrarse cualquier sutileza que defina los motivos para el mal; lo mismo sucede con el bien, donde los galanes y las bonitas se apoderaron de la bondad en el medio visual. Ergo sin motivos para el mal o el bien, los personajes se vuelven acartonados y los maquillistas tienen doble trabajo; entonces los argumentos no requieren ser convincentes sino gritones y quedarse a medias. ¿A medias? El argumento largo, exige que cada capítulo o fascículo tenga su suspenso, para que el espectador regrese la próxima semana, así se crea el gancho de un suspenso de baja calidad. Mientras se empobrecieron los personajes, ganaron en belleza los buenos y en fealdad los malos, lo cual no deja de ser curioso porque según una referencia, para los antiguos griegos valía también la ecuación de bello igual a bueno; pero lo que en unos era inocencia de la primera civilización, en el presente resultó una puerilidad y un método comprobado. Las telenovelas que trataron de escapar del sistema comprobado no salieron airosas y perdieron su utilidad comercial, además que el sistema capitalista exige: más ganancia con menos gasto, y el talento es un gasto difícil de medir.
Dicen los ingenieros en minas que el talento esquivo se parece a la veta de la plata, que serpentea bajo la tierra en direcciones inesperadas, hasta que un mal día desaparece su pista y nadie la vuelve a encontrar. Así, que el sistema de entretenimiento de masas que creció como un mar no podía confiarse al talento, y lo ha dejado como una excepción, quizá más arrinconado en el cinematógrafo, pero le resulta poco útil en televisión y radio.
De acuerdo a una revelación periodística, el perrito estrella de la película Benji no era un único perro actor, sino una colección de 12 animalitos idénticos entre sí. De ser cierta esta versión, resulta que el término “doble” aplicado al sustituto de las escenas peligrosas del actor estrella, cambia hasta lo absurdo para convertirse en el “múltiple”, de tal forma que el principio de “individualidad” de la “estrella” de la pantalla encuentra su contrario. El animal actor se convertiría en una fracción de una serie, engranaje dispuesto de la máquina cinematográfica, que resulto lógico desde el punto de vista de la “industria” del entretenimiento, por cuanto lo repetible y divisible es un principio económico de toda industria, pero choca contra el principio antagónico: la búsqueda de la individualidad de la estrella.
El personaje de la narrativa produce el más perfecto efecto de presentarnos a un individuo que destaca y vive su narrativa, por tanto se aleja de lo masivo, fantasmal e irrelevante. Si nos enteramos que la encarnación (el actor) es un engranaje sustituible resultará una decepción, no encuentro otra consecuencia. En el extremo se convierte en un engranaje formando un títere y aquí sí opera la teoría de la conspiración: no importa Benji sino su amo y el producto industrial del cinematógrafo. A modo de alivio ante la amenaza del titiritero, no imagino una fila de admiradores solicitando la firma indistinta a una tribu de 13 “Capitanes América” idénticos, sin distinción alguna. Con el uso indiscriminado de la verdad desnuda, el mito de la estrella quedaría demolido, perdería su fulgor en favor de la “fábrica de sueños”. En este caso, basta guardar el secreto para presentar únicamente a un animal de la serie como el verdadero actor. Transitar por la vergüenza imaginaria de ocultar una docena de actores parciales por cada papel de una telenovela para presentar a una supuesta estrella canina, me causó un sacudimiento y alertó contra mi propia especulación. ¿Servir al titiritero de las mascotas estrellas de cine? Jamás lo haría. En fin, sufrí de una fiebre súbita con la historia real que les narré y pasó por mi mente una telenovela de mascotas.
Al fin, que es un hecho contundente, el amor a las mascotas está sustituyendo las relaciones personas en las grandes ciudades; para muchos su animalito es más emotivo que sus parientes cercanos, gastan cada semana en mantenerlo bien alimentado y hasta le compran ropa de moda. Y no condeno esa amistad, es más yo participo de esa canofilia. La opción de una nueva Simplemente María con un reparto de poodles y cocker spaniels me atrajo un rato. Es más, no es innovación, Rintintín y Lasie fueron estrellas de la televisión en blanco y negro; las series de mascotas ya han existido; hasta un chistoso caballo parlante tuvo su programa, llamado Mr. Ed. Y lástima; hasta un delfín saltó a la fama bajo la imagen de Flipper, y un canguro se llamó Skippy. Imaginar que en todos esos casos quizá tampoco existió un único actor animal me mantuvo incómodo. Aunque no sea original, una buena repetición puede adquirir la dignidad del aplauso, por ejemplo, aunque la ópera tuvo su auge hace más de un siglo, de modo esporádico surge alguna creación memorable. Una ópera nueva no es desdeñable, por más que colocamos en un pedestal a Verdi y Puccini.
El tema de la multiplicidad de actores, en el file de la balanza pesó más que el gusto por mi idea, y de cualquier modo, tampoco me agrada el género de las telenovelas. Por un momento soñé con el invento, pero no, el agua tibia ya está a la disposición y su valor relativo es bajo, por tanto, se requiere del genio de un Hemingway para crear una narración notable con un elusivo pez marlín.
A diferencia de mi hipótesis de la multiplicación de animales actores, la aparición de la fauna en la literatura me parece una opción viable y que sigue vigente. El uso de animales de ficción se mantiene actual y variado, no está limitado a los géneros infantiles, aunque Augusto Monterroso disfrace con fábulas sus críticas sociales otorgando un aire de inocencia al ácido de la contrariedad. Una considerable cantidad de personajes literarios entrañables pertenecen al reino animal, ya sea de modo directo, o como atributos exteriores al modo de Moby Dick o del marlín gigante en El viejo y el mar. Pero sin esa ballena amenazadora no existiría la saga del capitán Ahab. Sin animales extraños Alicia no transitaría por un país de maravillas con tanto interés. Sin un animal (especie de cucaracha enorme) para transformarse, Gregorio Samsa no serviría en el universo de Kafka y este escritor no tendía un animal en su escudo de armas. Sin los perros que hablan el burócrata enloquecido no protagonizaría el Diario de un loco. La oportunidad del animal en el reino literario es indudable, ya sea como compañeros, antagonistas o protagonistas, por tanto, en este espacio sí resulta viable repetir y mejorar lo acontecido en el pretérito. En fin, quizá encontremos inspiración para recrear algún drama con los animales, varios tipos de comedias tipo fábulas, los trillados vampiros y lobos para infundir miedo y hasta una ciencia ficción, sin recurrir al extremo de los “aliens”.
Post Data. Buscando la diferencia entre la cacería y el amaestramiento como disyuntiva radical de la condición humana me encontré con otra narración que vale la pena compartir.
Un amanecer en la selva (esa estrictamente fantasiosa) y dentro de su casa, el zorro estaba sentado leyendo su diario, cuando entró por su ventana un perico que se rehusaba a hablar. El zorro, perspicaz por naturaleza y sin haber acudido a la universidad de Salamanca, puso al ave en un predicamento al colocar un letrero escrito: “el que no hable será comido de inmediato, quien hable por miedo o permanezca callado tras leer este letrero, también.” El perico, que no andaba en silencio por miedo ni capricho, sino por una promesa entregada a su amo extraviado, un filósofo clásico alemán, se encaró mirando con furia al zorro y le dijo: —Si para ti la vida fuera tan valiosa, como para mí es el silencio, no te molestarías en colocar letreros para engatusar ingenuos; te dirigí la palabra no por temor o ignorancia sino por encontrarme contigo, como un rival equivalente en intelecto. Estaba harto de que los vecinos del bosque selvático creyeran que soy una máquina de repeticiones; después de convivir con mi último amo adopté la mala costumbre de pensar, así que te reto a un encuentro de disertaciones lógicas.
El zorro había pensado en comerse al perico, pero le ganó la vanidad y hasta apostó: —Si me ganas en la disertación, serás libre y en lugar de comerte expediré un diploma, para que te admitan en una cátedra digna de nuestra universidad.
—Perfecto, pero yo pondré el tema referente a la verdad relativa o ¿por qué los animales son capaces de amaestrar humanos?
Después de ganarle al zorro, esta ave adquirió fama y difundió un dicho: “el que es perico, donde quiera es verdad”, superando la obviedad que colorea al perico como un ser “verde”. Por desgracia, el lema se difundió en un pueblo que no sabía el significado de la verdad, así que desvirtuaron la intención del ave y rebajaron el dicho a la obviedad de que “el perico dondequiera es verde”.
martes, 2 de octubre de 2012
Presentación del libro "Las Aguas reflejantes, el espejo de la nación"
Invitación abierta para este miércoles 17 de octubre de 2012, a las 7 pm, en el Auditorio Hombres de la Reforma, situado en Sadi Carnot 75, en la Colonia San Rafael, de la Ciudad de México. Se entra por la calle de Antonio Caso, y está a una cuadra de Insurgentes y a 2 de la calle de Sullivan. Hay estacionamientos sobre la calle de Sadi Carnot.
domingo, 30 de septiembre de 2012
SOBRE “CLASEMEDIERO” Y OTRAS ANALOGÍAS DE LA MITAD
Por Carlos Valdés Martín
Ha salido a luz un pequeño libro creado por autores de algún renombre en el mundillo mexicano; se titula Clasemediero por Luis de la Calle y Luis Rubio. Son personajes de influencia, ligados a una ideología con tintes de derecha, sin que prejuzgue su calidad. El librito resulta interesante porque intenta meter una discusión pública, sobre la imagen de las clases sociales de nuestro país y su posible comportamiento. También resulta un libro “educativo” por cuanto intenta mostrar una tesis única y hacerlo con gráficas de monitos, estadísticas, cuestionarios y resúmenes. Es decir, intenta establecer una pauta ideológica para que los clasemedieros se identifiquen con su ser y pautas, para que acepten a su país y perspectivas de clasemedieros; en ese sentido, no es casual que Luis Rubio presida CIDAC, organización de tipo difusión ideológica enfocada hacia una sociedad de mercado eficiente . Aunque me parece predomina una mezcla de empirismo y economía de culto al mercado, ponen elementos empíricos que apuntan a comprender el cambio socio-económico de las últimas décadas. Adelantando conclusiones, me parece que su tesis de la clase media creciente muestra que emerge el cognitariado en México, pues no logran definir a una “clase media”.
El capítulo 1 donde intentar definir el ser (la realidad esencial, la naturaleza) de la clase media resulta el más débil, produciendo más preguntas que respuestas, cuando su función debería ser fundar el concepto a desarrollar. No encuentra una definición, sino que se contenta con un área, entre el sector bajo y el alto. Como ejemplo, cómico quizá, imaginemos un “médico-brujo” que nos dice que urge hacer crecer una “cosa” que esta en la mitad del cuerpo; pero como somos un paciente informado, solicitamos que nos diga qué es esa cosa para hacerla crecer. Como respuesta nos informa que es algo entre la cabeza y los pies; que esa zona es buena pues entre la cabeza y los pies sucede casi todo. Solicitamos una respuesta más específica y no la tenemos, en cambio nos recomiendan utilizar el término plural, que digamos hacer crecer las cosas que están ahí. Con su indefinición, estos autores terminan encontrando elementos muy dispares en ese sector medio, entonces deciden establecer el plural, catalogándolas como “las clases medias”, en especial, porque ahí se encuentran comportamientos opuestos y fuentes de ingreso antagónicas: tanto a los sindicalizados privilegiados y a los funcionarios de gobierno, como a los “creativos” (de ideas más avanzadas y más educados) o a los de tipo empresarial (los microempresarios), etc. En busca de una definición cita ampliamente a Richard Florida quien propone un grupo de “la clase creativa”, la cual posee más propiedad intelectual y la utiliza; lo cual se aproxima más a una visión del cognitariado. Le interesa definir el comportamiento político de las clases medias y la observa proclive a la democracia y opuesta a privilegios, a favor del estilo de vida moderno y urbano. Por último, las dos grandes causas de que surja este sector le parece a los autores que son “la estabilidad macroeconómica” y la reducción de la natalidad. Si bien, insisten en que la estabilidad macroeconómica es un factor causal, basta un mínimo razonamiento para contradecirlos al observar que no es una causa, sino un elemento de entorno que no está produciendo; lo estable de la macroeconomía detiene no mueve y en un contexto de crisis deja al país sin medios para crecer (atar las manos del Estado para un programa de inversiones mediante déficit controlado: típico keynesianismo). Como meta u objetivo, los autores estiman que México debe de consolidarse como un país de clase media , pues estiman que de este sector viene un reflejo de modernidad y democracia.
El capítulo 2 procura demostrar la transformación ya ocurrida del país, para definirse mayoritariamente de clase media. Es el capítulo más divertido pero también el más disperso. El enfoque general es comparar de largos periodos multianuales, algunos largos comenzando en 1950, otros de unos pocos años para fenómenos más modernos como el Internet o las tarjetas de crédito. Una y otra vez las gráficas reflejan aumentos; algunas son comparaciones internacionales, donde se marca una posición relativa del país, como su baja tasa de crecimiento económico. Los crecimientos de productos nuevos (como los celulares), de servicios modificados (como el crédito y las tarjetas famosas) o los hechos en términos sin deflactar no deben llamar la atención y no tienen significación importante. Sin embargo, la acumulación de gráficas ascendentes contribuye a una impresión: país más rico, población más próspera, con más bienes y mejores condiciones de vida. Por ejemplo, datos de aumento de “esperanza de vida”, baja en la mortalidad infantil, caída de enfermedades típicas del atraso… dan un panorama optimista y saludable; sin embargo, una “nación proletaria” como Cuba o Vietnam ¿no tiene el mismo comportamiento? Al parecer sí, se comportan igual. Lo mismo sucede con el crecimiento de la escolaridad, donde más años de estudio y más universitarios son signos alentadores… sin embargo, los países socialistas con proletariado masivo ¿qué no se comportan también en ese sentido? De hecho, si estudiamos países aislados, también las máximas explosiones en educación y salud acontecen tras “revoluciones socialistas”, lo cual deja en el vacío las tesis del país clasemediero correlacionado con educación y salud. Casi la mitad del capítulo se dedica a mostrar los cambios de los patrones de consumo en México que muestran progreso en los ingresos, urbanización y cosmopolitismo. Comienza con una variación en la alimentación, al crecer el consumo de carne en un 100% de 90 a 2005; la cual a su vez bajó de precio promedio; y se liga con otros dos datos, el incremento del peso de la población, llegando a un problema de obesidad, dando la cifra tan alta del 30% de adultos obesos; junto con el dato las nuevas enfermedades principales como causa de mortalidad (diabetes y corazón). Si bien, no profundiza en esto último, sí hace énfasis en el crecimiento duplicado del gasto en salud de 90 a 2007 (siendo curiosa ironía que la sociedad más enferma sea un signo de avance). Usa el aumento de las compras de seguros, lo cual me agrada. Emplea varios indicadores para la vivienda, como el incremento de viviendas propias; de 60 a 2000 creció el número de cuartos promedio; avanzó mucho la dotación de servicios por vivienda; bajó la vivienda en renta y creció la propia; aumentaron los créditos a vivienda en 20 veces de 73 a 2007. El número de automóviles crece 5 veces de 90 a 2008. Marca un avance del servicio bancario, en particular tarjetas de crédito aumentaron de 2002 a 2009 en 4 veces. Señala al crecimiento del “comercio moderno” de las grandes tiendas en términos de metros cuadrados instalados en 4 veces de 93 a 2008.
El capítulo 2 en un último subcapítulo lo dedica al entretenimiento e indicadores similares. Estima de 91 a 2007 que la cantidad de establecimientos de espectáculos creció 2.5 veces y en el mismo periodo las funciones de cine se cuadruplicaron. Incrementos todavía más impresionantes son los de servicios nuevos como internet (6.2 millones de hogares en 2008), celulares (72 millones en 2009, rebasando con mucho a los teléfonos fijos con 19 millones), y el aumento de la TV de paga. Respecto de los vuelos en avión marca un crecimiento (casi se triplican de 89 a 2008) y de los viajes al extranjero (en 81 un poco menos del millón a 3 millones en 2008). Los viajes dentro del país ya marcan una tendencia muy extendida, pues el 65% de la población los hace fuera de su ciudad al menos una vez al año, comparado con un 3% que viajó al extranjero. Como comentario de contraste, existe una interesante metáfora de Stanislav Lem sobre la reducción creciente el tiempo para viajar y las facilidades; la civilización entera (ciencia, técnica, economía) reduciendo el tiempo y facilitando los viajes a su extremo ¿Para qué ese afán en consumir menos horas en darle la vuelta al globo? Otro comentario, es que si sumamos algunos factores nos resulta la “sociedad-espectáculo”, por la coincidencia de más cines, internet, viajes, etc., nos genera una modificación de la estructura social y su modalidad de consumo, de hecho así lo plantea; la objeción inmediata es que esto no implica tanto una “clase media” sino una nueva relación entre el consumidor y su entorno, un efecto de época que han argumentado diversos posmodernos como Baudrillard y otros.
Capítulo 3 dedicado a movilidad social. Los autores definen esto como el eje clave para una “sociedad de clase media”, por tanto ahí está el foco conceptual y “no hay concepto más importante” , donde se establece una “expectativa de mejora sistémica” . Sin que sea contundente, los autores contrastan (casi contraponen) movilidad con desigualdad (socioeconómica y de oportunidades, que no legal); aceptando la grave desigualdad en México, pero relativizándola con la perspectiva de la movilidad. Anoto que la desigualdad es una relación de situación (un corte sincrónico, un ahora) y, en cambio, la movilidad es una relación de sucesión (un moverse en el tiempo, viajando hacia una posición en sentido real o imaginario). Por mera hipótesis, los autores contraponen la movilidad con la desigualdad, como si bastara un movimiento (lateral, transversal, sucesivo) suficientemente rápido para equilibrar el sistema (al menos en expectativas) y rescatar un grado aceptable de igualdad; jamás asumen que la movilidad (en este sistema en particular) también es hacia la caída y la separación; en nuestro presente el movimiento genera desigualdad (de modo principal) e igualdad (de modo secundario). Detectan fenómenos curiosos de la conciencia ante el movimiento: gran parte de la población cuando cae fuertemente en sus ingresos no se da cuenta (negación psicológica?) y reconoce que la mayoría de los mexicanos cree que hay más oportunidades de las que existen . La movilidad social positiva la ven los autores como proveniente de una “igualdad de oportunidades”, la cual parece depender de cierto entorno favorable: suma de educación, sistema de salud y facilidad para migrar. Al ahondar, plantean que de la productividad depende el salario, y que la productividad depende del conocimiento, por tanto del nivel educativo; en fin, el facto clave sería la educación en condiciones de mercado. Pone un cuadro relacionando nivel de ingresos y escolaridad . En la parte final de este capítulo, hace algunos planteamientos sin estadística, para cuestionar la informalidad económica, pedir más normatividad y regulación económica, anhelar un equilibrio entre la protección al trabajador y su movilidad.
Capítulo de Conclusiones: Sus dos tesis centrales son que México se ha convertido en un país de clase media y que el futuro mejor del país depende de engrandecer a la clase media. Esto primero se confronta con la visión mayoritaria que estima que el país está polarizado entre la minoría rica y la mayoría en nivel de pobreza, con los intermedios aplastados. Y el verdadero problema de método es que no alcanzan a definir que ese “sector” medio sea una “clase”, grupo definido en posición (producción, dinámica, identidad); más bien parece, una bolsa adecuada para quitar los extremos. Tampoco es un “justo medio” aristotélico, aunque los autores coquetean con esa visión, pues no ofrecen una posición de justicia o moralidad definida. Mi propia visión indica que hay un fondo importante en ese segmento: crece el cognitario (junto con una cogni-pequeñaburguesía y arriba la cogni-burguesía), el cual sí posee perfil de clase social, con producción y dinámica definida, con motivos para tener más ingresos y con capacidad para negociar el pastel social. El segundo objetivo de engrandecer a la clase media, sale por descontado, si se pretende abatir la pobreza. De nuevo el método, al ser un simple sector, eso no genera rumbo ni identidad al país. Me recuerda las intenciones de algunos los liberales del siglo XIX para formar una clase de rancheros medios como un remedio a nuestros males. Sin embargo, no es un objetivo en sí, pues la misma estrategia de movilidad, significa que cada individuo átomo, busca salir de su posición actual, como dijera Negri , implica un deseo nómada. Las vía estimadas para favorecer el crecimiento de la clase media que plantean son 4. Baja de la natalidad. Estabilidad macroeconómica. La apertura económica y eliminación de barreras a la inversión y al comercio; critico este punto, pues no lo demostraron en su libro, quizá para los autores (por su background de religión de mercado) les parezca obvio, pero no lo es, luego de décadas de fracaso en las aperturas comerciales, y de éxito de las tentativas heterodoxas de distinto signo . Expansión de servicios de educación, salud y combate a la pobreza. En este último punto, vale destacar está la colita derrotada del neoliberalismo, que asumen la imperfección del mercado sin reconocerla: genera miseria, falta de educación y enfermedad. De acuerdo, a mi lejano recuerdo, de Suzanne de Brunhoff la gestión capitalista más extrema deja algunos cabos sueltos, que están en la gestión de la misma fuerza de trabajo, la gestión de la moneda, la generación de leyes y otras regulaciones. Autores de tinte bastante neoliberal deben ir abandonando algunos aspectos del credo religioso del mercado, entonces toman pasos camuflados hacia la izquierda moderada y la heterodoxia. Aceptar que el Estado regule la economía mediante más normas es un desliz contra el credo neoliberal. Asumir el combate del Estado a la pobreza también rebate la perfección del mercado. En fin, pareciera que el “consenso de Washington” sigue a la retirada, pero dando la batalla, porque las tesis contrarias las copian como si no sucediera nada y la religión de mercado siguiera vigente.
Ha salido a luz un pequeño libro creado por autores de algún renombre en el mundillo mexicano; se titula Clasemediero por Luis de la Calle y Luis Rubio. Son personajes de influencia, ligados a una ideología con tintes de derecha, sin que prejuzgue su calidad. El librito resulta interesante porque intenta meter una discusión pública, sobre la imagen de las clases sociales de nuestro país y su posible comportamiento. También resulta un libro “educativo” por cuanto intenta mostrar una tesis única y hacerlo con gráficas de monitos, estadísticas, cuestionarios y resúmenes. Es decir, intenta establecer una pauta ideológica para que los clasemedieros se identifiquen con su ser y pautas, para que acepten a su país y perspectivas de clasemedieros; en ese sentido, no es casual que Luis Rubio presida CIDAC, organización de tipo difusión ideológica enfocada hacia una sociedad de mercado eficiente . Aunque me parece predomina una mezcla de empirismo y economía de culto al mercado, ponen elementos empíricos que apuntan a comprender el cambio socio-económico de las últimas décadas. Adelantando conclusiones, me parece que su tesis de la clase media creciente muestra que emerge el cognitariado en México, pues no logran definir a una “clase media”.
El capítulo 1 donde intentar definir el ser (la realidad esencial, la naturaleza) de la clase media resulta el más débil, produciendo más preguntas que respuestas, cuando su función debería ser fundar el concepto a desarrollar. No encuentra una definición, sino que se contenta con un área, entre el sector bajo y el alto. Como ejemplo, cómico quizá, imaginemos un “médico-brujo” que nos dice que urge hacer crecer una “cosa” que esta en la mitad del cuerpo; pero como somos un paciente informado, solicitamos que nos diga qué es esa cosa para hacerla crecer. Como respuesta nos informa que es algo entre la cabeza y los pies; que esa zona es buena pues entre la cabeza y los pies sucede casi todo. Solicitamos una respuesta más específica y no la tenemos, en cambio nos recomiendan utilizar el término plural, que digamos hacer crecer las cosas que están ahí. Con su indefinición, estos autores terminan encontrando elementos muy dispares en ese sector medio, entonces deciden establecer el plural, catalogándolas como “las clases medias”, en especial, porque ahí se encuentran comportamientos opuestos y fuentes de ingreso antagónicas: tanto a los sindicalizados privilegiados y a los funcionarios de gobierno, como a los “creativos” (de ideas más avanzadas y más educados) o a los de tipo empresarial (los microempresarios), etc. En busca de una definición cita ampliamente a Richard Florida quien propone un grupo de “la clase creativa”, la cual posee más propiedad intelectual y la utiliza; lo cual se aproxima más a una visión del cognitariado. Le interesa definir el comportamiento político de las clases medias y la observa proclive a la democracia y opuesta a privilegios, a favor del estilo de vida moderno y urbano. Por último, las dos grandes causas de que surja este sector le parece a los autores que son “la estabilidad macroeconómica” y la reducción de la natalidad. Si bien, insisten en que la estabilidad macroeconómica es un factor causal, basta un mínimo razonamiento para contradecirlos al observar que no es una causa, sino un elemento de entorno que no está produciendo; lo estable de la macroeconomía detiene no mueve y en un contexto de crisis deja al país sin medios para crecer (atar las manos del Estado para un programa de inversiones mediante déficit controlado: típico keynesianismo). Como meta u objetivo, los autores estiman que México debe de consolidarse como un país de clase media , pues estiman que de este sector viene un reflejo de modernidad y democracia.
El capítulo 2 procura demostrar la transformación ya ocurrida del país, para definirse mayoritariamente de clase media. Es el capítulo más divertido pero también el más disperso. El enfoque general es comparar de largos periodos multianuales, algunos largos comenzando en 1950, otros de unos pocos años para fenómenos más modernos como el Internet o las tarjetas de crédito. Una y otra vez las gráficas reflejan aumentos; algunas son comparaciones internacionales, donde se marca una posición relativa del país, como su baja tasa de crecimiento económico. Los crecimientos de productos nuevos (como los celulares), de servicios modificados (como el crédito y las tarjetas famosas) o los hechos en términos sin deflactar no deben llamar la atención y no tienen significación importante. Sin embargo, la acumulación de gráficas ascendentes contribuye a una impresión: país más rico, población más próspera, con más bienes y mejores condiciones de vida. Por ejemplo, datos de aumento de “esperanza de vida”, baja en la mortalidad infantil, caída de enfermedades típicas del atraso… dan un panorama optimista y saludable; sin embargo, una “nación proletaria” como Cuba o Vietnam ¿no tiene el mismo comportamiento? Al parecer sí, se comportan igual. Lo mismo sucede con el crecimiento de la escolaridad, donde más años de estudio y más universitarios son signos alentadores… sin embargo, los países socialistas con proletariado masivo ¿qué no se comportan también en ese sentido? De hecho, si estudiamos países aislados, también las máximas explosiones en educación y salud acontecen tras “revoluciones socialistas”, lo cual deja en el vacío las tesis del país clasemediero correlacionado con educación y salud. Casi la mitad del capítulo se dedica a mostrar los cambios de los patrones de consumo en México que muestran progreso en los ingresos, urbanización y cosmopolitismo. Comienza con una variación en la alimentación, al crecer el consumo de carne en un 100% de 90 a 2005; la cual a su vez bajó de precio promedio; y se liga con otros dos datos, el incremento del peso de la población, llegando a un problema de obesidad, dando la cifra tan alta del 30% de adultos obesos; junto con el dato las nuevas enfermedades principales como causa de mortalidad (diabetes y corazón). Si bien, no profundiza en esto último, sí hace énfasis en el crecimiento duplicado del gasto en salud de 90 a 2007 (siendo curiosa ironía que la sociedad más enferma sea un signo de avance). Usa el aumento de las compras de seguros, lo cual me agrada. Emplea varios indicadores para la vivienda, como el incremento de viviendas propias; de 60 a 2000 creció el número de cuartos promedio; avanzó mucho la dotación de servicios por vivienda; bajó la vivienda en renta y creció la propia; aumentaron los créditos a vivienda en 20 veces de 73 a 2007. El número de automóviles crece 5 veces de 90 a 2008. Marca un avance del servicio bancario, en particular tarjetas de crédito aumentaron de 2002 a 2009 en 4 veces. Señala al crecimiento del “comercio moderno” de las grandes tiendas en términos de metros cuadrados instalados en 4 veces de 93 a 2008.
El capítulo 2 en un último subcapítulo lo dedica al entretenimiento e indicadores similares. Estima de 91 a 2007 que la cantidad de establecimientos de espectáculos creció 2.5 veces y en el mismo periodo las funciones de cine se cuadruplicaron. Incrementos todavía más impresionantes son los de servicios nuevos como internet (6.2 millones de hogares en 2008), celulares (72 millones en 2009, rebasando con mucho a los teléfonos fijos con 19 millones), y el aumento de la TV de paga. Respecto de los vuelos en avión marca un crecimiento (casi se triplican de 89 a 2008) y de los viajes al extranjero (en 81 un poco menos del millón a 3 millones en 2008). Los viajes dentro del país ya marcan una tendencia muy extendida, pues el 65% de la población los hace fuera de su ciudad al menos una vez al año, comparado con un 3% que viajó al extranjero. Como comentario de contraste, existe una interesante metáfora de Stanislav Lem sobre la reducción creciente el tiempo para viajar y las facilidades; la civilización entera (ciencia, técnica, economía) reduciendo el tiempo y facilitando los viajes a su extremo ¿Para qué ese afán en consumir menos horas en darle la vuelta al globo? Otro comentario, es que si sumamos algunos factores nos resulta la “sociedad-espectáculo”, por la coincidencia de más cines, internet, viajes, etc., nos genera una modificación de la estructura social y su modalidad de consumo, de hecho así lo plantea; la objeción inmediata es que esto no implica tanto una “clase media” sino una nueva relación entre el consumidor y su entorno, un efecto de época que han argumentado diversos posmodernos como Baudrillard y otros.
Capítulo 3 dedicado a movilidad social. Los autores definen esto como el eje clave para una “sociedad de clase media”, por tanto ahí está el foco conceptual y “no hay concepto más importante” , donde se establece una “expectativa de mejora sistémica” . Sin que sea contundente, los autores contrastan (casi contraponen) movilidad con desigualdad (socioeconómica y de oportunidades, que no legal); aceptando la grave desigualdad en México, pero relativizándola con la perspectiva de la movilidad. Anoto que la desigualdad es una relación de situación (un corte sincrónico, un ahora) y, en cambio, la movilidad es una relación de sucesión (un moverse en el tiempo, viajando hacia una posición en sentido real o imaginario). Por mera hipótesis, los autores contraponen la movilidad con la desigualdad, como si bastara un movimiento (lateral, transversal, sucesivo) suficientemente rápido para equilibrar el sistema (al menos en expectativas) y rescatar un grado aceptable de igualdad; jamás asumen que la movilidad (en este sistema en particular) también es hacia la caída y la separación; en nuestro presente el movimiento genera desigualdad (de modo principal) e igualdad (de modo secundario). Detectan fenómenos curiosos de la conciencia ante el movimiento: gran parte de la población cuando cae fuertemente en sus ingresos no se da cuenta (negación psicológica?) y reconoce que la mayoría de los mexicanos cree que hay más oportunidades de las que existen . La movilidad social positiva la ven los autores como proveniente de una “igualdad de oportunidades”, la cual parece depender de cierto entorno favorable: suma de educación, sistema de salud y facilidad para migrar. Al ahondar, plantean que de la productividad depende el salario, y que la productividad depende del conocimiento, por tanto del nivel educativo; en fin, el facto clave sería la educación en condiciones de mercado. Pone un cuadro relacionando nivel de ingresos y escolaridad . En la parte final de este capítulo, hace algunos planteamientos sin estadística, para cuestionar la informalidad económica, pedir más normatividad y regulación económica, anhelar un equilibrio entre la protección al trabajador y su movilidad.
Capítulo de Conclusiones: Sus dos tesis centrales son que México se ha convertido en un país de clase media y que el futuro mejor del país depende de engrandecer a la clase media. Esto primero se confronta con la visión mayoritaria que estima que el país está polarizado entre la minoría rica y la mayoría en nivel de pobreza, con los intermedios aplastados. Y el verdadero problema de método es que no alcanzan a definir que ese “sector” medio sea una “clase”, grupo definido en posición (producción, dinámica, identidad); más bien parece, una bolsa adecuada para quitar los extremos. Tampoco es un “justo medio” aristotélico, aunque los autores coquetean con esa visión, pues no ofrecen una posición de justicia o moralidad definida. Mi propia visión indica que hay un fondo importante en ese segmento: crece el cognitario (junto con una cogni-pequeñaburguesía y arriba la cogni-burguesía), el cual sí posee perfil de clase social, con producción y dinámica definida, con motivos para tener más ingresos y con capacidad para negociar el pastel social. El segundo objetivo de engrandecer a la clase media, sale por descontado, si se pretende abatir la pobreza. De nuevo el método, al ser un simple sector, eso no genera rumbo ni identidad al país. Me recuerda las intenciones de algunos los liberales del siglo XIX para formar una clase de rancheros medios como un remedio a nuestros males. Sin embargo, no es un objetivo en sí, pues la misma estrategia de movilidad, significa que cada individuo átomo, busca salir de su posición actual, como dijera Negri , implica un deseo nómada. Las vía estimadas para favorecer el crecimiento de la clase media que plantean son 4. Baja de la natalidad. Estabilidad macroeconómica. La apertura económica y eliminación de barreras a la inversión y al comercio; critico este punto, pues no lo demostraron en su libro, quizá para los autores (por su background de religión de mercado) les parezca obvio, pero no lo es, luego de décadas de fracaso en las aperturas comerciales, y de éxito de las tentativas heterodoxas de distinto signo . Expansión de servicios de educación, salud y combate a la pobreza. En este último punto, vale destacar está la colita derrotada del neoliberalismo, que asumen la imperfección del mercado sin reconocerla: genera miseria, falta de educación y enfermedad. De acuerdo, a mi lejano recuerdo, de Suzanne de Brunhoff la gestión capitalista más extrema deja algunos cabos sueltos, que están en la gestión de la misma fuerza de trabajo, la gestión de la moneda, la generación de leyes y otras regulaciones. Autores de tinte bastante neoliberal deben ir abandonando algunos aspectos del credo religioso del mercado, entonces toman pasos camuflados hacia la izquierda moderada y la heterodoxia. Aceptar que el Estado regule la economía mediante más normas es un desliz contra el credo neoliberal. Asumir el combate del Estado a la pobreza también rebate la perfección del mercado. En fin, pareciera que el “consenso de Washington” sigue a la retirada, pero dando la batalla, porque las tesis contrarias las copian como si no sucediera nada y la religión de mercado siguiera vigente.
sábado, 22 de septiembre de 2012
A CERCA DE LAS PASIONES DEL ALMA DE RENE DESCARTES. 2a Parte
Debido a la gran aceptación de este tema, estoy publicando la 2a. de tres partes de mi interpretación de la obra psicológica clave de René Descartes, Las pasiones del alma.
Por Carlos Valdés Martín
Las funciones del alma Ya que las funciones corporales pertenecen a esos mecanismos descritos, las funciones del alma no están en sostener la vida, sino en los pensamientos (vistos en su sentido más amplio abarcando emociones, sensaciones e ideas), entonces “no queda en nosotros nada que debamos atribuir a nuestra alma, aparte de nuestros pensamientos, los cuales son principalmente de dos géneros, a saber: unos son las acciones del alma, otros son sus pasiones.” Por las acciones interpreta lo que proviene de nuestra alma, y las llama genéricamente “voluntades”, por cuanto corresponde a algo que hacemos nosotros, que reconocemos proviene de nuestro ser. Por las pasiones interpreta “todas las clases de percepciones y conocimientos que se encuentran en nosotros”, pero son recibidos, más que producidos por nosotros. Cuando Descartes indica pasiones equivale a recibir en el alma; cuando indica acciones equivales a generar algo el alma, como indican las “voluntades”. Finalmente, el objeto más preciso de su estudio serán las pasiones “del alma”, la cuales permanecen más cerca de una reflexión del alma para consigo, pues “se refieren particularmente a ella” , lo que ahora llamaríamos las emociones del alma, entonces la obra corresponde a una psicología moral: psicología (por sus causas) moral (por sus consecuencias).
Manifestaciones de las funciones del alma: voluntad, memoria, imaginación, poder sobre las pasiones (acercamiento). Ya indicamos que la función activa del alma se manifiesta en voluntad, lo que se quiere, sin embargo, la acción ligada a la voluntad requiere de un aprendizaje o una situación, por ejemplo, para hablar basta la voluntad de pensar algo diciéndolo, sin que resulte necesario enfocarse en el movimiento de los labios y la lengua de cada letra, porque eso ya se aprendió, y se tiene el hábito de hablar conforme se piensa y esto se hace mejor que si se piensa en cómo generar cada sonido. Para el mecanismo de la memoria, Descartes cree que se recurre a huellas dejadas en el cerebro por el objeto que se desea recordar. Entonces el resultado es que la memoria sería una huella interior. Para imaginar cree que la glándula del alma empuja a los “espíritus animales” hacia poros del cerebro, “por cuya abertura pueda ser representada esa cosa” , con lo cual nos quedamos perplejos, porque ignoramos la capacidad que pudieran tener unos poros para generar representaciones. Acercándose ya al tema central de la obra, Descartes medita sobre el poder del alma respecto de las pasiones, empezando por considerar la dificultad existente para su control. Plantea que “Nuestras pasiones no pueden tampoco ser excitadas directamente ni suprimidas por la acción de nuestra voluntad, pero pueden serlo indirectamente mediante la representación de las cosas que tienen costumbre de ser unidas a las pasiones que queremos tener, y son contrarias a las que queremos rechazar.” Esto a su manera anuncia la importancia de darle sugestiones a la mente, de tal modo que se la encause hacia lo querido. Pone como ejemplo el miedo, el cual no se destierra con la simple voluntad de deshacerse de él, se necesita “las razones, los objetos o los ejemplos que persuaden de que el peligro no es grande; de que hay siempre más seguridad en la defensa que en la huida” . Ahora bien, este es un ejemplo, sin embargo conviene ampliar el enfoque, precisamente por ser tema central de esta obra.
El dominio de las pasiones, los motivos de la dificultad para lograrlo y el mejor medio para alcanzarlo. El principio es que las pasiones se pueden dominar, pero las experiencias indican dificultades. La dificultad principal la encuentra Descartes en las grandes pasiones, justamente cuando también concitan fenómenos del cuerpo, estimando que las pasiones van acompañadas casi siempre de alguna “emoción que se produce en el corazón y por consiguiente en toda la sangre y espíritus que la acompañan” Este movimiento de emoción cardiaca amplifica la pasión, dificultando o imposibilitando su control. Las grandes pasiones suscitando grandes emociones del corazón impiden su control, con esto a su manera prefigura Descartes las interpretaciones psicológicas, las cuales hacen intervenir la emoción con su cualidad específica para oponerse a la razón, ciertamente que ahí no considera el movimiento autónomo de las emociones sino su vinculación con la voluntad. Las pasiones pequeñas están al acceso de la voluntad, pero las grandes no lo están. Ante la imposibilidad momentánea de controlar una gran pasión, lo más accesible a la voluntad es no consentir sus efectos y “contener varios de los movimientos a los que el cuerpo está dispuesto”. Asimismo, en este luchar interior, existe la falsa creencia de una lucha entre una parte inferior y otra superior del alma, pero a Descartes le parece que opera una única naturaleza del alma, simplemente está luchando el alma contra impulsos de los espíritus del cuerpo, los cuales le motivan a desear algo. Esta lucha aparente interior entre alma superior e inferior, indica la fuerza del alma, pues la débil sucumbe ante las sucesivas cargas de pasiones (reflejos de los sentidos, apetencias) y la fuerte se impone. Además el quedar sometido a pasiones (afecciones) del alma resulta patético por su naturaleza contradictoria, desplazando al alma débil en su constante cambio de intenciones, entonces “obedeciendo ya a una, ya a otra, se opone continuamente a sí misma, y de éste modo hace al alma esclava y desventurada.” , para lo cual pone como ejemplo la oscilación continua entre el miedo y la ambición.
Ahora bien, para que el alma no se deje arrastrar por pasiones que son ilusiones, requiere del conocimiento de la verdad, es decir, para no sufrir la pasión debemos partir de un descubrimiento de la verdad. Y esta interpretación va de acuerdo con una interpretación psicológica racionalista como la logoterapia. Aunque el alma puede iniciar como débil en su combate a las pasiones, puede adquirir un conocimiento de la verdad, y luego educarse. Ese proceso educativo del alma para dominar sus pasiones lo compara Descartes con el adiestramiento de los animales. Estima Descartes viable, “con un poco de industria, cambiar los movimientos del cerebro (…) sabiendo adiestrarlas y conducirlas.” En este punto todavía Descartes no precisa el medio para remediar las pasiones, adelante indica las virtudes como el vehículo para dominar las pasiones, y por seguir la virtud entiende Descartes actuar conforme la conciencia dicta .
El arcoiris de las pasiones según su orden primero Entre los artículos 53 a 69 establece Descartes un arcoiris de las pasiones, proponiendo un orden. En estos apartados se pone de manifiesto su enfoque y los intereses de su estudio. Resulta interesante, también por la concatenación entre unas y otras pasiones, la consideración de su similitud, simplemente con el cambio de situación o variación temporal. Un argumento resulta interesante, incluso por su punto de partida, y aquí el filósofo elige cuidadosamente para establecer que la admiración tiene el primer lugar, y argumenta que “la admiración es la primera de todas las pasiones; y no tiene pasión contraria”. El motivo por su lugar primero casi es evidente, pues la admiración acontece “Cuando nos sorprende el primer encuentro de un objeto y lo juzgamos nuevo o muy diferente de lo que conocíamos antes o bien de lo que suponíamos que debía de ser” Entonces la admiración contiene novedad, implica que el objeto es nuevo para nosotros o eso nos parece. Cuando el objeto deja de contener la novedad o esa primera impresión, entonces se deja de considerar con pasión, porque el influjo ya no mueve al alma. Entonces conviene precisar que este sentido de admiración corresponde al término de “asombro”, impresión por lo inesperado o sorpresa, no correspondiendo a otro sentido de esta palabra, por cuanto implica una reverencia por lo bueno de una personas o situación, sino que solamente de debemos tomar como “sensación primera”, la impresión de novedad en el alma.
Vale comentar por nuestra cuenta que por tal causa la admiración es un sentimiento tan apreciado por los artistas, hay quien define la poesía como la creación de la admiración, y también es un sentimiento completamente normal en los niños, el cual regularmente mengua con la edad, aunque pocas personas mantienen la “capacidad de asombro”. También este sorprenderse está relacionado con el aprendizaje y la creación, pues sobre lo nuevo se aprende más que sobre lo ya conocido, así, el aprendizaje conserva una elegante tensión (o dialéctica) entre lo conocido y lo desconocido. La creación y la investigación sin duda se relacionan con lo nuevo admirado, pues sobre ese campo lanzamos las redes de la creación para descubrir lo antes ignorado.
A partir de la admiración viene un par (consecuencia inmediata) que denomina la estimación o desprecio, quedando la estimación como admiración por la grandeza del objeto, y el desprecio establecido como la admiración por la pequeñez del objeto. Curiosamente, existe cierto contrapunto de tal admiración (esencialmente positiva) con el desprecio (básicamente negativa), pero así lo establece Descartes y no ofrece más explicación. Cuando la estimación o desprecio se aplican hacia la propia persona se crean las pasiones de magnanimidad-orgullo por la estimación y de humildad-bajeza por el desprecio. Como se observa, rápidamente Descartes va tejiendo las valoraciones-emociones, derivando unas de otras, según su grado y su aplicación principal. Desde la estimación-desprecio luego se deriva hacia la veneración-desdén, simplemente como niveles más hondos, desde la estimación se eleva hacia la veneración y del desprecio se cae en el desdén.
Sobre la línea anterior de razonamientos se agrega la evaluación del objeto, que cuando estimado lo consideramos bueno o “conveniente, esto nos hace sentir amor por ella.” Entonces a la estimación unida a la bondad o conveniencia la convertimos en amor. Lo opuesto también es cierto, pues una cosa despreciada se presenta como “mala y nociva, esto nos mueve al odio”. En verdad, estas afirmaciones tan sucintas resultan difíciles de apreciar, por cuanto parecen derivar hacia un concepto utilitarista, de donde el amor proviene de una utilidad, el lado bueno del objeto amado, y en ese sentido todavía está lejos de los conceptos más románticos del enamoramiento como pasión irrefrenable, sino que pareciera emanar de una visión más razonable (o bien, racionalista) sobre el beneficio de lo amado y el perjuicio de lo odiado.
En su progresión lógica de las pasiones, Descartes hace intervenir al tiempo, y entonces con la existencia del futuro define al deseo. Entonces el deseo es una proyección hacia futuro, pues se “desea adquirir un bien que no se tiene aún, o bien evitar un mal” . Como se puede observar esta definición del deseo resulta bastante práctica, definida por el simple desplazamiento hacia el futuro por venir, entonces es una definición muy alejada de la interpretación psicológica del deseo como una pulsión sin forma (el “id” de Freud) anterior a la percepción del objeto deseado, y también distante de la mitología del Deseo de Foucault.
Y ya definido el deseo como expectativa o evitación de un porvenir, se aúnan las estimaciones de la factibilidad o imposibilidad de alcanzar bienes o evitar males. Cuando existen apariencias de conseguir lo deseado aparece una esperanza, y en cambio las pocas vistas de conseguirlo suscita el temor. Y los celos le parecen integrar una variación del temor. En cambio cuando la esperanza es suma se convierte en seguridad o certidumbre, y luego, “el temor extremado se torna en desesperación” Entonces establecemos las relaciones entre las pasiones hasta aquí definidas y nos resulta: admiración (origen o principio), deviene estimación o desprecio (según tamaño), conduce a la veneración-desdén (según intensidad), desemboca en amor-odio (según su valoración como bueno o malo), cuando agregamos el futuro se convierte en deseo, y al aparecer ya la factibilidad hacia lo deseado aparece la esperanza-temor, y en sus extremos se muestran como seguridad-desesperación. Si bien esta cadena (admiraciónestimación-desprecio-veneración-desdén-amor-odio-deseo-esperanza-temor) ya nos parece bastante larga, todavía falta una cadena situaciones donde se muestran nuevas variaciones de las pasiones. Así, complementando el cálculo de las pasiones, cuando alcanzar algo depende de nuestra actuación, aparece la dificultad para elegir los medios y tomar acción entonces hablamos de una irresolución. Opuesto a la irresolución le parece a Descartes el valor o la intrepidez, de los cuales una variación es la emulación. En fin, cuando de nuestra acción depende conseguir algo, se puede colocar el alma en la posición dubitativa, deteniéndose en la irresolución cuando se valoran las dificultades para alcanzar algo, o saltar hacia el movimiento de búsqueda del objetivo, el cual configura el valor o la intrepidez. Cuando se lanza hacia una acción, pero no se ha cumplido con la conciencia (disipar la irresolución), esto produce el remordimiento, que se refiere al pasado.
Luego Descartes nos presenta otro par de las pasiones esenciales, correspondientes a la “consideración del bien presente” generando la alegría y si es la consideración del mal presente entonces emerge la tristeza. Aquí acento radica en la reflexión del tiempo presente, es la conciencia del presente, esta alegría o tristeza. Luego, este mismo tipo de consideraciones nos lleva hacia las demás personas, y al observar la alegría en quien se merece nos parece generar otra alegría, con la diferencia que cuando la alegría procede del mal para otros “va acompañada de risa y burlas” , entonces la burla es alegrarse de un mal ajeno. También si los consideramos indignos de un bien, nos mueven hacia la envidia, y si los juzgamos indignos de un mal nos mueve a la piedad.
Al estimar la causa del bien o mal surgen la satisfacción o el arrepentimiento según sea el caso. Así, la satisfacción es reconocerse en la causa del bien, y arrepentirse implica definirse como la causa del mal. Entonces le parece a Descartes que la satisfacción es “la más dulce de todas las pasiones” y el arrepentimiento la más amarga. Luego clasifica una serie de emociones, las cuales simplemente define de acuerdo a su procedencia. La simpatía proviene del bien cumplido por otros, y el agradecimiento surge cuando ese bien lo recibimos nosotros. Su contrario está en la indignación causada por el mal que hacen otros, y la ira aparece cuando nosotros recibimos un mal causado por otros. La gloria o vanagloria proviene del bien que afecta la opinión de los otros, así como la vergüenza proviene del mal reflejado en la opinión de los otros. En base a la duración de las pasiones, aparece la consideración del hastío o saciedad, provocado por la duración de un bien, mientras que la duración de un mal disminuye la tristeza. Esta observación es mínima, y debo anotar que la teoría del consumidor de la economía subjetiva se basé en gran parte sobre esa pequeña observación: la reducción de la necesidad conforme dura el consumo de un bien. La añoranza proviene de recordar un bien pasado, lo que implica una especie de tristeza, y respecto del mal pasado al recordarse nace una alegría, un gozo.
La clasificación de Descartes se diferencia de la principal clasificación de su tiempo (herencia medieval). Nos indica que su clasificación difiere de la común en su tiempo, porque los otros autores, sin indicar nombres, dividen las afecciones del alma en “comcupiscible et irascible”, hacia el placer y el enojo. Dice Descartes que rechaza esta clasificación porque parte de dividir al alma misma, cuando su interés es la unidad, pues “yo no encuentro en el alma ninguna distinción de partes” . Este unitarismo de principio resulta interesantes, pues abarca algunas discusiones y tomas de partido sobre la subjetividad humana, pues la psicología de tendencia científica (psicoanálisis) partió de la división de la conciencia, primero en partes estructurales concientes, inconscientes y supra-concientes, para ampliar la división entre presiones libidinales y tanáticas . Asimismo, como psicología de la conciencia la fenomenología se opuso completamente a la división de la conciencia, como se puede observar en los argumentos de Jean Paul Sartre .
El motivo de ser seis las pasiones principales La cantidad de pasiones particulares le parece de número indefinido a Descartes, sin embargo, estima únicamente la existencia de seis primarias y simples. Siguiendo sus propias anotaciones de método, únicamente conviene fijarse en lo claro y distinto, prefiriendo lo simple a lo compuesto, y lo claro sobre lo indefinido. Entonces “sólo hay seis que lo sean, a saber: la admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza; y que todas las demás son compuestas de algunas de estas seis o son especies de las mismas” Por lo mismo se dedica en especial a las seis primarias y después a sus subclases, como lo indicó en la parte anterior, con sus rasgos de tiempo, reflexión, relación con los otros, duración, etc. Admiración. Siendo la sorpresa por algo, esta impresión se relaciona con lo nuevo, así asume la posición de inicio. La estima como una pasión fuerte, pero no acompañada de movimientos de los órganos como otras que agitan el corazón, excepto que acontece el pasmo, una parálisis por una sorpresa o admiración. La admiración la encuentra especialmente útil para el aprender, ligada al saber . Estima se debe reforzar lo admirado con una atención, pues también se puede olvidar lo admirado. La cosa que capta la admiración se la juzga bajo el bello nombre de lo extraordinario. El exceso de esta pasión de admirar, se denomina como curiosidad excesiva, su desbordamiento es buscar “la rareza sólo por admirarla y no por conocerla” .
Definición pro-racional de la utilidad de las pasiones. Descartes define en el artículo 74 la utilidad de la pasión en función del pensamiento, estimando el resultado de pensamiento que le reporta al sujeto, entonces su concepto de utilidad se deriva hacia el resultado del pensamiento, lo cual es poco común en la definición de utilidad. Afirma: “la utilidad de todas las pasiones no consiste sino en que fortalecen y conservan en el alma pensamientos que conviene conserve, y que sin ellas podrían borrarse fácilmente” . Dejando de lado la posible complejidad de la utilidad Descartes intenta reducirla a una dimensión de pensamiento, como el provecho para el pensamiento. Compárese con la compleja interpretación de Hegel cuando estima que la utilidad aparece cuando el sujeto descubre que cualquier objeto es para sí, una referencia a su propia medida y engranaje clave de la razón apropiándose del mundo. En este caso, con la breve definición de Descartes, si bien la utilidad la concentra en su servicio al pensamiento, también ahí queda una “conveniencia”, que representa un resabio de indefinición de la utilidad misma. Amor y odio En esta parte Descartes da la impresión de mantenerse anclado con la tradición medieval, en cuanto a la impresión sobre el amor, ya que evita considerar al amor sexual exaltado como eje de sus consideraciones. Según un par de reconstrucciones históricas , ese amor individual es una creación y no una situación universal, por lo tanto no siempre puede colocarse en el centro de las reflexiones, en ese periodo ya se utilizaba el término amor corrientemente para referirse a la pasión sexual de pareja , pero luego terminó predominando completamente, pues cuando autores posteriores colocan el título de amor ya sabemos a cual tipo de pasión atenernos . En este caso, su definición de amor es más suave y general, y se mantiene en el margen de las definiciones medievales (que por otra parte combate) de benevolencia y de concupiscencia, para procurar generalizar afirmando que las diversas situaciones de pureza hasta brutalidad manifiestan en común el amor, que la define como emoción que incita al alma “a unirse de voluntad a los objetos que parecen serle convenientes” , entonces simplemente amar es buscar la unión, y mejor ya considerarse en unión para no entrometer un elemento de futuro (como en el deseo). De ahí pasa a la definición de odio completamente equivalente, de una incitación a separarse de los objetos inconvenientes. Una vez establecida tal definición del amor, muchas pasiones manifestadas diferentes participan de esta definición de amor, unas tan opuestas a otras como la brutalidad del violador respecto del amor paternal desinteresado. Sin embargo, una diferencia que estima crucial Descartes es el grado de amor, para separar desde el simple afecto, pasando por la amistad hasta llegar a la devoción, y de nuevo se observa en esta gradación que el tema de la pasión amatoria-erótica no adquiere una posición propia, sino que el pináculo perteneciente a la devoción, está preferentemente pensado en relación a Dios, el príncipe, un notable o el país . Por el tipo de objetos sobre los que recae el amor distingue sobre las cosas bellas (lo denomina complacencia) y las buenas, asimismo con esta clasificación se distinguen dos especies de odio, el así denominado, y el que recae sobre las cosas feas a nuestros sentidos, denominado horror o aversión. Reconoce que estas dos especies “de complacencia y de horror suelen ser más violentas que las otras especies de amor u odio, porque lo que llega al alma por los sentidos la impresiona más fuertemente que lo que le presenta la razón” , y entonces son las “más engañan y de las que con más cuidado debemos guardarnos”; de tal manera que la potencia de los sentidos, se manifiesta de manera negativa, en la modalidad de violencia y engaño. La tarea es proteger a la razón de las rudezas de los sentidos enviando la complacencia del amor y el horror del odio, porque la razón queda turbada con tales efluvios. El deseo y sus proyecciones La parece a Descartes que el deseo es único, aunque comenta se ha acostumbrado a presentarlo dual, para separarlo en la búsqueda de un bien y la evitación de un mal, sin embargo, le parece que solamente son dos lados de la misma moneda como el buscar la salud y evitar la enfermedad. Ya comentamos que se refiere al futuro, se desea como proyección o previsión, se desea lo que no se tiene o existe todavía, mientras lo que ya se posee se ama o se odia. Sin embargo, reconoce Descartes que las emociones generadas por el deseo son muy distintas ya se trate de complacencia u horror. En este caso, así explica el horror, pues “lo ha instituido la naturaleza para representar una muerte súbita e inopinada, de suerte que, aunque sólo sea a veces el contacto de un gusano o el ruido de una hoja que tiembla, o su sombra, lo que produce horror, se siente por lo pronto tanta emoción como si se ofreciera a los sentido un peligro de muerte muy evidente, o cual provoca (…) la huida y la aversión” Entonces la fuerza del horror es porque esconde una revelación de la muerte, de tal manera que el gusano o la sombra implica evocación mortífera y por tanto agita el alma con todas sus fuerzas para la huida, y esta visión resulta interesante por cuanto corresponde muy estrechamente con el primer esquema de Freíd cuando estableció como pulsión básica el “instinto de conservación” formando al yo psicológico. La otra emoción contraria, la cual es la complacencia, cuando aparece en deseo también es muy fuerte, y le parece que más depende de una perfección imaginada, pues “proviene de las perfecciones que imaginamos en una persona” y la intervención del sexo la menciona con sutileza y dejándola en un segundo plano, para estimar que se debe al anhelo de una mitad perfecta de nosotros, siguiendo estrechamente la idea mostrada en el Banquete de Platón, de que “la naturaleza presenta confusamente la adquisición de esta mitad como el más grande de todos los bienes imaginables” Como se comprueba en la cita, esto corresponde la mitología del humano incompleto, que debe descubrir su mitad perfecta, por lo mismo anhela la existencia de vida en pareja, a la cual se le da “el nombre de amor más generalmente” . Por último, un comentario de Descartes que parece ofrecer un filo chusco sobre las consecuencias del deseo nacido de la complacencia (amor) y nos comenta: “También tiene efectos más extraños y es el que sirve de principal materia a los autores de novelas y a los poetas.” El comentario es breve, mas deja un sabor de boca a travesura de la ironía, declarando como “cosa extraña” al “amor de los poetas”; conviene recordar, hasta donde sabemos, una existencia muy reservada en lo amoroso de Descartes y este fue un texto dedicado a una princesa destinada a reina quien también parece haber optado por la soledad, Cristina de Suecia; quizá ambos solitarios, y el filósofo ya cercano a sus horas finales (aunque muere a los 54 años), ironizando a los poetas románticos y exaltados; ambos riendo discretamente mientras la ventisca invernal se colaba dentro del palacio real de Estocolmo. Ahora bien, entre el filósofo solitario y la inaccesible princesa destinada a ser reina de Suecia, me pregunto ¿acaso el único amor imaginable es un ansia de perfección más allá de los sexual? ¿no resulta indispensable desembocar en una equidad de inteligencias pero con distancia sideral entre el filósofo enseñando a una princesa real? ¿la relación entre el filósofo vagabundo y la princesa del palacio no reina el más inalcanzable de los deseos, de una naturaleza tan sublime y agreste que no se debía mencionar entre las “pasiones del alma”?
De la alegría y la tristeza con su aparición inopinada. La alegría la define como el goce (o conciencia presente) del bien que se posee, bien recibido deleita o agrada, pero además ese agrado percibido luego se goza por saberse su posesión . En este aspecto merece el énfasis de tratarse de una emoción derivada, del cerebro percibiendo el bien recibido, típico acto de conciencia reflexiva en opinión de esta clasificación; primero aparece el sentido satisfecho en seguida puede aparecer la alegría, aunque no exista una clara reflexión. La tristeza se define como el opuesto, entonces resulta de la “incomodidad que el alma recibe del mal o por la falta de algo” , y de nuevo no es la impresión directa, el malestar inmediato por el mal, sino una segunda incomodidad que indispone al alma. Inventando un ejemplo, la piedra dentro del zapato duele y luego la persona queda triste por que en su largo camino no se quitará esa piedra dentro del zapato. El verdadero problema de esta definición y del este tema lo expone rápidamente Descartes, cuando desaparece la causa evidente. Indica “Mas ocurre a menudo que nos sentimos tristes o alegres sin que podamos señalar claramente el bien o mal que son la causa” , y entonces estamos un terreno pantanoso que Descartes desea esclarecer, y propone dos causas. La primera, es que el bien o mal realizan impresiones “en el cerebro sin intervención del alma”. La segundo que el bien o mal o “pertenecen sólo al cuerpo”. La tercera es que el alma no las considera sino otra forma unida con la del bien o mal en el cerebro. En cada caso se abre el gran problema de la psicología del inconsciente, de la separación de la emoción respecto de sus fuentes y respecto de su percepción. Sin embargo, Descartes insiste en el lado no problemático del tema, pues “la satisfacción de los sentido va seguida tan de cerca por la alegría y el dolor de la tristeza, que la mayor parte de los hombres no los distinguen” , sin embargo son de naturaleza distinta, como cuando se recibe dolor con alegría o se otorgan placeres que nos entristecen. Reconoce sin embargo la existencia de una fisura y que estas emociones emergen sin causa aparente o contraviniendo su aparente causa, es decir, emergen en la aparición inopinada. Opina Descartes que las gratificaciones de los sentidos “producen algún movimiento en los nervios que podrían dañarles si no tuvieran bastante fuerza para resistirlo” y este resistir y salir airoso de las impresiones de los sentidos “produce una impresión en el cerebro” para “testimoniar esa buena disposición y esa fuerza”, siendo un bien de alma que “suscita en ella la alegría.” . Es decir, que aquí suponemos como un testimonio de contra-fuerza, una resistencia del cerebro que percibida por el alma se reconoce como un bien, entonces alegra al alma motivada por su poderío. Con estos términos queda abierta la complejidad del alma a un nivel que no agrada a este discurso, cuando se basa en la unidad del alma como su principio rector, en el horizonte emerge la dualidad, la separación entre las partes internas y las contradicciones misteriosas, con las cuales se abrió el camino a la psicología del inconsciente. Y después esta aseveración de la alegría como testimonio de esa “fuerza interna” luego la corrobora mediante una tendencia tan ligada luego a la modernidad como el gusto por espectáculos como el teatro, que “parecen acariciarnos el alma conmoviéndola” . Entonces la repetición del movimiento de resistencia (la emoción “resistida”) nos lleva hacia una alegría repetida, bastando una especie de asociación, con el componente adicional de comprobar que durante el espectáculo permanecemos ilesos aunque recordemos males sufridos. Y como segunda comprobación refiere la osadía y gusto por las acciones difíciles de los jóvenes o también la nostalgia de los viejos. Los jóvenes obtienen el pensamiento de un bien al “sentirse bastante valientes, bastante afortunado, bastante diestro o bastante fuerte para osar arriesgarse hasta tal punto” , entonces la alegría no les viene de la dificultad o el peligro, sino en pensar su superioridad sobre tales males, y esa superioridad parece un bien. De manera parecida, una alegría que viene del recuerdo, cuando se rememoran males y se sonría de satisfecho, es porque “imaginan que s un bien haber podido subsistir a pesar de ellos” , entonces también de un mal recordado emana una alegría presente, y en surge una satisfacción, una pasión de contento.
Por Carlos Valdés Martín
Las funciones del alma Ya que las funciones corporales pertenecen a esos mecanismos descritos, las funciones del alma no están en sostener la vida, sino en los pensamientos (vistos en su sentido más amplio abarcando emociones, sensaciones e ideas), entonces “no queda en nosotros nada que debamos atribuir a nuestra alma, aparte de nuestros pensamientos, los cuales son principalmente de dos géneros, a saber: unos son las acciones del alma, otros son sus pasiones.” Por las acciones interpreta lo que proviene de nuestra alma, y las llama genéricamente “voluntades”, por cuanto corresponde a algo que hacemos nosotros, que reconocemos proviene de nuestro ser. Por las pasiones interpreta “todas las clases de percepciones y conocimientos que se encuentran en nosotros”, pero son recibidos, más que producidos por nosotros. Cuando Descartes indica pasiones equivale a recibir en el alma; cuando indica acciones equivales a generar algo el alma, como indican las “voluntades”. Finalmente, el objeto más preciso de su estudio serán las pasiones “del alma”, la cuales permanecen más cerca de una reflexión del alma para consigo, pues “se refieren particularmente a ella” , lo que ahora llamaríamos las emociones del alma, entonces la obra corresponde a una psicología moral: psicología (por sus causas) moral (por sus consecuencias).
Manifestaciones de las funciones del alma: voluntad, memoria, imaginación, poder sobre las pasiones (acercamiento). Ya indicamos que la función activa del alma se manifiesta en voluntad, lo que se quiere, sin embargo, la acción ligada a la voluntad requiere de un aprendizaje o una situación, por ejemplo, para hablar basta la voluntad de pensar algo diciéndolo, sin que resulte necesario enfocarse en el movimiento de los labios y la lengua de cada letra, porque eso ya se aprendió, y se tiene el hábito de hablar conforme se piensa y esto se hace mejor que si se piensa en cómo generar cada sonido. Para el mecanismo de la memoria, Descartes cree que se recurre a huellas dejadas en el cerebro por el objeto que se desea recordar. Entonces el resultado es que la memoria sería una huella interior. Para imaginar cree que la glándula del alma empuja a los “espíritus animales” hacia poros del cerebro, “por cuya abertura pueda ser representada esa cosa” , con lo cual nos quedamos perplejos, porque ignoramos la capacidad que pudieran tener unos poros para generar representaciones. Acercándose ya al tema central de la obra, Descartes medita sobre el poder del alma respecto de las pasiones, empezando por considerar la dificultad existente para su control. Plantea que “Nuestras pasiones no pueden tampoco ser excitadas directamente ni suprimidas por la acción de nuestra voluntad, pero pueden serlo indirectamente mediante la representación de las cosas que tienen costumbre de ser unidas a las pasiones que queremos tener, y son contrarias a las que queremos rechazar.” Esto a su manera anuncia la importancia de darle sugestiones a la mente, de tal modo que se la encause hacia lo querido. Pone como ejemplo el miedo, el cual no se destierra con la simple voluntad de deshacerse de él, se necesita “las razones, los objetos o los ejemplos que persuaden de que el peligro no es grande; de que hay siempre más seguridad en la defensa que en la huida” . Ahora bien, este es un ejemplo, sin embargo conviene ampliar el enfoque, precisamente por ser tema central de esta obra.
El dominio de las pasiones, los motivos de la dificultad para lograrlo y el mejor medio para alcanzarlo. El principio es que las pasiones se pueden dominar, pero las experiencias indican dificultades. La dificultad principal la encuentra Descartes en las grandes pasiones, justamente cuando también concitan fenómenos del cuerpo, estimando que las pasiones van acompañadas casi siempre de alguna “emoción que se produce en el corazón y por consiguiente en toda la sangre y espíritus que la acompañan” Este movimiento de emoción cardiaca amplifica la pasión, dificultando o imposibilitando su control. Las grandes pasiones suscitando grandes emociones del corazón impiden su control, con esto a su manera prefigura Descartes las interpretaciones psicológicas, las cuales hacen intervenir la emoción con su cualidad específica para oponerse a la razón, ciertamente que ahí no considera el movimiento autónomo de las emociones sino su vinculación con la voluntad. Las pasiones pequeñas están al acceso de la voluntad, pero las grandes no lo están. Ante la imposibilidad momentánea de controlar una gran pasión, lo más accesible a la voluntad es no consentir sus efectos y “contener varios de los movimientos a los que el cuerpo está dispuesto”. Asimismo, en este luchar interior, existe la falsa creencia de una lucha entre una parte inferior y otra superior del alma, pero a Descartes le parece que opera una única naturaleza del alma, simplemente está luchando el alma contra impulsos de los espíritus del cuerpo, los cuales le motivan a desear algo. Esta lucha aparente interior entre alma superior e inferior, indica la fuerza del alma, pues la débil sucumbe ante las sucesivas cargas de pasiones (reflejos de los sentidos, apetencias) y la fuerte se impone. Además el quedar sometido a pasiones (afecciones) del alma resulta patético por su naturaleza contradictoria, desplazando al alma débil en su constante cambio de intenciones, entonces “obedeciendo ya a una, ya a otra, se opone continuamente a sí misma, y de éste modo hace al alma esclava y desventurada.” , para lo cual pone como ejemplo la oscilación continua entre el miedo y la ambición.
Ahora bien, para que el alma no se deje arrastrar por pasiones que son ilusiones, requiere del conocimiento de la verdad, es decir, para no sufrir la pasión debemos partir de un descubrimiento de la verdad. Y esta interpretación va de acuerdo con una interpretación psicológica racionalista como la logoterapia. Aunque el alma puede iniciar como débil en su combate a las pasiones, puede adquirir un conocimiento de la verdad, y luego educarse. Ese proceso educativo del alma para dominar sus pasiones lo compara Descartes con el adiestramiento de los animales. Estima Descartes viable, “con un poco de industria, cambiar los movimientos del cerebro (…) sabiendo adiestrarlas y conducirlas.” En este punto todavía Descartes no precisa el medio para remediar las pasiones, adelante indica las virtudes como el vehículo para dominar las pasiones, y por seguir la virtud entiende Descartes actuar conforme la conciencia dicta .
El arcoiris de las pasiones según su orden primero Entre los artículos 53 a 69 establece Descartes un arcoiris de las pasiones, proponiendo un orden. En estos apartados se pone de manifiesto su enfoque y los intereses de su estudio. Resulta interesante, también por la concatenación entre unas y otras pasiones, la consideración de su similitud, simplemente con el cambio de situación o variación temporal. Un argumento resulta interesante, incluso por su punto de partida, y aquí el filósofo elige cuidadosamente para establecer que la admiración tiene el primer lugar, y argumenta que “la admiración es la primera de todas las pasiones; y no tiene pasión contraria”. El motivo por su lugar primero casi es evidente, pues la admiración acontece “Cuando nos sorprende el primer encuentro de un objeto y lo juzgamos nuevo o muy diferente de lo que conocíamos antes o bien de lo que suponíamos que debía de ser” Entonces la admiración contiene novedad, implica que el objeto es nuevo para nosotros o eso nos parece. Cuando el objeto deja de contener la novedad o esa primera impresión, entonces se deja de considerar con pasión, porque el influjo ya no mueve al alma. Entonces conviene precisar que este sentido de admiración corresponde al término de “asombro”, impresión por lo inesperado o sorpresa, no correspondiendo a otro sentido de esta palabra, por cuanto implica una reverencia por lo bueno de una personas o situación, sino que solamente de debemos tomar como “sensación primera”, la impresión de novedad en el alma.
Vale comentar por nuestra cuenta que por tal causa la admiración es un sentimiento tan apreciado por los artistas, hay quien define la poesía como la creación de la admiración, y también es un sentimiento completamente normal en los niños, el cual regularmente mengua con la edad, aunque pocas personas mantienen la “capacidad de asombro”. También este sorprenderse está relacionado con el aprendizaje y la creación, pues sobre lo nuevo se aprende más que sobre lo ya conocido, así, el aprendizaje conserva una elegante tensión (o dialéctica) entre lo conocido y lo desconocido. La creación y la investigación sin duda se relacionan con lo nuevo admirado, pues sobre ese campo lanzamos las redes de la creación para descubrir lo antes ignorado.
A partir de la admiración viene un par (consecuencia inmediata) que denomina la estimación o desprecio, quedando la estimación como admiración por la grandeza del objeto, y el desprecio establecido como la admiración por la pequeñez del objeto. Curiosamente, existe cierto contrapunto de tal admiración (esencialmente positiva) con el desprecio (básicamente negativa), pero así lo establece Descartes y no ofrece más explicación. Cuando la estimación o desprecio se aplican hacia la propia persona se crean las pasiones de magnanimidad-orgullo por la estimación y de humildad-bajeza por el desprecio. Como se observa, rápidamente Descartes va tejiendo las valoraciones-emociones, derivando unas de otras, según su grado y su aplicación principal. Desde la estimación-desprecio luego se deriva hacia la veneración-desdén, simplemente como niveles más hondos, desde la estimación se eleva hacia la veneración y del desprecio se cae en el desdén.
Sobre la línea anterior de razonamientos se agrega la evaluación del objeto, que cuando estimado lo consideramos bueno o “conveniente, esto nos hace sentir amor por ella.” Entonces a la estimación unida a la bondad o conveniencia la convertimos en amor. Lo opuesto también es cierto, pues una cosa despreciada se presenta como “mala y nociva, esto nos mueve al odio”. En verdad, estas afirmaciones tan sucintas resultan difíciles de apreciar, por cuanto parecen derivar hacia un concepto utilitarista, de donde el amor proviene de una utilidad, el lado bueno del objeto amado, y en ese sentido todavía está lejos de los conceptos más románticos del enamoramiento como pasión irrefrenable, sino que pareciera emanar de una visión más razonable (o bien, racionalista) sobre el beneficio de lo amado y el perjuicio de lo odiado.
En su progresión lógica de las pasiones, Descartes hace intervenir al tiempo, y entonces con la existencia del futuro define al deseo. Entonces el deseo es una proyección hacia futuro, pues se “desea adquirir un bien que no se tiene aún, o bien evitar un mal” . Como se puede observar esta definición del deseo resulta bastante práctica, definida por el simple desplazamiento hacia el futuro por venir, entonces es una definición muy alejada de la interpretación psicológica del deseo como una pulsión sin forma (el “id” de Freud) anterior a la percepción del objeto deseado, y también distante de la mitología del Deseo de Foucault.
Y ya definido el deseo como expectativa o evitación de un porvenir, se aúnan las estimaciones de la factibilidad o imposibilidad de alcanzar bienes o evitar males. Cuando existen apariencias de conseguir lo deseado aparece una esperanza, y en cambio las pocas vistas de conseguirlo suscita el temor. Y los celos le parecen integrar una variación del temor. En cambio cuando la esperanza es suma se convierte en seguridad o certidumbre, y luego, “el temor extremado se torna en desesperación” Entonces establecemos las relaciones entre las pasiones hasta aquí definidas y nos resulta: admiración (origen o principio), deviene estimación o desprecio (según tamaño), conduce a la veneración-desdén (según intensidad), desemboca en amor-odio (según su valoración como bueno o malo), cuando agregamos el futuro se convierte en deseo, y al aparecer ya la factibilidad hacia lo deseado aparece la esperanza-temor, y en sus extremos se muestran como seguridad-desesperación. Si bien esta cadena (admiraciónestimación-desprecio-veneración-desdén-amor-odio-deseo-esperanza-temor) ya nos parece bastante larga, todavía falta una cadena situaciones donde se muestran nuevas variaciones de las pasiones. Así, complementando el cálculo de las pasiones, cuando alcanzar algo depende de nuestra actuación, aparece la dificultad para elegir los medios y tomar acción entonces hablamos de una irresolución. Opuesto a la irresolución le parece a Descartes el valor o la intrepidez, de los cuales una variación es la emulación. En fin, cuando de nuestra acción depende conseguir algo, se puede colocar el alma en la posición dubitativa, deteniéndose en la irresolución cuando se valoran las dificultades para alcanzar algo, o saltar hacia el movimiento de búsqueda del objetivo, el cual configura el valor o la intrepidez. Cuando se lanza hacia una acción, pero no se ha cumplido con la conciencia (disipar la irresolución), esto produce el remordimiento, que se refiere al pasado.
Luego Descartes nos presenta otro par de las pasiones esenciales, correspondientes a la “consideración del bien presente” generando la alegría y si es la consideración del mal presente entonces emerge la tristeza. Aquí acento radica en la reflexión del tiempo presente, es la conciencia del presente, esta alegría o tristeza. Luego, este mismo tipo de consideraciones nos lleva hacia las demás personas, y al observar la alegría en quien se merece nos parece generar otra alegría, con la diferencia que cuando la alegría procede del mal para otros “va acompañada de risa y burlas” , entonces la burla es alegrarse de un mal ajeno. También si los consideramos indignos de un bien, nos mueven hacia la envidia, y si los juzgamos indignos de un mal nos mueve a la piedad.
Al estimar la causa del bien o mal surgen la satisfacción o el arrepentimiento según sea el caso. Así, la satisfacción es reconocerse en la causa del bien, y arrepentirse implica definirse como la causa del mal. Entonces le parece a Descartes que la satisfacción es “la más dulce de todas las pasiones” y el arrepentimiento la más amarga. Luego clasifica una serie de emociones, las cuales simplemente define de acuerdo a su procedencia. La simpatía proviene del bien cumplido por otros, y el agradecimiento surge cuando ese bien lo recibimos nosotros. Su contrario está en la indignación causada por el mal que hacen otros, y la ira aparece cuando nosotros recibimos un mal causado por otros. La gloria o vanagloria proviene del bien que afecta la opinión de los otros, así como la vergüenza proviene del mal reflejado en la opinión de los otros. En base a la duración de las pasiones, aparece la consideración del hastío o saciedad, provocado por la duración de un bien, mientras que la duración de un mal disminuye la tristeza. Esta observación es mínima, y debo anotar que la teoría del consumidor de la economía subjetiva se basé en gran parte sobre esa pequeña observación: la reducción de la necesidad conforme dura el consumo de un bien. La añoranza proviene de recordar un bien pasado, lo que implica una especie de tristeza, y respecto del mal pasado al recordarse nace una alegría, un gozo.
La clasificación de Descartes se diferencia de la principal clasificación de su tiempo (herencia medieval). Nos indica que su clasificación difiere de la común en su tiempo, porque los otros autores, sin indicar nombres, dividen las afecciones del alma en “comcupiscible et irascible”, hacia el placer y el enojo. Dice Descartes que rechaza esta clasificación porque parte de dividir al alma misma, cuando su interés es la unidad, pues “yo no encuentro en el alma ninguna distinción de partes” . Este unitarismo de principio resulta interesantes, pues abarca algunas discusiones y tomas de partido sobre la subjetividad humana, pues la psicología de tendencia científica (psicoanálisis) partió de la división de la conciencia, primero en partes estructurales concientes, inconscientes y supra-concientes, para ampliar la división entre presiones libidinales y tanáticas . Asimismo, como psicología de la conciencia la fenomenología se opuso completamente a la división de la conciencia, como se puede observar en los argumentos de Jean Paul Sartre .
El motivo de ser seis las pasiones principales La cantidad de pasiones particulares le parece de número indefinido a Descartes, sin embargo, estima únicamente la existencia de seis primarias y simples. Siguiendo sus propias anotaciones de método, únicamente conviene fijarse en lo claro y distinto, prefiriendo lo simple a lo compuesto, y lo claro sobre lo indefinido. Entonces “sólo hay seis que lo sean, a saber: la admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza; y que todas las demás son compuestas de algunas de estas seis o son especies de las mismas” Por lo mismo se dedica en especial a las seis primarias y después a sus subclases, como lo indicó en la parte anterior, con sus rasgos de tiempo, reflexión, relación con los otros, duración, etc. Admiración. Siendo la sorpresa por algo, esta impresión se relaciona con lo nuevo, así asume la posición de inicio. La estima como una pasión fuerte, pero no acompañada de movimientos de los órganos como otras que agitan el corazón, excepto que acontece el pasmo, una parálisis por una sorpresa o admiración. La admiración la encuentra especialmente útil para el aprender, ligada al saber . Estima se debe reforzar lo admirado con una atención, pues también se puede olvidar lo admirado. La cosa que capta la admiración se la juzga bajo el bello nombre de lo extraordinario. El exceso de esta pasión de admirar, se denomina como curiosidad excesiva, su desbordamiento es buscar “la rareza sólo por admirarla y no por conocerla” .
Definición pro-racional de la utilidad de las pasiones. Descartes define en el artículo 74 la utilidad de la pasión en función del pensamiento, estimando el resultado de pensamiento que le reporta al sujeto, entonces su concepto de utilidad se deriva hacia el resultado del pensamiento, lo cual es poco común en la definición de utilidad. Afirma: “la utilidad de todas las pasiones no consiste sino en que fortalecen y conservan en el alma pensamientos que conviene conserve, y que sin ellas podrían borrarse fácilmente” . Dejando de lado la posible complejidad de la utilidad Descartes intenta reducirla a una dimensión de pensamiento, como el provecho para el pensamiento. Compárese con la compleja interpretación de Hegel cuando estima que la utilidad aparece cuando el sujeto descubre que cualquier objeto es para sí, una referencia a su propia medida y engranaje clave de la razón apropiándose del mundo. En este caso, con la breve definición de Descartes, si bien la utilidad la concentra en su servicio al pensamiento, también ahí queda una “conveniencia”, que representa un resabio de indefinición de la utilidad misma. Amor y odio En esta parte Descartes da la impresión de mantenerse anclado con la tradición medieval, en cuanto a la impresión sobre el amor, ya que evita considerar al amor sexual exaltado como eje de sus consideraciones. Según un par de reconstrucciones históricas , ese amor individual es una creación y no una situación universal, por lo tanto no siempre puede colocarse en el centro de las reflexiones, en ese periodo ya se utilizaba el término amor corrientemente para referirse a la pasión sexual de pareja , pero luego terminó predominando completamente, pues cuando autores posteriores colocan el título de amor ya sabemos a cual tipo de pasión atenernos . En este caso, su definición de amor es más suave y general, y se mantiene en el margen de las definiciones medievales (que por otra parte combate) de benevolencia y de concupiscencia, para procurar generalizar afirmando que las diversas situaciones de pureza hasta brutalidad manifiestan en común el amor, que la define como emoción que incita al alma “a unirse de voluntad a los objetos que parecen serle convenientes” , entonces simplemente amar es buscar la unión, y mejor ya considerarse en unión para no entrometer un elemento de futuro (como en el deseo). De ahí pasa a la definición de odio completamente equivalente, de una incitación a separarse de los objetos inconvenientes. Una vez establecida tal definición del amor, muchas pasiones manifestadas diferentes participan de esta definición de amor, unas tan opuestas a otras como la brutalidad del violador respecto del amor paternal desinteresado. Sin embargo, una diferencia que estima crucial Descartes es el grado de amor, para separar desde el simple afecto, pasando por la amistad hasta llegar a la devoción, y de nuevo se observa en esta gradación que el tema de la pasión amatoria-erótica no adquiere una posición propia, sino que el pináculo perteneciente a la devoción, está preferentemente pensado en relación a Dios, el príncipe, un notable o el país . Por el tipo de objetos sobre los que recae el amor distingue sobre las cosas bellas (lo denomina complacencia) y las buenas, asimismo con esta clasificación se distinguen dos especies de odio, el así denominado, y el que recae sobre las cosas feas a nuestros sentidos, denominado horror o aversión. Reconoce que estas dos especies “de complacencia y de horror suelen ser más violentas que las otras especies de amor u odio, porque lo que llega al alma por los sentidos la impresiona más fuertemente que lo que le presenta la razón” , y entonces son las “más engañan y de las que con más cuidado debemos guardarnos”; de tal manera que la potencia de los sentidos, se manifiesta de manera negativa, en la modalidad de violencia y engaño. La tarea es proteger a la razón de las rudezas de los sentidos enviando la complacencia del amor y el horror del odio, porque la razón queda turbada con tales efluvios. El deseo y sus proyecciones La parece a Descartes que el deseo es único, aunque comenta se ha acostumbrado a presentarlo dual, para separarlo en la búsqueda de un bien y la evitación de un mal, sin embargo, le parece que solamente son dos lados de la misma moneda como el buscar la salud y evitar la enfermedad. Ya comentamos que se refiere al futuro, se desea como proyección o previsión, se desea lo que no se tiene o existe todavía, mientras lo que ya se posee se ama o se odia. Sin embargo, reconoce Descartes que las emociones generadas por el deseo son muy distintas ya se trate de complacencia u horror. En este caso, así explica el horror, pues “lo ha instituido la naturaleza para representar una muerte súbita e inopinada, de suerte que, aunque sólo sea a veces el contacto de un gusano o el ruido de una hoja que tiembla, o su sombra, lo que produce horror, se siente por lo pronto tanta emoción como si se ofreciera a los sentido un peligro de muerte muy evidente, o cual provoca (…) la huida y la aversión” Entonces la fuerza del horror es porque esconde una revelación de la muerte, de tal manera que el gusano o la sombra implica evocación mortífera y por tanto agita el alma con todas sus fuerzas para la huida, y esta visión resulta interesante por cuanto corresponde muy estrechamente con el primer esquema de Freíd cuando estableció como pulsión básica el “instinto de conservación” formando al yo psicológico. La otra emoción contraria, la cual es la complacencia, cuando aparece en deseo también es muy fuerte, y le parece que más depende de una perfección imaginada, pues “proviene de las perfecciones que imaginamos en una persona” y la intervención del sexo la menciona con sutileza y dejándola en un segundo plano, para estimar que se debe al anhelo de una mitad perfecta de nosotros, siguiendo estrechamente la idea mostrada en el Banquete de Platón, de que “la naturaleza presenta confusamente la adquisición de esta mitad como el más grande de todos los bienes imaginables” Como se comprueba en la cita, esto corresponde la mitología del humano incompleto, que debe descubrir su mitad perfecta, por lo mismo anhela la existencia de vida en pareja, a la cual se le da “el nombre de amor más generalmente” . Por último, un comentario de Descartes que parece ofrecer un filo chusco sobre las consecuencias del deseo nacido de la complacencia (amor) y nos comenta: “También tiene efectos más extraños y es el que sirve de principal materia a los autores de novelas y a los poetas.” El comentario es breve, mas deja un sabor de boca a travesura de la ironía, declarando como “cosa extraña” al “amor de los poetas”; conviene recordar, hasta donde sabemos, una existencia muy reservada en lo amoroso de Descartes y este fue un texto dedicado a una princesa destinada a reina quien también parece haber optado por la soledad, Cristina de Suecia; quizá ambos solitarios, y el filósofo ya cercano a sus horas finales (aunque muere a los 54 años), ironizando a los poetas románticos y exaltados; ambos riendo discretamente mientras la ventisca invernal se colaba dentro del palacio real de Estocolmo. Ahora bien, entre el filósofo solitario y la inaccesible princesa destinada a ser reina de Suecia, me pregunto ¿acaso el único amor imaginable es un ansia de perfección más allá de los sexual? ¿no resulta indispensable desembocar en una equidad de inteligencias pero con distancia sideral entre el filósofo enseñando a una princesa real? ¿la relación entre el filósofo vagabundo y la princesa del palacio no reina el más inalcanzable de los deseos, de una naturaleza tan sublime y agreste que no se debía mencionar entre las “pasiones del alma”?
De la alegría y la tristeza con su aparición inopinada. La alegría la define como el goce (o conciencia presente) del bien que se posee, bien recibido deleita o agrada, pero además ese agrado percibido luego se goza por saberse su posesión . En este aspecto merece el énfasis de tratarse de una emoción derivada, del cerebro percibiendo el bien recibido, típico acto de conciencia reflexiva en opinión de esta clasificación; primero aparece el sentido satisfecho en seguida puede aparecer la alegría, aunque no exista una clara reflexión. La tristeza se define como el opuesto, entonces resulta de la “incomodidad que el alma recibe del mal o por la falta de algo” , y de nuevo no es la impresión directa, el malestar inmediato por el mal, sino una segunda incomodidad que indispone al alma. Inventando un ejemplo, la piedra dentro del zapato duele y luego la persona queda triste por que en su largo camino no se quitará esa piedra dentro del zapato. El verdadero problema de esta definición y del este tema lo expone rápidamente Descartes, cuando desaparece la causa evidente. Indica “Mas ocurre a menudo que nos sentimos tristes o alegres sin que podamos señalar claramente el bien o mal que son la causa” , y entonces estamos un terreno pantanoso que Descartes desea esclarecer, y propone dos causas. La primera, es que el bien o mal realizan impresiones “en el cerebro sin intervención del alma”. La segundo que el bien o mal o “pertenecen sólo al cuerpo”. La tercera es que el alma no las considera sino otra forma unida con la del bien o mal en el cerebro. En cada caso se abre el gran problema de la psicología del inconsciente, de la separación de la emoción respecto de sus fuentes y respecto de su percepción. Sin embargo, Descartes insiste en el lado no problemático del tema, pues “la satisfacción de los sentido va seguida tan de cerca por la alegría y el dolor de la tristeza, que la mayor parte de los hombres no los distinguen” , sin embargo son de naturaleza distinta, como cuando se recibe dolor con alegría o se otorgan placeres que nos entristecen. Reconoce sin embargo la existencia de una fisura y que estas emociones emergen sin causa aparente o contraviniendo su aparente causa, es decir, emergen en la aparición inopinada. Opina Descartes que las gratificaciones de los sentidos “producen algún movimiento en los nervios que podrían dañarles si no tuvieran bastante fuerza para resistirlo” y este resistir y salir airoso de las impresiones de los sentidos “produce una impresión en el cerebro” para “testimoniar esa buena disposición y esa fuerza”, siendo un bien de alma que “suscita en ella la alegría.” . Es decir, que aquí suponemos como un testimonio de contra-fuerza, una resistencia del cerebro que percibida por el alma se reconoce como un bien, entonces alegra al alma motivada por su poderío. Con estos términos queda abierta la complejidad del alma a un nivel que no agrada a este discurso, cuando se basa en la unidad del alma como su principio rector, en el horizonte emerge la dualidad, la separación entre las partes internas y las contradicciones misteriosas, con las cuales se abrió el camino a la psicología del inconsciente. Y después esta aseveración de la alegría como testimonio de esa “fuerza interna” luego la corrobora mediante una tendencia tan ligada luego a la modernidad como el gusto por espectáculos como el teatro, que “parecen acariciarnos el alma conmoviéndola” . Entonces la repetición del movimiento de resistencia (la emoción “resistida”) nos lleva hacia una alegría repetida, bastando una especie de asociación, con el componente adicional de comprobar que durante el espectáculo permanecemos ilesos aunque recordemos males sufridos. Y como segunda comprobación refiere la osadía y gusto por las acciones difíciles de los jóvenes o también la nostalgia de los viejos. Los jóvenes obtienen el pensamiento de un bien al “sentirse bastante valientes, bastante afortunado, bastante diestro o bastante fuerte para osar arriesgarse hasta tal punto” , entonces la alegría no les viene de la dificultad o el peligro, sino en pensar su superioridad sobre tales males, y esa superioridad parece un bien. De manera parecida, una alegría que viene del recuerdo, cuando se rememoran males y se sonría de satisfecho, es porque “imaginan que s un bien haber podido subsistir a pesar de ellos” , entonces también de un mal recordado emana una alegría presente, y en surge una satisfacción, una pasión de contento.
domingo, 16 de septiembre de 2012
PRESENTACIÓN EN FERIA DEL LIBRO POLITÉCNICO: AGUAS REFLEJANTES, EL ESPEJO DE LA NACIÓN
El día 25 de agosto de 2012 hice la presentación de mi libro en la Feria Internacional del Libro del Politécnico. El evento fue muy exitoso y el público asistente mostró interés, permaneciendo toda la ponencia, lo que es signo de que resultó bien. A continuación está el texto preparado de la presentación. Como se acostumbra en estos casos, no me mantuve apegado al texto, y siempre es mejor improvisar que solamente leer un texto.
AGUAS REFLEJANTES, EL ESPEJO DE LA NACIÓN: LO QUE APORTA ESTE LIBRO
Por Carlos Valdés Martín Presentación para la Feria Internacional del Libro Politécnico en Zacatenco, DF, el 25 de agosto de 2012.
Sí es un libro… que propone renovar la visión de nuestra nación acudiendo a una metáfora colectiva que ha sido poco observada. Las aguas que se mantienen en las alturas, por así decirlo son un fenómeno casi antinatural pero feliz, pues la ley de gravedad las empuja a escurrirse. Entonces los grandes lagos colocados en las zonas altas son un evento poco usual y menos típico es que ha marcado nuestra historia. No planteo un accidente geográfico, sino una visión porque los grupos humanos son resultado de un proceso de conciencia colectiva y las aguas han sido el espejo natural de los pueblos primeros. Ese tipo de espejo no proporciona un reflejo sencillo, sino uno complejo. Coloquémonos mentalmente frente a aguas que generan un reflejo imperfecto, pero donde podemos observar nuestro rostro. En esa observación sabemos que hay algo más, no es la imagen sencilla y perfecta del espejo industrial, donde la distorsión es una aportación para comprender la complejidad. Las aguas reflejantes proponen una metáfora renovada para comprender nuestro ser colectivo, una opción antigua para comprender nuestra nacionalidad. El ser colectivo se comprende a través de símbolos y este espejo de agua —conjunto de lagos— que fue la cuna de la civilización azteca proporciona una alternativa y complemento interesante para refrescar nuestra imagen colectiva. Una interpretación aceptada de Anáhuac, el nombre náhuatl para la región, es “hasta aquí las aguas” y es que nuestro espacio quedó acotado por aguas en las costas y en la cumbre de la capital ancestral. Y, curiosamente, las aguas de los ríos Bravo y Suchiate marcan las otras fronteras del México moderno, así que tenemos mares, ríos y lagos como su fronteras y vértices.
Las aguas de los lagos poseen una cualidad metafórica especial al presentar una enorme extensión quieta, tranquila, pues no solamente indican su cuerpo sino que reflejan los cielos, es decir, su reflejo es un cielo duplicado, ya sea mostrando el esplendor del sol o el manto estrellado de la noche. Ante la depredación urbana del antiguo lago debemos imaginar el reflejo nocturno de la luna llena, y la sorpresa de los líderes aztecas cuando observaba que la geografía del sistema de lagos tenía un enorme parecido con el conejo dibujado en la Luna. En una interpretación ahora aceptada se cree que la palabra México indica el ombligo de la Luna, donde el mapa de nuestro Valle de México, corresponde a la visión de la Luna llena, y la fundación de Tenochtitlán correspondía al obligo de la Luna.
AGUAS REFLEJANTES, EL ESPEJO DE LA NACIÓN: LO QUE APORTA ESTE LIBRO
Por Carlos Valdés Martín Presentación para la Feria Internacional del Libro Politécnico en Zacatenco, DF, el 25 de agosto de 2012.
Entonces la peculiaridad de un espejo de aguas contrasta con la visión de otras metáforas importantes. Por ejemplo, el “laberinto de la soledad” que nos propone Octavio Paz para simbolizar nuestra nación, posee muchos méritos, sin embargo, nos deja en el extravío y el desamparo, pues del laberinto solamente escapan los héroes. Los símbolos no se oponen ni se desmienten entre ellos, pero contrastan al ser muy distintos. En otro ejemplo importante, las aguas nos remiten a la vitalidad, al origen vital de las cosas, por eso las entendemos como origen o “cuna”, nos indican que la existencia es un fluido como lo indicó el filósofo Heráclito. En ese sentido, pueden ser un bálsamo para visiones como el legado de Samuel Ramos, quien puso el acento en un “complejo de inferioridad” como el rasgo distintivo de nuestra nación pero no propuso una metáfora central y ha sido muy influyente al retratar una parte importante de nuestro ser colectivo. Las aguas quietas, con su reflejo de los cielos, nos indican que aquello que parece un mundo inferior es una visión engañosa, que cada vez que miramos hacia el suelo (dimensión de lo inferior) nos devuelve una señal el cielo.
En mi enfoque no busco fronteras sino un vórtice que junte fuerzas mentales. La conciencia trasciende el captar algo externo, para también obtener una visión interna, recibir una retroalimentación, y esa ese es el efecto espejo o función reflejante. La imagen que regresa te dice quién eres; en particular, la imagen nacional no te dice quién eres en lo individual, pero sí te muestra tu propio ser en lo colectivo, por eso es importante la identidad nacional. La identidad es un modo de conciencia, también puede haber una no-identidad u otras variaciones. Lo importante es que un espejo colectivo se vincula con la reflexión. Esta palabra “reflexión” es importante, porque viene de reflejar y eso quiere decir en su raíz etimológica; que luego les gustó a los filósofos. Así, una reflexión es poner en espejos las ideas, para obtener ideas elaboradas. Entonces con la metáfora de las aguas reflejantes sirve para indicar otro modo de conciencia, donde la relación entre el individuo y su nación es expansiva y no se delimita a una identidad sencilla, como el signo de igualdad de las matemáticas, sino una correlación compleja entre la parte y el conjunto.
Sí es un libro… que bucea en temas profundos. El tema nacional es fácil convertirlo en una colección de lugares comunes como: “los mexicanos somos flojos” “o somos un relajo” o “somos un país corrupto”. El tema nacional es fácil convertirlo en cliché y, entre nosotros, en motivo de autocrítica mórbida y hasta de desprecio. Para superar el lugar común debemos irnos hacia las causas y buscar el polvo bajo el tapete, rascar bajo las apariencias. En el mediodía del siglo XX se estableció un modelo o visión de nuestra nación, que pareció muy aceptable y terminó siendo ignorado o convertido en cliché. En el texto se hace una investigación sobre esa visión dominante de la nación en José Vasconcelos, Samuel Ramos y Octavio Paz, para dar el paso siguiente y actualizar nuestra imagen nacional.
Sí es un libro… dedicado al tema más familiar y cotidiano, pues a diario respiramos nuestro aire y pisamos suelo patrio. Sin embargo, lo más familiar no por ello nos resulta más conocido. Con situaciones a las que nos acostumbramos, nos sucede como en las narraciones de detectives, lo que está a la vista pasa siempre desapercibido. Así, México pasa desapercibido pues nos resulta tan natural y familiar: lo vemos y no lo observamos, lo oímos y no lo escuchamos, lo palpamos y no lo sentimos. Por ejemplo, La polifonía nacional del tache al mariachi, p 43-47 aborda los sonidos de la nación.
Sí es un libro… donde el personaje principal es la nación mexicana, pero no es un texto de nacionalismo, y contiene una crítica al mal nacionalismo, el llamado chauvinismo. Los escritos finales están dedicados a otros países y hasta discuten el fenómeno imperialista actual, el cual tiene una dimensión muy interesante e incluso especulativa ¿están desapareciendo las naciones bajo el manto del Imperio? (Ver La nación redescubierta p. 183-193) En lo expuesto, no existe ni gota de odio y rencor hacia otras naciones, ni acepto la superioridad racial de un pueblo sobre otros. Me importa la originalidad de nuestro pueblo, la vitalidad que no permite someterlo al rasero de otros pueblos e idiosincrasias.
Sí es un libro… que mantiene una novedad importante y desacuerdos importantes con los principales autores del pasado de la filosofía de lo mexicano; diría que en eso es un texto disidente. Hay desacuerdos importantes con Ramos, Paz y Vasconcelos. Pero también es un texto muy agradecido con la larga aventura intelectual de quienes han desarrollado la reflexión nacional. Debo hacer énfasis en esto: creo que la teoría de la nación debe renovarse y darle un enfoque distinto, para que no predomine el mito sino la presencia viva de la comunidad. Uno de los aspectos del enfoque es que evito la búsqueda de un “mexicano esencial”, a la manera de un modelo básico. Con esa dificultad se encontraba Samuel Ramos, que peleaba entre una esencia del mexicano y su presencia, y el tema se complicaba porque su explicación es histórico psicológica, ya que planteó esto: existe un sentimiento de inferioridad nacional, surgido de un aborto histórico. Sí un aborto, ahora que se discute tanto este tema: este filósofo social consideró que nuestros problemas y rasgos se deben a un gran aborto, pues México nació antes de su madurez, débil ante el extranjero y mirando al modelo Europeo, y asumiendo una inferioridad. Esa explicación de una psicología social del sentimiento de inferioridad deriva de una teoría psicológica aplicada, y tuvo bastante popularidad; de hecho, el tema se repite hasta en programas deportivos para explicar el mal funcionamiento de la selección mexicana de fútbol. Existe un, digamos, dilema interesante. Ramos insistió que la inferioridad era más una ilusión psíquica motivada por la historia; sin embargo, el referente son las relaciones con el exterior y sabemos bien que sigue existiendo un conflicto exterior asimétrico, en especial las relaciones con Estados Unidos son desequilibradas, y se puede argumentar una inferioridad real. Situaciones tan terribles como la impotencia ante la violencia sobre los emigrantes al otro lado del Río Bravo indican una inferioridad de fuerzas ante EUA. Si vieron las imágenes sobrecogedoras de un emigrante electrocutado y pateado por guardias fronterizos, de nombre Anastasio Hernández, nos viene a la cabeza que no existe un complejo de inferioridad ante el extranjero, sino una situación real. Por tanto, la explicación de la nación no la he basado en una psicología, la cual es un derivado de una realidad colectiva.
Sí es un libro… sostenido en una investigación histórica significativa, pero no es un libro de historia. Hay un breve recuento de la forja de la nación, para explicar el proceso de formación nacional, en la medida que unos 700 años se pueden resumir. Es difícil sintetizar y siempre será posible agregar algunos rasgos a cuadro de nuestra. Y por lo mismo, no es un libro de historia dedicado a recopilar la sucesión de eventos en orden cronológico, pues este procedimiento es complementario. De hecho, quizá una de las aportaciones interesantes del texto sea la interpretación de tiempo dual de la nación: dividido contradictoriamente entre el mítico y eterno, enfrentado al calendario histórico. La fundación intemporal corresponde a la visión del mito, el momento en que ocurre no tiene una cantidad, es un cero absoluto, un principio; pero las naciones modernas, exigen calendario y sucesiones. (Consultar páginas 20 a 23, tema “El tiempo del origen…)
Sí es un libro… que respeta la complejidad del fenómeno nacional. Si el reduccionismo ha sido cuestionado en las ciencias sociales, con más razón se debe cuestionarlo en el tema nacional. Cada país es un sistema complejo agrupando otros sistemas complejos a nivel política, economía, cultura, etc. De hecho, algunas de las críticas hacia las teoría anteriores se motivan por la simplificación excesiva, por ejemplo, la teoría de Samuel Ramos del sentimiento de inferioridad como fundamento del fenómeno mexicano.
Sí es un libro… que no acepta que todos los mexicanos sean iguales en su carácter e idiosincrasia; asumo un enfoque distinto para no quedar atrapado en el callejón sin salida que dice “todos los mexicanos son así”. El proceso de cambios es rápido y deja muchas definiciones obsoletas, por ejemplo la participación de la mujer en la sociedad y el cambio en las costumbres sexuales dejan fuera de lugar los dos modelos del macho mexicano y la mujercita sumisa. Para superar esos temas del machismo y la virginidad sumisa como la esencia mexicana se requieren de nuevas herramientas mentales; porque la presencia de una comunidad nacional vital no depende de esas costumbres, tan contrarias a la mentalidad avanzada, que hoy parece predominar en el país. (ver páginas 135 a 143 parte Frente al perfil…)
Sí es un libro… con tema político, pero no en el sentido vulgar de las relaciones de poder y las exigencias para votar en uno y otro sentido. Los políticos que no comprendan su nación serán unos fracasados, destinados a empantanarse o quedar sometidos a tendencias ajenas. Una nación es una entidad política, cuando las comunidades se dividen surge la política por otros medios, y eso se denuncia en un capítulo especial. A su vez, la existencia de predominio imperial sobre los pueblos genera tensiones políticas. También, la forma del Estado moderno está íntimamente relacionada con la textura de las naciones.
Sí es un libro… que proporciona herramientas intelectuales poco usadas o conocidas para interpretar a la nación. El antecedente de este libro es una extensa investigación del tema nacional en el materialismo histórico y las predicciones sobre la desaparición de las naciones entre los principales autores socialistas. Después de las investigaciones concluí que el fenómeno nacional no es transitorio y se resiste ante los ataques imperiales, el colonialismo, etc. Sin embargo, también me convencí de que era difícil comprender las dinámicas nacionales, si nos contentamos con ideas preconcebidas.
Sí es un libro… que no exige una lectura completa de todas sus partes, ya que es una colección de ensayos. La relación entre las partes no resulta por completo evidente. En el prólogo se explica el enfoque de cada ensayo, y los que conviene leer como un conjunto.
Sí es un libro… que contiene un descubrimiento feliz donde la visión literaria se une con la interpretación histórica y teórica. La existencia de una imaginación material como comprender qué son las aguas, el título del libro, proviene de la crítica literaria (Ver el inicio: páginas 11 a 13). Las aguas sirven para imaginar y comprender, en este caso han servido para reflejar y dar conciencia a México. Otro aspecto en extremo interesante ha sido el vínculo de la gran literatura con la formación nacional mediante la lengua y las extensiones mentales. Se puede afirmar que de acuerdo a los grandes libros, queda delineado el proyecto de nación. Ahora que los candidatos buscan tanto bonitos proyectos de nación, podemos hacer la correlación directa de ese libro singular que fue la Enciclopedia francesa y la visión de la República, que cimbraría a Francia unas décadas después (ver páginas 158-159 La Enciclopedia, el discurso ilustrado y el proyecto Republicano). Creo que bastaría, únicamente este descubrimiento para recomendarles que leyeran el libro.
Sí es un libro… donde se emplea con amplitud el material histórico y la representación simbólica para conjugarlas y contrastarlas. Pero he preferido, reducir al mínimo lo que se llama el “aparato teórico” de las citas a pie de página, para que la lectura sea amena y no perderse entre las referencias.
Sí es un libro… que abre perspectivas. Me he preguntado con seriedad si las naciones en general —y en particular la nuestra— prevalecerán. Para cuestionar la dinámica, ya actuante y presente, he utilizado la metáfora de un águila bicéfala, donde la unidad ancestral se ha convertido en una dualidad importante, pues del otro lado del Río Bravo ha crecido una comunidad enorme que dibuja un México diferente, a mitad de camino entre la asimilación plena al american way of life y la vista hundida en sus raíces.
Sí es un libro… que en el futuro será más necesario, porque las complejas relaciones de nuestro país y el mundo seguirán un camino de encuentros y conflictos ante el cual no permaneceremos indiferentes. En el contenido no sufriremos un chantaje moral que nos obligue a tomar posiciones, pero es claro que la situación nacional presentará altibajos, crisis y conflictos que pedirán la toma de posición entre los mexicanos. ¿Estamos preparados para ese futuro?
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